Viaje al principio de Marcello

(Por ALEJANDRO HUGOLINI)
Amó a Chéjov sobre Shakespeare, al cine italiano sobre el norteamericano, a Nápoles sobre el norte, a la vida por sobre todas las cosas. Fue amigo de Fellini y Giulietta, de Scola, Gassman, Ferreri, Loren, Benigni y Mijalkov. Filmó con Monicelli, Risi, Antonioni, Wertmüller, Zurlini, Tornatore, los Taviani, Polanski, Visconti y De Sica.
Admiró a Anna Magnani y Aldo Fabrizi, a Totò, a Jean Gabin, y sobre todo a Fred Astaire, “un bailarín tan excepcional que viéndolo hasta podías llorar”.
Fue uno de los cinco coroneles del cine italiano junto a Vittorio Gassman, Ugo Tognazzi, Alberto Sordi y Nino Manfredi.
Se casó con Flora Carabella, con quien tuvo a su hija Bárbara. Fue hombre de Catherine Deneuve y la hija de ambos se llamó Chiara. Vivió los últimos veinte años con Anna María Tatò.
Filmando siempre en Cinecittá, se sintió como “un empleado que va a la oficina todas las mañanas”, y por eso eligió películas que lo hicieran viajar. Así conoció Rusia, Inglaterra, el Congo, Brasil, Argentina, Alemania, y naturalmente Francia. Siempre vivió esos viajes como “aventuras, como si fuesen cuentos, fábulas en las que yo era el protagonista”.
Detestó el apodo de latin lover que le estamparon los periodistas norteamericanos después de La dolce vita. “¿Qué soy, un fenómeno de feria?” se preguntaba. Por eso hizo papeles de homosexual, de impotente, de marido de una mujer enana y hasta de hombre embarazado. Nada logró, siempre fue latin lover.
Siempre consideró que “el actor es un niño toda la vida”.
Hizo más de 170 películas entre 1938 y 1996.
El alcalde de Roma lo despidió con un breve discurso y la música de 8 ½. Dos días antes, el 19 de diciembre de 1996, cuando le dieron la noticia desde París, había hecho poner crespones negros en la Fontana Di Trevi. Sophia Loren le hizo el mayor homenaje imaginable para una italiana apasionada, al declarar “Sentí el mismo dolor que cuando murió mi madre”.
En setiembre él había cumplido 72 años, mientras estaba filmando en el norte de Portugal a las órdenes de Manoel de Oliveira su última película, Viaje al principio del mundo. En los momentos libres de la filmación registró, bajo la dirección de Anna María Tatò, el testimonio Mi ricordo, sì, io mi ricordo (Yo recuerdo), donde se remonta hasta la Segunda Guerra Mundial, los principios de su carrera y la infancia en su pueblo. Llegó a ver todo el material y a elegir el título.
Cuando supo que tenía cáncer volvió al teatro en Modena, con Las últimas lunas del autor triestino Furio Bordón. Allí abordó el drama de la soledad, con el personaje de un anciano: “Y sagrado es también ese viejo arisco y solitario que un buen día no se levantará más de su silla. Lo encontrarán con los ojos cerrados y las manos rígidas sobre las rodillas, mientras los auriculares seguirán cantándole al oído un coral de Bach”.
También ese año interpretó Sostiene Pereira, dirigido por Roberto Faenza y sobre un texto de Antonio Tabucchi, una historia sobre la Lisboa de los años ’30, bajo la dictadura de Zalazar.
En 1993 vino a la Argentina para filmar De eso no se habla con María Luisa Bemberg, sobre un cuento de Julio Llinás. La locación elegida fue Colonia, Uruguay, y uno de sus compañeros de esos días fue Osvaldo Soriano.
De la mano de Giuseppe Tornatore había encarnado en 1990 a otro anciano, que al recorrer Italia visitando a sus hijos muestra una imagen descarnada de las zonas oscuras del primer mundo, en la película Stanno tutti bene (Estamos todos bien).
En 1988 filmó Splendor” de Scola junto a Massimo Troisi, un sobrio anticipo de Cinema Paradiso.
En 1987 hizo Ojos Negros en Rusia, con Nikita Mijalkov.
En 1985 solamente filmó tres películas: Maccaroni con Ettore Scola, Ginger y Fred con Giulietta y Fellini y La doble vida de Matías Pascal con Monicelli.
En 1984 filmó Enrique IV de Marco Bellocchio, sobre texto del gran Luigi Pirandello.
En 1980 hizo La piel de Liliana Cavani y Fantasma de amor de Dino Risi, acompañado por Romy Schneider. En 1978, en Nueva York, filmó Ciao Maschio de Marco Ferreri con un joven Gerard Depardieu.
En 1977, con Sophia, interpretó a un locutor homosexual que cumple arresto domiciliario en la época del fascismo en Un día muy particular, también de Scola.
En 1976 se batió en duelo actoral con Gian María Volonté en la película de Elio Petri Todo modo: un anticipo del asesinato de Aldo Moro.
En 1976 apareció, recreando la filmación de La Dolce Vita, junto a Fellini, en la obra maestra de Scola Nos habíamos amado tanto.
En 1972 conoció a Catherine Deneuve, filmando La cagna bajo la dirección de Marco Ferreri.
En 1971, dirigido por Luigi Magni, filmó Escipión el africano con su hermano Ruggero y el mattatore Gassman.
Con De Sica, y acompañado por Sophia, filmó en 1970 Los girasoles en Rusia.
Con Luchino Visconti recreó la novela de Albert Camus El extranjero, en 1967.
En 1966 interpretó a Rodolfo Valentino en la comedia musical Ciao Rudy. Renunció a ella pagando una multa para filmar con Fellini El viaje de G. Mastorna, que luego nunca se realizó.
En 1964 hizo Matrimonio a la italiana. En 1963 Fellini 8 ½ y Los compañeros de Mario Monicelli, donde se muestran los primeros intentos de huelga en el Piamonte, a fines del siglo XIX. En 1963 Crónica familiar de Valerio Zurlini.
En 1959 se hizo famoso por La dolce vita de Fellini, con Anita Ekberg y Anouk Aimee. Tenía 35 años.
En 1958 trabajó en Los desconocidos de siempre y en 1957 en Las noches blancas, su primera película con Visconti, basada en un texto de Dostoievski.
En 1955 con Sophia protagonizaron La bella campesina, que literalmente debiera llamarse La bella molinera (mugnaia).
En 1953 hizo Los héroes del domingo, donde interpretaba a un fanático del fútbol.
En 1950 Contra la ley, de Flavio Calzavara.
En 1948 filmó Los miserables de Riccardo Freda e ingresó a la compañía teatral de Luchino Visconti, tras ser compañero de Giulietta Massina en una obra representada en el Centro Universitario Teatral. Con Visconti estuvo diez años, acompañado por actores de formación clásica como Gassman. Algunas obras: Un tranvía llamado deseo, La muerte de un viajante, La posadera, Tío Vania y Tres hermanas.
Sobre el final de la guerra, para evitar el servicio militar, se inscribió con otros jóvenes romanos en el Instituto Geográfico Militar de Florencia; después fue trasladado a Dobbiaco, a pocos km de la frontera austríaca. Se dibujó un salvoconducto falso y pasó a la clandestinidad, se escondió en Venecia y viajó en camión hasta Roma, donde regresó a su casa con una valija llena de habas, ya que sabía que pasaban hambre. Grande fue su sorpresa al enterarse que su hermano Ruggero trabajaba en el Hotel Excelsior como camarero, tras la llegada de los norteamericanos. Cree que su padre murió de diabetes por el exceso de comida, dulces y chocolates. Y él había viajado en camión con una valija de habas: una auténtica comedia italiana.
En 1942 filmó su primera película con Vittorio de Sica, Los niños nos miran.
En 1940 fue extra en La corona de hierro, de Alessandro Blasetti.
En 1938, con 14 años, debutó como extra en Marionetas, a las órdenes de Carmine Gallone. Junto a su madre estuvo en una escena de vendimia en un pueblo, “comimos gran cantidad de uva, pasamos una noche de fiesta y al amanecer nos dieron diez liras por cabeza”.
A los 11 años, en Roma, representó al mártir cristiano Sabino, en la parroquia de los santos Fabiano y Venancio, en una tragedia escrita y dirigida por el párroco Virgilio Caselli. Antes se había deslumbrado con los Dolomitas, siendo balilla en los campamentos que el fascismo organizaba para formar a sus futuros cuadros. “¿Quién había visto algo, aparte del barrio donde vivíamos?”. Él se apasionó con la naturaleza y militó en el bando contrario.
En 1933 su familia se trasladó a Roma, donde su padre Ottorino y su abuelo instalaron la carpintería de la que él siempre recordaría, especialmente, el olor de la madera.
En este viaje al principio de Marcello sólo nos detuvimos en algunos lugares. Y como todo retorno, debe culminar en su casa natal, en Fontana Liri, provincia de Frosinone, un 23 de setiembre de 1924.
Allí imaginamos una inscripción, evocando al Pirandello de Matías Pascal, pero en sentido inverso. Así dice:
Protegido por benéficos hados
Marcello Vincenzo Domenico Mastroianni
Actor, bufón, “latin lover”,
En este lugar, afortunadamente, nació.
El recuerdo de sus amigos
colocó aquí estas palabras.

.Imagen: Marcello Mastroianni junto a Sophia Loren en Un día muy particular, una de las películas programadas para el ciclo destinado a Mastroianni en Cine El Cairo (Rosario) los domingos de octubre y noviembre a las 18 hs.

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