Natalia Smirnoff: «La infancia es como un puente para volver a nosotros mismos»

Diez años atrás sorprendió con su ópera prima, Rompecabezas (con María Onetto y Gabriel Goity), que la impuso entre las varias realizadoras valiosas del cine argentino contemporáneo. Tras El cerrajero (2014, con Esteban Lamothe y Érica Rivas), estrenó este año su tercer largometraje de ficción, La afinadora de árboles, con Paola Barrientos como Clara, una exitosa ilustradora y escritora de cuentos infantiles a quien ni los proyectos profesionales, ni la contención de su marido (Marcelo Subiotto) ni la idílica casa que empieza a habitar, pueden evitar que atraviese una situación de crisis: las dudas y los miedos la asaltan sobre todo al reencontrarse con un ex novio (Damián Cremonesi) y el hermano de éste, ahora sacerdote (Matías Scarvaci), comenzando a desestabilizarla. Hablamos con la guionista y directora sobre el film.
– ¿Cómo explicarías qué es lo que le pasa a Clara?
– Es alguien que logró cumplir sueños: consiguió un premio muy importante, tiene su familia, hijos, pero está la crisis de la mediana edad y la pregunta ¿qué sigue después de haber logrado determinadas cosas en la vida? Al mismo tiempo, las preguntas sobre todo lo que no se logró. Porque siempre hay cosas que faltan.
– ¿Influye en ella reencontrarse en la ciudad de su infancia con gente, lugares, sensaciones?
– Hay algo de la vuelta al origen, cuestionador de todo lo que uno perdió en el camino. Uno va eligiendo cosas dejando de hacer otras. Volver a Maschwitz, el lugar donde nació, le hace replantear su vida.
– Clara dibuja y escribe cuentos infantiles pero, al mismo tiempo, le cuesta relacionarse con sus propios hijos o los chicos de un comedor. Parece recordar que realizar un trabajo relacionado con los chicos no implica necesariamente saber llevarse bien con ellos.
– Me parece que eso pasa bastante seguido (risas)… Clara no es compañera de los niños. Con sus hijos tiene una relación de exigencias y expectativas pero de poco vínculo. Está un poco trabada al relacionarse con lo que la rodea y hasta consigo misma.
– En tus películas aparece siempre la necesidad de vincularse con el juego, con algo si se quiere infantil: rompecabezas, cajitas musicales, dibujos. ¿Qué importancia tienen para vos esas cosas?
– Me parece que hay cosas de cuando somos niños que nos quedan grabadas. Nos pasa a todos, con diferentes objetos. La cajita de música es algo que provoca instantáneamente un salto en el tiempo, los rompecabezas eran también un símbolo relacionado con la necesidad de ordenar el caos. Creo que hay algo de la infancia que siempre nos queda, como un puente para volver a nosotros mismos profundamente. Las cosas que nos pasan en la vida a veces van desconectándonos de nosotros mismos.
– Aquí los dibujos empiezan a moverse como cobrando vida, el cerrajero tenía cierto don por el cual sabía cosas que sorprendían a los demás, en Rompecabezas cuando la protagonista se sumergía en el mundo de los juegos parecía entrar casi en otra dimensión. ¿Hay un acercamiento a lo irreal o lo fantástico?
– Sí, es posible, siempre dentro de un límite realista. A mí me interesa una mirada costumbrista con un pequeño corrimiento. Correrse de lo natural lleva un poco a chocarse y a reflexionar. Lo que se ve es muy parecido a lo que uno ve todo el tiempo pero no exactamente igual. Además tiene que ver con el acto creativo en sí. Lo que el personaje crea en su cabeza tiene que estar vivo para que sea verdad, digamos.
– En tus historias es importante la capacidad de los personajes para poder ejercer un oficio o tener una destreza. 
– Bueno, el oficio, lo que hacemos, es lo que nos define a muchos. Yo además tengo como una obsesión: cada vez que encaro un nuevo personaje tengo que pensar en su oficio. Por otra parte, en ciertos oficios hay algo hermoso que suele pasar un poco de largo. Cuando filmaba El cerrajero en las cerrajerías, era super interesante observar todo ese mundo de las llaves, ese polvo dorado, las formas, las cerraduras por dentro, los mecanismos… En el caso de una ilustradora, están los lápices. He quedado flasheada viendo cómo se construye un lápiz.
– ¿Por qué te interesó trabajar con Paola Barrientos y cómo fue tu trabajo con ella?
– Yo estudiaba actuación con Augusto Fernándes, que falleció el año pasado. Recuerdo que Paola vino un día a hacer un ejercicio muy sencillo y fue increíble. Después la vi en Estado de ira, la obra de Ciro Zorzoli que ella protagonizaba, y quedé impactada. Pensé ¡Guau, qué actriz para cine! Tengo experiencia en castings y elegir al protagonista es fundamental. Paola es super expresiva, sabe combinar lo humorístico con lo dramático de manera muy interesante. Y es divina para trabajar.
– ¿Cómo ha sido el recorrido de la película?
– Estamos enviándola a festivales pero, a diferencia de mis anteriores películas, necesitábamos estrenarla antes en Argentina. Recibimos comentarios muy lindos de la gente. La afinadora de árboles es muy femenina en algún punto; no digo que no pueda interesarle a los hombres, pero las mujeres la viven muy intensamente.

Por Fernando G. Varea

Audio de la entrevista AQUÍ

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