El joyero apostador en su círculo vicioso

DIAMANTES EN BRUTO
(2019, Uncut Gems; dir. Benny Safdie/Josh Safdie)

En un tuit reciente, Sergio Wolf se lamentaba que, durante su gestión al frente del BAFICI, uno de los primeros films de los hermanos Safdie no hubiera sido programado en la Competencia Internacional sino en la sección Cine del futuro, aunque también veía allí un acierto “porque los Safdie eran –como se vio– los cineastas del futuro”. Ciertamente, en el cine de estos cineastas treintañeros hay algo fresco, nervioso e inquietante, afín a estos tiempos de ciudades atravesadas por la agitación, las transformaciones tecnológicas y distintas formas de violencia.
En principio, resulta loable que, aunque la moda recomiende materializar biopics inocuas, los Safdie sigan interesados en retratos de personajes moralmente ambiguos, animales urbanos que bien pueden verse como síntomas de una sociedad descompuesta.
Si en Go get some Rosemary (2009, también conocida como Daddy Longlegs) era un proyeccionista divorciado introduciendo a sus pequeños hijos en la vorágine de informalidad e inmadurez de su vida, y Good time (2017) se centraba en un joven que franqueaba mil y un obstáculos en pos del dinero necesario para sacar a su hermano de la cárcel, aquí se trata de un joyero neoyorquino, hiperquinético y ludópata, cuyos problemas van agigantándose desde que le presta un ópalo presuntamente valioso a una estrella del basquetbol.
De otra película de los Safdie (Heaven knows what, en torno a una joven adicta a la heroína), decía un crítico estadounidense “No hay un solo momento falso”: lo mismo puede afirmarse viendo Diamantes en bruto. El universo de apostadores y perdedores es registrado por la cámara con urgencia casi de noticiario, aunque el realismo no impide que el film pueda verse como una especie de pesadilla ganada por el artificio de sus colores y texturas. El compulsivo uso de teléfonos celulares, por ejemplo, más los televisores encendidos avistados muchas veces distraídamente por los personajes, son reflejo de la época, ofreciendo una imagen levemente apocalíptica de los seres humanos absorbidos por máquinas y aparatos (un poco como lo hace también la recientemente estrenada Parasite).
Buena parte de las expectativas que despierta el film –que en nuestro país se dio a conocer únicamente en la plataforma Netflix– está en la elección de Adam Sandler para un rol que le exige un esfuerzo de composición desacostumbrado. En realidad, su Howard Ratner no es tan distinto del Barry Egan que había creado para Embriagado de amor (2002, Punch-Drunk love), y puede discutirse si resulta persuasivo en alguna escena de llanto, pero los directores saben aprovechar su energía, su imagen carismática que por momentos se ensombrece, su disposición para interpretar tipos que pueden provocar en los espectadores algo bastante diferente a la empatía (ya en Good time se habían mostrado hábiles para apartar a Robert Pattinson de su perfil habitual).
Diamantes en bruto puede irritar, por la inquietud enfermiza del personaje sobre el que gira todo el tiempo, o por anudar velozmente incidentes sin desarrollar un convencional relato de suspenso. Incluso no todas sus ideas parecen afortunadas (la fusión de destellos de piedras preciosas con el interior del cuerpo humano suena algo antojadiza). Pero es tanta la vitalidad con la que retrata a su galería humana, y lleva tan a fondo la enajenación de su Howard, que no cabe otra cosa que seguir celebrando la obra de Benny y Josh Safdie. Quien esté dispuesto a internarse en este frenesí de palabras y movimiento, se sorprenderá con la verosimilitud de locaciones e interpretaciones: desde actrices como Idina Menzel (con su singular rostro, encarnando a la esposa razonablemente ofuscada cuando no desorientada) o Julia Fox (la bella empleada y amante, algo pueril como Howard), o el propio jugador de la NBA Kevin Garnett (interpretándose a sí mismo), hasta conserjes de un hotel donde se desarrollará un remate o vecinos a los que recurre Howard para que su hijo pueda ir al baño, todos parecen personas reales y no actores haciendo mohínes como para un aviso publicitario.
Por otra parte, cuando Howard (Sandler) irrumpe impulsivamente en la cancha de basquet, cuando trata de hablar con la garganta afectada por un castigo recibido en plena calle, o cuando enfrenta la mirada de su mujer que lo descubre semidesnudo en el baúl de un auto, Diamantes en bruto consigue que la risa alivie, en parte, el excitado escape de su protagonista hacia ninguna parte.

Por Fernando G. Varea

6 pensamientos en “El joyero apostador en su círculo vicioso

  1. Concuerdo, el cine de los Safdie es de lo más interesante del panorama estadounidense de hoy. Esta película es también, desde la primera escena, un retrato del capitalismo salvaje mucho más contundente que muchas otras con empresarios malos y héroes anónimos que los enfrentan, y eso tiene mucho que ver con lo que señalas de la verosimilitud de los personajes. Los Safdie entienden que, más allá de los niveles de bondad o maldad, de los estereotipos, ante todo hay un sistema que se impone a esos personajes, con una lógica brutal de la que nadie escapa.

  2. Gracias por leer el texto Luciano.
    Lo que decís creo que se observa también en “Parasite”, aunque los Safdie tienen un estilo más nervioso, más inestable. Me gusta lo que hacen: las 3 películas de ellos que vi no son fáciles de olvidar (la que prefiero es “Good time”) y desnudan, sin subrayados, la realidad de personajes que el sistema mantiene medio en los márgenes. Además, no me parece un cine efectista o excesivamente calculado: basta ver cómo fue resuelto el tremendo desenlace de “Diamantes en bruto”.
    Saludos.

  3. Totalmente, justo en relación al título “Diamantes en bruto” (que no se distancia tanto del original aunque este no incluya la idea de “en bruto”) muchas partes de la peli parecen como si fueran material en bruto de un documental, hasta en algún punto de reality (con las menciones que haces a la televisión y la tecnología) y precisamente bien bruto es ese desenlace.

  4. Es cierto, muy buena tu observación. Yo al referirme al tipo de registro que predomina en “Uncut gemes” preferí hablar de urgencia de “noticiario” (o, como decimos vulgarmente, noticiero) y no de documental, ya que pienso que no todo documental implica registrar imágenes con apuro y cámara en mano.

  5. Me gustaron las reflexiones, creo que si no te para este formato de post le seguís dando varias páginas más, porque es cierto, esta película funciona como un espejo cultural, ansiedad de la nueva era, y el desenlace final, paralizador, del cual no podemos ni asomar a relatar, también es parte de toda buena obra de arte.

  6. Lo que le ocurre al protagonista al final yo diría que es casi buscado: pareciera que no puede detenerse, y que la manera con la que perjudica o inquieta a los demás no puede llevar a algo bueno o razonable. Gracias Fer por pasar por acá y leer el texto.

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