Eloísa Solaas: “En un examen hay drama, comicidad y suspenso”

Entrevista publicada en suplemento Cultura & Libros del diario La Capital (Rosario), 11/8/2019. Puede leerse también aquí

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Flora y Iair, la nostalgia y el humor

FLORA NO ES UN CANTO A LA VIDA
(2018; dir: Iair Said)

(Por DENISE LORENZON)
Al terminar de ver Flora no es un canto a la vida, presentada por su director en el Cine El Cairo, la última pregunta que oí y movió mis sentimientos fue la que le planteó una señora bastante mayor a mí: No es una pregunta sino una duda personal ¿es Flora realmente un canto a la vida?
El documental conlleva una reflexión nostálgica. Es un film donde las emociones se confunden, moviéndose entre lo cómico y lo dramático, y en el que Flora está más presente que nunca. Lo reconoció su director cuando le preguntaron si la extrañaba: No, cada vez menos, este proyecto la mantiene viva en mi memoria. Esta película que fue filmada a lo largo de siete años (cinco desde que comenzó a producirse en forma casera y dos más de edición) me hace pensar en su realizador, en su forma de crear esto que revuelve.
Casualmente (o mejor dicho causalmente), por momentos uno sabe de su interés por obtener el departamento donado, pero por otro lado se nota que no deja de ser quién es, mostrándose como una persona que comienza a tomarle algo de cariño al personaje de Flora, quien, a su vez, no es un personaje sino alguien de verdad (valga la redundancia, tratándose de un documental).
Flora es muy graciosa, sufre dolores musculares que en realidad reflejan el paso del tiempo, esos que a a veces nos quiebran. Ese paso de los años, junto al agobio de crecer y el deseo de morir, le hacen decir que no existe felicidad alguna en este mundo. La esencia del alma, a veces el deterioro de nuestros sueños, las frustraciones con las que cargamos, la tendencia a exagerar nuestros sentimientos cuando lo que nos rodea nos satura. La remarcación de esos pequeños momentos, fugaces, durante los cuales somos un poquito más felices, como cuando éramos niños y creíamos que lo que la vida prometía era hermoso, el frenar y envolverse de dolores que nos unen y nos deprimen: hay un hilo muy fino entre ahogarse en un vaso de agua o salir al próximo round porque, a veces, no nos queda otra.
Cuando hay una historia que se sabe contar todo puede emerger. Iair Said filma a su tía abuela con cualquier objeto fotográfico que tiene en el momento, sin que importe la calidad. Flora no es un canto a la vida es un film para aplaudir, recomendable para quien quiera disfrutar de algo cómico pero a la vez reflexivo y melancólico. ¡Bravo, Iair!

Trailer de Flora es un canto a la vida aquí

Obstáculos para el realismo

HOMBRES DE PIEL DURA
(2019; dir. José Celestino Campusano)

Que en una película de ficción que se pretende realista los personajes hablen coloquialmente diciendo, por ejemplo, “No niego lo que me generás pero ya no estoy solo” o “Aquellos ojos juveniles que tanto nos han cautivado y nos han hecho soñar hoy nos miran desde lo más profundo buscando una explicación”, resulta un escollo difícil de sortear para que su historia resulte creíble. Es curioso en un director que apuesta al realismo como Campusano, pero la verosimilitud de los diálogos y la dirección de los actores no son méritos visibles de su obra. “Nuestra compañía productora nació con la idea de representar a las personas, lugares, comunidades y problemas que no son presentados por el cine dominante”, ha sostenido el director quilmeño, y la dignidad de ese propósito está fuera de discusión; el problema está en que confía demasiado en la verdad que pueden transparentar sus no-actores y en el rechazo a las complejidades.
Su decimo quinto largometraje sigue a dos personajes: Ariel (interpretado por el youtuber Wall Javier, alias La Queen), hijo homosexual del autoritario patrón de una chacra bonaerense, y Omar (Germán Tarantino), sacerdote abusador. Ambos mantuvieron alguna vez un vínculo secreto y, una vez separados, continúan dificultosamente sus respectivos caminos llevados por sus deseos, culpas y miedos. La historia va despertando interés al sumar varios personajes y conflictos, ambientada en un paisaje rural por momentos bucólico. Como en films anteriores de Campusano, en Hombres de piel dura no hay glamour ni efectismos propios del lenguaje publicitario; además (por encima de algunas innecesarias tomas con drones), exhibe profesionalismo en todos sus rubros técnicos. Sin embargo, su mirada es más indolente que acusatoria y casi no consigue transmitir emoción, suspenso ni erotismo.
Muchas decisiones del director resultan discutibles. La primera conversación entre Ariel y Omar, en la que se los ve parados frente a frente en pleno campo y a la luz del día, hace desear un primer plano o algún tipo de recurso que exprese intimidad, de la misma manera que ocurre con los paneos para mostrar a un personaje y a otro, sin cortes, en el transcurso de varias conversaciones, o con más de una escena arriesgada (como la de Omar disponiéndose a abusar sexualmente de un menor), con la cámara consignando lo que sucede medio a los tumbos, como cuando se documenta un hecho inesperado con un teléfono celular. Los actores, por su parte, con excepción de Claudio Medina (el padre) y Mauro Altschuler (el borrachín buscavidas), defraudan diciendo sus parlamentos sin convicción o esforzándose por simular que están representando a una clase social a la que no pertenecen, algo que se advierte especialmente en quienes encarnan a los sacerdotes y en los personajes femeninos (la chica que aparece fugazmente integrando la barra de marginales, la prostituta y su hija).
Alguna nota autorreferencial (Vil romance, de Campusano, asomando en el televisor), subrayados (un partido de fútbol de fondo mientras Ariel se maquilla, para señalar el entorno machista), el afán de denuncia resuelto con frases ingenuas o demasiado explicativas: todo deriva hacia algo híbrido, cercano a cierto cine argentino habitual en los ’80. El interés del guionista-director por hurgar en abusos y represiones –incluyendo la decisión final del protagonista renunciando a su cómoda condición de “hijo del patrón” por una elección de vida más inestable, como una suerte de moraleja– puede valorarse, pero a su propuesta le faltó madurez.

Por Fernando G. Varea

Fuga en pos de un alumbramiento

INFIERNO GRANDE
(2019; dir: Alberto Romero)

El segundo largometraje como director de Alberto Romero empieza con una imagen fuerte: una mujer embarazada cargada de un rifle. Se trata de María (Guadalupe Docampo) quien, resistiendo el autoritarismo de su marido (Alberto Ajaka), termina hiriéndolo, para luego huir. Si el espectador piensa que María debería haber recurrido a una línea telefónica que brinde atención a mujeres víctimas de violencia de género o, al menos, a la ayuda de alguna vecina solidaria, se equivoca: la acción transcurre en un desolado paraje de La Pampa y su fuga será errática, empeñada en encontrar el pueblo donde nació como si el retorno a los sitios de la infancia fuera un refugio seguro. Algo más de María se va conociendo por flashbacks y conversaciones que mantiene con personas que va encontrando en su camino, así como también por la voz en off de un niño que guía el relato, profundamente ligado a la historia.
De alguna manera, lo que Infierno grande expone puede ser apreciado como una suerte de fábula, donde soledad, abusos, resistencia, muertes y alumbramientos parecen coordenadas que atraviesan una sociedad cargada de esfuerzos y de olvidos. Contribuyen a esta mirada no solo las referencias ocasionales a la falta de trenes o a cargos públicos heredados, sino también la galería de personajes con los que María va cruzándose, que incluyen desde un policía ambiguamente confiable hasta un misterioso nativo, un extraño cura venido a menos y un pibe sospechosamente solo.
Con estos seres que se le aparecen, a veces deslizando consejos o reflexiones, el film corre el riesgo de caer en cierta ingenuidad (como si fuera una relectura de El fantástico mundo de la María Montiel), así como puede resultar forzado el hecho de que el marido sea candidato a intendente del pueblo. Pero, en buena medida, los amagos de solemnidad se diluyen gracias a leves toques de humor y a la eficacia de las actuaciones, incluyendo la del rosarino Mario Alarcón (notable como un viajero con hambre y sentido común) y la seductora presencia de Guadalupe Docampo, con su mirada siempre asustada, desconfiada y decidida al mismo tiempo.
Hay algo arquetípico en María, en su rebeldía y en las actitudes de quienes la rodean: las ansias de independencia y los peligros en el camino responden a las fórmulas de la road movie, subgénero que Romero ejercita aprovechando la elocuencia del agreste paisaje, recorriendo caminos rodeados de pastizales y viejas casas abandonadas, a veces apelando a fundidos encadenados. “Escaparse dura poco” le dicen en un momento a la mujer, inquietando ante la posible resolución del conflicto, que, cuando llega, trae también –al igual que la música de Gustavo Pomeranec– ecos del western.

Por Fernando G. Varea

… Y el cine creó a Isabel Sarli

Mucho podría decirse de Isabel Sarli (la actriz argentina de El trueno entre las hojas, …Y el demonio creó a los hombres, Carne, Fuego y muchas más, fallecida el pasado 25 de junio), pero lo indiscutible es que fue un producto eminentemente cinematográfico y que, a través del cine, terminó convirtiéndose en un ícono de nuestra cultura popular. Si bien fue entrevistada muchas veces, en esta nota que le hicieron en Nantes (Francia) y que aquí rescatamos se refiere a algunos temas sobre los que poco le han preguntado. Fue publicada en la sección Mujer del diario Tiempo Argentino el 16/1/1986.

 

Abanico de voces para hablar del boom sojero

SANTA SOJA
(2018; dir: Christian Fuma)

¿Por qué si el cultivo de soja en el sur santafesino proporciona (además de suculentos negocios a determinados sectores de la producción y empresas transnacionales) graves problemas medioambientales y pérdida de soberanía alimentaria, el tema es tan poco discutido en los medios de comunicación? Ésta es una de las tantas preguntas a las que puede conducir Santa soja, el documental de Christian Fuma (director) y Cristian Andrade (productor) que sí se ocupa del tema, sin estridencias y con responsabilidad.
Un texto inicial ubica al espectador: fue –no casualmente– a mediados de los ’90 que se libera al mercado en Argentina la semilla de soja transgénica, lo que terminó convirtiendo a nuestro país en uno de los principales productores de soja en el mundo. Las primeras imágenes, que registran las aplaudidas exhibiciones durante la celebración de un aniversario del Combate de San Lorenzo en dicha ciudad, permiten reflexionar sobre ideas de patria y soberanía que parecen congeladas en el tiempo, aunque el film de Fuma –a contracorriente de lo que suele verse en cine, TV y redes sociales– no plasma sus inquietudes en forma de burla o ironía. Se dedica, en todo caso, durante poco más de una hora, a recorrer la zona reuniendo opiniones de alrededor de cuarenta hombres y mujeres: desde una bióloga hasta un agente de la bolsa, un pescador o una joven coronada Reina de la Soja. Todos brindan sus impresiones o experiencias y las mismas, al cruzarse, van estableciendo un completo cuadro de situación. En algún momento asoma la figura de algún funcionario o de alguien que supo ser candidato a gobernador, pero Santa soja prefiere no dar protagonismo a figuras de la política (o del mundo empresarial enredadas en la política).
Una de las trabajadoras que dejan su testimonio se maravilla ante “la capacidad que tiene la tierra de dar” de manera casi mágica, aún sobre la obstinación por castigarla del hombre, “el rey de la naturaleza”, como recuerda a su vez un fraile. A ese punto se vuelve, una y otra vez, mientras se sacan a la luz retazos de historias de vida atravesadas por las consecuencias del proceso industrial sojero. Acertadamente, los nombres de quienes hablan aparecen recién al final, y ni allí ni en otros segmentos de este sobrio documental hay música subrayando lo que esas personas dicen o sienten.
Con fotografía de Pablo Grassi y posproducción de sonido de Santiago Zecca, Santa soja (producción independiente realizada con aportes del INCAA) invita a conocer, a comprender, a preocuparse, a pensar, a ver de otra manera el paisaje geográfico y humano de nuestra región.

Por Fernando Varea

Trailer de Santa soja aquí