Maximiliano Schonfeld: “Me gusta pensar que en la vida vamos flotando en un arroyo hacia un lugar desconocido”

Un curso de cine dictado por profesores de la ENERC en la ciudad de Paraná, quince años atrás, encendió la chispa para que el santafesino Iván Fund (1984, San Cristóbal) y los entrerrianos Eduardo Crespo (1983, Crespo) y Maximiliano Schonfeld (1982, Crespo) comenzaran a confiar en la posibilidad de expresarse con sus propias películas, sumando estudios y perfeccionamiento en Córdoba y Buenos Aires. En los tres casos, es notable cómo el profesionalismo y la personalidad que fueron poniendo en juego en largometrajes, cortos y series televisivas (que los ha llevado a ganar premios y despertar interés en festivales prestigiosos, como Cannes o Berlín) no aparecen disociados de una sencillez y serenidad provincianas. Con una visión muy clara de lo que anhela con sus producciones audiovisuales –en las que tienen protagonismo personas e historias de su Entre Ríos natal–, Schonfeld (Germania, La helada negra) acompañó las proyecciones de su documental La siesta del tigre en el 31º Festival Internacional de Mar del Plata, donde formó parte de la Competencia Argentina. El film, que venía de participar en Doclisboa 2016, fue muy bien recibido por el público y ahora espera su estreno. Hablamos con el director sobre esta película sensible, en torno a cinco hombres que salen en busca de restos del tigre sable en medio de la selva entrerriana, entre frondosas arboledas y arroyos de agua calma.
– Al comenzar la película, un breve texto señala que estos hombres “buscan debajo de la tierra lo que no pudieron conseguir arriba”. Con esa reflexión, La siesta del tigre parece ir más allá de la contemplación bucólica y las anécdotas graciosas.
– Yo quería ser muy fiel al lugar desde donde partían, que también se parece mucho al mío. No vivo una realidad tan diferente a la de ellos. Quería ser muy fiel a ese punto de partida porque ellos se habían tomado muy en serio el hecho de poder encontrar los restos fósiles y salvarse, de alguna forma. También era para mí la búsqueda de una película donde no sabía si la había. No es como cuando uno escribe una ficción y, como decimos, la película se va armando. Acá no estaba la garantía que podía existir una película.
– Por la precariedad y necesidades materiales de estos hombres, la película transmite algo de tristeza.
– En Entre Ríos cambió el paradigma en el trabajo. Ellos eran todos changarines, vivían de eso. Con el nuevo modelo agro-industrial esas changas desaparecieron. Ya no tienen trabajo. Lalo corta el pasto, Cochirila hace arreglos con las antenas, Benigno trabaja con los lechones en una granja muy pequeña… Claramente, hay un lugar de desprotección de una generación de gente de los pueblos, que se apostaba en las esquinas de las plazas esperando alguna changa y podían vivir de eso. Ahora es imposible.
– Al hablar de la película frente al público la describiste como muy física. Precisamente, ¿cómo trabajaste para que pueda percibirse de manera palpable el contacto con el agua y el pasto, o el calor del sol?
– Traté de que hubiera la menor cantidad de elementos posibles entre ellos y yo. La cámara y el lente eran muy pequeños. Ni siquiera tenía un filtro ND como para hacer que la luz del sol no sea tan fuerte, eran muy precarios los elementos que tenía para filmar. Eso me permitía que yo pudiera nadar a la par de ellos, meter la cámara en el agua sin miedo a que se rompa porque era todo muy barato. En muchas tomas estoy realmente flotando, tratando de filmar con la cámara en una mano. Tenía un trato muy directo con ellos, no quería intermediarios. Pensaba incluso que, en caso de emergencia, ellos mismos pudieran agarrar la cámara.
– Tanto en La siesta del tigre como en tus películas anteriores hay una relación de afecto con tus no-actores. ¿Hacés algo para cuidarlos, para que no salgan lastimados o engañados de la experiencia?
– Yo creo que uno se va dando cuenta, depende de cómo tiene la cuerda de la moral. Yo he filmado escenas con Cochirila, en las que decía ciertas cosas, y en las que yo veía un límite que no estaba dispuesto a traspasar. Él mismo podía estar incómodo con eso. Cada uno de estos hombres tiene también sus historias muy particulares, tristes incluso. Uno podría exprimir la historia personal de Cochirila, muy oscura en algunos aspectos, con un montón de cuestiones de las que a veces él quería hablar y que a mí no me interesaban. Porque, además, me daba cuenta que lo hacía porque necesitaba descargarse… Es bastante cursi o vulgar decirlo, pero yo no me reía de ellos sino con ellos. De hecho, ellos se reían antes: mientras yo estaba concentrado en el rodaje, veía que ellos se divertían. Los conozco y me divierto con ellos todos los días. No es que estoy buscando un efecto de gag para que sea más divertido o ridículo para la cámara. Por otra parte, está también la etapa del post-rodaje, que es la más larga. Todo el mundo quiere filmar y pone una expectativa, y con los años uno ya sabe con lo que se va a encontrar. Algunos esperan cierto reconocimiento, a otros no les interesa, otros te piden plata porque piensan que uno se hace millonario con esto… Para mí es la etapa en la que más cuidado hay que tener y en la que no se tiene un fin marcado: puede durar seis meses, un año, cinco años. Hay que cuidar mucho esa relación.
– Las señales de civilización o modernidad, como la música de un auto que se escucha en un momento, están siempre fuera de campo. ¿Fue tu propósito mantener a estos hombres como en un mundo propio e incontaminado?
– El objetivo era irnos lo más lejos posible, a pesar de las dificultades. No queríamos que hubiera interferencias, para realmente sentir que estábamos excavando algo. Y si se filtraba algo, que fuera de manera natural. Ese sonido que decís es real, había una fiesta en el campo, se nos metió y nos hicimos cargo. Llegó, bueno: usémoslo. Lo mismo si pasaban autos por la ruta cuando están abajo del puente. Si pasaban lo dejábamos, pero no íbamos a buscar eso.
– En medio de los chistes y la aventura compartida sobrevuela el tema de la muerte: buscan restos de animales muertos, el paso del tiempo aparece en las conversaciones… ¿Te interesó que apareciera esta cuestión?
– Sí, es un tema que me obsesiona. Primero, a partir de los animales: me obsesiona por qué eligen determinados lugares para morir. En Germania (2012) el tema apareció despacito, en La helada negra (2015) hay un diálogo que habla un poco de eso. Acá ya aparece directamente. Me gusta pensar la idea de que en la vida vamos flotando en un arroyo hacia un lugar desconocido. Que hay algo predestinado en la naturaleza que nos arrastra, al igual que pasa con los animales y los lugares que eligen para morir.

Por Fernando G. Varea

Gleyzer, en primera persona del plural

COMPAÑERO RAYMUNDO
(Juana Sapire-Cynthia Sabat, INCAA, 2015)

En los ’80 era sólo un dato: se leía en algunos libros que Raymundo Gleyzer había sido secuestrado y desaparecido durante la última dictadura después de haber filmado México, la revolución congelada (1970) y Los traidores (1971/72), esta última exhibida clandestinamente como expresión de militancia del llamado Cine de la Base. En 1993, por fin (tras ser hallada y restaurada una copia), dejó de ser un enigma esta película desaparecida, y poco después se publicó El cine quema, el valioso libro de Fernando Martín Peña y Carlos Vallina que reunía testimonios, información y análisis de la obra del director (que ya había sido objeto de un homenaje previo en Uruguay). Siguieron películas como el documental Raymundo (2003, dir. Ernesto Ardito-Virna Molina) y el mediometraje Fuego eterno (2012, dir. Cynthia Sabat), mientras su nombre comenzó a emplearse como emblema, utilizándose por ejemplo para un concurso convocado por el INCAA.
Precisamente el INCAA fue el organismo que se hizo cargo de publicar, el año pasado, Compañero Raymundo, que aporta no sólo más elementos para el conocimiento de Gleyzer, sino también una mirada íntima sobre su vida y su trayectoria profesional, partiendo del testimonio de quien fuera su compañera durante más de una década, Juana Sapire. La periodista Cynthia Sabat recogió y dio forma ordenada y transparente a esa suma de referencias.
La emotiva introducción describe los tensos momentos de su desaparición en mayo de 1976, asumiendo pronto la voz de Juana, quien a lo largo de 250 páginas vuelca en una especie de catarsis las vivencias compartidas con este periodista-cineasta-militante a quien, en las bellas fotos que ilustran el libro, nunca se lo ve con el ceño fruncido sino jovial y sonriente. “Mientras trabajábamos, proyectábamos nuestros films y soñábamos con viajes y aventuras”, cuenta la coautora y coordinadora general del proyecto, quien, al utilizar reiteradamente la primera persona del plural, pareciera compensar la imposibilidad de que el propio Raymundo relate su historia.
Varios datos novedosos van apareciendo mientras se recorre esta historia comentada: una afiliación al PC por iniciativa de sus padres (viaje familiar a la Unión Soviética incluido), la sobreprotección de la idishe mame, la resistencia a sacar a la luz su primer corto El ciclo (1963), su encuentro con Henri Langlois, su veraneo en la playa en 1975 junto a Jorge Denti, Eduardo Galeano y sus respectivos hijos. Cartas y apuntes de rodaje son algunos de los materiales de los que se valen Sapire y Sabat para llevar a cabo la tarea de armar este rompecabezas.
Algunas zonas del libro son especialmente fértiles para la discusión. Por ejemplo, ante el razonable cuestionamiento del final de La tierra quema (1964) por parte del presidente de un festival de cine en Viña del Mar, Gleyzer se defendía diciendo “No han premiado un panfleto, y si lo llegara a ser bienvenida sería la noticia, ya que panfleto es propaganda y ella ha llegado, impactando”. En un reportaje de Peter Schumann, Gleyzer critica sin miramientos a sus pares Octavio Getino y Jorge Cedrón, y define a Perón como “el jefe de los bandidos”. Del mismo modo, inquieta leer comunicados del ERP después del último golpe militar incitando “Argentinos ¡a las armas!”.
Compañero Raymundo permite también adentrarse en los hechos de la realidad latinoamericana que llevaron a la necesidad de un cine testimonial o de denuncia no intelectualizado, evidente en la conmovedora experiencia de Gleyzer por el interior de Brasil, así como también en sus juicios peyorativos hacia Torre Nilsson, The players vs ángeles caídos (1969, dir. Alberto Fischerman) y hasta con La Chinoise (1967, dir. Jean-Luc Godard). El trabajo excede, de todos modos, las particularidades de la militancia de grupos como el Cine de la Base, detallándose la experiencia del programa sobre Malvinas para Telenoche y el proceso de gestación de Los traidores, incluyendo la progresiva amistad de Raymundo con su productor (y protector) Bill Susman. Desde Hugo del Carril y José Martínez Suárez hasta Isabel Sarli aparecen mencionados, como parte de jugosas anécdotas, a lo largo de la publicación.
Con 4 dvd con toda la producción audiovisual existente de/sobre Gleyzer –salvo, como se señaló, su primer corto–, un diseño de presentación impecable y un escrupuloso trabajo de redacción (que apenas abusa un poco de los signos de exclamación), el libro de Sapire-Sabat es un documento histórico de suma importancia, que desenvuelve su cúmulo de señalamientos y curiosidades en medio de entrañables evocaciones. Vale la pena buscarlo y consultarlo, en universidades y bibliotecas.

Por Fernando G. Varea

En Rosario, el libro puede consultarse en el Museo de la Memoria y el Centro Audiovisual Rosario

Nuevas historias y miradas en el espacio santafesino

Una de las primeras iniciativas de Espacio Cine, siete años atrás, fue convocar a los ganadores del Concurso de Proyectos de Producción y Realización Audiovisual (organizado por la Secretaría de Producciones e Industrias Culturales de la pcia. de Santa Fe, dependiente del Ministerio de Innovación y Cultura), para conocerlos y compartir sus inquietudes. Una vez terminados y lanzados al ruedo, algunos de aquéllos trabajos (Los labiosLos teleféricos, Guía de Rosario misteriosa, El gran río, 8:05, Punto QomLos nueve puntos de mi padreLa infinita distanciaSustancias elementales y otros) consiguieron repercusión y premios. Puede decirse que la difusión de esas producciones (que, de alguna manera, terminaron siendo referentes de la calidad de la producción audiovisual santafesina) comenzó con aquella encuesta, extendiéndose después a otros medios. Este año repetimos la experiencia, invitando a los responsables de los proyectos del área audiovisual seleccionados en la 9ª edición de la Convocatoria Espacio Santafesino para que anticipen algunas características de sus obras en preparación. Vale la pena poner atención en los nombres y datos que se despliegan a continuación: de estos cortos, series y películas se hablará mucho, seguramente, en los próximos meses, a medida que vayan concretándose y revelándose en diversas pantallas.
Preguntas:
1) ¿De qué se trata tu proyecto?
2) ¿Cuáles son tus expectativas?

PATRICIO CARROGGIO
(Categoría Largometraje en Producción, Proyecto de ficción Siempre es tarde)
1- Gustavo Maffei y Eugenia Solana son amigos de hace muchos años. A pesar de eso nunca habían actuado juntos y tenían ganas. Me convocaron para filmar algo con ellos. Lo que podía haber terminado como un corto se volvió mas grande y de una forma natural se ha convertido en un largometraje. La historia se está construyendo a medida que avanzamos. Así que en cualquier momento puede tener un giro inesperado. Es una película de ideas sencillas que plantea situaciones sin profundizar demasiado en ellas. Tampoco resuelve ni cierra las tramas. Un fresco de la vida de dos amigos. Un fragmento de lo que podría ser una historia mas grande.
2- Estamos en un momento en que las ventajas de proyectar tu película en internet ya pasaron. Ahora hay un magma infinito de contenidos vara ver en la red donde una película sencilla desaparece como gota en el mar. El reto es poder acceder a pantallas grandes que sean apreciadas por el público. Hace ya muchos años que estas pantallas han quedado concentradas exclusivamente en los festivales de cine y uno o dos cines por ciudad grande. Es una forma de distribución elitista, que excluye a producciones que están fuera del gusto de los programadores. Entonces para ver algunas películas, o tomás un avión a la República Checa para asistir al festival que la ha programado, o no las podés ver nunca más, ni siquiera piratearlas por internet porque nadie tuvo oportunidad de subirlas. Se mantiene de cierta forma esa quimera romántica que había antes por ir a ver una película que te interesaba, aunque después te llevaras una decepción enorme porque era un bodrio y tuviste que ir a no sé donde a verla. No soy muy romántico. Una forma que me parece muy interesante es lograr generar un público como hacen las bandas de música. Pero con el paradigma habitual de tres años para mostrar una película es complicado lograrlo.
http://www.patriciocarroggio.com/

LEONARDO DAVICINO
(Categoría Documental digital, proyecto El niño de la nube)
1) El niño de la nube es un proyecto documental que aborda la vida y el pensamiento del pedagogo uruguayo Jesualdo Sosa, inspirado en su libro Vida de un maestro, en el que narra las vivencias del año escolar en una humilde escuela rural de Canteras del Riachuelo en los años 30. Lo interesante de este personaje es que abordó la educación siendo detractor del sistema educativo clásico, extrayendo de cada niño su expresión creadora y enseñándoles fuera del aula. Jesualdo optó por una escuela que funcionara como espacio político, cultural, recreativo, y un hogar para el niño. Sus alumnos eran provenientes de familias de inmigrantes de variadas nacionalidades, sumergidos en una profunda miseria económica, sin embargo la lucha llevada a cabo por Jesualdo demostró que, desde una escuela que escapara a la tradicional, se podía extraer la expresión creadora de cada alumno. Los poemas y las acuarelas de esos niños acompañaron los seminarios que Jesualdo dio por el mundo, una vez que tuvo que exiliarse de Uruguay y sus libros fueran prohibidos. Este documental tendrá un fuerte arraigo estético basado en los dibujos de aquellos niños, donde se planteará una narrativa de animación y recreación, marcando una delgada línea entre lo documental y la ficción.
2) Las expectativas con este proyecto, que ya se viene trabajando y moldeando hace dos años, es la que todo cineasta tiene: que pueda concretarse y plasmarse en pantalla para ser visto por la mayor cantidad de espectadores posibles. Al ser un documental con una temática educativa, pensamos en la posibilidad que pueda ser visto en los distintos ámbitos de las instituciones educativas y ser un material que sirva a alumnos y docentes, pero no recaer sólo en ese espacio. Al tener una impronta poética desde su narrativa estética y escapar al típico documental de entrevistas, creemos que puede tener otro tipo de receptividad en el público en general, no viéndolo como un material didáctico sino como un producto artístico. Creo que como realizador uno no debe dar mensajes digeridos al público con sus producciones, sino generar preguntas. Se trata de que el espectador pueda generar un diálogo interno con el film.

DIEGO FIDALGO
(Categoría Documental digital, , Proyecto Fotosíntesis
1) Fotosíntesis es un documental de observación que sigue los pasos de Matías Sarlo, un fotógrafo de la región que viene desarrollando un registro de la mutación y pérdida de la cultura rural. En el 2012 realizamos la primera jornada de rodaje juntos, en su pueblo, durante una cosecha de soja, y de allí para acá venimos registrando regularmente distintos eventos relacionados a su obra. Matías aborda desde una mirada lateral el problema del extractivismo y la sojización, a través de la denuncia y de la poesía que quedan atrapadas en sus fotografías: la migración interna, la pérdida de trabajos; la excesiva acumulación de riquezas; el abandono de prácticas rurales; la desaparición de los lugares de encuentro en los pueblos; los lazos cortados entre generaciones. Matías trabaja un tema y arma series de 10 fotografías y sigue adelante con otra serie. Se propuso hacer este registro de la cultura rural durante 10 años, arrancó en el 2009. El disparador de este trabajo fue el darse cuenta que cada vez que volvía a su pueblo (Rafael Obligado) se daba cuenta que los lugares de encuentro iban desapareciendo: el club, la escuela, la biblioteca, la cancha de fútbol… Fueron cambios paulatinos, no fue de golpe.
2) Creo haber podido capturar el espíritu que mueve la obra de Matías, que intenta rescatar lo esencial, lo que realmente es importante, los lazos afectivos entre las personas, esos que perduran sobre lo material, la confianza en el otro; todo eso que el capitalismo encarnado en el extractivismo salvaje se ha encargado de destruir e intenta desterrar. Finalmente, Matías está empezando una nueva serie que aborda el tema de las migraciones inversas, es decir, los que abandonan las ciudades para irse a vivir al campo, lo cual dista de la realidad idílica setentosa, hoy en el campo te fumigan sobre tu cabeza y tenés que ir a poner el cuerpo a todas las adversidades que eso implica.
http://oximoroncine.blogspot.com.ar/

PABLO RODRÍGUEZ JÁUREGUI
(Categoría Cortometraje de animación, Proyecto Mi bisabuelo es un vampiro)
1) Se trata de un corto de 15 minutos en la técnica de dibujo animado tradicional dirigido a chicos de entre 6 y 10 años, pero también de interés general. Dos hermanos mellizos de 10 años visitan la oscura mansión de su bisabuelo por su cumpleaños 122. El bisabuelo es un tipo raro que nunca sale de día, y de noche sólo sale para ir al cine a ver películas de terror. Siguiendo la historia del bisabuelo, que nació el mismo año que el cine llegó por primera vez a la ciudad de Santa Fe, se contará la cronología de las proyecciones de películas allí, desde los cines al aire libre, en bares y hoteles, a la construcción de las salas que, en su mejor momento, llegaron a ser 22 en los años 60. Más luego, a partir de la llegada de la TV a Santa Fe, la progresiva desaparición de las grandes salas, migrando el consumo de películas a nuevos formatos de pantallas. En el fondo Mi bisabuelo es un vampiro trata sobre la relación que tenemos los cinéfilos con las películas y con las salas de cine y sobre el deseo de ir al cine.
2) El proyecto está pensado como un disparador para conversar con los chicos de esta década sobre cómo era la experiencia colectiva de ir regularmente a cines llenos y ruidosos distribuidos en todos los barrios. Invitarlos a buscar los edificios que quedan en pie de las antiguas salas y preguntarle a sus mayores cómo era su relación con las películas.

ESTEFANÍA CLOTTI
(Categoría Cortometraje de animación, Proyecto Juan Cambiante)
1) Mi película es un cortometraje animado que cuenta la historia de un grupo de personajes que tiene distintas cualidades físicas, el personaje principal cambia de aspecto constantemente. Estos personajes trabajan en una fábrica donde estas cualidades son transformadas en defectos a partir del trabajo que les es asignado. A partir de una ola de despidos deciden tomar la fábrica y reorganizar las tareas, pudiendo hacer valer esas cualidades como virtudes. El proyecto se caracteriza por ser una animación 2D tradicional coloreada con acrílico y acuarela. Representa mi línea de trabajo diario, mantiene mi línea personal.
2) Que lo vea muchísima gente, que circule y que guste.
http://estefaniaclotti.blogspot.com.ar/

ANDRÉS ALMASIO
(Categoría Serie web; Proyecto Verdadera verdad
1- Es una serie de animación, una especie de fábula filosófica delirante. La idea es combinar momentos reflexivos, cómicos y satíricos. Una trama que sorprende.
2- Mis expectativas se resumen en poder plasmar un grupo de ideas en un lenguaje audiovisual concreto y lograr identificación en las preguntas, más que en las respuestas, que plantea la serie.

SANDRA MARTÍNEZ / ARTURO MARINHO
(Categoría Serie web; Proyecto Los conversos
1) Narra las historias de cinco voluntarios talleristas y cinco internos participantes de los talleres, que desafiando la lógica carcelaria imperante en los contextos de privación de la libertad, se convierten mutuamente. Cada uno encuentra su espejo en el que viene del otro lado. En cada uno de los capítulos la frontera entre el adentro y el afuera se desvanece: alfabetización, fotografía, música, poesía, lectura. La serie web pone en escena un diálogo entre mundos opuestos que se transforman en complementarios: al final de los talleres ya nadie vuelve a ser el mismo.
2) Desde el inicio mismo de la investigación, hace un año y medio atrás, la motivación ha sido visibilizar lo que consideramos un acontecimiento, esta particularidad universal con potencial de ser válida para muchos. La posibilidad de filmar este proyecto, que nos otorga la instancia de Industrias Culturales de Santa Fe, es definitoria y definitiva para lograr ese objetivo.

ELAD ABRAHAM
(Categoría Desarrollo de Proyectos de Largometraje; Proyecto Bajar, subir, bajar)
Es el relato de mi vida. De cómo nací en medio de la guerra del Líbano durante el exilio de mis viejos en Israel, que volvieron a Argentina con la democracia. De cómo me crié en Rosario y recibí formación sionista hasta que en el 2001, con los exilios económicos masivos, me volví a Israel. De cómo estando allá, luego de un año y medio, me echaron del ejército por presunta locura. De cómo volví a Rosario y empecé a desarmar los mecanismos de manipulación que hace el estado de Israel para ocultar un genocidio tan grosero que las comparaciones históricas nos obligan a preguntarnos ¿cómo puede ser que no aprendimos de nuestra propia experiencia en la Shoá? ¿cómo podemos hacer impunemente una limpieza étnica en Palestina?… La particularidad de este proyecto es que, si bien la trama gira en torno a la evolución histórica de un personaje, no está contado únicamente con recursos narrativos típicos de los documentales de denuncia. Podríamos pensar que el término que más se acerca a nuestra propuesta es el de ensayo audiovisual, que conjuga la reflexión teórica con la mirada poética y subjetiva del autor. El tema es muy complejo y áspero cómo para pensarlo únicamente desde verdades absolutas, o discursos polarizantes. Creo que funciona mejor generar preguntas y dudas, que certezas que sólo les reafirman las posturas a quienes ya han tomado partido. Esta perspectiva subjetiva le permite al espectador surfear el drama con el personaje y hacerse un abanico de preguntas cercano o inspirado por este sujeto que elige dejar de ser judío para devenir simplemente humano. La búsqueda filosófica de fondo está en la construcción de una ética responsable, racional y sensible, pero no supersticiosa ni mística. Este film parte de la convicción de que no debemos tirar bajo la alfombra las preguntas incómodas para perpetuar el statu quo. Hay una injusticia desproporcionada que cada vez que alguien la denuncia es tildado de antisemita. Yo soy israelí de nacimiento, y argentino por opción; hago esta crítica con la esperanza de  que genere movimiento y colabore para transformar el estado de Apartheid (similar a lo que fue el régimen sudafricano) que hoy por hoy se vive en Palestina.
https://bajarsubirbajarfilm.com/

CRISTIAN CABRUJA
(Categoría Desarrollo de Proyectos de Largometraje; Proyecto El Diego y la Claudia)
1) Diego Armando Barrancosa, un niño de 12 años hijo de la crisis del 2001, es un apasionado por el fútbol. Sueña con ser el mejor jugador, ganar el campeonato del barrio y conquistar a Claudia, la chica de sus sueños. Le está yendo muy mal en los estudios debido a la reciente muerte de su padre. Si no pasa de año, su madre no lo dejará jugar más al fútbol; por eso lo manda a una maestra particular y eso empeora más las cosas. Comienza el campeonato y se entera que su ídolo máximo va a venir a entregar un premio el día de la final. ¿Llegará Diego a fin de año sin materias a rendir? ¿Podrá jugar la final del campeonato? ¿Vendrá Maradona a su club a entregarle un premio? ¿Logrará el amor de Claudia?
2) Filmarla. Estrenarla.

ARTURO CASTRO GODOY
 (Categoría Desarrollo de Proyectos de Largometraje; Proyecto Aire)
1- Aire es una película sobre el amor de una madre por su hijo, y sobre cuánto ese amor es capaz de impulsarla a enfrentarse contra cualquier cosa que se le ponga en frente.
2- Mis expectativas son poder completar la etapa de desarrollo de manera que podamos avanzar con el proyecto hasta lograr filmarlo en las mejores condiciones posibles.

FERNANDO ZINGERLING
(Categoría Cortometraje Regional, por la Región 3/Nodo Santa Fe, proyecto Días de verano)
1) Días de verano cuenta la historia de Agustina y Franco, dos primos que se reencuentran un fin de semana en una quinta de verano donde sus familias deciden vacacionar. La relación entre ambos adolescentes crece mientras los adultos parecen no notar nada extraño. La idea del proyecto es contar a través de distintas situaciones cotidianas cómo interactúan los personajes entre sí, en especial ambos primos que están atados a un contexto familiar. También resaltar, a través de una estética correcta, el clima de verano, la sensación de calor constante y el contexto en general en el que se encuentran sumergidos los personajes de la historia.
2) El hecho de haber ganado el concurso de Espacio Santafesino le brinda al proyecto una mayor solidez en todo sentido. La realización del mismo será una experiencia enriquecedora, teniendo en cuenta también que es el proyecto final con el cual me recibiré en la carrera que estudio actualmente en el Instituto Superior de Cine y Artes Audiovisuales de Santa Fe. Esto, más el hecho de trabajar con compañeros y gente cercana al proyecto, generará un clima agradable de trabajo y una motivación para concertarlo de la mejor manera posible. 

JUAN LINCH
(Categoría Cortometraje Regional por la Región 4/Nodo Rosario; Proyecto El cumpleaños de Mora)
1- Es un cortometraje fantástico. La historia transcurre en la casa de Mora, el día de su cumpleaños número 30. Antes de que lleguen sus amigos, recibe la visita de su tío Emilio, fallecido hace varios años. Aparece sin demasiadas explicaciones, lleno de tierra y con la garganta seca. Pasan el día juntos. Con los amigos de Mora, con Male que no confía en su psicóloga, con Manuel que no pudo entrar a la Unión Europea, con Diego que quiere ser mago.
2- Espero disfrutar del proceso. Que el corto se difunda mucho y bien.

JERÓNIMO MARROQUÍN 
(Categoría Cortometraje Regional por la Región 4/Nodo Rosario; Proyecto La desaparición)
1) Es un proyecto audiovisual de ficción de suspenso, del género fantástico. De época: final de la campaña del desierto, principio de la colonización, al sur de Santa Fe. Año 1882. Inicio de la colonia Fuerte Verde. Encuentran a un aborigen desmayado en una carreta. Javier Mendizábal, juez de paz del lugar, ordena que lo aten a un árbol. El acontecimiento empieza a ser público y no tarda en generar paranoia y miedo.  Javier teme por la integridad de su colonia y ordena darlo de baja. Le pegan un tiro en la cabeza y lo arrojan en la llanura pampeana envuelto en una tela. Tiempo después, el día de la inauguración del refugio religioso, la colonia empieza a vivir hechos extraños: Mendizábal tiene una terrible pesadilla, el agua del aljibe está ensangrentada, un hombre aparece colgado en un árbol, Ana (su ama de llaves) pierde su embarazo. Mendizábal tratará de proteger a su colonia de esta maldición y del espectro, comprendiendo que debe darle sepultura al cuerpo del aborigen y que cargará para siempre con el peso de su propia cruz. Lo más cruel es saber que nunca más me sentiré cercano a nada, todo será ajeno, perdido, amargo. Solo y olvidado, le dice al espectro.
2) Esta idea surgió de un documento histórico haciendo revisionismo local: un colono de Venado Tuerto relata la aparición de un aborigen al inicio de la colonia, su intento de domesticación frustrada y su posterior asesinato. A raíz de esto, y puntualizando algunos hechos históricos que fueron sucediendo por esos tiempos, fui dándole forma al guión. Somos un equipo sólido en todas las áreas y sabemos el esfuerzo y la dedicación que nos demanda la realización de un cortometraje de estas características. La historia de las colonias en esta zona tienen características muy similares: un pasado con el peso del genocidio a los pueblos originarios, terratenientes ambiciosos con grandes expectativas alineados al poder político de turno moviendo los hilos con intereses de capital extranjeros, y los inmigrantes exiliados con la ilusión de un futuro próspero. Será un buen material para las instituciones educativas y un encuentro con nuevas preguntas para arrojarle a nuestra historia.

Por Fernando Varea

También fueron invitados a participar de esta encuesta FERNANDO MARTÍN MOLINAS e IGNACIO ESBORRAZ, ambos ganadores en la categoría Cortometraje Regional por las regiones 1/Nodo Reconquista y 2/Nodo Rafaela, proyectos Vorágine y El habitante del silencio respectivamente. Cabe destacar que entre los estímulos de Espacio Santafesino 2016 hubo menciones también para los proyectos Sesentaycinco Setentaycinco de Alejandro David (Documental digital), La dimensión descocada de Juan Pablo González (Serie Web), El viajante de Gastón Del Porto (Desarrollo de proyectos de Largometraje) y Libertad 121 de Javier Rossanigo (Cortometraje Regional).

Las imágenes corresponden a los rodajes de Fotosíntesis, Bajar, subir, bajar  y Días de verano

Juan Villegas: “Filmo pensando qué me pide cada película”

Juan Villegas (1971, Buenos Aires) estudió en la Universidad del Cine, donde actualmente da clases, es guionista, productor y realizador. Su primer largometraje fue Sábado (2001, sobre guión propio) , al que siguieron Los suicidas (2005, basado en la novela homónima de Antonio Di Benedetto) y Ocio (2010, codirigido con Alejandro Lingenti, sobre novela de Fabián Casas). También ha ejercido la crítica en distintos medios (El Amante, Revista de cine). Sus dos últimos trabajos son documentales y formaron parte de la programación del reciente BAFICIVictoria (2015), espontáneo registro de la vida cotidiana y ensayos de la cantante independiente Victoria Morán, y Adán Buenosayres – La película (2015), producido por Canal Encuentro, INCAA TV y TV Pública, breve pero delicado sondeo por la novela de Leopoldo Marechal, en la que se alternan entrevistas, reflexiones personales, detalles de un guión que Manuel Antín intentó filmar en los años ’70 y recreaciones con actores de ciertos fragmentos del libro. De paso por Rosario –ciudad que suele visitar por razones familiares–, para presentar una función especial de estos dos documentales en cine El Cairo, se mostró muy dispuesto a charlar con Espacio Cine.
– Entre los realizadores de tu generación no suele haber mucho interés en hacer cine partiendo de textos previos. ¿Por qué te gusta a vos?
Tal vez haya una necesidad de tomar un discurso previo, del que el cine se apropia. Además me gusta leer y, si supiera hacerlo bien, me gustaría ser escritor. No me parece que hacer cine y escribir sean cosas tan distintas. Una vez se lo escuché decir a Mariano Llinás –que posiblemente se lo escuchó a Godard–, que el cine es la literatura del siglo XX. Me gusta esa idea. Por eso nunca sentí como un problema la cuestión de convertir un lenguaje en otro, me resulta natural esa transposición. En mi caso, el deseo de ser escritor es una especie de fantasía previa a la de hacer películas. Encontré en el cine un medio para escribir películas filmándolas, una cosa así. Es una tendencia de la que quería empezar a escapar: en Victoria la literatura ya no existe, está hecha a partir de la música.
– De todos modos, allí se analizan y discuten las letras de las canciones. Hay también un interés por lo escrito.
– Es verdad. Lo primero que me interesó de Victoria antes de hacer la película, cuando la escuché por primera vez en un recital, aparte de que es una cantante extraordinaria, fue su repertorio. Las canciones que elegía cantar eran las que a mí me gustaba escuchar. Eso me impresionó mucho y se lo dije. Después, durante el trabajo de montaje, fui eligiendo qué canciones dejar. Algunas funcionaban muy bien en determinados momentos de la película. Ella está cantando todo el tiempo, entonces había un repertorio amplísimo. De todas formas, ahora que lo pienso, con las canciones puede ser similar a algo que pasa con el cine: es el texto en un contexto concreto. No sé si te pasa a vos, pero cuando yo leo la letra de una canción se produce una desilusión muy fuerte. Parece mucho menos interesante que cuando se la escucha.
– Aunque no partía de un texto previo, Sábado tenía también algo literario. Sus diálogos no son costumbristas.
– No son costumbristas pero para mí era importante que suenen naturales, tenía que sentir que eso era fluido, creíble, verosímil. No era repetir artificialmente un texto, como podría parecer. Hubo mucho trabajo para llegar a eso.
– Algo similar puede decirse que ocurre en los momentos de ficción de Adán Buenosayres.
– Es cierto, porque de alguna manera también son textos no naturalistas. En general, tiendo a buscar eso. Recuerdo que cuando escribí Sábado no surgió esa idea de cierto artificio del lenguaje, sino de pensar qué dirían los personajes en esas situaciones y después llevarlo más allá. Generalmente, en las películas se llega a una especie de costumbrismo-naturalismo a partir de una simplificación. Los diálogos de la realidad suelen ser más complejos e intrincados. Por ejemplo, en una película cuando dos personas se despiden dicen Chau y se van, mientras que en la realidad se despiden varias veces, se saludan y vuelven a saludar, se acuerdan de algo que se tenían que decir… Quería llevar eso un poco al extremo, para generar cierto efecto cómico y hasta incómodo.
– ¿Cómo fue tu experiencia con los autores de los textos sobre los que trabajaste?
– Adapté textos de dos escritores fallecidos, así que mi experiencia fue con las hijas. Con la hija de Di Benedetto casi no tuve trato, ella vivía en México y fue bastante rápido el acuerdo por mail, ni siquiera estaba interesada en leer el guión. Se complicó un poco porque fue antes de la devaluación del 2001 y después fue difícil pagar, tuvimos que ajustarnos y adaptarla un poco a las circunstancias. En el caso de Ocio, nace de Ale Lingenti, él me invita a sumarme al proyecto, es muy amigo de Fabián Casas. Filmamos incluso en la casa donde vive el padre, fue muy generoso con nosotros y quedó contento porque la película no se parecía mucho a la novela.
– El caso de Marechal queda un poco plasmado en la película.
– A diferencia de Di Benedetto, las hijas tienen una fundación y hacen una acción permanente de reivindicación de la obra de su padre. Estaban contentas con que se hiciera un documental y me ayudaron a contactar entrevistados y a dar información, sobre todo María de los Ángeles, que es la que más se ocupa. Coincidíamos mucho en querer escapar del mito del Marechal prohibido y olvidado, vinculado con la resistencia peronista. Aunque es cierto que eso existió, el recorrido de Marechal es mucho más complejo. Por otra parte, esa recurrencia en convertirlo en una víctima del antiperonismo no permitió que se lo reconozca como escritor en toda su complejidad. La película intenta eso y a ella le interesó.
– Es curioso que ningún realizador peronista se haya interesado en Marechal y sí, en cambio, Manuel Antín.
– A mí me pareció interesante que un director no asociado al peronismo sea el que más se obsesionó en querer adaptar una novela de Marechal. Se vincula con lo que dice Martín Prieto en la entrevista inicial, de que era un escritor difícil de encasillar, tanto dentro del peronismo como del antiperonismo. El problema no es sólo que lo ignoraron los antiperonistas sino que no supieron leerlo los propios peronistas. Que Manuel haya querido adaptarlo no me parece casual, para nada.
– Antín parece más interesado en el valor literario de Adán Buenosayres que en la figura de Marechal. 
– Sí, pero no sólo eso. Habla de Marechal como un patriota. Le encuentra un valor político a la novela y a su obra, y no siente como un conflicto el hecho de que el autor sea peronista, a pesar de que él no lo es. Le pregunté una vez si hablaban con Marechal del peronismo y me dijo que no. Pero sí siente una identificación con él respecto al destino del país, que no había alcanzado las alturas que merecía, veía una crisis espiritual que lo hacía sufrir. Compartían eso sin coincidir en lo partidario. Me parece que es un problema cuando la reivindicación política, en éste o en cualquier caso, se hace desde lo partidario y no desde lo político. Son dos cosas distintas, que en Argentina se están confundiendo mucho desde hace tiempo.
– A propósito de cuando Antín dice de Marechal que era un patriota, pensaba cuánta fuerza puede tener una palabra en una película como la tuya que, aunque esté hecha para TV, tiene un ritmo y un clima reflexivo particular, digamos cinematográfico.
– Es verdad. A mí la idea de patria y de lo nacional siempre me hace un poco de ruido, por ejemplo me gusta decir cine argentino y no cine nacional. Estoy en contra de cualquier idea de nacionalismo. Cuando Manuel, en el contexto de la película, desarrolla la idea, se entiende un poco más. Por eso me interesó incluir el texto que abre y cierra, el mismo que abre la novela y cierra la parte más narrativa de la misma, antes de esa especie de viaje a los infiernos, textos bastante poéticos en los que hay un despertar de la ciudad y el deseo de un país mejor, de un mundo mejor. Desde una posición poética hay como un manifiesto político en esos textos. Se los hice leer a Manuel porque coinciden con el sentido que le da al concepto de patriota: alguien que pensaba el país. Me gusta de Manuel, además, que al hablar con él te hace sentir muy cómodo, como si fueras un par suyo, y a la vez, cuando empieza a contar anécdotas, menciona gente de un pasado muy lejano como contemporáneos. Eso es muy fuerte: te hace sentir contemporáneo de esa gente. Si algo tienen en común Victoria y Adán Buenosayres es lo que me comentó un crítico amigo, Juan Francisco Gacitúa: en ambas hay una especie de rescate de una cultura porteña antigua, sin nostalgia. De alguna manera es la cultura que todavía habitamos, medio perdida u olvidada.
– De todos modos, son diferentes. En Adán Buenosayres intervenís directamente y compartís el proceso de la película, mientras en Victoria no. En ésta hay muchos primeros planos y la cámara sigue todo el tiempo a la cantante, en la otra el ritmo es más sereno, con planos más elaborados. Otros tal vez hubieran hecho los dos documentales de la misma manera.
– A mí me interesa probar distintas cosas. No sé si es bueno para un director, ya que hay una tendencia a encasillar, pero es lo que más disfruto. Seguramente si alguien se pone a mirar mis películas puede encontrar puntos en común, pero son todas distintas. Pienso qué pide cada película. Las entrevistas de Adán Buenosayres me interesaba contarlas así: fue una discusión permanente con los canales de TV que la financian, que querían más ritmo. Pero yo las filmé y las edité con un tiempo no muy distinto al que le daría a una conversación entre dos personajes. Me parece gratuito cortar de un personaje a otro simplemente para tener un plano nuevo, cuando ese plano no me va a decir nada más. Me gustaba filmarlas, más que como entrevistas, como registros de conversaciones.
– En las escenas de ficción de Adán Buenosayres los actores, los lugares, la iluminación, logran captar muy bien algo de la esencia de ese libro enorme (en todo sentido).
– Me alegro, porque era un desafío importante. Algunos espectadores durante el BAFICI, lectores de Adán Buenosyares de hace muchos años, se habían imaginado para esos personajes otro tipo de actores, más grandes. De hecho, Antín cuenta que había pensado en Alfredo Alcón y Pepe Soriano, que a mediados de los ’70 ya no eran chicos de veinte años. Pero en la novela Adán y Samuel tienen veintipico, son unos muchachos bohemios que salen a la aventura de la noche, sueñan con escribir sus libros, usan un lenguaje tal vez más engolado de lo necesario y ya se creen poetas, a pesar de que viven en una pensión y están empezando sus aventuras amorosas y literarias. Me gustaba rescatar eso porque es lo que me generó empatía cuando era muy chico y leí la novela por primera vez. Creo que la adaptación de Manuel iba un poco hacia otro lado. Yo sentí que estaba siendo más honesto trasladando esos personajes al presente, para poder comprenderlos. Ahí hay un cruce con el texto que parece de otra época aunque, en realidad, no sabemos de qué época es. La novela está escrita en los ’40 y recuerda hechos de la del ’20. En algún punto traté de ser fiel a ese artificio.
– ¿Por qué como crítico no tenés problemas en participar en debates y polémicas (en revistas de cine, en las redes sociales) y con tu cine preferís mantenerte al margen de temas controvertidos?
– Adán Buenosayres pensé que podía traer alguna polémica desde lo político, pero ni siquiera molestó. Respecto a lo que decís (piensa)… Me interesa la discusión sobre el cine y sobre el país. En algún momento tuve una participación concreta en una entidad de directores a la que sigo perteneciendo aunque ya alejado de la conducción, y desde ese lugar también he tenido discusiones, dentro del INCAA o con otras entidades. Siento que hay mucha gente que se cuida demasiado en decir lo que piensa, un poco cobardemente, aunque suene duro. Gente que dice cosas en una mesa de café pero no se anima a decirlas públicamente, eso me molesta. Y como me molesta en los demás, trato de no hacerlo. Sé que hay cosas que no se pueden o no se deben decir públicamente, pero hay demasiado miedo a decir lo que uno piensa. Me gusta la gente que dice lo que piensa y discutir con ellos, me interesa más esa gente que los que se callan. La idea de hacer Revista de cine tiene que ver con eso, con crear un espacio más donde decir lo que se piensa sobre cine, con pasión y con ideas. Aunque hay excepciones, es algo que falta. Muchas veces pensé en trasladar eso a mi cine. Lo he hablado alguna vez con mis alumnos en clase, y es un tema que han tratado Roger Koza y Nicolás Prividera: la ausencia de la realidad política en los últimos 15 años del cine argentino. En un ambiente cultural como el de los que hacemos cine, en el que se habla tanto de política, esas discusiones no aparecen. No tiene que ver con lo partidario, sino con esas películas que parecen filmadas en otra ciudad, es muy impresionante eso… En mi caso, si no lo hago no es por miedo a exponerme, porque me expongo desde otro lugar. Tal vez sea un prejuicio, de sentir que la creación artística pura tiene que estar alejada de la discusión política. Sin querer compararme, obviamente, pienso en Borges: es mentira que no haya tenido una participación política en toda su vida (incluso las que más se conocen son las peores, como sus últimas entrevistas), tiene una historia muy grande de activismo político, de escribir manifiestos antifascistas en los ’30 y ’40. Uno pone en las películas el mundo que le interesa, el problema es que a mí me gustaría hacer tres por año: si hiciera más, eso seguramente aparecería. En un documental que estoy preparando puede aparecer un tipo de discusión más política, pero vinculado al cine. La ficción que estoy armando no, es un proyecto muy personal en la que no podría aparecer. Ahí es donde no termino de entender la postura de Prividera cuando dice que toda película que deja afuera la realidad política del país es fallida o no es valorable, como si estuviera hecha fuera de la Historia. La realidad puede ser un rostro, una calle. Cualquier intervención artística tiene un costado político.

Por Fernando G. Varea

El desafío de documentar

LA ARQUITECTURA DEL CRIMEN
(2016; dir. Federico Actis)
EL PERRO DE ITUZAINGO
(2016; dir. Patricio Carroggio)

Registrar con la cámara, y con mirada propia, historias semiescondidas, escrutando sitios y rostros, examinando sucesos trágicos o amables. Tarea nada fácil, si lo que se busca es explotar las posibilidades que tiene el cine para pulir ese diamante en bruto que es la realidad que nos rodea. La producción audiovisual rosarina viene intentándolo con resultados satisfactorios, en los últimos años, de la mano de Mario Piazza, Rubén Plataneo, Diego Fidalgo, Arturo Marinho, Pablo Romano, Francisco Matiozzi Molinas, Juan Diego Kantor, Fernando Herrera y otros.
Federico Actis (Rosario, 1981) y Patricio Carroggio (1979, Barcelona, España, afincado en Rosario desde hace casi una década) sumaron este año dos nuevos documentales. No es que Actis y Carroggio le escapen a la ficción: el primero se mostró ingenioso y meticuloso en cortos como El otro (2003) y Shhh!! (2007), o en Los teleféricos (parte de Historias breves 6); el segundo, a su vez, ganó algunos premios con Sábado hawaiano (2010) y French y Beruti (2011), trabajos poco solemnes y ligeramente excéntricos. Esta vez, sin embargo, enfrentaron el desafío de documentar.
En La arquitectura del crimen, Actis recorre el edificio de la Jefatura de Policía (hoy Centro Cívico) en busca de pliegues y recuerdos. Con una voz en off que –sin excederse– aporta datos de manera didáctica, desplegando planos del lugar (cuyas formas pueden mutar gracias a ocasionales toques animados), recogiendo testimonios y rastreando huellas en esas paredes y rincones que encierran tantas experiencias dolorosas, transita momentos de la historia del último siglo en Rosario de manera provechosamente abarcadora, como pocos films locales lo han hecho. Comienza de manera inquietante, con material de archivo en el que el militar santafesino Omar Graffigna –miembro de la segunda Junta Militar de Gobierno durante la última dictadura– justifica sus planes, animado por un conocido periodista rosarino, movilero de Canal 3 durante décadas. Hay varios momentos como ese, en los que La arquitectura del crimen crece en tensión e interés, con un pico en el perturbador capítulo destinado al Jefe de la Policía de Santa Fe durante el terrorismo de Estado, Agustín Feced.
Las imágenes que recuerdan el secuestro del gerente del frigorífico Swift por parte de miembros del Ejército Revolucionario del Pueblo, solicitando para su liberación frazadas y comida para los obreros, refrescan la intensidad de los años ’70. Los comentarios de arquitectos y estudiosos ayudan a conocer los cambios a los que fue sometido el inmueble. La información sobre los distintos intendentes y las declaraciones de un antiguo policía, una vecina o los trabajadores encargados de una de las tantas remodelaciones, sugieren distintos grados de indiferencia, sorpresa, complicidad o cobardía. La secuencia en la que ex detenidos deben derribar una pared de la ex Jefatura, finalmente, permite una descarga de emoción.
Algunos testimonios son más interesantes o concisos que otros (seguramente hay más vecinos o ciudadanos rosarinos que atesoran anécdotas en torno al lugar en cuestión), pero lo que La arquitectura del crimen exhibe, a lo largo de dos horas, resulta sustancioso. Producida por Ricardo Robins, Vanina Cánepa y Gabriel Zuzeck, con la producción general de Cecilia Vallina (directora de Industrias Culturales del Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe), es el resultado de un laborioso y paciente trabajo de búsqueda, selección y disposición de materiales, afortunadamente sin subrayados oficialistas, que encuentra sus méritos mayores en el hecho de sacar a la luz archivos eludidos por los canales de TV, así como las reflexiones que estimula deteniéndose en desteñidas marcas en el tiempo, con la ayuda de la expresiva, apropiadísima música de Alexis Perepelycia.
Aunque lo que propone el film de Carroggio es distinto, tiene algo en común con el de Actis: el director se hace a un lado, no es protagonista él sino su mirada. El perro de Ituzaingo –exhibida en la sección Panorama del último BAFICI– indaga en la forma de trabajo de Raúl Perrone, director que probablemente haya cobrado notoriedad más por su individualismo e independencia (con más de treinta cortos, medio y largometrajes rodados únicamente en la ciudad bonaerense del título, de forma casi artesanal junto a amigos o alumnos) que por su obra en sí (que va desde los distendidas viñetas juveniles de Labios de churrasco o Graciadió hasta las más recientes y estilizadas P3nd3jo5 Favula). Valiosa por ocuparse de un realizador poco afecto a la exposición pública, El perro de Utuzaingo resulta una suerte de backstage de uno de los últimos films de Perrone, con la personalidad del director asomando sin vueltas. “Odio la plata, a los que tienen plata, los que buscan la plata y los que pelean por la plata” dice en un momento este auténtico personaje del cine vernáculo, quien, cuando se lo ve con polera y sombrero, recuerda físicamente al Pino Solanas de los ’80.
El film va al grano: con un movimiento descriptivo de la cámara nos ubica en el lugar de trabajo de Perrone, regado de estampitas religiosas, fotos de rock stars y papeles. En seguida lo vemos en plena actividad, junto a un reducido equipo con el que intercambia bromas y discusiones. Sólo en contadas ocasiones el documental sale de ese espacio, y cuando lo hace es para agregar apuntes sobre el mismo tema. La visión positiva que los jóvenes actores tienen de RP afloja la tensión que sobrevuela en algunos ensayos o al dispararse una que otra broma sobradora. “Me siento un dibujito animado suyo” dice en un momento la joven actriz que lo trata de usted, siendo inevitable recordar la larga trayectoria de Perrone como ilustrador e historietista. Los breves toques musicales de Carlos Masinger y graciosos equívocos que se suceden durante el rodaje aligeran la presentación de esta seguidilla de esfuerzos.
Cuando eventualmente la cámara de Carroggio se desvía y se detiene en el brillo de alguna mirada, dejando fuera de campo lo que Perrone filma –por ejemplo al mostrar una nena que mira sorprendida la labor de los actores–, su film gana en comunicatividad. En cuanto a su objeto de estudio, debe reconocerse que logra exponer a Perrone sin condicionamientos, compartiendo el modo en que convierte a su quehacer en un juego, con apasionamiento y contradicciones, sencillez y libertad.

Por Fernando Varea

https://www.youtube.com/user/fgactis
http://www.patriciocarroggio.com/

Nadando en las aguas de la Historia

MURALES – EL PRINCIPIO DE LAS COSAS
(2016; dir: Francisco Matiozzi Molinas)

Alguien dice, al comienzo de esta película fragmentada de Francisco Matiozzi Molinas (Rosario, 1978), que los murales en paredes de la ciudad que algunos intentan cubrir son los únicos lugares en los que ciertas personas pueden ver a sus familiares desaparecidos: Murales demuestra –con empeño y sensibilidad– que también el cine puede hacerlos visibles, intuir sus vidas y componer algunas piezas para comprender el idealismo y las contradicciones de una época.
Estrenada en una de las secciones del último BAFICI, el film crece a medida que la búsqueda de su realizador-protagonista se complejiza, abriéndose a distintas revelaciones y confidencias. Si al principio puede desorientar un poco por su autorreferencialidad, de a poco va introduciendo afectuosamente al espectador en la historia de Francisco-tío y Francisco-sobrino. Viejas fotografías, consultas en una hemeroteca y recorridos por diferentes calles encuentran como banda sonora Los muchachos peronistas (en un antiguo audio o el ringtone de un celular), comunicaciones telefónicas y sencillas confesiones de entrecasa. En una de éstas, Francisco le reprocha cariñosamente a su madre la carga de llevar el nombre de su tío fallecido poco antes de que él naciera, recibiendo una respuesta que merecería ser analizada largamente.
FMM arma laboriosamente el rompecabezas familiar mientras debe atender contratiempos de su vida cotidiana –como encontrar un departamento para alquilar y mudarse– y, por distracción o deporte, se dedica a nadar. El agua lo lleva y lo trae, lo protege tal vez como un líquido amniótico, le permite avanzar con esfuerzo.
Viendo films como Murales –o (2007, Nicolás Prividera), con el que tiene algunos puntos en común–, uno se pregunta si el cine no termina cumpliendo, a veces, una función de la que deberían ocuparse, u ocuparse más, determinados funcionarios e instituciones. “Aquí está la historia de tus parientes” debería decirle la sociedad a Francisco, y no éste desplegar su película para comunicarnos a todos “Aquí está esa historia”. La ventaja, en todo caso, es que de este modo se la cuenta desde la mirada del que la vivió de cerca, con sus sentimientos y dudas a flor de piel. La manera con la que FMM elude los nombres propios a los que suele recurrirse cuando se aborda nuestra Historia, e incluso los escasos –aunque significativos– minutos que destina al juicio a los represores involucrados, dejan en claro que lo que más le importa es reflexionar sobre su familia y su pasado.
Averiguando, cotejando datos, distribuyendo los elementos a su alcance, intentando reconstruir lo perdido en la memoria, el joven realizador y su equipo logran un testimonio honesto, límpido, fértil. Con muy poco del repentismo y didactismo de un documental para TV (Matiozzi Molinas puede quedarse tranquilo) y un hermoso tramo final, que moviliza y conmueve.

Por Fernando G. Varea

http://avifilms.com.ar/