Sensibilidad


“La sensibilidad que le saqué a la acuarela no se la pude sacar a la computadora. Soy como un viejo que hace dibujos con sus manos.”

(LINIERS, dibujante e historietista argentino cuya obra se exhibe hasta el 5/8 en el Centro Cultural Parque de España y es tema del documental Liniers, el trazo simple de las cosas, de Franca González, estrenado el pasado jueves en el cine El Cairo de nuestra ciudad)

http://www.ccpe.org.ar/

http://elcairocinepublico.blogspot.com/
http://www.porliniers.com/

El placer de reencontrar viejos juguetes

TOY STORY 3
(2010; dir: Lee Unkrich)

Ya la primera Toy Story (1995, dirigida por John Lasseter, auspicioso debut de Pixar en el largometraje) proponía una buena idea: contar una historia dirigida al público infantil desde el punto de vista de los juguetes, una manera de representar las fantasías de los chicos, para quienes todo juguete –sobre todo si se trata de un muñeco o un animal– es visto como una pequeña criatura viviente. A esto se sumaba un impecable trabajo de animación generada por computadora, técnica que entonces era novedosa.
Después de una segunda parte realizada con la intervención de Walt Disney Pictures (en estos quince años hubo toda una serie de acuerdos y desacuerdos en torno a los vínculos de la compañía Pixar con la Disney), llega Toy Story 3, dirigida por Lee Unkrich (1967, Cleveland, EEUU), editor de las anteriores.
El recurso utilizado por los guionistas (Unkrich, Lasseter, Michael Arndt y Andrew Stanton) para volver sobre los mismos personajes es válido: Andy, el pequeño dueño de esos coloridos monigotes de plástico y goma, es ahora un adolescente que quizás deba deshacerse de ellos al ingresar a la Universidad y comenzar una nueva vida fuera de su casa. Esto los llevará a una serie de peripecias diversas e imprevisibles, hasta arribar a un final tranquilizador.
La sucesión de aventuras comprende momentos maravillosos como el descubrimiento de la guardería, donde el espectador disfruta internándose, magia del cine mediante, en un espacio único y cautivante, rebosante de movimientos, formas y colores exquisitamente combinados. La creación de algunos nuevos juguetes (¡pobre el teléfono, víctima de aprietes!) y personajes (la nena vecina de Andy) son verdaderos hallazgos. En Toy Story 3 hay, también, situaciones verdaderamente graciosas: los juguetes literalmente atacados por los chicos de la guardería es una de ellas. Y, si bien la proyección en 3D no depara grandes sorpresas, el salto de Woody, el cowboy, desde un techo, es una buena utilización de este artilugio.
En los pliegues de esta cadena de divertidos episodios pueden percibirse elementos característicos de la cultura estadounidense, desde las escenas en las que Ken desfila y baila música disco, o referencias que probablemente sólo capten los adultos (Woody suspendido de una cuerda como Tom Cruise en una famosa escena de Misión imposible), hasta el recurrente enfrentamiento entre buenos y malos, e incluso cierto discurso que Barbie proclama contra lo que podría considerarse un dictador (un oso aparentemente amable pero esencialmente rencoroso). La música, bien Disney, resulta omnipresente y sensiblera sobre el final.
Un tema que erróneamente podría considerarse extra cinematográfico es lo que algún crítico estadounidense había objetado ya en la primera Toy Story: la sobreexplotación comercial del producto. Las tensiones en torno a las expectativas comerciales no deben haber estado ajenas a la misma concepción de esta tercera parte: la ambigüedad moral de Barbie y Ken, por ejemplo (que finalmente no resultan tan frívolos), o la convencional escena de los juguetes tomándose de las manos frente a un peligro de muerte, parecen concesiones.
Sin dudas, debe haber por el mundo películas animadas tanto o más imaginativas que ésta, menos sujetas al modelo narrativo –y moralista– impuesto por el cine hollywoodense (las del japonés Hayao Miyazaki pueden ser un ejemplo). Pero, al mismo tiempo, hay que reconocer que, en cuanto a gracia y creatividad, el cine de animación en Estados Unidos –al menos teniendo en cuenta productos de la factoría Pixar como éste, Ratatouille o Wall-E–, se encuentra varios escalones arriba que el grueso de las películas de ficción que vienen haciéndose en los últimos años en ese país.

Por Fernando G. Varea

Trailer de Toy Story 3 aquí

Alicia en Burtonlandia

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS
(Alice in Wonderland, 2010; dir: Tim Burton)

Más allá de las expectativas generadas y de su resonante lanzamiento publicitario, esta producción confirma, una vez más, que no se obtiene una buena película sumando méritos aislados: en este caso, textos de fascinantes resonancias (Alicia en el país de las maravillas y otros de Lewis Carroll), un director imaginativo (Tim Burton), efectos especiales de última generación y el aval de una poderosa productora, parecían ideales para conseguir un producto sorprendente, pero el saldo es una realización fría, despareja y desprovista del espíritu transgresor de los relatos en los que está basada. Es curioso cómo Alicia en el país de las maravillas sirvió para la realización, en 1951, de una de las mejores películas de Walt Disney (1901/1966) y, sesenta años después, para una de las peores de Tim Burton (California, EEUU, 1958).
Está claro que aún el Burton menos inspirado ofrecerá siempre la posibilidad de ingresar a mundos alternativos, reivindicando el poder de la fantasía y creando personajes estrafalarios y divertidos. No es menos cierto que su Alicia… tiene momentos graciosos y ambientes ingeniosamente diseñados. Pero no se entienden algunas decisiones, de las que no sólo Burton parece responsable sino también su guionista Linda Woolverton y, seguramente, la Walt Disney Pictures. La insistencia en trabajar con Johnny Depp, por ejemplo: no sólo su personaje de sombrerero remite invariablemente a otros interpretados anteriormente por el actor, sino que además –por su aspecto simpático y la manera en que Depp se hace reconocible– hace peligrar el protagonismo de Alicia, al punto de que la película es promocionada en infinidad de carteles con su rostro sonriente (cabe preguntarse si Burton no habrá pensado en algún momento poner a un Depp travestido haciendo de Alicia). Al mismo tiempo, la Reina de Corazones es más un freak que una señora mandona, mientras que a Alicia se la ve contrariada y con un look demasiado moderno. Tal vez el predominio de Depp y la apariencia de esta Alicia casi veinteañera hayan sido producto del interés por ampliar el público posible, temiendo que muchos no se acerquen a las salas sospechando una película para nenas.
Por otra parte, la atmósfera es levemente lúgubre y –a diferencia de la obra original– los enredos y sorpresas no crecen en forma espiralada sino fraccionada, como si se estuviera ante fragmentos de varias películas reunidos en una sola: a escenas en los jardines de una mansión victoriana (que parecen salidas de un drama con princesas incomprendidas de esos que abundan últimamente) se suceden situaciones insólitas con animales habladores, los acontecimientos delirantes se mezclan con otros habituales en comedias menores (como las rencillas de la Reina con su hermana o con su paje), y seres de carne y hueso conviven incómodamente con criaturas animadas digitalmente (quedando algunos a medio camino, moviéndose con gestos visiblemente artificiales). Inclusive Tim Burton parece haber echado mano a retazos de sus películas previas (los bosques sombríos de La leyenda del jinete sin cabeza, los castillos de Sweeney Todd, el Johnny Depp con sombrero y apariencia de payaso de Charlie y la fábrica de chocolate).
Finalmente, si Burton parecía el director ideal para sacarle provecho a las posibilidades del 3D, habrá que esperar una nueva oportunidad para comprobarlo: aquí logra apenas unos pocos, eficaces sobresaltos.
Desde el cine mudo hasta la actualidad, hubo varias versiones cinematográficas de Alicia en el país de las maravillas (incluyendo una argentina dirigida en 1975 por Eduardo Pla, en cuya banda sonora se escuchaba una versión ligeramente modificada de la Canción de Alicia en el país de Charly García), pero fueron muchas más las ocasiones en las que dicha obra ha sido invocada o recreada indirectamente.
La realidad es que, en el cine, la esencia de ciertos textos no se alcanza visualizándolos en forma literal. El mismo Tim Burton ya había sabido introducirnos en universos deliciosamente extraños sin la mediación de Alicia alguna: un auténtico país de las maravillas se desplegaba en la inquietante Ciudad Gótica o surgía de las extravagantes historias contadas por el protagonista de El gran pez.

Por Fernando G. Varea

http://www.timburton.com
Trailer de Alicia en el país de las maravillas de Burton (2010) aquí
Trailer de Alicia en el país de las maravillas de Disney (1951) aquí

Lo antiguo y lo nuevo

LOS FANTASMAS DE SCROOGE
(A Christmas Carol, 2009; dir: Robert Zemeckis)

Desde George Scott hasta Mickey y los Simpson le han puesto el cuerpo a «A Christmas Carol», novela que Charles Dickens escribió en 1843, sobre un viejo avaro que -tras ser visitado por espíritus que lo enfrentan con sus recuerdos de infancia, con la dura realidad familiar de su empleado y con los posibles comentarios de la gente ante la noticia de su muerte- se vuelve generoso y dispuesto a compartir la Navidad con los demás. Disney, de la mano de Robert Zemeckis (1951, Chicago, EEUU) rescata una vez más este clásico, ahora con técnica motion capture (convirtiendo digitalmente los movimientos de los actores en imágenes animadas, recurso ya utilizado por el director en El expreso polar y Beowulf) y agregándole el irresistible 3D.
El resultado es una curiosa combinación de lo antiguo con lo nuevo. El texto original –respetuosamente transcripto– es aleccionador, concentra todos los males (y las posibles soluciones) en la figura de Scrooge, y ve un alto grado de nobleza en dar una limosna o compartir una cena de Navidad. Mientras elementos como éstos parecen ignorar todos los cambios políticos, sociales y culturales transcurridos en el último siglo y medio, es inalterablemente fiel la reconstrucción de la Londres del siglo XIX y su gente (incluyendo los juegos de los chicos, los bailes y las comidas). No está mal la idea de internarse en el universo de aquella historia de Dickens, pero en estos tiempos de navidades comercializadas e inocencia devaluada, Los fantasmas de Scrooge suena un poco anacrónica.
Al mismo tiempo, para representar la historia se ha apelado a los más modernos artificios, lográndose sorprendentes efectos sonoros e imágenes de perturbadora belleza (junto a desplazamientos vertiginosos insertados para explotar mejor los alcances del 3D). Una sofisticación que termina limitando las posibilidades del espectador de completar la historia: si hacia 1850 «A Christmas Carol» permitía a los lectores imaginar las fantasías de Scrooge, hoy Hollywood las hace casi tangibles. Como bien ha señalado Domin Choi, respecto a películas como ésta, “toda imaginación se vuelve visible con la mediación tecnológica”.
Lo nuevo de Los fantasmas de Scrooge pasa, entonces, exclusivamente por lo tecnológico, a diferencia de otros productos animados recientes, estética y argumentalmente más originales y modernos. Lo cual no impide que pueda disfrutarse, rindiéndose a la idea que Dickens le hace exclamar al excitado Scrooge del final: “Es mejor ser como un niño”.

Por Fernando G. Varea

Trailer de la película aquí

La ciudad, como el cine, fuente de misterios

Ya se ha expresado muchas veces y de distintas maneras: el cine es un arte hecho de luces y sombras creadoras de vida y buceadoras de lo profundo. “El cine no es arte ni técnica, es misterio”, reflexionó el francés Jean-Luc Godard. “La pantalla es el lugar donde aparece algo que, de forma imperceptible, vuelve a desaparecer –escribió, a su vez, la austríaca Elfriede Jelinek–: ver cine es, sobre todo, ver fantasmas.” Tal vez por eso el cine alcanza una dimensión particular cuando -como respondiendo a su esencia- desde la pantalla nos revela misterios o permite encontrarnos con los huidizos espectros que nos rodean. Por eso fue estimulante encontrar, dentro de la programación del XVI Festival Latinoamericano de Video Rosario, dos películas interesadas en explorar los misterios de nuestra ciudad, de sus calles y sus habitantes.
Dante en la casa grande (2009) se centra en un rosarino reconocido evitando los lugares comunes habituales en los documentales institucionales. El realizador Rubén Plataneo (1958, Santa Fe) nos lleva a ingresar en la cotidianeidad del artista plástico Dante Taparelli esparciendo imágenes y voces que asoman con el mismo creativo desorden y melancólica sencillez que forman parte de esa vida. No se trata ni de una suma de confesiones en primer plano ni de una intromisión incómoda en los pliegues del pasado de Taparelli: la cámara simplemente lo acompaña, lo escucha, desviándose ocasionalmente hacia los objetos que lo rodean o la penumbra que cubre su enorme casa. Algunos hechos más precisos, como los preparativos de una exposición o la hermosa iniciativa de reproducir cuadros en paredes de edificios, son expuestos sin énfasis, integrándose naturalmente trabajo, arte y vida cotidiana.
No sólo sobre el artista se echa una mirada afectuosa, contenida y discretamente curiosa, sino también sobre la ciudad, de la cual se percibe su aliento, su respiración, gracias al sonido ambiente –apenas interferido por la funcional música de Ángela Tullida– y al registro de rincones y pasajes muy vistos pero poco mirados. Así, en Dante en la casa grande asoman los misterios de una vida y de una ciudad, pudorosamente, con la exuberancia de las telas de colores y las viejas muñecas combinándose con las nostálgicas conversaciones de entrecasa y el rumor de la calle. Por sus características, trae a la memoria a otro notable documental rosarino, Trescientoscincuenta (2006, Diego Fidalgo), sobre el artista Fernando Traverso, también de Calanda Producciones (lo cual habla de la continuidad de criterios de esta productora autogestionaria local).
Por su parte, Guía de Rosario misteriosa (2009) se adentra en secretos y enigmas de nuestra ciudad de una manera deliberadamente más graciosa, procurando, sobre todo, la comunicación efectiva con los espectadores más chicos. Primer trabajo de la Cooperativa de Animadores de Rosario, impulsado por Pablo Rodríguez Jáuregui (1966, Santa Fe), propone a un inspector de lentes y bigotes (cuya voz recuerda a Mr. Magoo) recorriendo -junto a un simpático perro y un libro-guía que suena como un teléfono celular- algunas de las leyendas urbanas e historias ocultas de Rosario, pasando por museos, cementerios, teatros, parques, túneles, islas y casonas. El resultado es divertido y disfrutable, y si desde un punto de vista estrictamente informativo permite enterarse de datos sorprendentes, depara, además, el placer de –entre otras cosas– ver fulgurar a la “montañita” del parque Independencia o moverse a las estatuas del palacio Fuentes.
Guía de Rosario misteriosa va y viene con vivacidad por las distintas épocas, recurre a estilos ligeramente diversos (ya que distintos animadores se hicieron cargo de los episodios) y a viejos titulares de diarios o fotografías, e integra con habilidad lo didáctico con lo humorístico. El hecho de que contenga una evocación de los cines de antaño no se contradice con la acertada decisión del equipo de que la obra –junto al merecido estreno en salas cinematográficas– circule sin demoras en copias en dvd y pueda verse y bajarse por Internet.
Si bien a ambos trabajos pueden hacérsele objeciones (en el film de Plataneo hubiera resultado oportuno un recuerdo de las recorridas nocturnas por los cementerios organizadas tiempo atrás por Taparelli; el de Rodríguez Jáuregui da por cerrado el misterio de la torre del correo sobre el que viene investigando desde hace tiempo Sonia Helman), ambos se destacan como necesarios, solitarios intentos –dentro de la producción audiovisual local– de rescatar a la Rosario más escondida y rica en secretos.
Lamentablemente, y compartiendo el pensamiento de los realizadores de Guía de Rosario misteriosa –que ponen en boca de su protagonista– “en el siglo XXI hay cada vez menos lugar para lo mágico y lo misterioso”.

Por Fernando G. Varea

http://calandaproduce.blogspot.com/
http://rosariomisteriosa.blogspot.com/