Emiliano Serra: “El neoliberalismo rompe todos los estantes”

Con una importante experiencia como montajista y tras algunas incursiones en el documental (como La Raulito, golpes bajos, realizada una década atrás), Emiliano Serra estrenó este año su primer largometraje de ficción. Tras la parquedad de su título y el diseño de su afiche, Cartero (2019) esconde un relato inquietante, concentrado en el conflictivo camino hacia la madurez de su protagonista, un joven (encarnado por Tomás Raimundi, premiado como Mejor Actor de la Competencia Latinoamericana en la última edición del BAFICI) que, con toda la ingenuidad de su vida transcurrida en un pueblo, llega a la Buenos Aires de los años ’90 para trabajar como empleado en el Correo Central. Cartero crece en matices mientras revela aspectos de la Argentina menemista (con visibles ecos en la actualidad), sostenida en la música de Gustavo Santaolalla y personajes episódicos interpretados por Germán de Silva (excelente), Jorge Sesán, Germán Palacios, Edda Bustamante, Macarena Suárez, Marta Lubos, Martín Coria, Diego Vegezzi y otros. Aprovechando el estreno en el Cine El Cairo de este film honesto, estimulante, que reflexiona a su manera sobre el mundo del trabajo y la Argentina reciente, dialogamos con el director para el programa radial El dedo en la llaga. Compartimos a continuación los principales párrafos de dicha entrevista (cuyo audio puede escucharse completo aquí).
– ¿La película tiene como punto de partida experiencias de tu vida?
– Efectivamente: cuando terminé el secundario empecé a trabajar en el Correo Central, en pleno microcentro, mientras estudiaba Imagen y Sonido en la UBA. O sea que Cartero tiene una pincelada autobiográfica. Pude ver un poco el desarme sufrido por el Correo en los ’90, sin entenderlo tanto políticamente como lo entiendo ahora.
– En tu película el mundo del trabajo aparece atravesado por telegramas de despido, algunas formas de corrupción y la influencia de exitosos programas de concursos en TV. Además, en la facultad a la que asiste el protagonista se ven carteles sobre el indulto o el crimen de José Luis Cabezas. ¿Fue dificultosa la recreación?
– La ciudad de Buenos Aires está muy noventosa. No sólo tiene rasgos noventosos en lo político, también estéticamente. Se trataba de buscar esas zonas, que siguen siendo muy parecidas. Algunos carteles y detalles los agregamos con la gente de arte como para marcar la época.
– La cámara sigue siempre de cerca al protagonista en los distintos espacios (el correo, los bares y edificios), no hay imágenes decorativas de lugares emblemáticos de la ciudad. 
– Teníamos cuatro semanas para filmar y queríamos contarla a través suyo, viendo el contexto de lo que estaba pasando. Hernán (Tomás Raimundi) ve todo pero no lo entiende, de hecho está contento porque tiene un trabajo y puede seguir estudiando. Es un poco lo que sentía yo de joven. Después te das cuenta por qué estaban enojados los mayores conmigo…
– El protagonista entusiasmado al empezar a trabajar en una dependencia oficial me recordó al personaje de Carlos Monzón en Soñar soñar, y justo, en tu película, aparece un guiño al film de Favio.
– Bueno, somos todos estudiantes en universidades de cine y Favio para nosotros es un referente. Está el ¡Antes muerto que vencido! y también el afiche de El dependiente.
– Es muy gracioso el momento en que los empleados separan las cartas llegadas para un programa televisivo gritando los nombres de distintas marcas seguidos de puteadas.
– Los susanos existían de verdad. Eran los que hacían horas extras repartiendo las cartas para el programa de Susana (Giménez). Había tres marcas, en los cupones ponían tres etiquetas y entonces había que separar una marca de otra. Llegaban muchísimas por día y en el Correo un cuartucho estaba destinado especialmente para eso. Lo hacía gente en sus horas extra, que eran muy valoradas en ese momento. Era un trabajo totalmente mecánico. Se nos ocurrió con el guionista (Santiago Hadida) como un acto de rebeldía, entendiendo que tenían que seguir trabajando. Nos causó mucha gracia cuando lo escribimos y ahora todos nos hablan de esa escena… Con grandes actores fue fácil.
– En una entrevista publicada en El cohete a la luna decías que para el neoliberalismo “el prójimo es un competidor, un enemigo al que hay que vencer”. ¿Es un poco lo que quisiste expresar en Cartero?
– Sí. Nosotros siempre la pensamos cargada de política. Con el correr del tiempo, mientras íbamos escribiendo, creció mucho el CorreoGate y el neoliberalismo en el país. Cuando llegamos al rodaje ya estábamos muy concentrados en eso y se potenció. También pasa que el neoliberalismo rompe todos los estantes. Por eso Hernán (Raimundi) siente que los más grandes lo maltratan pero él sigue contento. Ahí es donde empiezan las luchas. En realidad es que se destruye todo, los más grandes con muchos menos recursos. Yo por suerte estudié y gracias a eso pude seguir trabajando.
– Hay una valoración del trabajo del cartero, incluso en tiempos en que no se usaba el correo electrónico.
– No quería hacer una Oda al cartero, pero de todas formas es cierto: ahora el correo mueve más cartas documento, impuestos, todas cosas con mala onda… Antes había cartas de amor, estaba muy bueno.
– ¿Hubo también una necesidad de poner en valor la inocencia, en medio de esos años tan cínicos?
– Sí, quisimos que el protagonista tuviera la inocencia del adolescente, del primer trabajo… El amor y otras cosas que van sucediéndose a lo largo de la peli las fuimos agregando como parte de su crecimiento, viendo también cómo las ciudades te empatan con el resto de la gente.
– ¿Cómo hicieron para que algunos datos que asoman en los diálogos (sobre el primer cartero, el santo patrono, etc.) no aparezcan de manera forzada?
– Es el gran trabajo que hicimos con el guionista. Los fuimos incorporando, acomodándolos, con la ayuda de los actores. Muchas frases que dice Germán De Silva, por ejemplo, eran suyas. Fue un lujo contar con estos actores y con la banda sonora de Santaolalla. Y del equipo técnico ni hablar. Si todo el mundo tira para el mismo lado se logran cosas que siento que la película consiguió.

Por Fernando G. Varea

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