Cine argentino, modelo para armar

Recomendaciones y apreciaciones sobre cine argentino a cargo de Gustavo Fontán, Vanessa Ragone, Fernando Martín Peña, Santiago Loza, Juan Villegas, Fernando Kabusacki, Nicolás Prividera y Pablo Rodríguez Jáuregui, destinadas a los alumnos del taller Cine argentino: modelo para armar (desarrollado por el autor-editor de Espacio Cine junto a Fernando Herrera durante marzo y abril de 2021).

Lenguaje

“A través de los años uno va buscando su lenguaje. Y el lenguaje del cine es visual. Yo filmo con grandes angulares buscando la profundidad de campo, la fuga, la acción en el plano posterior, la cámara en movimiento que sigue y habla con los personajes en movimiento, los grandes escenarios”.

(FERNANDO “PINO” SOLANAS [1936/2020], en la entrevista que le hice en 2007 y que puede leerse aquí) FGV

El cine en nuestra memoria

De pronto, en un hecho inédito e insólito, el mundo quedó sin rodajes, sin estrenos, sin salas de cine abiertas. Está claro que detrás hay una tragedia y problemas más serios, relacionados con la salud y la vida de miles de seres humanos, pero no deja de ser preocupante la situación de los trabajadores del medio, quienes se vieron forzados a buscar estimables paliativos (estrenos en streaming, realización de cortos con los escasos recursos que permite la cuarentena, liberación de películas lanzadas casi como ofrendas en medio del estado de inquietud). Es de desear que, una vez resuelto lo prioritario, el saludable hábito de congregarnos para ver una película en una sala oscura reaparezca: mientras tanto, como una suerte de homenaje –una celebración, más que un acto de nostalgia– edité este modesto video. Procuré que todo director valioso estuviera representado con al menos un fragmento de una de sus películas (aunque inevitablemente faltan algunos) y que asomaran también ciertos momentos recordables de la historia del cine. FGV
Los fragmentos corresponden sucesivamente a las siguientes películas: El ciudadano (1941, Citizen Kane, dir. Orson Welles), Cuéntame tu vida (1945, Spellbound; dir. Alfred Hitchcock), Metrópolis (1927, dir. Fritz Lang), Más corazón que odio (1956, The Searchers; dir. John Ford), El espejo (1975, Zérkalo; dir. Andrei Tarkovski), El discreto encanto de la burguesía (1972, Le charme discret de la bourgeoisie; dir. Luis Buñuel); Frankestein (1931, James Whale), La regla del juego (1939, La Règle du jeu; dir. Jean Renoir), Cero en conducta (1933, Zéro de conduite; dir. Jean Vigo), Los 400 golpes (1959, Les quatre cents coups; dir. François Truffaut), (1963, dir. Federico Fellini), Fitzcarraldo (1982, dir. Werner Herzog), Apocalipsis Now (1979, Apocalypse Now; dir. Francis Ford Coppola), Ran (1985, dir. Akira Kurosawa), Lo que el cielo nos da (1955, All that heaven allows; dir. Douglas Sirk); Vértigo (1958, dir. Alfred Hitchcock), El eclipse (1962, L’eclisse; dir. Michelangelo Antonioni), Un día muy particular (1977, Una giornata particolare; dir. Ettore Scola), Una película de amor (1988, Krótki film o miłości; dir. Krzysztof Kieslowski), Los paraguas de Cherburgo (1964, Les parapluies de Cherbourg; dir. Jacques Demy), París, Texas (1984, dir. Win Wenders), Con ánimo de amar (2000, Fa yeung nin wa; dir. Wong Kar-Wai), Pierrot el loco (1965, Pierrot le fou ; dir. Jean-Luc Godard), Tiempos violentos (1994, Pulp Fiction; dir. Quentin Tarantino), Taxi Driver (1976, Martin Scorsese), El Padrino II (1974,The Godfather Part II; dir. Francis Ford Coppola), The Warriors (1979, dir. Walter Hill), Retorno al pasado (1947, Out of the Past; dir. Jacques Tourneur), La dama de Shangai (1947, The Lady from Shanghai; dir. Orson Welles), La noche del cazador (1955, The night of the hunter; dir. Charles Laughton), El gabinete del Dr. Caligari (1920, Das Cabinet des Dr. Caligari; dir. Robert Wiene), Ed Wood (1994, dir. Tim Burton), Psicosis (1960, dir. Alfred Hitchcock), Carrie (1976, dir. Brian De Palma), El exorcista (1973, The exorcist; dir. William Friedkin), Tiburón (1975, Jaws; dir. Steven Spielberg), El bebé de Rosemary (1968, Rosemary’s baby; dir. Roman Polanski), Criatura de la noche: vampiros (2009, Låt den rätte komma; dir. Tomas Alfredson); Festín desnudo (1992, Naked lunch; dir. David Cronenberg), El enigma de otro mundo (1982, The thing; dir. John Carpenter), Terminator (1984, The Terminator; dir. James Cameron); Blow out (1981, dir. Brian De Palma); Jurassic Park (1993, dir. Steven Spielberg), 2001, odisea del espacio (1968, 2001: A Space Odyssey; dir. Stanley Kubrick); Blade Runner (1982, dir. Ridley Scott), Suspiria (1977, dir. Darío Argento), El camino de los sueños (2001, Mulholland Drive; dir. David Lynch), Los imperdonables (1992, Unforgiven; dir. Clint Eastwood), El bueno, el malo y el feo (1966, Il buono, il brutto, il cattivo/The good, the bad and the ugly; dir. Sergio Leone), Roma, ciudad abierta (1945, Roma, città aperta; dir. Roberto Rossellini), El hombre de la cámara (1929, Chelovek s kino-apparatom; dir. Dziga Vertov), Tire dié (1960, dir. Fernando Birri), Los olvidados (1950, dir. Luis Buñuel), Dios y el diablo en la tierra del sol (1964, Deus e o Diabo na Terra do Sol; dir. Glauber Rocha), La casa del ángel (1958, dir. Leopoldo Torre Nilsson), Pajaritos y pajarracos (1966, Uccellacci e uccellini; dir. Pier Paolo Pasolini), Extraños en el paraíso (1984, Stranger than paradise; dir. Jim Jarmusch), El verdugo (1963, dir. Luis García Berlanga), El dependiente (1968, dir. Leonardo Favio), I pugni in tasca (1965, dir. Marco Bellocchio), If… (1968, ; dir. Lindsay Anderson), Sin aliento (1960, À bout de souffle; dir. Jean-Luc Godard), La pasión de Juana de Arco (1928, La Passion de Jeanne d’Arc; dir. Carl Dreyer), Faces (1968, dir. John Cassavetes), Persona (1966, dir. Ingmar Bergman), Cleo de 5 a 7 (1962, dir. Agnès Varda), El carterista (1959, Pickpocket; dir. Robert Bresson), El samurai (1967, Le Samouraï; dir. Jean-Pierre Melville); Distant voices, still lives (1988, dir. Terence Davies), Adiós a los niños (1987, Au revoir les enfants; dir. Louis Malle), El puerto (2011, Le Havre;  dir. Aki Kaurismäki), Mi mundo privado (1991, My own private Idaho; dir. Gus Van Sant), Picnic en las rocas colgantes (1975, Picnic at Hanging Rock; dir. Peter Weir), Sueño de libertad (1994, The shawshank redemption; dir. Frank Darabont), Hacia rutas salvajes (2007, Into the wild; dir. Sean Penn), La delgada línea roja (1998, The thin red line; dir. Terrence Malick), Barton Fink (1991, dir. Joel y Ethan Coen), The Truman Show (1998, dir. Peter Weir), Good Time (2017, dir. Ben y Joshua Safdie), Rosetta (1999, dir. Jean-Pierre y Luc Dardenne), Ida (2013, dir. Paweł Pawlikowski), El hombre que podía recordar sus vidas pasadas (2010, Uncle Boonmee; dir. Apichatpong Weerasethakul), El ocaso de una vida (1950, Sunset Boulevard; dir. Billy Wilder), Lo que queda del día (1993, The remains of the day; dir. James Ivory), El gatopardo (1963, Il Gattopardo; dir. Luchino Visconti), El arca rusa (2002, Русский ковчег; dir. Alexandr Sokurov), Kaos (1984, dir. Paolo y Vittorio Taviani), Salmo rojo (1972, Még kér a nép; dir. Miklós Jancsó), El sur (1983, dir. Víctor Erice), Un domingo en el campo (1984, Un dimanche à la campagne; dir. Bertrand Tavernier), Cantando bajo la lluvia (1952, Singin’ in the rain; dir. Gene Kelly y Stanley Donen), Brindis al amor (1953, The band wagon; dir. Vincent Minnelli), El show debe seguir (1979, All that jazz; dir. Bob Fosse), Tacones lejanos (1991, dir. Pedro Almodóvar), Lejos de ella (2015, Shan he gu ren/Mountains May Depart; dir. Jia Zhangke), Embriagado de amor (2012, Punch-drunk love; dir. Paul Thomas Anderson); Tres es multitud (1998, Rushmore; dir. Wes Anderson), El mago de Oz (1939, The wizard of Oz; dir. Victor Fleming), Alicia en el país de las maravillas (1951, Alice in Wonderland; dir. Walt Disney), El viaje de Chihiro (2001, Sen to Chihiro no kamikakushi; dir. Hayao Miyazaki), Despertando a la vida (2001, Waking life; dir. Richard Linklater), Cuenta conmigo (1986, Stand by me; dir. Rob Reiner), El árbol de peras silvestre (2018, Ahlat Agaci; dir. Nuri Bilge Ceylan), En otro país (2012, Da-reun na-ra-e-suh; dir. Hong Sang-soo), Desayuno en Tiffany’s (1961, Breakfast at Tiffany’s; dir. Blake Edwards), La fiesta inolvidable (1968, The party; dir. Blake Edwards), El terror de las chicas (1961, The Ladies’ Man; dir. Jerry Lewis), Una noche en la ópera (1935, A night at the opera; dir. Sam Wood), El maquinista de la General (1927, The General; dir. Buster Keaton), Tiempos modernos (1936, Modern times; dir. Charles Chaplin), Zelig (1983; dir. Woody Allen), Playtime (1967, dir. Jacques Tati), La noche americana (1973, La nuit américaine/Day for night; dir: François Truffaut), La gran comilona (1973, La grande bouffe; dir: Marco Ferreri), Parasite (2019, dir. Bong Joon Ho), El tesoro (2015, Comoara; dir. Corneliu Porumboiu), El castillo de la pureza (1972, dir. Arturo Ripstein), La ciénaga (2001, dir. Lucrecia Martel), Qué bello es vivir (1946, It’s a wonderful life; dir. Frank Capra), Historias de Tokio (1953, Tōkyō monogatari; dir. Yasujiro Ozu), Al azar Balthazar (1966, dir. Robert Bresson), Dónde queda la casa de mi amigo (1987, Khane-ye Doust Kodjast; dir. Abbas Kiarostami), Ladrón de bicicletas (1948, Ladri di biciclette; dir. Vittorio De Sica), La última película (1971, The last picture show; dir. Peter Bogdanovich), El acorazado Potemkin (1925, Bronenosets Potyomkin; dir. Sergei Eisenstein), El sacrificio (1986, Offret; dir. Andrei Tarkovski), El Padrino (1972, The Godfather; dir.  Francis Ford Coppola).

Lecturas y películas, posibles oasis

En la ciencia, el compromiso de los ciudadanos y la solidaridad estará, seguramente, la solución a la pandemia. Mientras tanto, compelidos muchos de nosotros al aislamiento, textos y producciones audiovisuales pueden servir como una suerte de oasis. Teniendo en cuenta esto, reunimos a continuación enlaces a algunos de los artículos periodísticos y entrevistas publicados en Espacio Cine a lo largo de sus once años de existencia, acompañados de links correspondientes a las películas a las que allí se hace referencia (todas pueden verse online o descargarse gratuitamente y aparecen subtituladas en el caso de que estén en otros idiomas). No se trata, de todos modos, de material escogido al azar: procuré que en las imágenes y palabras que los lectores encontrarán detrás de cada click haya –además de calidad y honestidad– historias de vida, ejemplos de lucha, reflexiones iluminadoras, gracia, aventura, belleza o calidez, que amortigüen en parte el miedo y la incertidumbre que atravesamos en estos días. Ojalá estas películas y textos ayuden a pensar, a imaginar, a comprender, a conocernos mejor y sentirnos acompañados. Fernando Varea.

LA VENDEDORA DE FÓSFOROS (2018, Alejo Moguillansky) + Entrevista a su director
VENDRÁN LLUVIAS SUAVES (2018, Iván Fund) + Entrevista a su director
MÉTODO LIVINGSTON (2019, Sofía Mora) + Crítica de la película
LAS ACACIAS (2011, Pablo Giorgelli) + Entrevista a su director
P3ND3JO5 (2013, Raúl Perrone) + Crítica de la película
EL GRAN SIMULADOR (2013, Néstor Frenkel) + Crítica de la película
LA HELADA NEGRA (2015, Maximiliano Schonfeld) + Crítica de la película
EL ÁRBOL DE LA MURALLA (2013, Tomás Lipgot) + Crítica de la película
LAS DEPENDENCIAS (1999) + MUTA (2013) + LEGUAS (2015) + Entrevista a su directora Lucrecia Martel
HISTORIAS EXTRAORDINARIAS (2008, Mariano Llinás) + Entrevista a su director
COMO UN AVIÓN ESTRELLADO (2005, Ezequiel Acuña) + Entrevista a su director
MAURO (2014, Hernán Roselli) + Entrevista a su director
VICTORIA (2015) + LAS VEGAS (2018) + Entrevista a su director Juan Villegas
UNA CIUDAD DE PROVINCIA (2017, Rodrigo Moreno) + Crítica de la película
INFIERNO GRANDE (2019, Alberto Romero) + Crítica de la película
FUGA DE LA PATAGONIA (2016, Francisco D’Eufemia/Javier Ceballos) + Crítica de la película
YO NO SÉ QUÉ ME HAN HECHO TUS OJOS (2003, Sergio Wolf) + Entrevista a su director
TIERRA DE LOS PADRES (2011, Nicolás Prividera) + Entrevista a su director
DE CARAVANA (2011) y TODO EL TIEMPO DEL MUNDO (2015) + Entrevista a su director Rosendo Ruiz
ORQUESTA ROJA (2009) + VUELO NOCTURNO (2016) + Entrevista a su director Nicolás Herzog
HIJOS NUESTROS (2015, Juan Fernández Gebauer/Nicolás Suárez) + Crítica de la película
OTRA MADRE (2017, Mariano Luque) + Crítica de la película
LA TIGRA, CHACO (2008, Federico Godfrid/Juan Sasiaín) + Crítica de la película
ARGENTINA LATENTE (2007, Fernando Pino Solanas) + Entrevista a su director
AMADORAS (2015, Arturo Marinho/Javier Matteucci) + Crítica de la serie
MURALES, EL PRINCIPIO DE LAS COSAS (2016, Francisco Matiozzi Molinas) + Crítica de la película
EL ORIGEN DEL PUDOR (2015, Diego Fidalgo) + Crítica de la película
DANTE EN LA CASA GRANDE (2010, Rubén Plataneo) + Crítica de la película
EL CUENTO (2010, Claudio Perrín) + Entrevista a su director
ACHA ACHA CUCARACHA (2017) + LA ESCUELA DE LA SRTA. OLGA (1991) + Entrevista a su director Mario Piazza
GUÍA DE ROSARIO MISTERIOSA (2008) + EL VIAJE DE GAIA (2015) + Entrevista a su director Pablo Rodriguez Jáuregui
ILUSIÓN DE MOVIMIENTO (2001, Héctor Molina) + Crítica de la película
DÍAS DE MAYO (2009, Gustavo Postiglione) + Crítica de la película
CORTOS ANIMADOS de Esteban Tolj + Entrevista a su director
EN OTRO PAÍS (2012, Hong Sang-soo) + Crítica de la película
TANGERINE (2015, Sean Baker) + Crítica de la película
PROFIT MOTIVE AND THE WHISPERING WIND (2007, John Gianvito) + Entrevista a su director
EL MAQUINISTA DE LA GENERAL (1926, Buster Keaton)+ Texto de Fernando Martín Peña sobre la película
MUÑEQUITA PORTEÑA (1931, José Agustín Ferreyra) + Texto sobre la película
EL ROMANCE DEL ANICETO Y LA FRANCISCA (1967, Leonardo Favio) + Crítica de Horacio Verbitsky
LOS INUNDADOS (1961, Fernando Birri) + Un texto y otro texto sobre la película
MÁS ALLÁ DEL OLVIDO (1956) + ESTA TIERRA ES MÍA (1961) + Entrevista a su director Hugo del Carril
INVASIÓN (1969) +  LOS TAITAS (1968) + Entrevista a su director Hugo Santiago
JUAN MOREIRA (1973, Leonardo Favio) + Crónica de un día de rodaje
LOS MUCHACHOS DE ANTES NO USABAN ARSÉNICO (1975, José Martínez Suárez) + Crónica de un día de rodaje

Imagen: La vendedora de fósforos (A.Moguillansky)

Cuatro años, algunas películas

No hace mucho, el cineasta y ensayista Nicolás Prividera se preguntaba por qué el cine argentino le huye tanto a documentar el presente. Es cierto que las expresiones audiovisuales más encendidas sobre desigualdades y vericuetos políticos suelen aparecer en los márgenes y que, tal vez, esa zona de mordacidad y de crítica la hayan ido ocupando, en los últimos años, memes y videos de los que se agitan en la web (el cine no se salva de la escasez de análisis reflexivos imperante en los medios de comunicación), pero el reclamo es procedente y se me ocurre cruzarlo (no oponerlo) con lo que escribía el crítico y teórico Ángel Faretta en algún momento de los ‘80, al juzgar las películas que había visto en el transcurso del año: “No sabemos si tocaron ‘los grandes problemas de nuestra época’ (porque para el artista el problema es el tiempo y no la época), si denunciaron las grandes calamidades que nos afligen (la denuncia es cosa de delatores; la visión serena, la del creador) o si indagaron en las grandes ‘crisis contemporáneas’ (para un autor su única crisis es el film que está rodando)”, aclarando después que las cualidades que dan valor a una película son la belleza, la iluminación súbita, la impugnación de nuestros lugares comunes mentales y morales, y, en definitiva, la posibilidad de ofrecer “placer, sabiduría y felicidad”.
¿Hasta qué punto lo que expresan estos razonamientos se vio reflejado en el cine argentino de los últimos cuatro años? Teniendo en cuenta los largometrajes que tuvieron alguna forma de estreno comercial y dejando momentáneamente de lado –no porque no importen– los problemas de distinto tipo que asociaciones de trabajadores del medio audiovisual se ocuparon insistentemente de señalar durante este tiempo, va a continuación una somera revisión, destacándose ciertos títulos, fulgores, momentos, particularidades.

  • Un mes antes de asumir Macri como presidente, la voz inquietante de Eva Perón y el rencor que llevó a la manipulación de sus restos parecían agitar las aguas a favor de los discursos y posicionamientos de Cristina Fernández en la despareja y fantasmal Eva no duerme (Pablo Agüero). Semanas antes de cerrar su mandato, el recuerdo de la crisis del 2001 y el miedo a volver a sufrir imprevistas disposiciones que arrasen con los ahorros se impusieron en la cordial, superficial y ligeramente graciosa La odisea de los giles (Sebastián Borensztein sobre historia de Eduardo Sacheri), donde asoman gestos representativos del período (sustracción de nombres propios de nuestra historia política, atribución de la crisis a chivos expiatorios, expresiones inocuas de voluntarismo). El film de Sacheri-Borensztein se agrega, además, a la larga lista de películas nacionales de las últimas décadas en las que representantes de la clase media encuentran la solución a sus problemas no en alguna forma de compromiso social o político, sino en el robo a alguien más poderoso que los ha estafado previamente.
  • Una clara señal de época: la cantidad de películas vinculadas, de distintas maneras, a los progresos en favor de los derechos de las mujeres y los movimientos LGTB. Por sobre los tanteos, más o menos provechosos, de Albertina Carri, Edgardo Castro, Santiago Loza, Santiago Giralt, José Campusano, Marco Berger, Milagros Mumenthaler y otros, perduran en la memoria la voz de Agustina Comedi comentando en off imágenes descubiertas o redescubiertas de su padre en El silencio es un cuerpo que cae, más la vitalidad de los protagonistas de Alanis (Anahí Berneri) y Nadie nos mira (Julia Solomonoff).
  • Visiones analíticas sobre problemas actuales o recientes hubo, efectivamente, pocas, y de la mano de cineastas duchos en esas lides, como Carlos Echeverría (Chubut, libertad y tierra) y Pino Solanas (Viaje a los pueblos fumigados). En torno a incidentes trágicos de los últimos períodos democráticos con responsabilidades del Estado, o sobre sombras del actual gobierno, apenas un puñado de films cercanos al ensayo periodístico (incluyendo El camino de Santiago, de Tristán Bauer), afrontando la repetida dificultad de no poder abarcar otro público que el proveniente de sectores interesados o politizados. También merecía ser más vista y discutida Esto no es un golpe (Sergio Wolf), que fue tras las huellas de la rebelión carapintada de 1987 aunando voces, recuerdos y algunos comentarios en off debatibles, reivindicando de algún modo la figura de Raúl Alfonsín (ponderado precisamente por varios funcionarios de la coalición gobernante, aunque no puede saberse cómo hubiera tomado esos cumplidos el aludido). Se suman los trabajos de debutantes de padres respetados (Toda esta sangre en el monte, de Martín Céspedes; Que sea ley, de Juan Solanas) y dos inquietas reflexiones sobre la mecánica capitalista (Pequeño diccionario ilustrado de la electricidad, Triple crimen).
  • La oscuridad de la última dictadura fue bastante eludida, con aisladas excepciones (Sinfonía para Ana, El padre, El imposible olvido, Fragmentos rebelados, El hermano de Miguel, Murales: el principio de las cosas), más el curioso concepto lúdico y dramático con el que Lola Arias reunió testimonios en torno a la guerra de Malvinas en Teatro de guerra. En el recuerdo persisten la atmósfera pesadillesca, los colores espesos y la sensación de miedo de La larga noche de Francisco Sanctis (Márquez/Testa) y la más discutida Rojo (Benjamín Naishtat), propicios relatos de ficción sobre nuestros años ’70. El film anterior de Naishtat, El movimiento, más sugerente e impreciso, reflexionaba sobre caudillismo y mesianismo durante el siglo XIX. “La historia argentina es apasionante y el cine una gran herramienta para dar cuenta de la misma, de los problemas estructurales que dan forma a este presente tremendo que tenemos”, nos decía su director aquí.
  • Piazzolla: los años del tiburón (Daniel Rosenfeld) y Método Livingston (Sofía Mora) ofrecieron la experiencia de adentrarse en la riqueza de dos vidas intensas, la última con referencias bienvenidas en estos tiempos (como una discusión televisiva en torno a políticas neoliberales que se repiten). Evidentemente, la tarea de reconstruir historias de vida fue llevada adelante con mayor madurez en documentales como esos (o los más pequeños y tristes Entre gatos universalmente pardos y Ausencia de mí) que en las biopics realizadas por Lorena Muñoz El Potro y la exitosa Gilda, no me arrepiento de este amor (sobre la cantante que quedó asociada a los festejos del actual gobierno, desde que Macri bailó sus temas en el balcón de la Casa de Gobierno apenas asumió), o en El Ángel (Luis Ortega), que recurrió a la historia de Carlos Robledo Puch para crear una lustrosa ficción en función del look rocker de su fotogénico protagonista, con más solidez que profundidad: al recrear la indocilidad de sus personajes, Ortega Jr. deja siempre a salvo ciertas zonas que sería deseable pulsar. Algo similar podría decirse de Soledad, híbrido retrato de María Soledad Rosas (la joven argentina que abrazó ardorosamente la causa anarquista en Italia en los ’90) que, a partir de una novela de Martín Caparrós, realizó Agustina Macri (hija del Presidente), sin deslizar crítica alguna a la aprensión de la alianza gobernante hacia ciertas manifestaciones de militancia juvenil o de pronunciamientos contra la espiral capitalista.
  • Con su versión de Zama, Lucrecia Martel logró transmitir la húmeda impresión de transitar la América colonial en medio de privaciones, modales afectados y salvajismo, con un perfeccionismo formal que no excluyó alusiones a diferencias de clase (“Indios nunca van a faltar”) o sutilezas varias, como la posibilidad de alguna forma de cambio o esperanza en un final que podría ser también un comienzo. La repercusión internacional que obtuvo puede emparentarse, en cierta medida, con la del mega-film de Mariano Llinás La flor (del que no podemos opinar aquí porque nunca fue exhibido completo en Rosario). El nuevo proyecto de la realizadora salteña es un documental sobre el asesinato de un dirigente indígena cometido diez años atrás: “Rehúyo los temas que están en el candelero –nos decía aquí–; en el fragor o la efervescencia del momento es muy difícil poder razonar, llegar a alguna idea”.
  • Los resortes de la comedia se tensaron hacia el griterío y la agresividad en películas como El ciudadano ilustre (Cohn/Duprat) y El cuento de las comadrejas (Juan José Campanella), como si, en materia de humor en nuestro cine, el único modelo a seguir fuera Esperando la carroza (1985, Alejandro Doria) –cuyos objetivos, de todos modos, estaban más claros– y nunca El negoción (1959, Simón Feldman) o La herencia (1965, Ricardo Alventosa). Prevaleciendo la estética televisiva al servicio del carisma de populares intérpretes, lo novedoso apenas puede detectarse en varios argumentos con personajes femeninos enérgicos, como los de No soy tu mami, Re-loca, El fútbol o yo Me casé con un boludo (a cuyo estreno asistió Macri con su esposa apenas iniciado su período presidencial), o en el meritorio hecho de poner como centro a personajes de clase media debiendo trabajar más de la cuenta para subsistir en Hijos nuestros (en contraste con abundantes ficciones en las que el protagonismo lo tuvieron familias pudientes, con sus conflictos de clase alta o media-alta en primer plano). Saludable fue el intento –logrado a medias– de ironizar sobre la actualidad en la coproducción uruguayo-argentina El candidato (Daniel Hendler), imaginando la construcción de la campaña para el lanzamiento de un candidato político con escasa formación y dudosas convicciones. “Tenemos que permitirnos hablar y jugar –nos explicaba Hendler aquí–, estamos en democracia y la película creo que hace uso de esa libertad”. Asimismo, aportaron dosis de simpatía algunos documentales (Las cinéphilas, Encandilan luces, ¡Viva el Palindromo!, el más discutible Los ganadores).
  • Dentro de las películas que apelaron a la intriga y al suspenso, no hubo algo que se aproximara al mejor Aristarain o al Bielinsky de El aura (2005), aunque la precisión con la que Adrián Caetano dirigió El otro hermano, por encima de algunos ribetes problemáticos de la historia, volvió a recordar sus aptitudes. El resto se repartió entre relatos ceñidos a la presencia de actores como Darín, Brandoni, Francella o Sbaraglia, con rasgos de profesionalismo en algunos casos (El hijo, Al final del túnel, Los últimos), y dos incursiones en el terror de ambiciones casi opuestas (Muere monstruo muere y Aterrados), de la misma manera que los robos callejeros en centros urbanos fueron abordados de manera muy distinta por la insidiosa 4×4 (Mariano Cohn) y la vital aunque dispar El motoarrebatador (Agustín Toscano), contribuyendo al debate el documental Pibe chorro (Andrea Testa). De La cordillera (Santiago Mitre) se esperaba un thriller pero terminó siendo otra cosa, o ninguna, introduciéndose en el seno del poder –una reunión de presidentes latinoamericanos– sin conducir a ningún debate fértil.
  • En contraposición al cálculo e incluso al cinismo de algunos largometrajes mencionados, merece destacarse la belleza de tres ficciones vivamente coreografiadas: Familia sumergida (María Alché), Malambo, el hombre bueno (Santiago Loza) y La vendedora de fósforos (Alejo Moguillansky), que además supieron poner en valor contratiempos de ciudadanos de a pie. La siesta del tigre (Maximiliano Schonfeld), Las facultades (Eloísa Solaas) y Una ciudad de provincia (Rodrigo Moreno) ayudaron a mirar (y a escuchar) lo que nos rodea. La elegante confección de La luz incidente (Ariel Rotter), la intensidad dramática en algunos momentos de Temporada de caza (Natalia Garagiola), el logrado agobio de La deuda (Gustavo Fontán), la extrañeza de El auge del humano (Eduardo Williams) y la nobleza de los nuevos trabajos de Matías Piñeiro, Pablo Giorgelli, Ulises Rosell, Nicolás Herzog, Hernán Rosselli, Mariano Luque, Iván Fund, Eduardo Crespo y otros, fueron también pequeñas perlas.
    Por más cine, por más miradas fue el lema bajo el cual, hace un año, numerosos profesionales vinculados al medio audiovisual y asociaciones de cine firmaron (firmamos) un documento pidiendo que no se destruya “la multiplicidad y diversidad de la cinematografía independiente”. Había motivos para preocuparse, como puede apreciarse aquí. Sin dudas, la sensibilidad y el talento que hay detrás de muchos directores, productores, guionistas, técnicos, músicos, actores y actrices que dieron forma a las obras más valiosas de estos últimos años, son un capital que todo gobierno debería proteger.

Por Fernando G. Varea

Imagen: fotogramas de La odisea de los giles, El candidato y La vendedora de fósforos.

10 años de Espacio Cine

Por razones un poco inescrutables, Rosario siempre ha sido reacia a generar espacios destinados a reflexionar y debatir sobre cine. El deseo de hacerse cargo de ese vacío, más el interés por reunir notas propias publicadas de manera dispersa en medios gráficos y sitios web los doce años previos (a las que se agregarían nuevas), fueron el punto de partida de Despertando a la vida, que pronto –al advertir que el título resultaba, para muchos, más esotérico que cinéfilo– pasó a ser Espacio Cine. Durante 2009 la publicación de artículos ya existentes se alternó con algunas críticas, junto a textos de Pablo Makovsky, Juan Aguzzi y Leandro Arteaga que tomé prestados con su autorización (agregándose, apenas iniciado el año, uno inédito sobre Historias extraordinarias escrito por Fernando Herrera). Sugerencias de amigos como Franco Falistoco y Guillermo Bruno ayudaron al diseño del blog. Lo que vino después fue una década de persistente trabajo, añadiéndose a los artículos o reportajes concebidos para otros medios muchos especialmente escritos para Espacio Cine.
Llegado a este punto, la sensación es un poco imprecisa, probablemente porque esta labor desarrollada en un medio tradicional hubiera deparado gratificaciones más tangibles (la posibilidad de ingresar gratis a salas de cine, por ejemplo). Pero mejor detenerse en algunas experiencias positivas que deparó el recorrido.

    • Cuando comencé a darle forma a Espacio Cine no sospechaba que, con el transcurso de los años, eso me permitiría conocer a tantos directores y profesionales del medio: el estadounidense John Gianvito (“Algunos dicen que ya no se ven protestas como las de principios de los ’70, pero el activismo organizado es ahora mucho más fuerte que entonces”), el portugués Miguel Gómes (“Tengo conexiones con argentinos muy diferentes, que creo que se odian un poco como pasa en los países donde no hay tanta plata y varios pelean por lo mismo”), la mexicana Paz Alicia Garciadiego (“Todo el cine de John Ford, cineasta excelso, es irreal; los diálogos de Humprey Bogart y Lauren Bacall en blanco y negro son irreales, nadie habla en la vida real con esa rapidez y precisión… hoy el cine está contaminado de realidad“), los españoles Oskar Alegría y Javier Rebollo (“Rosario me pareció una ciudad moderna, joven, algo dinamitada como Madrid: hay algunos edificios modernos que te hacen pensar que allí debió haber algún palacio maravilloso, como en el boulevard Oroño”), los argentinos Fernando Martín Peña (que alguna vez aceptó, muy dispuesto, a que publicara un texto suyo sobre Buster Keaton que había escrito en facebook), Sergio Wolf, Andrés Di Tella, Fernando Pino Solanas, Lita Stantic, Lisandro Alonso, Matías Piñeiro, Alejo Moguillansky, Mariano Llinás, Rodrigo Moreno, Ezequiel Acuña, Nicolás Herzog, Santiago Mitre, Gustavo Taretto, Pablo Giorgelli, Tomás Lipgot, Celina Murga, Benjamín Ávila, José Luis García, Alejo Hoijman, Hernán Rosselli, Rosendo Ruiz, Inés de Oliveira Cézar, Federico Pintos, Javier Olivera, Ariel Rotter, Benjamín Naishtat, Juan Villegas, Maximiliano Schonfeld, Sebastián Sarquís, Daniel Hendler, Ulises Rosell, Toia Bonino, Matías Rojo. También tuve oportunidad de hacerles un par de preguntas al filósofo y profesor de estética francés Jacques Rancière (cuando fue invitado a Rosario por la gente de Facultad Libre) y a la maestra del cine experimental Narcisa Hirsch (cuando acompañó el documental sobre su vida realizado por Daniela Muttis en Mar del Plata). No se trata únicamente de haber obtenido declaraciones de todos ellos para Espacio Cine (o para algún medio gráfico o radial): en la mayoría de los casos, fueron cálidas charlas que recuerdo entrañablemente. Finalmente, vale agregar las entrevistas por mail que pude hacerles a Nicolás Prividera, Milagros Mumenthaler, Lucrecia Martel (a quien pude saludar personalmente años después, en Rosario, e incluso volverla a entrevistar brevemente en Mar del Plata) y a Manuel Antín. No hace mucho descubrí que una de las declaraciones que había hecho Antín para Espacio Cine era citada en una edición en inglés de Adán Buenosayres.

    • Estar atento a la producción audiovisual santafesina me permitió conocer a muchos realizadores locales y seguir su evolución. Ya en febrero de 2009 recabé testimonios de los ganadores del 1º Concurso de Proyectos de Producción y Realización Audiovisual organizado por la Secretaría de Producciones e Industrias Culturales de Santa Fe, dependiente del Ministerio de Innovación y Cultura: Lucrecia Mastrángelo (sobre Sexo, dignidad y muerte, que por su vigencia continúa proyectándose), Federico Actis (que con Los teleféricos no dejó de recibir premios y elogios), Francisco Matiozzi Molinas (quien me conmovería años después con Murales, el principio de las cosas), Sonia Helman (quien contaba que a los 12 años le regalaron una cámara de 8 mm y que posteriormente empezó a “editar con tijerita”), María Langhi (que recordó los programas dobles del cine Roma de Santa Fe al que asistía con su hermano), Pablo Romano (que definía Los nueve puntos de mi padre como un “registro documental sobre un fantasma que hace de las suyas en una familia pequeño burguesa”), Nicolás Font (quien deseaba lograr con su corto que “mucha gente quiera que la Vigil exista”), Andrés Nicolás (que daba como referencias cinéfilas a “Walt Disney y Leonardo Favio”) y, entre otros, los animadores Diego Rolle (que contaba cómo haber visto Los cazafantasmas a los 6 años lo impulsó a dibujar su primera historieta) y Pablo Rodríguez Jáuregui (a quien tuve el gusto de entrevistar largamente unos años después). En dicha encuesta, Fernando Herrera (con quien programamos ciclos en La Nave y el CCPE, y cuyos aportes fueron siempre valiosos para mejorar el blog) anticipaba su noble serie documental Punto Qom, en tanto Juan Mascardi, mientras se disponía a comenzar Sustancias elementales, recordaba cómo lo había impresionado, a los 9 años, ver el público gritando durante una exhibición de Evita (Quien quiera oír que oiga), y cómo, durante su infancia, “compraba la revista TV Guía y me estudiaba las programaciones de todos los canales de TV”. Entre los participantes de la encuesta figuraban, además, Iván Fund (cuyos proyectos, siempre deseables, continuarían frecuentando festivales y me llevarían a seguir entrevistándolo) y la inolvidable Mónica Chirife, quien deseaba que su micro documental Una ciudad para todos “sirva para crear conciencia y transformar una realidad y una actitud”. Con la continuidad de Espacio Cine, iría al encuentro de otros santafesinos a lo largo de los años: Julia Solomonoff (a quien había conocido colaborando en un seminario que dirigió para Facultad Libre en 2006), Raúl Beceyro (que entrevisté en un BAFICI), el prestigioso artista rosarino Adrián Villar Rojas (“Tenemos que acostumbrarnos a la idea de que cada centímetro de la Tierra y del universo simbólico humano es un campo de batalla”), la guionista Alicia Giménez Guspi (“Ni en mis mejores fantasías había imaginado lo que se puede sentir cuando el público ríe o aplaude con lo que uno creó”), Mario Piazza (inolvidable la experiencia de ver sus primeros cortos, exhibidos en super 8 y 16 mm, en el Festival de Mar del Plata), el talentoso Esteban Tolj. Igualmente, daría cuenta de la obra de Gustavo Galuppo (que aportó un par de textos para el blog y cuyas agitadas producciones audiovisuales no dejaron de despertar interés en los festivales, las más recientes junto a Carolina Rímini), Rubén Plataneo (notable realizador y frecuente lector de lujo de Espacio Cine), Florencia Castagnani, Diego Fidalgo, Gustavo Postiglione, Rodrigo Grande, Diego Castro, Milton Secchi, Ariel Luque, Sandra Martínez, Arturo Marinho, Juan Diego Kantor, Francisco y Pablo Zini, Claudio Perrín, Lisa Caligaris, Patricio Carroggio, Cristian Cabruja, Arturo Castro Godoy, Juan Pablo Buscarini, Hugo Grosso, Héctor Molina, Néstor Zapata, Esteban Trivisonno, Walter Becker, Estefanía Clotti, e incluso algunos que conocí como alumnos antes que comenzaran a destacarse como realizadores, como Máximo Huerta y Juan Linch. En varias ocasiones gente del medio local fue convocada para elegir las mejores películas del año, fueron difundidos sus proyectos (los del entusiasta productor Javier Matteucci, del director galvense de Pizza, birra y cortos Adrián Culasso o de los jóvenes Lisandro Giampietro y Alejandro Torriggino, en una nota sobre cineastas que también se dedican a la música y la escritura) o se abrió con ellos algún debate (como el organizado en agosto de 2015 en torno al posible dilema cine y/o series, o el año pasado sobre la programación de nuestras pantallas públicas).

    • Uno de los propósitos iniciales fue abrir el espacio a diversos columnistas, entendidos o interesados en el cine: a artículos de los ya mencionados Makovsky, Aguzzi, Arteaga y Herrera (incluyendo uno sobre un film de Cronenberg que este último elaboró junto a Agostina Guma) fueron agregándose otros firmados por Marcelo Vieguer, Alejandro Hugolini y Diego Barcia. Pero seguramente lo más estimulante fue el aporte de algunos jóvenes, egresados de Letras o Periodismo, que aceptaron o propusieron escribir para Espacio Cine: Ignacio Fosco (en torno al Festival de Cine de Mar del Plata de 2009), Martín Fraire (a partir de octubre del año siguiente, con una crítica de Enterrado), Javier Rossanigo (después de haber dejado un extenso y lúcido comentario lo invité a escribir y comenzó a hacerlo en febrero de 2013, sobre El árbol de la muralla) y Gonzalo Villalba (a partir de agosto de 2014, sobre 7 Cajas), colaboradores con los que terminé entablando una relación de confianza y amistad.

    • Espacio Cine surgió en tiempos de efervescencia de los blogs. Tal vez por eso, en los primeros años casi no hubo posteo que no fuera escoltado por comentarios de los lectores, agitándose polémicas en torno a críticas como las de Avatar, Miss Tacuarembó o Batman – El caballero de la noche asciende (que reunió 45 comments). En la difusión ayudaron mucho el boletín electrónico Cineastas Rosarinos que administraba Mario Piazza, el sitio Todas Las Críticas, ocasionalmente algún colega que se hacía eco de determinado artículo, y finalmente las redes sociales. Mi entrevista a Marcelo Panozzo (realizada cuando visitó Rosario como director artístico del BAFICI), al ser replicada por amigos suyos en facebook y twitter, resultó uno de los posteos con más visitas, y algo similar ocurrió cuando, en abril de 2017, después de ser removido de su cargo el presidente del INCAA, Alejandro Cacetta (vislumbrándose recortes presupuestarios y la retirada del rector de la ENERC, Pablo Rovito), reuní declaraciones de realizadores, productores, actores, docentes e investigadores, que obtuve de diversas fuentes (curiosamente, el periodista responsable de la improvisada denuncia televisiva que provocó esas renuncias, Eduardo Feinmann, retwitteó el link de la nota argumentando “hay que escuchar todas las voces”). Pero lo cierto es que los hábitos fueron cambiando y hoy –cuando rápidos vistazos desde el teléfono celular a las imágenes de instagram o a los mensajes de whatsapp reemplazan los minutos que puede demandar la reflexiva lectura de un texto– se escribe y se publica sin saber muy bien quiénes, cuántos y cómo leen. Procurando algo novedoso, en algún momento comencé a rescatar y compartir material proveniente de antiguos diarios y revistas, desde chistes de Fontanarrosa sobre cine publicados en Clarín hasta la crítica de Horacio Verbitsky de El romance del Aniceto y la Francisca o una de las últimas entrevistas a Hugo del Carril. No sé si esos artículos salvados del olvido despertaron entusiasmo en quienes los descubrieron, pero fue una práctica que disfruté especialmente, como un chico que muestra a sus amigos una figurita difícil. Tal vez esos recursos (investigar, acudir a la Historia, salir de la pereza de restringirse a lo que ofrece la web, considerar lo que otros han escrito) respondan, en definitiva, a la necesidad de intentar algo distinto o de publicar lo que uno desearía frecuentar en la web.

      Quien haya llegado a leer hasta acá habrá podido apreciar que Espacio Cine ha sido el resultado de una continuidad de encuentros, ansiedades y altibajos. Confío que parte de lo acopiado aquí, durante estos diez años, haya sido de utilidad para los lectores.

      Fernando G. Varea