Es el pasado que vuelve

UNA CASA SIN CORTINAS
(2020; dir. Julián Troksberg)
CONCIERTO PARA LA BATALLA DE EL TALA
(2020; dir. Mariano Llinás)

Resulta estimulante que asomen películas con la mirada puesta en episodios de la historia argentina dentro de una edición del BAFICI que le cambió cínicamente el nombre a su sección Competencia Latinoamericana (ahora Americana, a secas) y eliminó otras significativas, al menos desde lo simbólico (Derechos Humanos, Vanguardia y Género).
Una es Una casa sin cortinas (Julián Troksberg), misterioso título para un documental que avanza sin vueltas, sumando testimonios y documentos en torno a la bastante olvidada ex presidenta María Estela Isabel Martínez de Perón. Los recursos son los tradicionales: recuerdos de distintas personas que la conocieron contados ante la cámara –a veces innecesariamente inestable, con registros algo azarosos y desprolijos–, rescate de fotografías y recortes periodísticos, ocasionales textos sobreimpresos informando lo mínimo indispensable. Hay anécdotas y comentarios sustanciosos y otros no tanto: la artista plástica Marcia Schvartz y el vidente Octavio Aceves proveen lo más imprevisible y menos solemne, aunque hay declaraciones valiosas también de ex funcionarios, políticos, sindicalistas, abogados, periodistas y amigas, desde Juan Manuel Abal Medina, Carlos Ruckauf, Oraldo Britos y Nilda Garré hasta Eva Gatica y Haydeé Padilla. De un momento a otro, se pasa de lo menor (el interés de Isabel por Alberto Cortez o Woody Allen, o las sospechas sobre qué tipo de bailarina o “artista” había sido) a afirmaciones más relevantes, como la del médico que recuerda haberlo escuchado a Perón, después de ver el comportamiento de su mujer en  apariciones públicas, diciendo “Hemos ido muy lejos con este bolazo”. El ocultamiento de su figura en museos y homenajes, más las observaciones sobre sus vínculos con el esoterismo, suman inquietud a este verdadero enigma de nuestra historia reciente, incentivado por el silencio que ella misma se autoimpuso desde hace años. La música de Pablo Trilnik contribuye a graduar la tensión.
Apasionante como investigación casi periodística, Una casa sin cortinas carece, sin embargo, de una mirada propia, progresando sin que llegue nunca a advertirse cuál es la posición desde la que se parte (algunos entrevistados sugieren incluso esto mismo ante la cámara). Claramente, no hubo intención de vincular el material con particularidades de la vida política actual: de hecho, la otra presidenta que tuvimos apenas si aparece mencionada; sin embargo, ciertos fragmentos elegidos para recordar la visita de Isabel a la Argentina al asumir Alfonsín –incluyendo una gresca ocasional entre militantes peronistas y el momento en que algunos de ellos gritan “Militares y radicales son la misma bosta”– parecen abonar cierta opinión alentada actualmente por sectores de la oposición y del periodismo, respecto a los persistentes defectos de este sector político.
Menos convencional, pero no por eso mejor, es Concierto para la batalla de El Tala, de Mariano Llinás, que registra un ensayo de la obra musical homónima de Gabriel Chwojnik interferido por placas con consideraciones personales y datos sobre los hechos que rodearon la batalla en cuestión, que enfrentó al caudillo riojano Juan Facundo Quiroga con el gobernador tucumano Gregorio Aráoz de Lamadrid en 1826. Hay también esporádicas imágenes de rincones de una casa, de páginas de libros de Historia (el Facundo de Sarmiento, las Memorias de Lamadrid) y del equipo de rodaje realizando su trabajo. En un par de momentos este reducido grupo se pone a cantar, desafinando casi deliberadamente, de la misma forma que por ahí aparece una actriz leyendo sin demasiado cuidado un texto histórico.
Los referentes parecen ser determinados films argentinos medio marginales de hace unos cincuenta años, en los que se combinaba, con dispares resultados, lo político, lo lúdico y lo provocativo. Pero los apuntes perspicaces en Concierto para la batalla de El Tala son aislados: si bien cierta reflexión sobre la valentía de aquellos hombres que lucharon por sus intereses hace dos siglos y sobre lo poco que importan hoy esas batallas del pasado dejan su efecto en el espectador, el material (literario, histórico, ideológico) del que parte la película es abordado con inmadurez y una curiosa pobreza de recursos (aunque hayan sido otras las intenciones de The players vs. Ángeles caídos, la película realizada por Alberto Fischerman en 1969, puede servir como ejemplo de un film que, aún sin salir de un único espacio y con pocos personajes, desplegaba una creatividad formal sorprendente).
Uno de los primeros guantes que arroja Llinás aquí es el comentario “En este momento en nuestro país hay gobernantes muy ingenuos”, pero no sólo no queda claro ante qué cuestiones los ve ingenuos, sino además a qué gobernantes se refiere (gobernantes son el presidente, los gobernadores, los intendentes, el jefe de gobierno de CABA), y al agregar “No vamos a dar nombres, no se ilusionen” echa a perder la posible adultez de ese planteo inicial, como dirigiendo un chiste a los críticos y cinéfilos que suelen estar atentos a sus pasos: al mismo tiempo que protesta porque nuestros gobernantes nos tratan como “niños caprichosos”, deja asomar cierto aniñamiento en esos desplantes o boutades. Comparar la indiferencia de los ciudadanos ante los hechos históricos ocurridos en los sitios donde van de vacaciones con la de niños que no agradecen a sus padres el haber comprado la casa en la que viven, suena igualmente pueril (más allá de dar por sentado que todos los argentinos viajan en vacaciones y poseen una casa), tanto como representar la lucha entre ideas contrapuestas con la imagen de dos esgrimistas.
La seducción que le despierta a Llinás “la belleza” (según sus palabras) de la vida de Lamadrid, su arrojo y el misterio que rodeó su final, se conectan con su gusto por la aventura, la proeza y los enigmas, que evidenció en sus dos últimos largometrajes, aunque eludiendo la precisión narrativa y formal –cercana a cierto clasicismo– que ofreció en Historias extraordinarias (2008) y buena parte de La flor (2018). La pandemia, o la falta de tiempo o de dinero, no parecen excusas: desde maquetas hasta dibujos podrían haber ayudado a un resultado menos desangelado. Apenas el trabajo de sonido, insinuando momentos de espera o de tensión y eventuales estallidos, constituye un aporte en términos dramáticos.
Finalmente, aunque Llinás se cuida de atenuar el peso de los valores que (al menos durante el período de su vida que aborda la película) animaban a Lamadrid, asoman entrelíneas que sugieren afinidad con los de cierto grupo social (expresiones como oligarquía, liberalismo o anti-populismo podrían servir para catalogarlo), desde un elogio al pasar a los franceses por expresarse “con más estilo, como siempre”, o el énfasis en la frase del caudillo opositor “Religión o muerte” (menos temeraria en estos tiempos en los que, por ejemplo, un Papa puede defender a la ciencia o las vacunas más que ciertos intelectuales). Así como la obra musical de Chwojnik parece merecer el respeto del director y su equipo, no ocurre lo mismo con las vidalitas que éstos entonan en determinado momento como remedando un acto escolar (similar tono de larvada sorna merecían algunas baladas románticas y tonadas provincianas en las anteriores películas de Llinás). Ese sutil desdén por ciertas expresiones de la cultura popular y la atracción por la solitaria intrepidez de un líder unitario (no de un pueblo o de una comunidad) se cruzan, a lo largo de Concierto para la batalla de El Tala, con advertencias que parecen acertijos: “¿No es fabuloso? Fusilar al que dice que otro está vivo” (lo que puede llevar a pensar en la suerte que corrían quienes denunciaban la existencia de desaparecidos durante la última dictadura, por ejemplo), o “Cuidado. No se confíen. Los muertos vuelven” (lo cual puede ser esotérico y literal o una alegoría sobre las ideas de hombres o mujeres de nuestra historia política ya fallecidos).
Lo nuevo de Llinás termina siendo más confuso que provocador, más un ejercicio literario-musical al que le faltó pulimiento que un ensayo provechoso sobre matices de la Historia argentina.

Por Fernando G. Varea

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