Abanico de voces para hablar del boom sojero

SANTA SOJA
(2018; dir: Christian Fuma)

¿Por qué si el cultivo de soja en el sur santafesino proporciona (además de suculentos negocios a determinados sectores de la producción y empresas transnacionales) graves problemas medioambientales y pérdida de soberanía alimentaria, el tema es tan poco discutido en los medios de comunicación? Ésta es una de las tantas preguntas a las que puede conducir Santa soja, el documental de Christian Fuma (director) y Cristian Andrade (productor) que sí se ocupa del tema, sin estridencias y con responsabilidad.
Un texto inicial ubica al espectador: fue –no casualmente– a mediados de los ’90 que se libera al mercado en Argentina la semilla de soja transgénica, lo que terminó convirtiendo a nuestro país en uno de los principales productores de soja en el mundo. Las primeras imágenes, que registran las aplaudidas exhibiciones durante la celebración de un aniversario del Combate de San Lorenzo en dicha ciudad, permiten reflexionar sobre ideas de patria y soberanía que parecen congeladas en el tiempo, aunque el film de Fuma –a contracorriente de lo que suele verse en cine, TV y redes sociales– no plasma sus inquietudes en forma de burla o ironía. Se dedica, en todo caso, durante poco más de una hora, a recorrer la zona reuniendo opiniones de alrededor de cuarenta hombres y mujeres: desde una bióloga hasta un agente de la bolsa, un pescador o una joven coronada Reina de la Soja. Todos brindan sus impresiones o experiencias y las mismas, al cruzarse, van estableciendo un completo cuadro de situación. En algún momento asoma la figura de algún funcionario o de alguien que supo ser candidato a gobernador, pero Santa soja prefiere no dar protagonismo a figuras de la política (o del mundo empresarial enredadas en la política).
Una de las trabajadoras que dejan su testimonio se maravilla ante “la capacidad que tiene la tierra de dar” de manera casi mágica, aún sobre la obstinación por castigarla del hombre, “el rey de la naturaleza”, como recuerda a su vez un fraile. A ese punto se vuelve, una y otra vez, mientras se sacan a la luz retazos de historias de vida atravesadas por las consecuencias del proceso industrial sojero. Acertadamente, los nombres de quienes hablan aparecen recién al final, y ni allí ni en otros segmentos de este sobrio documental hay música subrayando lo que esas personas dicen o sienten.
Con fotografía de Pablo Grassi y posproducción de sonido de Santiago Zecca, Santa soja (producción independiente realizada con aportes del INCAA) invita a conocer, a comprender, a preocuparse, a pensar, a ver de otra manera el paisaje geográfico y humano de nuestra región.

Por Fernando Varea

Trailer de Santa soja aquí

Anuncios

Un número, una persona, un estado de inquietud

1100
(2018; dir: Diego M. Castro)

Nueve años atrás, después de haber participado en la producción y realización de una media docena de películas (y de haber encarnado a Pocho Lepratti en un corto de Leonardo Albri), el rosarino Diego M. Castro competía en el BAFICI con su corto 8:05, que meses después lo llevó al Festival de Locarno, antes de fundar junto a Marina Sain la productora Minúscula. En el festival porteño, Castro no sólo estaba atento a su trabajo: también iba y venía aprovechando las otras funciones del festival.
Es que Castro es un realizador cinéfilo y cuidadoso con sus proyectos. Su primer largometraje llega tras la experiencia de una serie de clínicas y concursos (Raymundo Gleyzer y Ópera Prima del INCAA, Espacio Santafesino), sumándose subsidios y auspicios varios. De esa manera –repitiendo su interés en titular sus obras con números, que designan fríamente tantas cosas a nuestro alrededor– pudo gestar 1100, film de ficción en torno a un taxista con una crisis personal que parece resonar en una crisis mayor, de la sociedad toda.
Serio, introvertido, cumpliendo con lo que debe hacer casi por inercia, Leo, el protagonista (Santiago Ilundain), parece haber llegado a un punto en el que (por razones que desconocemos, aunque podemos intuir) no puede depositar su confianza ni su pasión en nada ni nadie. Comienza escuchando música en el taxi, pero luego se desentiende de la misma y no lo entusiasma ni la propuesta que le hace un vecino para sumarse a su banda ni los comentarios de un simpático pasajero músico. Hace arreglos hogareños en su casa y en la de su madre, pero los vínculos tanto con ella (Andrea Fiorino) como con su esposa (Cecilia Patalano) oscilan entre el fastidio y la resignación. Algún tipo de convicción personal lo lleva a no abrir el paquete que alguien dejó olvidado en su taxi o a quitar el rosario que cuelga del espejo retrovisor, pero, al mismo tiempo, no se muestra solidario con quienes se acercan a pedirle limosna y responde con desganados monosílabos a los pasajeros que intentan amistosamente iniciar una conversación con él.
1100 sigue obstinadamente a Leo. Los planos son siempre cercanos: sólo lo que tiene a mano, o lo que ve desde las ventanillas del coche, es expuesto por la cámara, que a veces se desliza con suaves movimientos para recorrer detalles de sus manos o sus acciones. Al comienzo, breves planos fijos de su casa aluden silenciosamente a aspectos de su personalidad (buen recurso ya empleado en 8:05), en tanto otras referencias (el hecho de no tener hijos, el descuido en el que vive su madre) aparecen después distraídamente, como posibles causas del malestar que lo afecta, aunque Castro prefiere que esos elementos queden fluctuando como interrogantes. Al no apelar a un realismo sucio o descarnado, ni a un sacudimiento permanente procurando un efecto de desesperación, se diría que el trabajo de Castro tiene menos de los Dardenne que de algunas películas más enigmáticas, como El empleo del tiempo (2001, Laurent Cantet).
Para lograr que, como espectadores, acompañemos las sensaciones de Leo, el guionista y director se apoya en el fondo sonoro de la ciudad latiendo alrededor y en la excelente actuación de Ilundain. Despeinado, transpirado, fumando permanentemente, el actor transmite ensimismamiento y cansancio sin recurrir a nota falsa alguna, desdeñando todo tipo de pose, siempre con el tono justo de voz. La pasividad de su personaje puede irritar, de la misma manera que fastidia a su pareja: cabe preguntarse si no habrá sido él mismo el que condujo su vida hacia esa suerte de camino sin salida.
A la vez que bucea en el estado de ánimo de su personaje principal, 1100 sugiere una visión de Rosario, o de la sociedad argentina en general, igualmente marcada por la crisis. Desde los ruidos de una construcción vecina y las noticias sobre un caso de violencia de género hasta el temor a ser asaltado o los pensamientos que le sugiere un pibe trasladado a un barrio elegante, todo habla de un contexto cruzado por desequilibrios. Aunque no lo diga en voz alta, o no sepa qué hacer, Leo encuentra en torno suyo motivos de desmoralización que se suman a los de su situación personal. Un hecho policial, o más de uno, lo inquietan (como lo sugieren la intriga que le provoca el paquete o su visita a las cascadas del Saladillo, donde se produjo el acto de violencia en el que insiste la televisión), tal vez porque le traen un mal recuerdo o porque empieza a sentirse seducido por el mundo del delito, como posible medio para zafar de su vida gris.
Película deliberadamente abierta, 1100 deja pensando en el futuro inmediato del protagonista, cuya impaciencia aumenta después de una discusión con un pasajero. De los cabos que habrá atado el espectador, o incluso de sus deseos, dependerá que lo que sigue en la vida de Leo pueda ser una manifestación de rebeldía, un replanteo de su trabajo y sus relaciones, o la necesidad de sacar a la luz algo turbio hasta entonces oculto.

Por Fernando G. Varea

Trailer de 1100 aquí.

Cocinando un mundo propio

GUISO DE SATURNO
(2019; dir. Juan Linch)

Cordiales encuentros de entrecasa que se desvían hacia el absurdo. Jóvenes aniñados cuyo candor parece ocultar algún tipo de zozobra emocional. Meticulosa preparación de comidas con boleros u óperas de fondo –como una sensual invitación a disfrutar los placeres de la gastronomía–, mientras incidentes ligeramente insólitos y lacónicos diálogos sugieren la existencia de algún misterio, con el relato buscando tímidamente escaparse de la lógica. Con esos elementos, el rosarino Juan Linch viene realizando una serie de cortos que ya insinúan una obra de rasgos propios, que puede tener en el cine de Martín Rejtman una posible influencia.
A Recetas de Antonio Zamora, Campamento en el centro de la tierra y El cumpleaños de Mora (ganador en Espacio Santafesino y exhibido en la Muestra Argentina de Cortos del BAFICI el año pasado) se suma ahora Guiso de Saturno, que integra la Competencia de Cortos del BAFICI 2019 junto a trabajos de Martín Farina, Nicolás Prividera, Manuel Abramovich y otros.
Melisa Martiniuk, Carolina Díaz Kelly, Gabriel Bisang, Mumo Oviedo y Nacho Farías dan vida al puñado de singulares personajes de Guiso de Saturno, cuya acción transcurre en el interior de un departamento de pasillo en el que lo disparatado se cruza con lo fantástico. Lo bueno es que la gracia del film no se limita a lo que dicen sus melancólicos freaks: todas las decisiones de Linch (responsable del guión, la fotografía, la dirección y la edición) y de Marlen Breuning (a cargo del arte y el vestuario) parecen justas y medidas, en función del tono buscado.
Dentro de una edición del BAFICI algo acotada y sin otras producciones audiovisuales santafesinas en la programación, Guiso de Saturno merece atención, sobre todo porque no recurre al repentismo televisivo ni se escuda alzando alguna idea políticamente correcta por delante de su pequeña historia: aún con sencillez, Linch divierte y se expresa sin descuidar el lenguaje propio del cine.

Por Fernando G. Varea

Pioneras

“No pierda el tiempo, el cine no es para mujeres”: así le dijo el realizador Román Viñoly Barreto a la entonces veinteañera Lita Stantic cuando ella asistió interesada a presenciar el rodaje de una película suya, a comienzos de los años ‘60. Efectivamente, durante décadas el cine argentino prescindió de mujeres realizadoras. “El desarrollo industrial del cine argentino desde 1933 impidió tenazmente la aparición de mujeres cineastas”, sostiene Fernando Martín Peña en Cien años de cine argentino, de manera similar a lo ocurrido en Hollywood, donde de las treinta realizadoras que trabajaban en los años previos a la consolidación de los grandes estudios, “la industria sólo dejó perdurar a una: Dorothy Arzner”.
* En Argentina, en tiempos del cine mudo, hubo al menos dos que se recuerdan: Emily Saleny, actriz que creó una Academia de Artes Cinematográficas en 1916 y realizó un par de films de temática infantil, y María B. de Celestini, quien –tras alguna experiencia como autora teatral– filmó Mi derecho (1920), reclamando el derecho de una mujer soltera a ser madre pese a la censura social.
Luego pasarían cuarenta años para que volviera a aparecer una realizadora: con los dramas raramente impostados Las furias (1960) y Las modelos (1963), Vlasta Lah (Vlasta Giulia Lah Rocchi, nacida en Italia en 1918 y casada con el director Catrano Catrani) se convirtió en la primera directora del cine argentino sonoro.
Dentro de la abundante producción de cortometrajes de esos años asoman, asimismo, los nombres de cuatro mujeres: la rosarina Mabel Itzcovich (que había estudiado cine en París y escribió en la prestigiosa revista Tiempo de cine), Paulina Fernández Jurado (quien también ejerció la crítica cinematográfica), María Esther Palant (directora de un corto sobre el escultor Agustín Riganelli) y Mercedes D’Adderio (autora en 1969 del corto Desayuno).
* Ya en la década del ’70, resultan más relevantes los aportes de María Herminia Avellaneda, Eva Landeck, Clara Zappettini y María Luisa Bemberg.
Avellaneda era egresada de la Escuela Nacional de Arte Dramático y había ingresado en 1955 al medio televisivo como asistente de Antonio Cunill Cabanellas, siendo becada después para perfeccionarse en España; a su regreso, fue premiada por programas televisivos como Yo soy usted y Los otros. A los 38 años emprendió su primer largometraje: Juguemos en el mundo (1971), con guión, actuación y canciones de su amiga María Elena Walsh. Nueve años después abordó una versión cinematográfica de Rosa… de lejos, el teleteatro escrito por Celia Alcántara que ella misma había dirigido en ATC (Canal 7).
Eva Landeck (Eva Fainsilberg Landeck) llegaba al cine después de estudiar filosofía en la UBA, fotografía con Pablo Tabernero y dirección de actores con Hedy Crilla y Augusto Fernándes. Aunque deseaba ser escritora y la atención de sus hijos la mantenían muy ocupada, por sugerencia de su marido se buscó tiempo para estudiar en la Asociación de Cine Experimental: allí, cuando un profesor desafió a los alumnos a realizar un largometraje, se propuso hacerlo. De esa manera, aprovechando la experiencia adquirida en la realización de seis cortos, entre agosto y octubre de 1973 filmó Gente en Buenos Aires, plasmando una historia de amor en una Buenos Aires marcada por la alienación y la violencia de los ’70, con Luis Brandoni e Irene Morack como protagonistas. Cuando se estrenó en agosto del año siguiente, obtuvo buenas críticas: “Utilizando una comparación musical –escribía La Prensa–, si La Patagonia rebelde era una cantata épica, Quebracho un fresco sinfónico y La tregua una extraña obra de cámara, Gente en Buenos Aires admite ser calificada como una sonata clásica”. Más accidentados fueron sus films posteriores, Ese loco amor loco (1977) y El lugar del humo (1978, rodado en Uruguay).
Desde que comenzó a  estudiar cine en la Universidad de La Plata a mediados de los ’60, Clara Zappettini se interesó por el montaje, pero un profesor (Antonio Ripoll) se encargó de decepcionarla: “Las mujeres no montan, sólo cortan negativos”, la intimidó. A pesar de todo, con el paso del tiempo –mediando estudios de perfeccionamiento en Italia y Estados Unidos–se convirtió en respetada montajista, productora y directora de TV, responsable de ciclos como Historias con aplausos. En 1979 dirigió su único largometraje: el discreto semidocumental Buenos Aires, la tercera fundación.
La progresiva inmersión en el mundo del cine de Bemberg fue producto de la perseverancia y estuvo rodeada de cierta polémica. Impulsora de la Unión Feminista Argentina, con sus cortos El mundo de la mujer (1972) y Juguetes (1978) ironizó sobre los estereotipos femeninos, y, al no quedar satisfecha con lo que los directores Raúl de la Torre y Fernando Ayala habían hecho con sus guiones para Crónica de una señora (1971) y Triángulo de cuatro (1975) respectivamente, resolvió asumir la dirección de su primer largometraje a los 58 años. Integrante de una acaudalada familia, muchos veían su tardía incursión en la realización como un capricho, pero terminó demostrando que tenía vocación y aptitudes: con sus más y sus menos, Momentos (1980), Señora de nadie (1982), Camila (1983/84, que consiguió una nominación al Oscar), Miss Mary (1986), Yo, la peor de todas (1990) y De eso no se habla (1993) son piezas de una obra coherente. Todas obtuvieron buena respuesta del público y reconocimientos en diversos festivales; para las tres últimas contó con figuras de relevancia internacional como Julie Christie, Dominique Sanda y Marcello Mastroianni.
Los cinco primeros films de Bemberg fueron producidos junto a Lita Stantic, quien, después de realizar en 1966 un par de cortos en 35 mm (con subsidios del Instituto de Cine y del Fondo Nacional de las Artes), comenzó a desempeñarse como asistente de dirección y jefa de producción. La única experiencia de Stantic en el largometraje como directora fue el riguroso Un muro de silencio (1993), protagonizado por Vanessa Redgrave.
* A fines de los ’80, tres nombres se suman a la lista de argentinas cineastas: Jeannine Meerapfel, Mercedes Frutos y Ana Poliak.
Perteneciente a una familia de judío-alemanes radicada en Argentina durante el nazismo, Meerapfel vivió en Argentina hasta los 21 años, luego estudió con Alexander Kluge en la Escuela de Cinematografía y Diseño de Ulm (Alemania), realizó varios cortos, ejerció la crítica y la docencia. En nuestro país filmó los largometrajes La amiga (1989, con Liv Ullman y Cipe Lincovsky), Amigomío (1994) y El amigo alemán (2012).
Tras estudiar cine y teatro, Frutos trabajó en publicidad, fue asistente y jefa de producción y realizó dos cortos. En 1984 dirigió el largometraje Otra esperanza, basado en un cuento de Adolfo Bioy Casares, adaptado junto a Ernesto Schoó. El film se estrenó doce años después.
Por su parte, Poliak dirigió dos cortos antes del largo documental ¡Que vivan los crotos! (1990), premiado en La Habana y estrenado cinco años más tarde. Luego hizo La fe del volcán (2001) y Parapalos (2004).
* Fuera del ámbito porteño, hubo varias directoras de cortos y mediometrajes: en Córdoba, Liliana Guillot, Amalia Bruno y Gladis Suez de Sadoff realizaron en 1972 Hip, hip… ufa y Sólo hay que saber mirar (documental sobre la problemática de las villas miseria), Liliana Malem en 1974 Eleonora que no llega (producida por la UNC) y Cristina Castricone, el mismo año, Aquí se respira bien; en la década siguiente, hicieron lo suyo Marta de la Vega, Alicia Porcel de Peralta y otras. En Rosario, en tanto, un breve recorrido lleva a los nombres de la guionista María Teresa León, la artista plástica Silvia Chirife (directora de Nunca más y Un día de playa, a fines de los ‘70) y las realizadoras Mary Hardcastle, Cristina Raschia, Laura Tasada, Claudia Cingolani, María Gloria Castagnaviz, Silvia Armentano, Daniela Bonelli, Cristina Centenaro, Gisella y Silvina Daldoss, Inés Fiorentini, Kina Levin, Lucrecia Mastrángelo, Juliana Raimunda, Cristina Raschia, Griselda Rodríguez Allievi, Verónica Rossi y María Langhi.
* Vale destacar, finalmente, que antes que la lista de realizadoras argentinas comenzara a expandirse a fines de los ’90 (cuando surgen Lucrecia Martel, Julia Solomonoff, Sandra Gugliotta, Gabriela David, Celina Murga, Albertina Carri, Lucía Puenzo y muchas más), ya venía desarrollando una intensa labor dentro del cine experimental Narcisa Hirsch, así como otras mujeres hacían su aporte al cine desde otros lugares, como guionistas (Beatriz Guido, Aída Bortnik), productoras (Dolly Pussi, Tita Tamames, Rosa Zemborain, Diana Frey, Sabina Sigler), vestuaristas o escenógrafas (Ponchi Morpurgo, María Julia Bertotto, Leonor Puga Sabaté), e incluso cortadoras de negativo, como Margarita Bróndolo: “¿Te acordás de Vlasta Lah? –le preguntaba a los noventa y pico de años a Moira Soto, cuando ésta la entrevistó para Página/12 en 2007–. Me hice amiga de ella. Se puso a hacer un corto por su cuenta. Filmaba cuando terminaba de trabajar, mandaba el material al laboratorio y al otro día yo limpiaba el negativo, lo mandaba a copiar. Cuando se iba toda la muchachada, yo tenía permiso de usar una moviola. Pero se armó una batahola porque los ayudantes del compaginador pensaron que les quería sacar el trabajo, no entendían que lo hacía por gusto. Lo que les molestaba era verme a mí en la moviola, porque resulta que sabía más que los que recién llegaban (…) Ay, yo te puedo hablar de la lucha de una mujer por trabajar en el cine. Fue tremendo. Ciento por ciento machista, no pudieron soportar verme trabajando y conversando con (Carlos) Rinaldi, (Armando) Discépolo, (Lucas) Demare, que me querían porque veían mi pasión por el oficio. Pero tuve que dejar con mucha pena la moviola porque eran muchos ánimos en contra. Me sentí muy mal por lo injusto de la situación. Algún día será, me consolaba, pero no fue”.

Fernando G. Varea

En la imagen, de izq. a der: Eva Landeck, María Luisa Bemberg, María Herminia Avellaneda, Lita Stantic y Vlasta Lah.

El corazón de las fábricas

LA VIDA DE LAS FÁBRICAS
(2018; dir. Florencia Castagnani)

¿Cuántas veces han aparecido trabajadores de una fábrica en nuestro cine y nuestra TV, en los últimos años? Muy pocas: la ficción suele poner su atención en otro tipo de personajes y conflictos, y en los noticiarios televisivos suelen asomar sólo para dar cuenta de alguna crisis laboral. Cuando en la última edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata compitió el film portugués A fábrica de nada (Pedro Pinho) –más allá de algunos reparos al film que mencionamos aquí– fue para muchos una conmoción encontrar como protagonistas de una historia a un conjunto de obreros.
La serie documental La vida de las fábricas pone su mirada, precisamente, sobre la actividad cotidiana en el interior de diferentes fábricas santafesinas. Dos de los capítulos de la primera temporada se exhibirán en Cine El Cairo el próximo viernes 19/10 a las 20.30 hs: el realizado en Fabricaciones Rosario Cooperativa Ltda. y el de Cristalería San Carlos. Son parte de un trabajo dirigido por Florencia Castagnani, sobre guión de Castagnani y Sebastián Bier, con producción ejecutiva de Luciana Lacorazza y Francisco Matiozzi Molinas, que pudo concretarse gracias a un premio del Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe a través del Programa Espacio Santafesino 2014, a lo que se sumó tres años después un nuevo estímulo del Concurso para Serie Federal Documental del INCAA, a partir del cual el equipo produjo cuatro episodios más que completan el ciclo de ocho.
Ambos capítulos comienzan sin vueltas, ya dentro del vasto espacio de las fábricas. En uno, resplandece la iniciativa del trabajo en cooperativa; en el otro, la aceptación de contar con un trabajo que, a la larga, se termina apreciando. Los testimonios en torno a dificultades y experiencias personales, las discusiones, las miradas y gestos de camaradería, van delineando el cuadro humano que conforman esos grupos de trabajadores (varones y mujeres, jóvenes y experimentados, padres e hijos) que comparten horas de su vida en un mismo sitio.
A diferencia de lo que acostumbra hacer el medio televisivo, no hay un periodista mediador sino que los propios obreros hablan de su trabajo, mientras se los ve haciéndolo. En algunos momentos del episodio de Fabricaciones Rosario se los muestra entrando o saliendo de la fábrica, pero no como lo registraban los Lumière: aquí la cámara está siempre adentro, de su lado. El capítulo de la Cristalería San Carlos, en tanto, además de exponer cómo los operarios van dando forma a vasos y jarrones –de manera artesanal, modelando formas y colores–, asoman comentarios acerca del uso que le dan al dinero ganado e incluso la confesión de un joven a quien no le fue fácil integrarse a ese ámbito en el que, “como trabajan muchos hombres”, debió soportar algún gesto de prepotencia.
Quienes hemos visto anteriores trabajos de Castagnani sabemos de su sensibilidad; acá, además, tuvo el sostén de valiosos colegas como los ya mencionados, Mauricio Riccio en la fotografía y Fernando Romero de Toma en el sonido. El resultado es óptimo no sólo por su calidad sino por plasmar elocuentemente aquello que, con sencillez, expresó alguna vez una canción de Serrat: detrás (de las máquinas, del debe y el haber de las empresas, de los resortes del comercio) está la gente.

Por Fernando G. Varea

Preguntas en torno a nuestras pantallas públicas(III)

Tras nuestra consulta a los programadores de espacios públicos locales que exhiben material audiovisual (los cines El Cairo y Arteón, los centros culturales Fontanarrosa y Lumiere y el canal 5RTV), nos pareció oportuno recabar la opinión de gente del medio, algunos con la experiencia de haber integrado con sus producciones la programación de los mismos. Los propósitos no son otros que aclarar dudas y exponer necesidades en torno a su funcionamiento, incentivando el intercambio y la discusión, esenciales para el ejercicio de la democracia. Algunas de las inquietudes ya podían advertirse en las preguntas planteadas a los programadores, a las que podrían sumarse otras (como la manera salteada u ocasional con la que se exhiben las películas, o el hecho de que algunos rosarinos conocedores y apasionados por el cine sean mantenidos al margen de las actividades que allí se organizan). Reunir opiniones de gente del medio audiovisual creemos que suma puntos de vista y puede servir para mejorar lo bueno que ya tenemos. Cabe aclarar que sólo siete de las 28 personas consultadas enviaron sus apreciaciones sobre el tema; del resto, unos pocos se excusaron por no poder participar, por falta de tiempo o por motivos personales.
DIEGO FIDALGO
Realizador (Hombres de ideas avanzadas, El origen del pudor, Fotosíntesis), productor (Oxímoron)
Creo que en el caso de 5RTV hay una crisis de identidad. No saben a qué público quieren llegar con sus propuestas y quienes diseñan y programan tienen un gran desconocimiento de lo que es el medio audiovisual en la región santafesina, más allá de que haya algunos intentos aislados de remediar esa situación, con (por ejemplo) 7 Latidos o algún programa que están empezando a producir sobre archivos documentales, que ayudan a poner en contexto y visibilizar la producción regional de cine de ficción y documental, y nuevos formatos multimedias. Pero ese no es el caso, lo que es importante es poder tener espacios donde pasar nuestros trabajos, no digeridos dentro de otros programas de TV sino como obras completas, que interpelan y ayudan en el desarrollo de nuestra identidad regional. Veo en la grilla mucha programación tomada del BACUA, producciones porteñas, documentales de otros países y una serie de programas que hacen acordar a la televisión de cable de los ’80. Veo poca innovación y en, el mismo movimiento, poca memoria. Creo que el canal no debería despreciar la reciente producción de documentales y ficciones (producidos con fondos del mismo Estado que lo financia), ni hablar de los programas producidos por Señal Santa Fe, tildados de aburridos. Por último, lo más importante aún no dicho sobre el contenido del canal es que no están claros los procesos por los cuales los programas se producen. No escuché jamás de una licitación o concurso para realizar contenido para la señal, cosa que se propuso de entrada, por ejemplo, canal Encuentro.
LUCRECIA MASTRÁNGELO
Realizadora, guionista (Nosotros detrás del muro, Sexo, dignidad y muerte)
Si bien tenemos que celebrar cierta apertura a nuevos canales de exhibición sobre los materiales que hacemos los realizadores locales, creo que sigue siendo una gran deuda pendiente la verdadera promoción y difusión de los mismos en tiempo y forma, de acuerdo a las particularidades de cada proyecto. Personalmente, nunca he sido convocada por El Cairo ni por Arteón para proyectar mis documentales, salvo en el momento de su estreno (años 2010 y 2013 en El Cairo, después de una tenaz persistencia en el pedido de sala). Sabemos que la exhibición sigue siendo una tarea más del realizador, pero resulta incomprensible que además del enorme trabajo que significa producir películas en Rosario (muchas veces con escaso financiamiento, sin descuidar la calidad técnica y estética, queriendo hacer cine contra viento y marea) seamos nosotros también los que vayamos a golpear las puertas de las salas y/o canales locales, cuando debería ser prioridad la búsqueda de materiales federales, indagando sobre la producción existente y sus realizadores, antes de dar espacio a otras producciones. Hace pocos días me solicitaron la serie documental que realicé en 2013 con un premio del INCAA Nosotros detrás del muro (4 capitulos para TV) para un nuevo espacio de R5TV llamado Archivo Documentalque comenzó a emitirse los lunes a las 23 hs. Amablemente cedí el material (no hay ningún pago en dinero por la emisión de la serie) y la sorpresa fue que se emitió el primer capítulo pero no me pueden confirmar cuándo saldrán los otros tres, porque (respuesta textual del coordinador artístico Juan Carlos Cheroni) “Lamento no poder emitir todos los capítulos de manera correlativa, pero tenemos que ordenar el material de manera de ir emitiendo diferentes cosas para lograr variedad, dando lugar a diversos realizadores, tratando de que nadie quede excluido ni se sienta postergado ni piense que hay otros que tienen prioridad. Tenemos mucho respeto por todos y tratamos de que no haya que cortar ni alterar ninguna pieza, lo que no es fácil cuando se tiene la premisa de armar un programa de 48 min con piezas de muy disímiles duraciones.” Por eso salió un primer capítulo de 26 min, después siguió otro material de 22 min y este lunes habrá otra mixtura de documentales que encajen como piezas de rompecabezas. ¿Cuál es entonces el criterio narrativo cuando despedazan así un material de 4 capítulos? ¿Quién o quiénes y con qué capacidad en el oficio de narrar hacen esta mezcolanza de programación? Esto va en desmedro no sólo del material sino del televidente, que si se enganchó con el primer capítulo… vaya uno a saber cuando podrá ver el otro. Sin la menor intención de opacar la emisión y el merecido espacio a otros colegas, lo que estoy diciendo es: si no tienen criterio, pasen música.
GUSTAVO POSTIGLIONE
Realizador, guionista, director de cine y teatro (El asadito, Brisas heladas), productor (2779 Home Movies)
Creo que la difusión del cine que se exhibe en las pantallas que podríamos llamar alternativas está conformado por películas que no son de fácil acceso o de acceso restringido en comparación con el que se estrena semanalmente en las cadenas comerciales. Pero son pequeños incentivos, que por ahora solo satisfacen la necesidad de exhibir esos materiales por parte tanto de los programadores como de los directores-productores que ven en esa pantalla una salida a sus laburos. En el caso de las producciones santafesinas, entiendo que para que ese tipo de difusión sea una alternativa real debería dársele prioridad y continuidad, ya que una o dos proyecciones solo sirven para mostrarle la película a los amigos o colaboradores. Lo que hace falta es una continuidad en ese tipo de difusión y esto lo digo en lo que atañe a lo que podríamos llamar los espacios públicos, que aparte de ser difusores muchas veces también participan de la producción. Creo que se debería cuidar a nuestras películas desde el mismo Estado, más aún cuando éste a nivel nacional está cada vez más ausente. En Santa Fe deberíamos tener un refugio para nuestras producciones que no sean solamante proyecciones eventuales, sino crear una línea de distribución en acuerdo con los productores para que el cine de la provincia rompa el cerco del público iniciado.
FEDERICO ACTIS
Realizador (Los teleféricos, La arquitectura del crimen), productor (Pez Cine)
Me parece indispensable que las producciones locales adquieran en las salas mencionadas un mayor número de repeticiones y no solo una función de estreno, o como sucede en el mejor de los casos, un estreno y solo algunas funciones más. Necesitamos que los rosarinos se acerquen más al cine rosarino, y desde el lugar de la exhibición estoy convencido que eso se logra también con una oferta sostenida de horarios como lo hace cualquier sala comercial. Más horarios y más días en cartel es una necesidad de los productores y realizadores.
MARÍA LANGHI
Realizadora (Seguir remando, Ni una menos en Santa Fe), productora
El Canal Público 5RTV tiene por constitución un Consejo Asesor que debe estar compuesto por organismos representantes del sector audiovisual y de la sociedad en su conjunto, como las universidades, las escuelas de cine, las distintas ONG, la Cámara de Productores Audiovisuales de Rosario, las Mujeres Audiovisuales de Rosario, etc; agentes públicos que pueden asegurar una programación con pluralidad de voces. A lo largo de los 3 años que lleva funcionando esto nunca sucedió, porque según lo que nos transmitieron sus representantes nunca se terminó de conformar su Directorio para que pudiera existir dicho Consejo Asesor, como lo dicta (repito) su Acta de Constitución. A mí entender, un canal público debe discutir su línea de programación con estas organizaciones y hacer llamados a Licitación Pública para sus contenidos, basados en un Manual de Estilo y un Presupuesto Estimado para sus realizaciones, para que todes puedan acceder a él como plataforma de producción y divulgación. Como quedó claro en la reunión solicitada a través del Diputado Carlos Del Frade hace 2 años, entre el presidente de su directorio el Sr. Canabal y la Cámara de Productores Audiovisuales de Rosario (CEPIAR) todo esto está lejos de existir, y pareciera que los contenidos que se producen y se exhiben fueran elegidos a gusto y piacere de un Directorio, que por otra parte ya fue cuestionado por estar conformado por siete hombres y ninguna mujer. El año pasado el grupo Mujeres Audiovisuales de Rosario presentó una carta en la Legislatura Provincial (que curiosamente fue extraviada y tuvo que ser rehecha) cuando se realizó la renovación de las autoridades del canal. Lamentablemente el Directorio fue renovado con la misma desigualdad de género, a pesar de tener el respaldo del proyecto de ley de la Diputada Silvia Augsburger, que garantiza la paridad de las mujeres en el ámbito audiovisual. Por otro lado, cuando se habla de incluir material producido en la Provincia, habría que aclarar si dichos contenidos son aireados gratuitamente o cuál es el canon de exhibición que se ofrece. La mayoría de las veces estas exhibiciones se hacen sin ninguna contraprestación para les productores que exhiben su material, lo que nos deja en un lugar más que vulnerable a la hora de seguir produciendo. Si se habla de declarar Industria a la Producción Audiovisual en nuestra Provincia, no debería permitirse dicha manera de trabajar. Se debe tener presente que nuestros contenidos son nuestra fuente de ingresos y lo que hace girar la rueda para que podamos seguir produciendo. Esto también es una falencia, no sólo del canal público sino también de las salas que se mencionan en la nota realizada. Pareciera que filmar es una cuestión meramente artística por la cual no hace falta una retribución económica, cuando todes los que estamos en este medio sabemos que producir contenidos audiovisuales es una de las tareas económicamente más difíciles de afrontar. Con respecto a El Cairo, creo que también debería tener un Consejo Asesor de contenidos y, por lo pronto, servir como plataforma de exhibición para les productores locales. La exhibición en sala es uno de los cuellos de botella más difíciles de superar por les productores cinematográficos de nuestro país y ni qué hablar para les locales. Según las reglamentaciones del INCAA una película debe tener una exhibición de siete días consecutivos en sala para ser considerada de estreno comercial; esto hace que puedan ser tenidas en cuenta a la hora de presentar nuevos proyectos al INCAA y acceder a las diferentes líneas de financiamiento que tiene ese organismo. Jamás hemos podido lograr eso en El Cairo, porque no está abierto siete días a la semana y porque, aún teniendo películas premiadas y bien recibidas por el público, jamás se nos ha dado la oportunidad de ir por una media de taquilla, es decir: si va gente se queda, sino se baja. No conozco en detalle el funcionamiento de las demás salas que se mencionan en la nota, pero me parece que es mucho lo que falta hacer en materia de exhibición en nuestras pantallas, y sería bueno que desde el Estado (Provincial y Municipal) se generaran políticas de diálogo con todos los agentes del sector para poder mejorarlo. Lo primero que se debería lograr es la sinceridad de los interlocutores, como es el caso de la representante del Cine Lumiere, que habla de los déficits con los que se enfrenta diariamente para poder llevar adelante al buen funcionamiento de esa sala. Rescato profundamente las respuestas de Sol Dorigo, porque no se para en la defensa a ultranza de cosas que todes les que estamos en este medio sabemos que deberían ser mejoradas. Espero que este espacio sirva para profundizar la discusión, entre el buen funcionamiento de estos espacios del Estado y les realizadores y productores locales, porque en definitiva lo que todes queremos es que haya más producción audiovisual local, de mejor calidad y con pluralidad de voces en sus contenidos.
MARIO PIAZZA
Realizador, director de La Escuela de la Srta Olga, Madres con ruedas y Acha Acha Cucaracha
Valiosa por necesaria tu iniciativa, Fernando, de realizar esta encuesta sobre las pantallas públicas de la provincia. Rescato como especialmente representativa en este sentido tu frase Son espacios a cuidar, lo que implica conocerlos mejor. Cuando el programador de un espacio comercial dice programar de acuerdo al gusto del público, lo que ciertamente está haciendo es sumarse a la propaganda de los más poderosos y contribuir a consolidar un estado de cosas establecido. Las pantallas públicas son (han de serlo) lugares de resistencia cultural. Donde pueda participarse del cine que importa cultural e ideológicamente, y no necesariamente comercialmente. Sus programadores debieran tener bien en claro esta condición, estar seguros de una misión a cumplir en este sentido, en una sociedad que librada a las leyes del capital caminaría hacia siniestros destinos. Como integrante de la comunidad de realizadores audiovisuales santafesinos tengo muy determinados intereses en la forma de programar que tengan las pantallas públicas de la provincia; pero también los tengo como espectador. Debiera ser interés de la población en general el de poder apreciar especialmente las producciones del propio lugar. En todo caso, los programadores no habrían de actuar con una certeza en contrario y sí fomentar e incentivar entre el público la apreciación de los trabajos que hablan de los aconteceres y sentires del propio lugar y de las propias gentes. En este sentido tiene también mucha importancia la difusión, la posibilidad de dar a conocer cada producción audiovisual a través de los medios de comunicación. Lo cual implica incorporar a estos otros actores en la cuestión, sin que pueda el exhibidor desatenderla.
DAVID PIRE
Realizador, director de Delinquido, programador de la muestra Conecta
Valoro todas estas pantallas y es importante destacar que existen por políticas de Estado municipales y provinciales, que se han dado en las gestiones del Frente Progresista Cívico y Social. Lejos de adherir al partido, creo oportuno reconocer algunos valores en lo que respecta a sus gestiones culturales. Con respecto al Espacio Incaa en Arteón, corresponde a la gestión, un poco federal, del INCAA durante los gobiernos del Frente para la Victoria. Entidad ahora venida a menos, por las garras de Cambiemos, donde se subejecuta el presupuesto. Esto significa tener dinero que (por ley) se tiene que gastar en el fomento del cine nacional y que con el mismo no se hace nada, algo que tiene fines oscuros para el pueblo; no dichos, pero sospechados. Arteón está muy lejos de otros espacios INCAA del país. Creo que su principal problema como Espacio INCAA se debe a los pocos y malos días de proyección. No creo que desde el INCAA hayan dicho Preferimos los días martes y jueves. Y no está demás recordar la lamentable censura a la película Pibe Chorro. El Cairo me encanta, sobre todo por su programación; sin embargo, al cumplirse este propósito de incluir a públicos diversos, a veces pasan semanas sin que encuentre alguna película que me interese. Respecto al convenio con la EPCTV, lo veo como una mejora, ya que para estos estudiantes la entrada debería ser gratuita: ambiciono que la ciudad crezca en calidad y cantidad de producciones audiovisuales y, para ello, el Estado debe propiciar y facilitar con la gratuidad todo espacio de aprendizaje posible para su estudiantado. De las otras pantallas no tengo mucho conocimiento así que me abstengo de opinar sobre las respuestas de sus exhibidorxs. PD: Gracias por tu trabajo.

Por Fernando G. Varea