10 años de Espacio Cine

Por razones un poco inescrutables, Rosario siempre ha sido reacia a generar espacios destinados a reflexionar y debatir sobre cine. El deseo de hacerse cargo de ese vacío, más el interés por reunir notas propias publicadas de manera dispersa en medios gráficos y sitios web los doce años previos (a las que se agregarían nuevas), fueron el punto de partida de Despertando a la vida, que pronto –al advertir que el título resultaba, para muchos, más esotérico que cinéfilo– pasó a ser Espacio Cine. Durante 2009 la publicación de artículos ya existentes se alternó con algunas críticas, junto a textos de Pablo Makovsky, Juan Aguzzi y Leandro Arteaga que tomé prestados con su autorización (agregándose, apenas iniciado el año, uno inédito sobre Historias extraordinarias escrito por Fernando Herrera). Sugerencias de amigos como Franco Falistoco y Guillermo Bruno ayudaron al diseño del blog. Lo que vino después fue una década de persistente trabajo, añadiéndose a los artículos o reportajes concebidos para otros medios muchos especialmente escritos para Espacio Cine.
Llegado a este punto, la sensación es un poco imprecisa, probablemente porque esta labor desarrollada en un medio tradicional hubiera deparado gratificaciones más tangibles (la posibilidad de ingresar gratis a salas de cine, por ejemplo). Pero mejor detenerse en algunas experiencias positivas que deparó el recorrido.

    • Cuando comencé a darle forma a Espacio Cine no sospechaba que, con el transcurso de los años, eso me permitiría conocer a tantos directores y profesionales del medio: el estadounidense John Gianvito (“Algunos dicen que ya no se ven protestas como las de principios de los ’70, pero el activismo organizado es ahora mucho más fuerte que entonces”), el portugués Miguel Gómes (“Tengo conexiones con argentinos muy diferentes, que creo que se odian un poco como pasa en los países donde no hay tanta plata y varios pelean por lo mismo”), la mexicana Paz Alicia Garciadiego (“Todo el cine de John Ford, cineasta excelso, es irreal; los diálogos de Humprey Bogart y Lauren Bacall en blanco y negro son irreales, nadie habla en la vida real con esa rapidez y precisión… hoy el cine está contaminado de realidad“), los españoles Oskar Alegría y Javier Rebollo (“Rosario me pareció una ciudad moderna, joven, algo dinamitada como Madrid: hay algunos edificios modernos que te hacen pensar que allí debió haber algún palacio maravilloso, como en el boulevard Oroño”), los argentinos Fernando Martín Peña (que alguna vez aceptó, muy dispuesto, a que publicara un texto suyo sobre Buster Keaton que había escrito en facebook), Sergio Wolf, Andrés Di Tella, Fernando Pino Solanas, Lita Stantic, Lisandro Alonso, Matías Piñeiro, Alejo Moguillansky, Mariano Llinás, Rodrigo Moreno, Ezequiel Acuña, Nicolás Herzog, Santiago Mitre, Gustavo Taretto, Pablo Giorgelli, Tomás Lipgot, Celina Murga, Benjamín Ávila, José Luis García, Alejo Hoijman, Hernán Rosselli, Rosendo Ruiz, Inés de Oliveira Cézar, Federico Pintos, Javier Olivera, Ariel Rotter, Benjamín Naishtat, Juan Villegas, Maximiliano Schonfeld, Sebastián Sarquís, Daniel Hendler, Ulises Rosell, Toia Bonino, Matías Rojo. También tuve oportunidad de hacerles un par de preguntas al filósofo y profesor de estética francés Jacques Rancière (cuando fue invitado a Rosario por la gente de Facultad Libre) y a la maestra del cine experimental Narcisa Hirsch (cuando acompañó el documental sobre su vida realizado por Daniela Muttis en Mar del Plata). No se trata únicamente de haber obtenido declaraciones de todos ellos para Espacio Cine (o para algún medio gráfico o radial): en la mayoría de los casos, fueron cálidas charlas que recuerdo entrañablemente. Finalmente, vale agregar las entrevistas por mail que pude hacerles a Nicolás Prividera, Milagros Mumenthaler, Lucrecia Martel (a quien pude saludar personalmente años después, en Rosario, e incluso volverla a entrevistar brevemente en Mar del Plata) y a Manuel Antín. No hace mucho descubrí que una de las declaraciones que había hecho Antín para Espacio Cine era citada en una edición en inglés de Adán Buenosayres.

    • Estar atento a la producción audiovisual santafesina me permitió conocer a muchos realizadores locales y seguir su evolución. Ya en febrero de 2009 recabé testimonios de los ganadores del 1º Concurso de Proyectos de Producción y Realización Audiovisual organizado por la Secretaría de Producciones e Industrias Culturales de Santa Fe, dependiente del Ministerio de Innovación y Cultura: Lucrecia Mastrángelo (sobre Sexo, dignidad y muerte, que por su vigencia continúa proyectándose), Federico Actis (que con Los teleféricos no dejó de recibir premios y elogios), Francisco Matiozzi Molinas (quien me conmovería años después con Murales, el principio de las cosas), Sonia Helman (quien contaba que a los 12 años le regalaron una cámara de 8 mm y que posteriormente empezó a “editar con tijerita”), María Langhi (que recordó los programas dobles del cine Roma de Santa Fe al que asistía con su hermano), Pablo Romano (que definía Los nueve puntos de mi padre como un “registro documental sobre un fantasma que hace de las suyas en una familia pequeño burguesa”), Nicolás Font (quien deseaba lograr con su corto que “mucha gente quiera que la Vigil exista”), Andrés Nicolás (que daba como referencias cinéfilas a “Walt Disney y Leonardo Favio”) y, entre otros, los animadores Diego Rolle (que contaba cómo haber visto Los cazafantasmas a los 6 años lo impulsó a dibujar su primera historieta) y Pablo Rodríguez Jáuregui (a quien tuve el gusto de entrevistar largamente unos años después). En dicha encuesta, Fernando Herrera (con quien programamos ciclos en La Nave y el CCPE, y cuyos aportes fueron siempre valiosos para mejorar el blog) anticipaba su noble serie documental Punto Qom, en tanto Juan Mascardi, mientras se disponía a comenzar Sustancias elementales, recordaba cómo lo había impresionado, a los 9 años, ver el público gritando durante una exhibición de Evita (Quien quiera oír que oiga), y cómo, durante su infancia, “compraba la revista TV Guía y me estudiaba las programaciones de todos los canales de TV”. Entre los participantes de la encuesta figuraban, además, Iván Fund (cuyos proyectos, siempre deseables, continuarían frecuentando festivales y me llevarían a seguir entrevistándolo) y la inolvidable Mónica Chirife, quien deseaba que su micro documental Una ciudad para todos “sirva para crear conciencia y transformar una realidad y una actitud”. Con la continuidad de Espacio Cine, iría al encuentro de otros santafesinos a lo largo de los años: Julia Solomonoff (a quien había conocido colaborando en un seminario que dirigió para Facultad Libre en 2006), Raúl Beceyro (que entrevisté en un BAFICI), el prestigioso artista rosarino Adrián Villar Rojas (“Tenemos que acostumbrarnos a la idea de que cada centímetro de la Tierra y del universo simbólico humano es un campo de batalla”), la guionista Alicia Giménez Guspi (“Ni en mis mejores fantasías había imaginado lo que se puede sentir cuando el público ríe o aplaude con lo que uno creó”), Mario Piazza (inolvidable la experiencia de ver sus primeros cortos, exhibidos en super 8 y 16 mm, en el Festival de Mar del Plata), el talentoso Esteban Tolj. Igualmente, daría cuenta de la obra de Gustavo Galuppo (que aportó un par de textos para el blog y cuyas agitadas producciones audiovisuales no dejaron de despertar interés en los festivales, las más recientes junto a Carolina Rímini), Rubén Plataneo (notable realizador y frecuente lector de lujo de Espacio Cine), Florencia Castagnani, Diego Fidalgo, Gustavo Postiglione, Rodrigo Grande, Diego Castro, Milton Secchi, Ariel Luque, Sandra Martínez, Arturo Marinho, Juan Diego Kantor, Francisco y Pablo Zini, Claudio Perrín, Lisa Caligaris, Patricio Carroggio, Cristian Cabruja, Arturo Castro Godoy, Juan Pablo Buscarini, Hugo Grosso, Héctor Molina, Néstor Zapata, Esteban Trivisonno, Walter Becker, Estefanía Clotti, e incluso algunos que conocí como alumnos antes que comenzaran a destacarse como realizadores, como Máximo Huerta y Juan Linch. En varias ocasiones gente del medio local fue convocada para elegir las mejores películas del año, fueron difundidos sus proyectos (los del entusiasta productor Javier Matteucci, del director galvense de Pizza, birra y cortos Adrián Culasso o de los jóvenes Lisandro Giampietro y Alejandro Torriggino, en una nota sobre cineastas que también se dedican a la música y la escritura) o se abrió con ellos algún debate (como el organizado en agosto de 2015 en torno al posible dilema cine y/o series, o el año pasado sobre la programación de nuestras pantallas públicas).

    • Uno de los propósitos iniciales fue abrir el espacio a diversos columnistas, entendidos o interesados en el cine: a artículos de los ya mencionados Makovsky, Aguzzi, Arteaga y Herrera (incluyendo uno sobre un film de Cronenberg que este último elaboró junto a Agostina Guma) fueron agregándose otros firmados por Marcelo Vieguer, Alejandro Hugolini y Diego Barcia. Pero seguramente lo más estimulante fue el aporte de algunos jóvenes, egresados de Letras o Periodismo, que aceptaron o propusieron escribir para Espacio Cine: Ignacio Fosco (en torno al Festival de Cine de Mar del Plata de 2009), Martín Fraire (a partir de octubre del año siguiente, con una crítica de Enterrado), Javier Rossanigo (después de haber dejado un extenso y lúcido comentario lo invité a escribir y comenzó a hacerlo en febrero de 2013, sobre El árbol de la muralla) y Gonzalo Villalba (a partir de agosto de 2014, sobre 7 Cajas), colaboradores con los que terminé entablando una relación de confianza y amistad.

    • Espacio Cine surgió en tiempos de efervescencia de los blogs. Tal vez por eso, en los primeros años casi no hubo posteo que no fuera escoltado por comentarios de los lectores, agitándose polémicas en torno a críticas como las de Avatar, Miss Tacuarembó o Batman – El caballero de la noche asciende (que reunió 45 comments). En la difusión ayudaron mucho el boletín electrónico Cineastas Rosarinos que administraba Mario Piazza, el sitio Todas Las Críticas, ocasionalmente algún colega que se hacía eco de determinado artículo, y finalmente las redes sociales. Mi entrevista a Marcelo Panozzo (realizada cuando visitó Rosario como director artístico del BAFICI), al ser replicada por amigos suyos en facebook y twitter, resultó uno de los posteos con más visitas, y algo similar ocurrió cuando, en abril de 2017, después de ser removido de su cargo el presidente del INCAA, Alejandro Cacetta (vislumbrándose recortes presupuestarios y la retirada del rector de la ENERC, Pablo Rovito), reuní declaraciones de realizadores, productores, actores, docentes e investigadores, que obtuve de diversas fuentes (curiosamente, el periodista responsable de la improvisada denuncia televisiva que provocó esas renuncias, Eduardo Feinmann, retwitteó el link de la nota argumentando “hay que escuchar todas las voces”). Pero lo cierto es que los hábitos fueron cambiando y hoy –cuando rápidos vistazos desde el teléfono celular a las imágenes de instagram o a los mensajes de whatsapp reemplazan los minutos que puede demandar la reflexiva lectura de un texto– se escribe y se publica sin saber muy bien quiénes, cuántos y cómo leen. Procurando algo novedoso, en algún momento comencé a rescatar y compartir material proveniente de antiguos diarios y revistas, desde chistes de Fontanarrosa sobre cine publicados en Clarín hasta la crítica de Horacio Verbitsky de El romance del Aniceto y la Francisca o una de las últimas entrevistas a Hugo del Carril. No sé si esos artículos salvados del olvido despertaron entusiasmo en quienes los descubrieron, pero fue una práctica que disfruté especialmente, como un chico que muestra a sus amigos una figurita difícil. Tal vez esos recursos (investigar, acudir a la Historia, salir de la pereza de restringirse a lo que ofrece la web, considerar lo que otros han escrito) respondan, en definitiva, a la necesidad de intentar algo distinto o de publicar lo que uno desearía frecuentar en la web.

      Quien haya llegado a leer hasta acá habrá podido apreciar que Espacio Cine ha sido el resultado de una continuidad de encuentros, ansiedades y altibajos. Confío que parte de lo acopiado aquí, durante estos diez años, haya sido de utilidad para los lectores.

      Fernando G. Varea

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