Preguntas en torno a nuestras pantallas públicas (I)

Son espacios públicos valiosos y entrañables que los cinéfilos rosarinos aprovechamos, sabiendo que allí pueden apreciarse producciones audiovisuales que las salas comerciales suelen desestimar. Si bien en Rosario hay centros culturales que proyectan, ocasionalmente, material discriminado por los exhibidores (como el Centro Cultural Parque de España, el Museo de la Memoria o el Complejo Cultural Atlas), así como lo hacen también valiosas muestras siempre bienvenidas, organizadas en distintas sedes (BAFICI Rosario, Conecta, Documental de Creación), y al margen de las actividades que organiza el Centro Audiovisual Rosario dependiente de la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad (como el Festival Latinoamericano de Cine), los cines El Cairo y Arteón, así como los centros culturales Fontanarrosa y Lumièremerecen especial atención. El Cairo pertenece al Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe y es, desde hace nueve años, el primer cine público de la provincia. En Arteón, que tiene una larga historia como cine y teatro, funciona el llamado Espacio INCAA. El Fontanarrosa y el Lumiére dependen de la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario. Son espacios a cuidar, lo cual implica, entre otras cosas, conocerlos mejor. Por eso elevamos a sus coordinadores y programadores algunas preguntas sobre el funcionamiento de los mismos. A continuación, compartimos las respuestas que nos dieron; pronto sumaremos también la opinión de un representante de 5RTV, canal televisivo público de alcance provincial.
NÉSTOR ZAPATA
(Director Sala Arteón)
– ¿Quién o quiénes programan las películas que proyectan? ¿Cuáles son los criterios para seleccionarlas?
– La programación en general está a cargo del titular de Arteón, Sr. Enrique C. Fenizi, quien cuenta en distintos casos (ciclos, cine arte, muestras, etc.) con mi participación, como director. La programación correspondiente a Espacio INCAA (días martes y jueves) corresponde a ese organismo. Los criterios de selección responden a una tradicional condición de Arteón de más de cinco décadas, que es la de privilegiar aquellos títulos de reconocida calidad artística, que a pesar de ser desechados en los circuitos comerciales poseen verdaderos valores temáticos, lingüísticos y expresivos. Asimismo, reposiciones de los grandes títulos de la cinematografía mundial de todas las épocas.
– Las películas a exhibir dentro del Espacio INCAA, así como los días y horarios de las funciones, ¿son resultado de decisiones del INCAA, de los propietarios de la sala o de ambos?
– Los criterios de programación del Espacio INCAA corresponden al área de programación de ese organismo, que atiende esencialmente a la difusión de todas las películas argentinas, así como latinoamericanas, ya sean de ficción o documentales. Como Espacio INCAA de Rosario, Arteón comparte el objetivo de difundir la cinematografía de producción nacional y latinoamericana. Los días y horarios han sido acordados desde su inicio en forma conjunta.
– Hay descuentos para jubilados y funciones gratuitas dos días de la semana para la Tercera Edad. ¿Esto responde a un interés por incentivar la asistencia de determinado sector de público?
– Responde a atender las posibilidades económicas del sector, así como a la valorización del mismo del arte cinematográfico y del rol social que cumple el cine. Igualmente, está implementado el descuento especial a jóvenes a través de planes municipales como 0-21 y Movi Joven, y de estudiantes a través de convenios con la UNR, la UAI, etc.
– ¿Cómo se manejan para difundir la programación?
– A través de nuestra página, así como con la información semanal a nuestros socios, a la base de datos de contactos-asistentes y a través de las redes sociales. Igualmente con la cartelera en diarios y la información a través de nuestro Departamento de Prensa con gacetillas a medios gráficos, radiales y televisivos. Poseemos además seis carteleras (115 X 72 cm) a la calle y efectuamos la impresión y distribución de un programa anticipando la programación mensual.
– ¿Qué espacio ocupan en la programación las producciones audiovisuales realizadas en la pcia. de Santa Fe?
– La pantalla de Arteón está abierta históricamente a la proyección de todas las realizaciones audiovisuales de nuestra provincia, tanto en largometrajes ficción como documentales, inclusive a estrenos y proyección de distintos formatos como series, telefilms y cortometrajes. De estos últimos se organizan múltiples funciones con las producciones de alumnos de las escuelas de Cine de Rosario, como la EPCTV y la UAI.
ARIEL VICENTE
(Director general y responsable de programación de Cine El Cairo)
– ¿Quién o quiénes programan las películas que proyectan? ¿Qué criterios se tienen en cuenta para seleccionarlas?
– El Cairo pertenece al Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe, su rescate lo  transformó en el primer cine público de la provincia. Su misión fundacional es la de ser un cine para todos los públicos. En ese sentido, el servicio cultural que presta hace énfasis en la formación de audiencias y en la democratización del acceso a bienes culturales audiovisuales, a través de una oferta amplia que expresa la riqueza y diversidad de la producción contemporánea. En tanto espacio cultural, posibilita la experiencia cinematográfica o audiovisual a nuevos y diversos públicos, a nuevas propuestas de programación y dispositivos de visualización, buscando la innovación en las lógicas, ejes y contenidos, a través de producciones y formatos inéditos, propuestas culturales multiplataforma y pedagógicas, que interpelan a partir de la experiencia audiovisual, como también jornadas y encuentros de formación y capacitación, entre otros. En cuanto a la programación, su composición, tanto presencial como virtual, pone en diálogo producciones legitimadas por un circuito de difusión con otras producciones alternativas y con aquellas narrativas en las que los lenguajes audiovisuales están involucrados. Se trata de un espacio público de encuentro, en el que se ponen en juego disciplinas, lenguajes o expresiones artísticas y comunicacionales, así como también los diversos espectadores posibles. Un espacio que genera lazos, diálogos e intercambio de ideas, apelando a posiciones críticas en torno a narrativas multiplataforma y a lenguajes audiovisuales y performáticos. Por todo lo anterior, se entiende la complejidad que reviste la programación de El Cairo y los diversos criterios y saberes que implica.
– ¿Por qué los ciclos suelen organizarse de acuerdo a temáticas y no siguiendo otro tipo de valoración?
– La programación se trabaja desde una mirada crítica, entendiéndose como tal una posición critica frente a la obra cinematográfica o audiovisual a ser programada pero también en torno a la programación del propio espacio público. La misma pregunta encierra ya una toma de posición en cuanto a cómo deberían organizarse los ciclos de cine, lo que demuestra que precisamente, desde el trabajo de programacion de El Cairo se busca un corrimiento respecto de lo que suponen las formas de programar cine.
– Respecto a las producciones realizadas en el ámbito de la provincia: ¿existe algún criterio para la programación de las mismas y la cantidad de funciones que se le destinan?
– Los programas de estímulo a la producción audiovisual de la Provincia y el propio cine El Cairo forman parte de una misma política cultural, que propicia la producción y difusión de bienes culturales, en este caso audiovisuales. Lo fundamental a la hora de programar cualquier material en El Cairo es que cada producción encuentre su público en consonancia con el objetivo del cine que es construir una oferta plural para diferentes públicos. En definitiva, El Cairo es la pantalla legitimada de las producciones locales ganadoras de Espacio Santafesino, pero no por ello encuentran un tratamiento diferencial en cuanto a su programación.
– ¿De qué forma se eligen a los que programan el ciclo Un día para los amigos?
– Los amigos de El Cairo son las personas que originariamente se encargaron de detener con su accionar la venta del edificio del cine. Fueron ellos quienes, a través de la Asociación Amigos de El Cairo, visibilizaron la posible pérdida de este espacio, quienes militaron su rescate y así  detuvieron esa venta, vehiculizando la refundación del nuevo cine. Personalmente, entiendo que todo acto siempre es una declaración política y el accionar de los amigos no escapa a eso: defender un espacio cultural para que el Estado tome partido en el caso. Y así fue. Por otro lado, y a lo largo de los casi nueve años del cine público, es innegable que el compromiso y trabajo de muchos otros nuevos actores sociales, profesionales y nuevos públicos hicieron posible sostenerlo una vez fundado como espacio provincial. Y así ellos han engrosado la lista de los originales Amigos de El Cairo. Desde El Cairo, una manera de mantener vivo ese lazo con sus amigos, de agradecerles la importancia de todo lo que siguen haciendo para que siga en funcionamiento, es que cada mes uno de ellos es invitado a programar la función de este ciclo con una película que le haya sigo significativa.
– Uno de los fuertes es la presencia de realizadores, productores o actores presentando sus películas, brindando al público la oportunidad de poder dialogar con ellos. ¿Hay alguna anécdota de este tipo de presentaciones que recuerdes especialmente? 
– Es cierto que los encuentros con realizadores, productores, actores y público en general son fundamentales dentro de las ofertas. Supongo que las anécdotas no deben faltar pero seguramente son impresiones que quedan en la memoria de sus protagonistas, es decir el público asistente, aquellos para los que tales propuestas han sido pensadas. Invitados que no han venido son muchos, pero siempre por problemas de agenda, así que estoy seguro que esas visitas en algún momento se van a concretar.
– Recientemente, en una medida sin dudas positiva, se resolvió que los estudiantes de la Escuela Provincial de Cine y TV de Rosario puedan acceder a las distintas funciones pagando la mitad del valor de las entradas. ¿Cómo se llegó a ese acuerdo?
– El Cairo Cine Público y la EPCTV forman parte del mismo Ministerio. Este acuerdo surge como una acción concreta para incentivar a los estudiantes de cine y televisión de la escuela, a ir al cine y ver películas. Se tata de un interés común que tiene tanto la Escuela como El Cairo. Esperamos que este acuerdo sea el puntapié para articular con la EPCTV acciones más complejas en el futuro próximo.
SOL DORIGO
(Coordinadora General del Centro Cultural Cine Lumière)
– ¿Quién o quiénes programan las películas que proyectan? ¿Cuáles son los criterios para seleccionarlas?
– El Centro Cultural Cine Lumière pertenece a la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario y  cuenta con un equipo de programación/producción, encargado de armar los ciclos temáticos mensuales y las funciones especiales. Está compuesto por Ernesto Micol (coordinador cultural del espacio), Pamela Gaido (programadora, productora y comunicadora del Lumière) y María Sol Dorigo (coordinadora general del Centro Cultural). Los criterios de programación son varios y se encuentran condicionados por los recursos técnicos de la sala. Durante varios años en el Lumière no se programó cine infantil. Cuando ingresé a trabajar en producción en 2014 propuse a la directora que intentáramos retomar las funciones para niños. Durante unos meses no tuvimos gran respuesta de público, pero poco a poco fue creciendo de manera exponencial. Mensualmente programamos en función de temas que muchas veces tienen que ver con efemérides (por ejemplo, Revoluciones, en junio de este año, surge del 90º aniversario del natalicio del Che Guevara; en julio de 2016 se tomó como tema las celebraciones, teniendo en cuenta que es el mes aniversario del Lumière, y así muchas otras temáticas), con directores y/o actores cuya obra nos interesaba difundir (hemos hecho ciclos de Miyazaki,  Tim Burton, Woody Allen, etc.), o con ofertas de diferentes espacios que proponen ciclos (embajadas, espacios de investigación, Festivales como Una Mirada Mayor, F.I.N.C.A 2017, Festival de Cine Latinoamericano Rosario) . Siempre intentamos dar lugar a títulos populares y sumar alguna rareza o alguna película menos comercial o a la que usualmente no se acceda por medio de plataformas o el cable.  Cada sábado se proyecta una función infantil y una para adultos, y se programan solamente aquellas de las cuales podamos adquirir permisos de exhibición. Teniendo en cuenta que somos una sala municipal, pública y EXCLUSIVAMENTE NO COMERCIAL, los recursos para pagar los permisos son limitados, aunque estamos realizando compras de permisos anuales y realizamos convenios con instituciones, productoras y particulares. Otra de las limitaciones a la hora de programar tiene que ver con la calidad del sonido de nuestra sala, que presenta muchísimas dificultades, en especial cuando son películas realizadas en español y que no están acompañadas por subtítulos. Otro tema es el soporte de formatos de nuestros equipos: actualmente no tenemos posibilidad de proyectar en blu-ray o DCP, porque no contamos con equipos de ese tipo. La adquisición de copias es otra de las grandes cuestiones a la hora de programar. Muchas veces las productoras no cuentan con el material, o no tienen manera de hacer llegar las copias a destino en tiempo y forma.
– ¿Por qué consideran relevante exhibir algunas películas que ya pasaron con éxito por las salas comerciales e incluso por la TV?
– No es prioridad de nuestra programación que las películas a proyectar sean aquellas que han pasado con éxito en salas comerciales. Muchas veces lo que se programa es un punto medio entre lo deseable (inquietudes intelectuales de los programadores, demanda del público) y lo que verdaderamente es posible. Dentro del espectro de películas posibles, que se adecuan a nuestras posibilidades técnicas y a los permisos que conseguimos, intentamos abrir un abanico que contemple tanto nuestras intenciones  y la demanda de algunos/as de nuestros concurrentes, que también dejan sus sugerencias y sus observaciones. Hay que tener en cuenta que muchas veces las personas que vienen a nuestro espacio no acuden a cines comerciales, entre otros motivos, por los elevados costos de las entradas, o porque muchas veces las películas que programamos no estuvieron demasiado tiempo en cartelera o son clásicos que ya no se programan en otras salas.
– ¿Hay actividades que permitan acompañar la proyección con la divulgación cultural o el debate?
– Durante muchísimos años realizamos el Cine Fórum que se realiza un viernes al mes. Ese día se programa una película referida a la temática mensual, que generalmente es considerada de culto, o de algún director de renombre, o clásica, y se realiza un desarrollo previo de la misma y posteriormente se realiza un debate. En ciertas ocasiones se ha invitado a especialistas en el tema a tratar o a la/el  directora/r en caso que se contara con esa posibilidad. Este año el Cine Forum se programó de manera anual en función de una propuesta de desarrollar el tema de lo utópico y lo distópico por parte del CELChe, y armamos un ciclo especial. Se llama Utopías y Distopías y está dirigido a estudiantes de 4to, 5to y 6to años de escuelas secundarias. Se toma como eje temático el cine, como espacio en el que se han desarrollado las utopías y distopías de forma más popular, y se invita a pensar al respecto junto con especialistas de otros campos: psicología, filosofía, historia, literatura, comunicación y estudios de género. Y contamos con profesionales muy comprometidos que llevarán adelante estos encuentros.
– ¿Qué espacio ocupa en la programación el cine realizado en la provincia de Santa Fe?
– Hemos tenido muchas proyecciones de directores locales y de la provincia, que muy generosamente han exhibido sus trabajos en nuestra sala, entre ellos Mario Piazza,  Claudio Perrin, Federico Actis, Patricio Carroggio, videorealizaciones del acervo digital del Castagnino+Macro, entre otros. La realidad es que al no contar con recursos digitales modernos y de calidad para la proyección, sumado a las dificultades técnicas (sonido deficiente, formatos obsoletos, proyector de uso doméstico) para los propios realizadores nuestra sala no es una prioridad como espacio para estrenos o exhibición de sus proyectos. Estamos trabajando para ir mejorando esos recursos: hay un proyecto de digitalización y acustización de la sala que estamos intentando llevar a cabo, vamos adquiriendo y alquilando equipos, realizando licitaciones y otras acciones concretas que año a año van mejorando la calidad técnica y nos van posicionando como un espacio apetecible a tales fines. Siempre hay productoras locales y directoras que se acercan y nos ofrecen sus películas e intentamos satisfacer esas demandas. Además, estamos acondicionando los proyectores de 35 mm. del antiguo cine, con la idea de poder proyectar películas en ese formato. Cabe aclarar que el Lumière también tiene programación teatral y musical, y que en el mismo se realizan  eventos de instituciones de la zona (colaciones y festivales de escuelas cercanas, festivales de academias de danzas) y que es un polo cultural del Distrito Norte, teniendo actualmente  28 talleres de diversas disciplinas. Es por eso que la programación de cine es, en principio, los días sábados, función doble, y algunas funciones especiales que se adaptan a la programación habitual de centro cultural.
GRACIELA MIRAGLIA
(Jefa de Actividades Culturales del Centro Cultural Fontanarrosa)
– Salvo alguna ocasión excepcional (como ocurrió recientemente dentro de las actividades agrupadas bajo el título La imaginación al poder), no se programan ciclos de cine con continuidad. ¿A qué se debe?
– El motivo por el cual no se ha programado cine en el CCRF en el último año se debe a que el edificio se encuentra aún en un proceso de remodelación de varias de sus salas, entre las que se encuentra la destinada a las proyecciones cinematográficas. Por eso no se han realizado las gestiones correspondientes de renovación de la autorización anual que nos exige el INCAA como sala de proyección para poder realizarlas.
– Los ciclos de cine tenían la particularidad de exhibir cine clásico, material muy poco difundido en otras salas e incluso en la TV actual. ¿Quién o quiénes los programaban?
– La programación del ciclo de cine y la elección de los filmes  a proyectar  se realiza conjuntamente  entre la dirección de CCRF y un coordinador, en este caso el cineasta Pablo Romano, quienes, teniendo en cuenta que es un Centro Cultural, definen la programación  teniendo como objetivo  la difusión de un cine no comercial o no tan difundido.
– ¿Qué contactos tienen con la comunidad audiovisual local y qué espacio ocupan en la programación las producciones audiovisuales de nuestra provincia?
– La producción audiovisual  local  es parte integrante  de nuestra  programación cuando ilustran las  conferencias o charlas de los disertantes  sobre una temática   particular, o  en ciclos completos (que incluyen varias conferencias sobre un determinada temática), como es el de Ecología, donde la actividad está basada  en el debate  sobre lo proyectado.

Por Fernando G. Varea

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20º BAFICI: Cada uno elige su propia aventura

Evaluar la 20ª edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires no sería razonable, teniendo en cuenta que pudimos estar allí poco tiempo. Pero lo cierto es que (más allá de los avances y retrocesos que atravesó el festival a lo largo de los años) para los cinéfilos sigue siendo estimulante el vértigo de poder elegir entre varias propuestas atrayentes al mismo tiempo, durante poco más de una semana. Van a continuación algunas consideraciones sobre lo que pudimos apreciar este año, en las salas de cine y fuera de ellas.
20 AÑOS NO ES NADA. El festival cumplió veinte años pero el aniversario no fue capitalizado para generar un clima de fiesta. El spot institucional parecía hecho por alguien sin idea alguna de lo que representa el BAFICI y se editó un libro con historias del festival (Otoños porteños) que no era sencillo conseguir y que no contó con testimonios u opiniones de sus dos primeros directores (Andrés Di Tella y Fernando Martín Peña). Al mismo tiempo, no resultaba muy acogedor el ámbito de trabajo para el periodismo especializado: una serie de casillas frente al Centro Cultural Recoleta, con medialunas y buena atención pero escasas computadoras y ni siquiera afiches de película en sus paredes de madera. No hubo tampoco recitales o acontecimientos artísticos que incentivaran la sensación de festejo o (como en ediciones anteriores) acompañaran la oferta cinematográfica: apenas un espacio de realidad virtual curiosamente a cargo del realizador José Celestino Campusano. El debate organizado por Colectivo de Cineastas en torno a las dificultades para hacer cine independiente en Argentina (al que se sumaron expresiones de Mariano Llinás, premiado por su maratónico film La flor) tal vez echen luz sobre el poco ánimo de celebración.
CLÁSICOS Y MODERNOS. La presencia de John Waters, Philippe Garrel y James Benning fue ponderable, en tanto la del actor Ewen Bremner, para rendir una suerte de homenaje al film de Danny Boyle Trainspotting, pareció una concesión a cierto público juvenil que suele concurrir al BAFICI. El video de Waters encontrándose con Isabel Sarli –a raíz del entusiasmo del director estadounidense por Fuego (1969, Armando Bo, protagonizada por Sarli)– aportó un poco de simpatía y confirmó esa frívola predilección por agasajar o convocar a divas del cine argentino que viene repitiéndose en los últimos años, tanto en el BAFICI como en Mar del Plata. Respecto a Waters, quien esto escribe tuvo oportunidad de ver su película Pink Flamingos (1972) en copia impecable en el cine Gaumont, en medio de un público enfervorizado, función precedida por el propio director recordando graciosamente algunas anécdotas. La experiencia de ver esa obra paradigmática de la contracultura de principios de los ’70 no en la mezquina pantalla de una computadora sino en una espléndida sala de cine, fue uno de esos momentos por los que valió la pena asistir al festival, tanto como apreciar la versión restaurada y completa (tres horas) de El bueno, el malo y el feo (1966, Sergio Leone), con su puesta en escena magistral, su mezcla de acción, emoción y humor, sus personajes que parecen salidos de un comic y una última parte resuelta con planos generales espléndidamente compuestos, todo envuelto en la recordable música de Ennio Morricone.
De entre las películas recientes, exhibidas en carácter de estreno, merece destacarse The green fog (Guy Muddin/Evan Johnson/Galen Johnson), lúdico experimento por el que distintos momentos del clásico de Hitchcock Vértigo (1958) se reconocen a través de un obsesivo montaje de infinitos fragmentos de otras películas, con los diálogos cuidadosamente eliminados, música omnipresente y una puesta en abismo por la que algunos de los actores se ven a sí mismos en la pantalla de un televisor. Los créditos de todos los films citados cierran este divertimento cinéfilo. Los cortos experimentales del cineasta mexicano Teo Hernández, algunos proyectados en 16 mm (incluyendo su bello Salomé), y el documental La locura lúcida de Marco Ferreri (2017, Anselma Dell’Olio) depararon, igualmente, momentos placenteros. El film sobre Ferreri comienza rescatando la acalorada discusión del realizador italiano con un periodista durante una conferencia de prensa y continúa con interesantes apuntes para quienes apreciamos su obra, desde el dato de su deseo de haber sido veterinario (“Hay algo en él de vincular la vida humana con la animal” dice alguien) y las opiniones de Isabelle Huppert (“Era misógino y feminista”), Hannah Schygulla (“Era, como Buñuel y Pasolini, un arcángel de la destrucción que también traía resurrección”), Andrea Ferreol, Philippe Sarde, Sergio Castellitto y el siempre hiperquinético Roberto Benigni. Trabajos como éstos se alzaban con peso propio por encima de algunas de las películas de la Competencia Internacional, como la sueca Blue my mind (Lisa Brühlmann), en la que una adolescente cuya rebeldía nunca llega a justificarse se interna en una espiral de droga, abusos sexuales y malas compañías, mientras poco a poco va convirtiéndose (literalmente) en sirena. Ni la belleza de su protagonista Luna Wedler salva al film de su paulatino descenso hacia el desatino.
ARGENTINOS EN COMPETENCIA. En la Competencia Argentina, además de Las hijas de fuego (Albertina Carri) y Esto no es un golpe (Sergio Wolf) –sobre las que escribimos aparte–, pudimos ver La otra piel (Inés de Oliveira Cézar) y Casa propia (Rosendo Ruiz). El film de Oliveira Cézar (Como pasan las horasEl recuento de los daños), sobre una chica que, tras la imprevista muerte de un ocasional amante, escapa a Brasil, está mejor dirigido que escrito. El clima tormentoso, el fondo sonoro (ruido de aviones y trenes insinúan presagios) y los sugestivos paneos por el interior de silenciosas viviendas prometen una intriga que va diluyéndose. La búsqueda emprendida por la protagonista parece ingenua, más ligada al ocio vacacional (y sin problemas de dinero) que a un estado emocional. Mónica Galán y Rafael Spregelburd aportan profesionalismo en personajes secundarios, combinándose elementos de la ficción cinematográfica con los ensayos de una obra teatral.
Menos ambiciosa pero más sincera es Casa propia, tal vez la mejor película hasta el momento de Rosendo Ruiz (De caravana, Todo el tiempo del mundo). El mérito principal está en poner el foco en un tipo de personajes y conflictos cotidianos de nuestra clase media que no suelen verse en el cine argentino: un docente de mediana edad sortea con bastante dignidad los obstáculos que le presentan la relación con su novia (que tiene un hijo de una pareja previa), el cuidado de su madre (que sufre una enfermedad) y las discusiones con su hermana más joven, mientras busca dificultosamente un departamento para alquilar. Nadie es demasiado patético ni ridículo, nada es muy cruel: la vida de esta gente transcurre con altibajos emocionales, temores lógicos y ocasionales motivos de alegría. La visión de Ruiz es compasiva y afectuosa, sin desestimar detalles que sirven para una pintura barrial nada idealizada y un registro campechano pero elocuente de la dudosa prosperidad de los argentinos en estos tiempos. En tanto resultan poco comprensibles algunos aditamentos del guión en torno al protagonista (su visita a un prostíbulo, una trifulca con su pareja hacia el final), no concede sobresaltos el trabajo con la cámara: apenas el simpático momento en el que espía por la ventana de una maqueta sorprende dentro del estilo clásico de Casa propia, con suaves travellings que dan tiempo a los comunicativos actores a desplegar sus gestos.
Finalmente, merece señalarse que en la Competencia Latinoamericana (como ya anticipábamos aquí) participó la producción rosarina Tito (Esteban Trivisonno). Cercana a películas como Upa! (2007, Giralt/Toker/Garateguy) e incluso El escarabajo de oro (2014, Moguillansky/Sandlund), Tito responde a esa suerte de subgénero que suele denominarse cine dentro del cine, con incipientes cineastas en problemas para poder concretar su proyecto (tópico que suele gustar mucho en el BAFICI). En este caso, un grupo de estudiantes de Comunicación Social se proponen para su tesis realizar un documental sobre el experimentado actor Tito Gómez, enfrentando problemas apenas se contactan con él, quien empieza a tratarlos con diminutivos, a hablar de sí mismo en tercera persona y a utilizar expresiones del tipo “Hoy es un día Gómez”. Las sospechas se agravan cuando algunos realizadores y actores consultados para el documental insinúan rasgos despóticos en el actor: la empresa terminará siendo accidentada, y no sólo por el absorbente carácter del entrevistado.
El resultado es liviano y gracioso, con momentos inspirados y otros en los que el amateurismo de los personajes parece trasladarse al film mismo. Un par de conversaciones registradas con montaje paralelo, después de una escena de Tito Gómez en El asadito (como si fueran ecos del film de Gustavo Postiglione), y los planos del desenlace, son resoluciones formales afortunadas, que evidencian un planeamiento previo; el resto (incluyendo un ensayo teatral divertido por los cruces entre los intérpretes, beneficiado por la presencia de Andrea Fiorino) se deja llevar por los avatares de la improvisación, recurriendo al zoom y la cámara en movimiento, transmitiendo la inestabilidad del trabajo de este grupo de desafortunados realizadores y dejando, al mismo tiempo, la sensación de que el disparate podría no haber desdeñado el rigor.
Tito entraña, por otra parte, una paradoja: a la vez que insiste en el discutible concepto de que el “cine rosarino” empieza y termina en el cine de ficción realizado por Postiglione (subestimando valiosas experiencias realizadas en nuestra ciudad en materia de cine de animación, experimental y documental), también ironiza sobre el punto, jugando con la idea de que el actor del título (o lo que representa) pueda ser visto como una amenaza.

Por Fernando G. Varea

Imágenes: Fotogramas de The green fog (derecha, arriba)  y El bueno, el malo y el feo (debajo).

Frágiles vidas cruzadas

SIEMPRE ES TARDE
(2018; dir: Patricio Carroggio)

“Un fresco de la vida de dos amigos”: así definía Patricio Carroggio (realizador barcelonés que desde hace diez años vive y trabaja en Rosario) Siempre es tarde, consultado hace un año y medio por Espacio Cine tras haber sido seleccionado en la 9ª edición de la Convocatoria Espacio Santafesino. Decía también (en aquélla nota que puede leerse aquí) que su propuesta podía resumirse como “Un fragmento de lo que podría ser una historia más grande”.
Hoy, con la película terminada, puede afirmarse que Carroggio cumplió su objetivo. Porque los rodeos de sus personajes (Eugenia y su amigo) no son más que el armazón por donde se agita la respiración de sus vidas, sus temores e ilusiones. Ella está por viajar por razones de trabajo, dubitativa ante esa decisión que implicará tomar distancia de su pareja; él, en tanto, mientras se distrae con sus ensayos de teatro, parece dejarse llevar por un estado de abatimiento y preocupación. Las decisiones para acompañar esa sensación de melancolía resultan atinadas: las características de las casas donde viven y que visitan, el clima de barrio, la luz otoñal, la música severa apenas incidental, estimulan esa cotidianidad agrisada. El director acierta también poniendo toda la atención en la comunicatividad de los rostros, dejando fuera de campo la comida o detalles de la casa que su “fresco” no necesita. El encuentro con la madre de Eugenia, y la charla entre los tres, transmite ese mismo efecto tristón, apenas interceptado por los chispazos de alguna discusión. En esos diálogos desplegados con admirable espontaneidad puede advertirse cierta confrontación entre sexos y la estabilidad de los afectos en riesgo con la descarga de ciertas palabras. “Sólo hay que saber lo que no hay que hacer”, dice en un momento la madre de Eugenia, recordando una reflexión relacionada a su afición (la pintura) que pareciera poder aplicarse a otras cuestiones.
Al mismo tiempo hay en Siempre es tarde una historia paralela, a la luz de la cual los mencionados personajes y sus actitudes pueden resignificarse. Un obrero que trabaja para el novio arquitecto de Eugenia sufre un accidente en su trabajo y sobrelleva la situación con una mezcla de dignidad y resignación: con sus intervenciones y las de amigos suyos –pescando, susurrando la Marcha Peronista, charlando en torno a penurias parecidas– la película procura balancearse dando lugar, ocasionalmente, a otra mirada, a otro mundo que es el mismo de Eugenia y su gente pero distinto. Ese contrapunto no es lo suficientemente inquietante o convincente, si bien evidencia cómo cada uno sigue su camino casi predeterminado por su condición social, iguales todos en el presentimiento de estar cumpliendo con el sino pesimista que expresa el título del film.
Aunque uno de los trabajos más conocidos de Carroggio es un documental (El perro de Ituzaingó, 2016, sobre el cineasta independiente Raúl Perrone), a este cineasta treintañero le gusta indagar en las posibilidades de la ficción, como lo demuestran la ligeramente extravagante Sábado hawaiano (2010) y el astuto corto French y Beruti (2011). Aquí prueba algo distinto, interesado más en la tensión que generan conversaciones y silencios, con un marco formal sereno en el que asoman momentos inspirados (toques bressonianos en el accidente del obrero y la posterior “compensación”, bella composición de los planos a orillas del río). Finalmente, entre los valores de Siempre es tarde merece señalarse la expresividad de sus intérpretes principales María Eugenia Solana, Gustavo Maffei y Francisco Fissolo, que nunca ceden a énfasis costumbristas y con su sinceridad seducen noblemente al espectador.

Por Fernando G. Varea

Producciones santafesinas en el BAFICI

Una nueva edición del BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente) se acerca y como siempre, procurando dar difusión a las producciones audiovisuales realizadas en el ámbito de nuestra provincia, en Espacio Cine queremos destacar el puñado de rosarinos y santafesinos que estarán allí, siendo parte del seductor banquete cinéfilo que viene repitiéndose –con variantes y a pesar de algunos altibajos– desde hace veinte años. Entre homenajes a John Waters y Phillip Garrel (con la presencia de ambos), la exhibición de los nuevos films de Hong Sang-soo, Michael Haneke, Abel Ferrara, Wes Anderson, Christian Petzold, Fernando Pino Solanas, Juan Villegas, Albertina Carri y otros, el rescate en copias restauradas de clásicos como El monstruo de la laguna negra, El bueno, el malo y el feo y El desprecio, dentro de una programación amplia y diversa, en el evento que se desarrollará entre el 11 y el 22 de abril asomarán dos largometrajes y dos cortos realizados por jóvenes cineastas de nuestra provincia.
En la Competencia Latinoamericana estará Tito (2018), largometraje escrito y dirigido por Esteban Trivisonno. Comparado por Álvaro Arroba en el catálogo del festival con el Bela Lugosi del Ed Wood de Tim Burton, el Tito del título es el actor rosarino Tito Gómez  (visto en Ilusión de movimiento, El asadito y otras), a quien cinco estudiantes eligen para retratar en un documental, tarea que se les complica ante el narcisismo y desvaríos de la estrella. Realizada con actores y técnicos rosarinos, Tito tiene fotografía de Lucas Ponce Tesido y música de Pablo Crespo. Trivisonno estudió en la Escuela Provincial de Cine y TV de Rosario, es docente y actor, fue guionista y director del ciclo televisivo documental Locura de clown (2014, ganador de Espacio Santafesino), coguionista de la serie web Postres (2015) y asistente de dirección de varias producciones locales dirigidas por Elena Guillén, Pablo Romano, Santiago King, Héctor Molina y otros.
En la sección Derechos Humanos –en la que el año pasado participó Triple crimen, de Rubén Plataneo–, compite Mekong-Paraná: los últimos laosianos (2018), con guión y dirección del santafesino Ignacio Javier Luccisano, música también de Pablo Crespo y fotografía de Martín Turnes (ganador de un Cóndor de Plata como director del documental Pichuco). La película acompaña a una familia desde el Laos atravesado por la guerra en 1978 hasta Tailandia y de allí –por circunstancias fortuitas– a un humilde pueblo del interior de Santa Fe. Según escribió Marcela Gamberini en el catálogo, está “contada desde los gestos, las risas contagiosas, las lágrimas, los bailes, las confusiones del lenguaje”. Es el primer documental de Luccisano, que estudió en la FUC y codirigió (con Aníbal Martínez y Nadia Benedicto) el mediometraje El embolsadito (2007).
Otra producción local en competencia es el corto Yo, pasto de los leones (2018), escrito y dirigido por el santafesino Milton Secchi, con fotografía de Iván Fund (director de Toublanc y, entre otras, Los labios, junto a Santiago Loza) y la actuación de Sofía Brito, Cecilia Sosa y Gerónimo Bayúgar. A lo largo de veintitres minutos, Yo, pasto… expone las dificultades de una actriz quien, al dirigir un casting para un film sobre una inundación en Santa Fe, se enfrenta a los interrogantes que le plantean los distintos testimonios y su propia experiencia. Secchi estudió en la ENERC, ha sido montajista y asistente de dirección en varias producciones, y realizó los cortos Verano (2010), Lo-Fi (2011) y Donde no hay nada (2016), que compitieron en anteriores ediciones del BAFICI y en otros festivales.
También figura en la programación del BAFICI el corto El cumpleaños de Mora, realizado por el rosarino Juan Linch, que formará parte de la Muestra Argentina de Cortos. En apenas doce minutos, El cumpleaños de Mora imagina el alunado cumpleaños de una treintañera, con una visita inesperada que llega desde el más allá. Tiene fotografía de Patricio Carroggio (director de El perro de Ituzaingó), escenografía de Marlen Breuning, sonido de Santiago Zecca y música de Leo Serial. “Es un cortometraje fantástico”, nos dijo su realizador, guionista y productor tras haber ganado la convocatoria de Espacio Santafesino hace poco más de un año (en una nota que puede leerse aquí). Linch se formó como cineasta de manera autodidacta y filmó antes La vida en Marte (2014) y Campamento en el Centro de la Tierra (2015), cortos de humor asordinado y estilo rejtmaniano.
Finalmente, cabe agregar que en el marco del festival se verá Malambo: El hombre bueno (2017), que pasó por el Festival de Berlín de este año, dirigido por el cordobés Santiago Loza con participación de gente del medio de nuestra región, como el sancristobalense Iván Fund y el crespense Eduardo Crespo en la fotografía, y la casildense Lorena Moriconi en el sonido. Del mismo modo, vale señalar que el realizador de La vida que te agenciaste (2018, documental en torno a un grupo de poetas porteños en los años ’90) es el rosarino Mario Varela, quien estudió cine en Avellaneda.
Un dato significativo: Tito y El cumpleaños de Mora ya están programadas para una función especial el 11 de mayo en el Cine El Cairo, de Rosario.

Por Fernando Varea

Imágenes: Tito (Esteban Trivisonno), Yo, pasto de los leones (Milton Secchi) y El cumpleaños de Mora (Juan Linch).

http://festivales.buenosaires.gob.ar/2018/bafici/es/home

Fernando Birri y el caso “Los inundados”


inudConfirmé la vigencia de Los inundados (1961) cuando volví a verla con atención en 2003, para escribir –a pedido del amigo Alejandro Hugolini– sobre la trágica inundación que afectó la ciudad de Santa Fe y alrededores, durante la gobernación de Carlos Reutemann (la nota, que puede leerse aquí, fue publicada en Rosario/12 el 28/5). Al año siguiente tuve oportunidad de asistir a la charla que su director, Fernando Birri, ofreció en el salón de actos de la Facultad de Humanidades y Artes de Rosario, en la que había sido cálidamente recibido por un auditorio numeroso, formado en su mayor parte por estudiantes de cine y de dicha universidad, dispuestos a escuchar con más curiosidad que admiración a quien probablemente conocían muy poco. En esa tarde calurosa, pidió permiso para sacarse su saco y su proverbial sombrero antes de referirse a la apertura de una nueva Escuela de Cine en Santa Fe: “Abramos el zoom con una lente por lo menos nacional –propuso–, mejor si es latinoamericana y, mejor aún, si es una lente cósmica”. En un momento reconoció que sus años vividos (79) no lo convertían en oráculo: “Un niño de cinco años puede expresarse con más sabiduría y más libertad que un viejo”, expresó.
Ayer, este artista santafesino viajero y luchador falleció en Roma, a los 92 años, dejando una obra repartida en distintos países, épocas y disciplinas (cine, poesía, ensayo, pintura), por lo que resulta casi inabarcable y seguramente merecedora de algo mejor que rápidos panegíricos, más allá del indiscutible valor del mediometraje documental Tire dié  y el largo de ficción Los inundados como gérmenes de un cine latinoamericano realista y crítico. En su homenaje rescatamos el análisis que Horacio Verbitsky publicaba en la revista Tiempo de Cine Nº 13 (marzo de 1963) sobre cómo el Instituto Nacional de Cinematografía desestimaba Los inundados mientras era buscada y valorada en el exterior.

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