La lección de Ida

“La gran frustración: Ida fue más que Relatos salvajes”: así tituló en su tapa el diario La Nación el hecho de que Damián Szifrón haya vuelto de Hollywood con las manos vacías. Mientras tanto, aplicando ese hábito que tienen tantos de hablar abiertamente de lo que no saben, muchos periodistas se manifestaron indignados por el premio (“La película que ganó es un asco” twiteó el periodista deportivo Alejandro Fantino). Días antes de la competencia, una panelista de uno de los tantos programas televisivos destinados a arrojar palabras con sorna y opiniones sobre todo, defendía a Relatos salvajes diciendo que sólo se les podía ocurrir cuestionarla a “esos críticos que tienen un orgasmo cuando ven una película iraní en la que nadie habla”… Y bien: el Oscar no fue para una película iraní pero sí para una polaca, en blanco y negro, en la que se habla poco.
El hecho de que la Academia de Hollywood haya preferido el film de Pawlikowski (sobre el que hemos escrito, en su momento, aquí) antes que el de Szifrón (del que aquí ya opinábamos antes de su estreno comercial) deja, creo, una lección.
Es probable que la película polaca se acerque al tipo de cine extranjero más apreciado por Hollywood, al ocuparse de gente común atravesada –sin quererlo– por hechos de la Historia (como otras argentinas que fueron nominadas o ganadoras: Camila, La historia oficial y de alguna manera también El secreto de sus ojos). Sin embargo, su propuesta conceptual y estética está casi en las antípodas de Relatos salvajes y en eso vale la pena poner atención.
Se supone que el film de Szifrón tenía todo para ganar, o todo lo que muchos suponen que un film argentino debe tener para competir por la estatuilla dorada y otros premios: desde la incorporación de gente que ya participó de anteriores películas ganadoras o nominadas (Darín, Grandinetti, Santaolalla), hasta el personaje de una novia con su vestido blanco, tan apreciado en Hollywood (también había una –algo atípica- en la igualmente nominada El hijo de la novia), además de humor, persecuciones y buen despliegue de producción. En definitiva: que parezca hollywoodense, aunque con acento argentino (o porteño, habría que decir).
Imaginemos una película realizada en nuestro país en blanco y negro y formato 4:3, protagonizada por una joven actriz no profesional, sin escenas shockeantes (exponiendo un suicidio sin el menor golpe bajo, por ejemplo), con un final ambiguo y la atención puesta en el detalle, en la belleza triste de sus planos y sus encuadres algo sesgados, que pueda verse como un homenaje al buen cine argentino de los años ’60. Algo así como una mezcla del Pablo Trapero de Mundo grúa con Lucrecia Martel recreando al mejor Torre Nilsson. Una película así sería objeto de desdén, incluso de burlas, por parte de periodistas y público en general ¿A quién se le ocurriría enviar algo así a la competencia del Oscar? No faltarían quienes verían en ese hipotético film una pérdida de tiempo, un entretenimiento elitista innecesariamente solventado por el Estado. Y dirían, claro, que para triunfar en las grandes ligas se necesita algo como Relatos salvajes.
Por otra parte, el Oscar a Ida dejó en evidencia, una vez más, cierta intolerancia de los argentinos para admitir el fracaso (recordemos los actos vandálicos en la ciudad de Buenos Aires el año pasado cuando Argentina se quedó con las ganas de ser Campeón Mundial de Fútbol). Pocas cosas hablan mejor de una persona, o de una comunidad, que el saber reconocer los valores de su contrincante. El equipo del film argentino La tregua (1974, Sergio Renán) siempre ha declarado que fue un orgullo perder el Oscar a mejor film en idioma extranjero por Amarcord (Federico Fellini), y no recuerdo quejas de María Luisa Bemberg o Lita Stantic, directora y productora respectivamente de Camila (1983/84), por haberse quedado sin el premio por culpa de una película que pasó rápidamente al olvido (la suiza Juegos peligrosos, de Richard Dembo). Si bien Damián Szifrón y sus actores no se mostraron excesivamente exitistas, en algún punto Relatos salvajes pareció cebarse con la indiscutible respuesta del público y respetables halagos de críticos y realizadores nacionales y extranjeros (incluyendo Michael Moore y Joe Dante), contagiando de triunfalismo a espectadores y periodistas. Algo de su clima crispado, de la soberbia de sus personajes –que resolvían sus problemas con violencia o con dinero– acompañó la película durante su ruidoso recorrido hasta toparse, de golpe, con esta sorpresa.
Mientras tanto, por un camino alternativo y seguramente sin proponérselo, Ida llegó a ese destino ansiado por muchos, demostrando que un cine sutil, sereno y reflexivo puede llegar a gustar a más gente de lo que algunos suponen. Incluso en Hollywood.

Por Fernando Varea

The winners are… las biopics y la autocelebración

Algo queda claro tras ver las ocho películas nominadas este año al premio Oscar: la predilección de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood (y del público estadounidense) por las biopics tanto como por las historias que dejan al descubierto miedos y ambiciones en el mundo del espectáculo.
Es que, más que volver a indignarse por la dudosa calidad de lo que esta legendaria e influyente organización propone como lo mejor del año en materia de cine (ya habíamos expresado nuestras dudas sobre la importancia de los premios y recabado opiniones al respecto, en una nota que puede leerse aquí), parece más provechoso analizar brevemente lo que hay detrás de ese puñado de elegidas.
La mitad de ellas son biopics y confirman la predilección por este género, especie de resumen de la vida de una persona pública, que no sólo implica una sucesión de incidentes intensos en un crescendo dramático que suele concluir con una lección moral digna de aplauso, sino que, además, empeñándose en la reconstrucción de época y el parecido con el original, despliega un abanico de esfuerzos que permite la multiplicación de nominaciones y premios (a mejor vestuario, maquillaje, dirección artística, etc.) En la ceremonia del Oscar del año pasado, por ejemplo, los auténticos Capitán PhilipsPhilomena estuvieron presentes, reflejando esa afición y confirmando, al mismo tiempo, que se trata siempre de biografías autorizadas.
La teoría del todo, de James Marsh, y El Código Enigma, de Morten Tyldum, pueden verse como el triunfo del freak: un astrofísico postrado por una enfermedad degenerativa (Stephen Hawking) en el primer caso, un matemático hábil pero solitario y esquivo (Alan Turing) en el segundo. Las dos películas exudan oficio: hay que reconocer que Hollywood sabe hacer estos recorridos biográficos creíbles, emotivos y entretenidos (baste pensar cómo le cuesta al cine argentino cada vez que lo intenta). Pero tratan al espectador adulto como si fuera un chico, con paternalismo didáctico –con los personajes hablando entre ellos sólo para informar determinados datos, como al descuido mientras comen o hacen bromas– y resolviendo situaciones con tics gestuales, estereotipos y música melodramática. Temas complejos (discapacidad, homosexualidad, espionaje) son expuestos sin incomodar, con los protagonistas sacando fuerza de la debilidad junto a estoicas partenaires femeninas.
Cubierto de una pátina refinada, con encuadres puramente decorativos (mostrando sin justificación dramática desde una ventana a un personaje cuando cae, o desde abajo cuando alguien sube por una escalera caracol), La teoría del todo sólo desliza un elemento discordante cuando incorpora a un tercero en discordia que termina casi integrado a la familia, desviándose hacia los intereses de la mujer de Hawking (tal vez porque el público de este tipo de films suele ser femenino, o porque resulta más cómodo que el espectador se identifique con el personaje sano y no con el lisiado). La decisión adoptada por el protagonista en relación a la medalla entregada por la Reina levanta un poco la puntería de este largometraje pulcro y lustroso como un alhajero, al que ni la sonrisa y el esfuerzo físico de Eddie Redmayne ni la belleza inexpresiva de Felicity Jones logran insuflar de emoción. Marsh hace que su film –más allá de un curioso replay hacia el final– luzca fuertemente convencional, apelando a previsibles escenas de baile y fuegos artificiales, a un afectado reencuentro en una iglesia o a la ópera en un teatro para cargar de intensidad un momento clave, recursos no necesariamente cuestionables si no fuera que la nominación al Oscar lo ubica en un pedestal inmerecido.
La película de Morten Tyldum es, de alguna manera, más conflictiva, al centrarse en un analista criptográfico que se involucra en secretos vinculados al Poder durante la II Guerra Mundial, ocultando asimismo misterios relacionados con su complicada vida personal. El Alan interpretado con tenacidad por Benedict Cumberbatch es un freak triste, por momentos egoísta, con serias dificultades para los vínculos afectivos (consecuencia de maltratos sufridos en su etapa de estudiante, según flashbacks a los que el film recurre ocasionalmente). Es un personaje de esos que se recuerdan –da la impresión que cuando se nomina a un actor o actriz al Oscar es más por la simpatía o el impacto emocional que depara su personaje que por su actuación en sí–, movido no por un principio humanitario o una convicción política sino por una necesidad personal: “agnóstico respecto a la violencia” se considera esta especie de Schindler, y eso parece bastar para transformarlo en una buena persona. Los hechos históricos son en El Código Enigma una buena excusa para desplegar artimañas propias del thriller, balanceándose un logrado clima de época (con imágenes documentales de la guerra fundiéndose con la ficción) y algunas entrelíneas sobre el valor del trabajo en equipo, con una música omnipresente y caracterizaciones modeladas a partir de lugares comunes. De vez en cuando asoma Keira Knightley, dándole algo de vida al calculado armazón argumental.
Aunque no llegó a estar nominada como Mejor Película (sí Bennett Miller como Mejor Director), Foxcatcher también ronda en torno a un freak que existe o existió: un tal John du Pont, millonario paranoico amante del deporte, obsesionado con un joven atleta igualmente solitario. Acá, la cámara deteniéndose en profusos planos generales, la dosificación de la acción y la actuación reconcentrada de Steve Carell y Channing Tatum, y el cruel final incluso, apartan la biopic del acostumbrado recorrido por escenas significativas, depositando el dramatismo en el lento proceso de maceración de los sentimientos ocultos de ambos personajes. Muy bien narrada, la enturbia la caracterización exterior de Mark Ruffalo y la conservadora moraleja que –en torno al dinero y la familia– el film parece dejar como sedimento.
Selma, de Ava DuVernay, y Francotirador, de Clint Eastwood, son también biopics y recurren a todos los tópicos del género, incluyendo los textos sobreimpresos al final para explicar qué fue de la vida de la gente retratada. Claro que con propósitos ideológicos bien diferentes: la película de DuVernay se ocupa del activista Martin Luther King y su lucha por los derechos civiles de los negros en Estados Unidos, mientras la de Eastwood se centra en Chris Kyle, marine famoso por haber matado 160 iraquíes (o más aún, según fuentes no oficiales), incluyendo mujeres y niños.
Un espíritu de telefilm aleccionador campea en ambas, con reflexiones en voz alta y episodios de la Historia asomando en las pantallas de un televisor encendido o en titulares de diarios de la época. Selma tiene a su favor una iluminación cobriza acorde con su atmósfera, emotivas actuaciones y un final verdaderamente movilizador. Un poco como lo había hecho Milk (2008, Gus Van Sant), reivindica el derecho a reclamar, a salir a las calles, a trabajar para modificar injusticias. Para eso no desestima discursos ni escenas sobrecogedoras (aunque sin el regodeo morboso de 12 años de esclavitud). Despierta piedad e indignación, y tal vez alivio al sugerir que el mismo país que en los ’60 veía el racismo con indiferencia hoy tiene un Presidente negro y puede promover y premiar películas como ésta. Reconstruyendo los hechos sin demasiado vuelo, Selma parece adecuada para ser vista y discutida en clase en una escuela secundaria.
Pero aún en su simpleza, Selma transmite una idea de lucha colectiva, de reclamo para ganar derechos y de enfrentamiento con el poder político que a Eastwood no parece interesarle. Francotirador sigue los días del mencionado tirador compulsivo sin analizar (ni siquiera someramente) las motivaciones y consecuencias de la guerra/invasión a Irak, ni problematizar demasiado los conceptos de heroísmo y patriotismo. Apenas aparece de adulto en pantalla, Kyle se muestra con actitud de cowboy, pero en el film no se advierte ese fulgor mítico del western que describía Bazin. Algunos sostienen que se ha respetado el punto de vista de Kyle, pero el problema es el punto de vista de Eastwood: ¿qué cuenta, qué quiere decirnos, qué ve en él? Un muchachón entrenado para matar pero en el fondo buen amigo, buen esposo y buen padre, que se delecta con la violencia sin mostrarse nunca agresivo con sus seres queridos. No hay nada sombrío en el retrato que Eastwood hace de este militar convencido (nadie menos sombrío que el rubicundo Bradley Cooper, que encarna al personaje), y se descuidan personajes secundarios que podrían haber sido interesantes, como el hermano o el psicológo, y ni hablar de la mujer (Sienna Miller, también esposa de Ruffalo en Foxcatcher), que todo el tiempo ríe nerviosamente y hace reclamos que parecen salidos de un mal teleteatro. El hecho de haber utilizado un evidente bebé de plástico en ciertas escenas confirma el estilo chapucero de Francotirador, así como su final con banderas y música sensiblera deja en evidencia la condescendencia de Eastwood. Dejando ver, de paso, que las películas nominadas al Oscar siempre tendrán que ver con lo que le importa o le preocupa a la sociedad estadounidense (el libro escrito por Kyle poco antes de su muerte fue un éxito), y más aún si fueron realizadas por un actor-director como Eastwood, que en el país del Norte es poco menos que un prócer.
Aunque diferentes, Birdman (o La inesperada virtud de la ignorancia), de Alejandro González Iñárritu, y Whiplash: Música y obsesión, de Damien Chazelle, son películas sobre temas caros para los estadounidenses: la búsqueda del éxito y la competencia en los ámbitos del arte y el espectáculo. La tragicomedia filmada por el mexicano Iñárritu con elenco estadounidense sigue de cerca los miedos y contradicciones de un actor (Michael Keaton, siempre querible perdedor) que busca redimirse con una obra teatral. Las dudas entre el mainstream y el prestigio, la desconfianza entre colegas, el ego, la dependencia de las reacciones del público y de la crítica, son volcados en una película algo histérica, de un virtuosismo formal no siempre justificado, pero de todos modos graciosa, con ese clima de nerviosismo e inseguridad emocional propio del medio y alguna secuencia muy bien resuelta, como la del protagonista saliendo forzosamente a la calle tras un incidente durante la representación de la obra. Su escasa sutileza y unos toques fantásticos que la acercan al pastiche se compensan con la energía de sus actores y su buena música.
Seguro ganador del Oscar, el film de Iñárritu es de esos productos que Hollywood adora por considerarlos adultos y divertidos, audaces y populares al mismo tiempo. Whiplash, en cambio, es más modesto y embarazoso: acompañando a un joven empecinado en tomar clases con un profesor-tirano para alcanzar excelencia como músico, el film lleva al espectador a sentimientos encontrados, poniendo en discusión la excesiva importancia que suelen darle muchos artistas a la superación profesional y la influencia que pueden tener ciertos maestros. Si comienza como El diablo viste a la moda (2006, David Frankel) en el mundo del jazz, luego va enrareciéndose y cambia dos o tres veces de rumbo, tensionando y estimulando el debate. Es cierto que el guión tiene algunas trampas (que el pibe se quede dormido en una instancia inicial, que la chica le diga seriamente que no para confesarle al instante que era una broma) y que la relación profesor-alumno orilla lo masoquista, pero también hay en Whiplash escenas hábilmente resueltas (como la del accidente), una buena actuación de Miles Teller (J.K.Simmons, en cambio, nunca parece confiable) y un final que evita la manipulación emocional. Recuerda, claro, el juego de dominador-dominado de Foxcatcher, con la diferencia de que quien allá tiene el dinero aquí es dueño del saber, y que el as guardado bajo la manga para el desenlace deja, en este caso, al espectador más pensativo que angustiado.
Finalmente, El gran hotel Budapest, de Wes Anderson, y Boyhood – Momentos de una vida, de Richard Linklater, son las originales del grupo, realizadas por directores ya con varias películas inquietas tras sus espaldas, seguidos con interés por los cinéfilos. Ambos pudieron ganarle a cierta indiferencia que sus trabajos venían despertando en Hollywood, por distintos motivos: El gran hotel Budapest (sobre la que en su momento hemos escrito, con entusiasmo, aquí) supera el manierismo habitual de su director apostando a la aventura, con un guión preciso y algo de emoción colándose en el juego, en tanto Boyhood fue realizada en el transcurso de doce años con los mismos actores, y aunque –como decíamos aquí– dicho recurso debería ser considerado un medio y no un fin, ha sido apreciada por esa singularidad. Cabe agregar que también, sin dudas, en la valoración de los miembros de la Academia debe haber influido que el film de Linklater esparce referencias sobre el devenir cultural y político de las últimas décadas (como una Forrest Gump menos falsa), brindando a su vez una imagen bastante idílica de la vida en Estados Unidos.
Con sus más y sus menos, todas (salvo, en buena medida, la de Wes Anderson) tienen como objetivo el realismo, parecerse a, lograr que el espectador se identifique, sufra y aprenda con los personajes. Aunque, desde ya, el cine puede ser algo más que eso.

Por Fernando G. Varea

El cine, una búsqueda inquieta

HACIA LO QUE VENDRÁ / ESCRITOS DESDE EL CINE
(Fernando Luis Pujato, Editorial Vilnius, 2014)

Cuesta creer que –como señala en el epílogo– Fernando Pujato haya comenzado a escribir sobre cine hace apenas unos siete años y casi de casualidad, a raíz de un curso en el que intervino, en Córdoba. Es que leer sus textos compilados en Hacia lo que vendrá / Escritos desde el cine significa encontrarse con alguien que no sólo sabe ver cine sino que, además, cuenta con las herramientas necesarias para volcar las sensaciones y pensamientos que le surgen ante cada película con lucidez, rigurosa elección de las palabras y afecto por el lector.
De sencilla pero bella presentación, el libro reúne 50 análisis de películas o directores escritos por Pujato. Relativamente breves, algunos acompañados de un título y un fotograma ilustrativo, los textos van abordando películas disímiles, de distintas épocas y estilos, con un ligero punto de contacto que va llevando de uno a otro.
El autor no se preocupa en contar el argumento de cada film (con excepción de En otro país, de historia justamente mutante), porque sabe que una película no es sólo el qué sino también el cómo y el para qué. Por eso el lector atisba el contenido sin necesidad de mediar una sinopsis.
Durante la lectura de la publicación pueden advertirse referentes y directores a los que, razonablemente, no estima demasiado (Tarantino, Von Trier, Iñárritu, Boyle, los Coen). Pero su libro –o su manera de entender la crítica, podríamos decir– no es una mera acumulación de apologías y rechazos. Si habla de la “farsa” del Dogma enseguida aclara que es por “el aniquilamiento del espacio cinematográfico”, si elogia un film (Siete mujeres, de John Ford) a las expresiones de entusiasmo le suceden los fundamentos. Leyéndolo se aprende, ya que explica, por ejemplo, cómo el privilegiar los planos medios y la profundidad de campo pueden llevar a la comprensión del otro y de uno mismo en Gran Torino (C.Eastwood), por qué está bien utilizada la voz en off en Diario de un cura rural (R.Bresson), o  cómo la forma en la que se señalan las cosas importa más que la materia narrada en La cinta blanca (M.Haneke).
Es admirable la capacidad de Pujato para expresar en pocas y precisas palabras el valor o los rasgos distintivos de un film. Algunos ejemplos: de Bella tarea (C.Denis) sostiene que es “una denuncia tan onírica como real, tan general como particular”, a Primer plano (A.Kiarostami) lo define como un “extraño equívoco cinéfilo”, al referirse al cine de Jean Rouch habla de “la agnóstica comunión con lo diferente” y a la cordobesa De caravana (R.Ruiz) la ve como “un tránsito hacia un espacio posible de convivencia” (dedica también su atención a otras películas realizadas en su provincia, sin condescendencia). Al describir magistralmente Tabú (M.Gomes), al especificar con agudeza qué debería considerarse “cine popular” (a propósito de El ciclista, de Makhmalbaf), al conceptualizar Felices juntos (W. Kar-wai) deslizando “Estamos en los 90, hay algo que no ha terminado de concluir”, al considerar que personajes como Rosetta están “en el centro pero más allá del film” o que a las películas de Apichatpong Weerasethakul habría que verlas sentados alrededor de una hoguera como la puesta en escena de un chamán, Pujato brilla.
Puede discutírsele su afán de descifrar los significados de un film de Carlos Reygadas o su señalamiento de la falta de anclaje en espacio y tiempo como defecto de otro de Alejo Moguillansky, así como su ensalzamiento de De dioses y hombres (X.Beauvois). Sus estirados prolegómenos al escribir sobre Avatar (J.Cameron) y The act of killing (J.Oppenheimer) parecen evidenciar cierta vocación literaria, confirmada por la elaboración de una suerte de poema para referirse a una película coreana y su ambicioso texto sobre la obra de Alexandr Sokurov.
Lo mejor de Hacia lo que vendrá es que vierte una aproximación al cine sincera, apasionada, mezcla de fascinación e inquietud por sus alcances y su futuro. “Uno de los custodios de aquello que aún se denomina cine” dice, por ejemplo, del portugués Pedro Costa, percibiéndose en comentarios como ese la necesidad de salir al encuentro de la pureza, la madurez y el misterio que supone el cine, procurando comprender los motivos del placer que nos depara. Fernando Pujato sabe hacer de esa búsqueda una empresa contagiosa.

Por Fernando G. Varea

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El cine argentino, aquí y ahora

En medio de cifras y listas, algunas notas periodísticas que han buscado repensar el cine argentino 2014 se encontraron repitiendo conjeturas instaladas como certezas o dándole excesivo espacio a los números, sin raspar demasiado la superficie. Por eso expresamos a continuación algunas consideraciones que, creemos, podrían aportar algo distinto al balance.

1. Durante décadas la baja cantidad de estrenos fue considerada uno de los principales problemas del cine argentino: ahora, por el contrario, parece serlo la abundancia de películas. Pretender que todas sean buenas es imposible, tanto como que se hagan al margen de los beneficios que puede (debe) proveerles el Estado; lo que sí es factible, y deseable, es que encuentren más espacios donde exhibirse. Que jóvenes inquietos como Iván Fund, Mariano Luque o Eduardo Crespo se expresen con libertad –aún equivocándose– es un capital del que no deberíamos privarnos; tener entre nosotros a Gustavo Fontán (El rostro) y Martín Rejtman (Dos disparos) –directores que en cada paso que dan ratifican su posición transparente ante el cine, con estilo propio– debería ser motivo de orgullo más que el hecho de ganar un Oscar o un Goya; que lejos de la capital argentina y de tópicos de moda se hagan producciones dignas, sensibles y accesibles para un público amplio, como la mendocina Algunos días sin música (Matías Rojo) o la rosarina Buscando al huemul (Juan Diego Kantor) –ambas estrenadas comercialmente este año después de pasar por el Festival de Mar del Plata–, es más que positivo: no se trata, entonces, de  fomentar sólo el cine más industrial o previsible. Es bueno que el cine argentino sea mucho y diverso, el problema es cómo y dónde darlo a conocer. Los Espacios INCAA no parecen suficientes, tal vez porque no siempre funcionan como deberían, escapando de un control que se siente necesario. Estimular la exhibición a precios razonables en universidades, escuelas de cine, clubes y centros culturales no sería mala idea; tampoco una mayor difusión de la buena programación de INCAA TV (canal al que, de paso, no estaría mal cambiarle el nombre). Mucho ayudaría, asimismo, un mayor apoyo estatal y privado a espacios alternativos, como el MALBA y la sala Lugones (actualmente cerrada) en Buenos Aires, o El Cairo en Rosario.

2. El cine atravesó en los últimos años un vértigo de sacudones, con la aparición de nuevos formatos, multiplicación de pantallas e inesperadas formas de exhibición; sin embargo, para evaluar el éxito de un largometraje todavía se sigue teniendo en cuenta la cantidad de espectadores que pagaron su entrada en una sala comercial. En esta época en la que muchos, para ver películas, buscan dónde descargarlas sin preguntar qué cines las exhiben ni cuándo se editan en DVD, y en la que muchos festivales reúnen el mejor y mayor público posible para algunas de ellas, parece un error hacer consideraciones taxativas a partir de la asistencia a las salas de estreno. Tic tan anacrónico como el de esperar el éxito de dramas destinados al público adulto, manteniendo aquella idea instalada en los ’80 de desear y celebrar el suceso de películas de este tipo (recordar La historia oficial, La noche de los lápices, El exilio de Gardel, Hombre mirando al Sudeste y otras), en las que casi siempre la temática seria o comprometida era un cebo que disimulaba ambigüedades ideológicas y estéticas (criterio con el que, además, costaría apreciar el valor de la obra de Ezequiel Acuña, por ejemplo). En 2014, películas como Betibú (Miguel Cohan) parecieron seguir desganadamente ese camino con resultados previsibles en la taquilla, aunque hubo algunas que a la suma problemática adulta + actores conocidos supieron restarle convencionalismos, como Aire libre (Anahí Berneri), que plasmó el desgaste de una pareja a partir de contradicciones y detalles, tomando saludable distancia del costumbrismo televisivo, y Refugiado (Diego Lerman), con chicos actores excelentemente dirigidos y un uso inteligente del fuera de campo para contar una situación de violencia familiar.

3. Las dos películas nacionales más vistas este año fueron Relatos salvajes (Damián Szifrón) y Bañeros 4: los rompeolas (Rodolfo Ledo), de las que nos ocupamos aquí y aquí cuando fueron estrenadas. A todo lo que se dijo de la primera podrían agregarse algunas observaciones. En principio, no es un mal ejemplo a tomar la habilidad de su lanzamiento promocional y la astucia de su trailer, para generar expectativa: Paul Schrader decía en el último Festival de Mar del Plata que el cine subsiste en su carácter de “evento”, y lo que ha ocurrido este año con Relatos salvajes parece una buena demostración. Asimismo, el hecho de reunir a varios de nuestros mejores y más conocidos actores fue otro acierto: está claro que una película no será mejor o peor por convocar a figuras populares para encarnar a sus personajes, pero sí influye en el interés del público (tradición que en el cine argentino ejercía con convicción Daniel Tinayre y que fue muy popular en los ’70 –con un caso emblemático en La tregua, de Renán–, bastante desestimada en los últimos tiempos). Por otra parte, así como el film de Szifrón puede resultar cuestionable en varios aspectos, su solidez es indiscutible. Aunque en Revista de Cine Mariano Llinás sostiene que el profesionalismo lleva a “un cine marcado por la ajenidad y el miedo, un cine hecho por nadie”, no es poca cosa que cientos de miles de espectadores en todo el mundo se diviertan con un film como el de Szifrón, percibiendo que lo que se les ofrece no es un producto berreta. Finalmente, otro rasgo a rescatar es que en muchos momentos haya apelado a la comicidad: ocasionalmente forzada, vulgar o teñida de sangre, pero comicidad al fin, algo que la mayoría del público agradece. En este sentido, merecen ser destacadas también tres películas argentinas que –aunque distintas y con entrelíneas destinadas casi exclusivamente al universo cinéfilo– coincidieron en cambiar solemnidad por sentido del humor: El escarabajo de oro (Alejo Moguillansky/Fia-Stina Sandlund), El crítico (Hernán Guerschuny) y 3D (Rosendo Ruiz). Tanto éstas como las híbridas El misterio de la felicidad (Daniel Burman) y Las insoladas (Gustavo Taretto) hicieron sonreír al espectador sin la crueldad de Szifrón (por esto de reírse de penurias cotidianas con salvajismo podría encontrarse un parentesco entre Relatos salvajes y la igualmente exitosa en su momento Esperando la carroza, de Alejandro Doria).

4. En otro orden, el film de Szifrón puede ser indicador de algunos signos no demasiado alentadores. Si, por ejemplo, Juan Moreira (L.Favio), Camila (M.L.Bemberg) o Tango feroz (M.Piñeyro) debían seguramente parte del suceso obtenido al contexto político-social-cultural en el que se estrenaron (la euforia camporista, el destape alfonsinista y la frivolización de ideales menemista, respectivamente), sería interesante analizar por qué las películas argentinas más vistas de los últimos años (Relatos salvajes, las de Campanella El secreto de sus ojos y Metegol) despertaron tanto entusiasmo con sus personajes desconfiados  y conflictos resolviéndose al margen de las instituciones. Como si desearan ver en pantalla grande una extensión de lo que los noticiarios televisivos prodigan a diario, la intriga policial, las persecuciones violentas y el desenmascaramiento de un engaño parecen atraer más a los argentinos en la actualidad que mitos históricos y rebeldes mártires (incluso lavados y adornados como el Tanguito de Bortnik-Piñeyro, que se repuso innecesariamente en salas este año igual que La Mary).

5. Agregándose anualmente al BAFICI y al de Mar del Plata históricos y nuevos festivales a lo largo y ancho del país, suele ocurrir que ciertas películas encuentran sólo allí el público deseado. Si, por ejemplo, Jauja (Lisandro Alonso) se exhibe en salas colmadas en Cannes, Lima y Mar del Plata, pareciera no importar mucho después su exhibición en salas comerciales. Gusten más o menos, resulta saludable que ciertos directores sigan en actividad: Celina Murga, José Campusano, Paulo Pécora, Santiago Loza, Sandra Gugliotta, Natalia Smirnoff, Santiago Giralt, Liliana Paolinelli y Matías Herrera Córdoba tuvieron nuevos trabajos para mostrar en 2014, pero se exhibieron casi sin mezclarse en la cartelera con producciones (incluso argentinas) de otro tipo. Buenas películas como Mauro, del debutante Hernán Rosselli, o Réimon, de Rodrigo Moreno (que compitieron en el BAFICI), así como Favula, de Raúl Perrone, o La vida de alguien, de Ezequiel Acuña (que estuvieron en Mar del Plata), recibidas con interés y protegidas en el marco de un festival, luego deben atravesar obstáculos de distinto tipo para llegar a otras pantallas y otros públicos. Tal vez sea el precio de la independencia bien entendida: sabemos que, por ejemplo, siempre costará menos encontrar en las librerías un libro de autoayuda de un autor de moda que la obra de un escritor valioso descubierto por entendidos. El problema es cuando los mismos realizadores entran en el juego, moviéndose únicamente en ese mundo de críticos, programadores y viajes en avión, o haciendo directamente lo que se espera de ellos (un posible ejemplo ha sido este año El ardor, de Pablo Fendrik). Con los documentales ocurre algo similar, o peor (basta preguntarse cuándo se estrena un documental en la cadena de cines de un shopping): en 2014 asomaron, entre otros, Carta a un padre (Edgardo Cozarinsky), El color que cayó del cielo (Sergio Wolf), El ojo del tiburón (Alejo Hoijman), Ramón Ayala (Marcos López), Pichuco (Martín Turnes) y El mercado (Néstor Frenkel), que merecerían un público más mayoritario.

6. Otra característica algo ignorada ha sido la aparición de nuevas revistas (Revista de Cine, Las Naves) y libros (Pampa bárbara, de la gente de Haciendo la Crítica; Hacia lo que vendrá, de Fernando Pujato; Todo lo que necesitas saber sobre cine, de Leonardo D’Esposito; Subjetiva de nadie, de Marcos Vieytes; El país del cine, de Nicolás Prividera, este último enteramente destinado al cine nacional). En el océano de twits y comentarios apurados escritos en la web, estas publicaciones permiten volver a la lectura relajada, al tiempo para pensar y repensar las palabras, a la reflexión que puede conducir al aprendizaje. Esto a pesar de que no ha habido, hasta ahora, demasiados textos críticos sobre las mismas (así como cualquier producción audiovisual es discutida en la blogósfera, sería bueno también poder leer análisis de esos libros y revistas) y que muchos esperan de ellas oportunidades para la discusión acalorada antes que para el análisis distendido. Dos años atrás nos preguntábamos aquí mismo por qué algunos críticos influyentes le daban más importancia a las anécdotas y opiniones deslizadas por Hernán Musaluppi en su libro El cine y lo que queda de mí que al valioso material que ofrecía Cien años de cine argentino, de Fernando Martín Peña, aparecido casi al mismo tiempo, de la misma manera que en 2014 despertó comentarios más encendidos la aparición de Revista de Cine que notas publicadas en los últimos números de Cinéfilo o Kilómetro 111. Los motivos son los mismos: el  cuestionamiento más o menos directo a críticos y realizadores cercanos y conocidos, provocando rumores y respuestas ofendidas. El interrogante es, entonces, si el apoyo a estas publicaciones dependerá no tanto de su calidad sino de sus alusiones a gente del medio, de la que termina hablando todo el mundo. Sin dudas, es una deuda pendiente desviar los debates de la crítica hacia terrenos más fértiles, escuchando/leyendo otras voces (“Hay vida más allá de la corporación Fipresci: hay que abrir las puertas para no asfixiarse en lo mismo de siempre”, escribía en facebook Horacio Bernades, entusiasmado con mi texto sobre Relatos salvajes). Por último, y a propósito de estas cuestiones: ya es tiempo de reconocer que mucho de lo que se escribe sobre cine en la web es más fructífero que lo que suelen ofrecer medios gráficos y programas radiales y de TV. Al respecto, vale la pena destacar que en 2014 hubo oportunos debates en blogs y redes sociales en torno a Relatos salvajes y Jauja (desmenuzándolas provechosamente), y que cumplió cinco años de existencia Todas Las Críticas, el sitio que es casi una mesa redonda en torno a la cual se reúnen, democráticamente, posicionamientos diversos ante cada película que llega a las salas.

Por Fernando G. Varea

Imagen: Viggo Mortensen en Jauja

Balance 2014: las mejores películas que el año nos dejó

Por 6º año consecutivo, en Espacio Cine sumamos las miradas atentas de cinéfilos profesionales (críticos, realizadores, productores y programadores, no sólo de Rosario sino también de Córdoba, Mendoza, Mar del Plata y Buenos Aires) procurando rescatar lo mejor que se ha hecho y se ha visto en materia de cine durante el año. En estos tiempos en los que la producción audiovisual se diversifica plasmándose y exhibiéndose en formatos inesperados, desde aquí (sin subestimar esos signos de renovación) creemos que una película sigue siendo un objeto cultural de enorme riqueza, ofreciendo una experiencia narrativa, estética, intelectual y emocional de características únicas. Destacar las películas más valiosas entre todas las que se dieron a conocer durante 2014 (en salas comerciales y alternativas, festivales y videoclubes) es una oportunidad de poner el foco en algunas que pudieron pasar inadvertidas y, al mismo tiempo, echar una mirada al estado del cine actual.
Para la encuesta de este año se pidió considerar aparte a los films argentinos, de manera de poder apreciar más claramente qué hubo de bueno en el cine nacional. Entre los invitados a participar hubo quienes se disculparon cordialmente por no poder hacerlo (Benjamín Ávila, Pablo Giorgelli, Martín Turnes, Raúl Manrupe) y quienes no respondieron a la invitación, pero también, afortunadamente, muchos (42) que hicieron su aporte con predisposición, algunos incluso en medio de viajes y compromisos. A continuación las preferencias de cada uno de ellos y del autor/editor de este espacio; finalmente el recuento de lo más votado. Ojalá se sumen también opiniones de los lectores.

FEDERICO ACTIS
Realizador, fotógrafo (Los teleféricos)
Nebraska (A.Payne) – Ella (S.Jonze) – Balada de un hombre común (Hnos. Coen) [arg: Buscando al huemul (J.D.Kantor)]

JUAN AGUZZI
Crítico (El Ciudadano)
Cae la noche en Bucarest (C.Poromboiu) – El desconocido del lago (A.Guiraudie) – Berberian Sound Studio (P.Strickland) – Balada de un hombre común (Hnos. Coen) – El lobo de Wall Street (M.Scorsese) – Ida (P.Pawlikowski) – Esto no es un film (M.Mirtahmasb/J.Panahi) – Jersey Boys: persiguiendo la música (C.Eastwood) [arg: El ojo del tiburón (A.Hoijman)]

LEANDRO ARTEAGA
Crítico, docente (Rosario/12, Radio Universidad)
Adiós al lenguaje (J-L.Godard) – Balada de un hombre común (Hnos. Coen) – Berberian Sound Studio (P.Strickland) – El gran hotel Budapest (W.Anderson) – El lobo de Wall Street (M.Scorsese) – En la casa (F.Ozon) – Esto no es un film (M.Mirtahmasb/J.Panahi) – Jersey Boys: persiguiendo la música (C.Eastwood) – Nebraska (A.Payne) – Polvo de estrellas (D.Cronenberg)  [arg: Carta a un padre (E.Cozarinsky)]

DIEGO BARCIA
Creador de Fantápolis
Creo que la tradición del buen cine se está desarrollando ahora más por la televisión que por la pantalla grande (excluyendo al cine argentino, pero es otro caso). En ese sentido hay un antes y un después de Lost, que coincide más o menos con la gran última huelga de guionistas de Hollywood. Por eso destaco cinco series: Breaking Bad, Juego de Tronos, Boardwalk Empire, The Walking Dead y Los Pilares de la Tierra.

EMILIO BELLON
Docente, crítico (Rosario/12)
1. Qué extraño llamarse Federico (E.Scola) 2. Viva la libertá (R.Andó) 3. Ida (P.Pawlikowski) 4. La grande bellezza (P.Sorrentino) 5. Philomena (S.Frears) 6. La mejor oferta (G.Tornatore) 7. El gran hotel Budapest (W.Anderson) 8. Blancanieves (P.Berger) 9. El pasado (A.Farhadi) 10. En la casa (F.Ozon) [arg: El crítico (H.Guerschuny) / Jauja (L.Alonso)]

HORACIO BERNADES
Crítico (Página/12)
Cavalo dinheiro (P.Costa) – Costa da morte (L.Patiño) – El gran hotel Budapest (W.Anderson) – La vida de Adèle (A.Kechiche) – La mirada del hijo (C.P.Netzer) – Jersey Boys: persiguiendo la música (C.Eastwood) – Soy mucho mejor que vos (Che Sandoval) – Berberian Sound Studio (P.Strickland) – Nebraska (A.Payne) – Ella (S.Jonze) [arg: Mauro (H.Rosselli) / La ballena va llena (Estrella de Oriente) / Carta a un padre (E.Cozarinsky)]

EMILIO BERNINI
Director de la revista de ensayos sobre cine  Kilómetro 111
1. Maïdan (S.Loznitsa) 2. Adiós al lenguaje (J-L.Godard) 3. L’amour au temps de la guerre civile (R.Jean) 4. El desconocido del lago (A.Guiraudie) 5. The Chejov Brothers (M.Ugarov) 6. La jaula de oro (D.Quemada Diez) 7. The Reaper (Z.Juric) 8. González (C.Díaz Pardo) 9. Hard to be a god (A.German) [arg: 1. Jauja (L.Alonso) / 2. Dos disparos (M.Rejtman) / 3. Carta a un padre (E.Cozarinsky)]

GUILLERMO BRUNO
Crítico de espectáculos (LT8, La Red)
1) Philomena (S.Frears) – 2) El lobo de Wall Street (M.Scorsese) – 3) Jersey Boys: persiguiendo la música (C.Eastwood) – 4) Force majeure/La traición del instinto (R.Östlund) – 5) El desconocido del lago (A.Guiraudie) – 6) Ida (P.Pawlikowski) – 7) Boyhood/Momentos de una vida (R.Linklater) – 8) Primicia mortal (D.Gilroy) – 9) Yo, mi mamá y yo (G.Gallienne) – 10) La vida de Adele (A.Kechiche) [arg: Relatos salvajes (D.Szifrón) / El crítico (H.Guerschuny) / Refugiado (D.Lerman)]

DIEGO CASTRO
Realizador, guionista (8:05)
Boyhood/Momentos de una vida (R.Linklater) – Historia de la Meva Mort (A.Serra) – Esto no es un film (J.Panahi/M.Mirtahmasb) – Cae la noche en Bucarest (C.Porumboiu) – Ida (P.Pawlikowski) – El desconocido del lago (A.Guiraudie) – A vingança de uma mulher (R.Azevedo Gomes) – Dos vidas (G.Maas) [arg: La tercera orilla (C.Murga) – Jauja (L.Alonso)]

OSCAR CUERVO
Crítico (La otra, FM La Tribu)
Adiós al lenguaje (J-L.Godard) – Stray dogs (T.Ming-liang) – El lobo de Wall Street (M.Scorsese) – Welcome to New York (A.Ferrara) – Cae la noche en Bucarest (C.Porumboiu) – Norte, el fin de la historia (L.Díaz) – Why don’t you play in hell? (S.Sion) – Jersey Boys: persiguiendo la música (C.Eastwood) – Museum Hours (J.Cohen) – 7 cajas (J.C.Maneglia/T.Schembori) No incluyo ¿Y ahora? Recuérdame (J.Pinto), que me parece una de las mejores películas estrenadas en los últimos años, por haberla votado en encuestas de años anteriores. [arg: Favula (R.Perrone) / El rostro (G.Fontán) / Si estoy perdido no es grave (S.Loza)]

LEONARDO D’ESPOSITO
Crítico (Noticias, El Amante), autor del libro Todo lo que necesitás saber sobre cine
Guardianes de la galaxia (J.Gunn) – Esto no es un film (M.Mirtahmasb/J.Panahi) – Jersey Boys: persiguiendo la música (C.Eastwood) – La gran aventura Lego (C.Miller/P.Lord) – El desconocido del lago (A.Guiraudie) – Force Majeure/La traición del instinto (R.Östlund) – El gran hotel Budapest (W.Anderson) – La increíble vida de Walter Mitty (B.Stiller) – Draft day (I.Reitman) – Cae la noche en Bucarest (C.Poromboiu) [arg: Jauja (L.Alonso) – Mauro (H.Rosselli) – Los dueños (E.Radusky/A.Toscano)]

ANDRÉS DI TELLA
Realizador (Fotografías, Hachazos)
Cavalo dinheiro (P.Costa) – Boyhood/Momentos de una vida (R.Linklater) –  El lobo de Wall Street (M.Scorsese) – El blanco afuera, el negro adentro  (A.Queirós) – Hill of freedom (H.Sang-soo) – The second game (C.Porumboiu) – A spell to ward off the darkness (B.Russell/B.Rivers) – El gran hotel Budapest (W.Anderson) – Ned rifle (H.Hartley) – Frozen (C.Buck/J.Lee) [arg: Favula (R.Perrone) – Carta a un padre (E.Cozarinsky) – El rostro (G.Fontán)]

GUSTAVO ESCALANTE
Programador y responsable del archivo del Centro Audiovisual Rosario
7 cajas (J.C.Maneglia/T.Schembori) – Berberian Sound Studio (Peter Strickland) – El gran hotel Budapest (W.Anderson) – Escándalo americano (D.O.Russell) – Esto no es un film (M.Mirtahmasb/J.Panahi) – Interestelar (C.Nolan) – Magia a la luz de la luna (W.Allen) – Nebraska (A.Payne) – Perdida (D.Fincher) – Qué extraño llamarse Federico (E.Scola) [arg: Relatos salvajes (D.Szifrón) / El escarabajo de oro (A.Moguillansky/F.Sandlund) / Mauro (H.Rosselli)]

MEX FALIERO
Crítico (Fancinema, Cinemarama Plus)
1-El lobo de Wall Street (M.Scorsese) 2-Jersey Boys: persiguiendo la música (C.Eastwood) 3-La gran aventura Lego (C.Miller/P.Lord) 4-Até que a Sbórnia nos separe (O.Guerra/E.Torresan Jr) 5-Nebraska (A.Payne) 6-En la casa (F.Ozon) 7-Perdida (D.Fincher) 8-El planeta de los simios: confrontación (M.Reeves) 9-La vida de Adèle (A.Kechiche) 10-Draft day (I.Reitman)  [arg: 1-Refugiado (D.Lerman) 2-Aire libre (A.Berneri) 3-Pichuco (M.Turnes)]

ANDRÉS FEVRIER
Crítico (Cinematófilos)
Aires de esperanza (J.Reitman) – Boyhood/Momentos de una vida (R.Linklater) – Nebraska (A.Payne) – Primicia mortal (D.Gilroy) – Sonidos vecinos (K.M.Filho) [arg: Ramón Ayala (M.López)]

DIEGO FIDALGO
Realizador (Hombres de ideas avanzadas, El origen del pudor)
7 cajas (J.C.Maneglia/T.Schembori) – Boyhood/Momentos de una vida (R.Linklater) – Dallas Buyers Club: el club de los desahuciados (J-M.Vallée) – El lobo de Wall Street (M.Scorsese) – El muerto y ser feliz (J.Rebollo) – Ida (P.Pawlikowski) [arg: Buscando al huemul (J.D.Kantor) – El crítico (H.Guerschuny) – Fango (J.Campusano)]

LUIS FITTIPALDI
Actor, director teatral, editor de Rosariocine
Nebraska (A.Payne) – 7 Cajas (J.C.Maneglia/T.Schembori) – El lobo de Wall Street (M.Scorsese) – El gran hotel Budapest (W.Anderson) – La grande bellezza (P.Sorrentino) – Escándalo americano (D.O.Russell) -La ley del mas fuerte (S.Cooper) – Ella (S.Jonze) – El planeta de los simios: confrontación (M.Reeves) – Philomena (S.Frears) [arg: Relatos salvajes (D.Szifrón) / El ardor (P.Fendrik)]

GUSTAVO FONTÁN
Realizador (El árbol, La casa, El rostro)
No vi muchas películas de estreno este año. Por lo tanto, la elección está ajustada a este recorte, que seguramente deja afuera algunas muy buenas.  Ver y escuchar (J.L.Torres Leiva) – Costa da morte (L.Patiño) – ¿Y ahora? Recuérdame (J.Pinto) [arg: Carta a un padre (E.Cozarinsky) – Si estoy perdido no es grave (S.Loza)]

IVÁN FUND
Realizador (Los labios, Me perdí hace una semana, AB)
Edge of tomorrow (D.Liman) – The babadook (J.Kent) – Enemy (D.Villeneuve) [arg: Escuela de sordos (A.Frontini) – Hamdan (M.Solá) – Mauro (H.Rosselli)]

VIRGINIA GIACOSA
Productora audiovisual, periodista (Radio Universidad)
7 cajas (J.C.Maneglia/T.Schembori) – El lobo de Wall Street (M.Scorsese) – Boyhood/Momentos de una vida (R.Linklater) – La bicicleta verde (H.Al-Mansour) – La grande belleza (P.Sorrentino) – El libro de la vida (J.Gutiérrez) – El gran hotel Budapest (W.Anderson) – Un viaje de diez metros (L.Hallström) – Lucy (l.Besson) [arg: El escarabajo de oro (A.Moguillansky/F.Sandlund) – Dos disparos (M.Rejtman) – Marea baja (P.Pécora)]

FERNANDO HERRERA
Realizador, crítico (Mirar y ver)
Boyhood/Momentos de una vida (R.Linklater) – Ella (Spike Jonze) – El gran hotel Budapest (W.Anderson) – La vida de Adèle (A.Kechiche) – El desconocido del lago (A.Guiraudie)- Berberian Sound Studio (P.Strickland) – Balada de un hombre común (Hnos. Coen) – Soy mucho mejor que vos (Che Sandoval) – Perdida (D.Fincher) – La gran aventura Lego (C.Miller/P.Lord) Hay una diferencia importante para mí entre las tres primeras y el resto, que podría estar en cualquier orden. [arg: Relatos salvajes (D.Szifrón) / La paz (S.Loza)]

MARTÍN IPARRAGUIRRE
Crítico (La mirada encendida)
¿Y ahora? Recuérdame (J.Pinto) – Cavalo Dinheiro (P.Costa) – R-100 (H.Matsumoto) – Maïdan (S.Loznitsa) – Adiós al lenguaje (J-L.Godard) – The Congress (A.Folman) – Welcome to New York (A.Ferrara) – The Joycean Society (D.García) – Don’t go breaking my heart 2 (J.To) – Hard to be a god (A.German) [arg: Jauja (L.Alonso) / Favula (R.Perrone) / Mauro (H.Rosselli)]

TOMÁS LIPGOT
Realizador (Moacir, El árbol de la muralla)
¿Y ahora? Recuérdame (J.Pinto) – 7 cajas (J.C.Maneglia/T.Schembori) – Boyhood/Momentos de una vida (R.Linklater) – El gran hotel Budapest (W.Anderson) – Frozen, una aventura congelada (C.Buck/J.Lee) – La vida de Adèle (A.Kechiche) – Torrente 5: Operación Eurovegas (S.Segura) [arg: Relatos salvajes (D.Szifrón) / El color que cayó del cielo (S.Wolf) / Fango (J.C.Campusano) / Jauja (L.Alonso) / Refugiado (D.Lerman)]

MARIANO LUQUE
Realizador (Salsipuedes)
P’tit Quinquin (B.Dumont) – Winter sleep (N.B.Ceylan) – Stray dogs (T.Ming Liang) [arg: El asombro (L.Moriconi/S.Loza/I.Fund) / Mauro (H.Rosselli) / Juana a los 12 (M.Shanly)]

ARTURO MARINHO
Realizador (El amansador, Los degolladores, Bonitas)
El lobo de Wall Street (M.Scorsese) – Nebraska (A.Payne) – La vida de Adèle (A.Kechiche) – Lucy (L.Besson) – Esto no es un film (M.Mirtahmasb/J.Panahi) – Welcome to New York (A.Ferrara) – 7 cajas (J.C.Maneglia/T.Schembori) – En la casa (F.Ozon) – Antes del frío invierno (P.Claudel) [arg: Jauja (L.Alonso)]

DIEGO MATÉ
Crítico (Cinemarama, Haciendo Cine)
El lobo de Wall Street (M.Scorsese) – Esto no es un film (M.Mirtahmasb/J.Panahi) – La grande belleza (P.Sorrentino) – La gran noticia (L.Baier)- X-Men: días del futuro pasado (B.Synger) – Al filo del mañana (D.Liman) – Ida (P.Pawlikowski) – Cae la noche en Bucarest (C.Poromboiu) –  Jersey Boys: persiguiendo la música (C.Eastwood) – Chef, la receta de la felicidad (J.Favreau) [arg: Dos disparos (M.Rejtman) / Tres D (R.Ruiz) / La forma exacta de las islas (D.Casabe/E.Dieleke)]

RODRIGO MORENO
Realizador (El custodio, Reimon)
Como ya hice lo mismo para otro sitio, sólo voy a elegir mis películas argentinas, que son: Mauro (H.Rosselli) / El último verano (L.Naranjo) / Dos disparos (M.Rejtman) / El escarabajo de oro (A.Moguillansky/F.Sandlund) / El compañero nuevo (M.Mainoli) / Ramón Ayala (M.López)

MATÍAS ORTA
Crítico (A sala llena)
El lobo de Wall Street (M.Scorsese) – Perdida (G.Girl) – Guardianes de la galaxia (J.Gunn) – El planeta de los simios: confrontación (M.Reeves) – Primicia mortal (D.Gilroy) – 7 Cajas (J.C.Maneglia/T.Schembori) – La increíble vida de Walter Mitty (B.Stiller)  – Maléfica (R.Stromberg) – Magical girl (C.Vermut) – Mommy (X.Dolan) [arg: Relatos salvajes (D.Szifrón)]

PAULO PÉCORA
Periodista, realizador (El sueño del perro, Marea baja)
La grande bellezza (P.Sorrentino) – Berberian Sound Studio (P.Strickland) – Boyhood/Momentos de una vida (R.Linklater) – Cae la noche en Bucarest (C.Poromboiu) – Ella (S.Jonze) – En la casa (F.Ozon) – La vida de Adèle (A.Kechiche) – Museum hours (J.Cohen) – Nebraska (A.Payne) – Violette (M.Provost) [arg: Dos disparos (M.Rejtman) / Los dueños (E.Radusky/A.Toscano) / Mauro (H.Rosselli)]

CLAUDIO PERRÍN
Realizador (Bronce)
7 cajas (J.C.Maneglia/T.Schembori) – Boyhood/Momentos de una vida (R.Linklater) – El gran hotel Budapest (W.Anderson) – El lobo de Wall Street (M.Scorsese) – Nebraska (A.Payne) – Qué extraño llamarse Federico (E.Scola) – La grande bellezza (P.Sorrentino) – Minúsculos (T.Szabo/H.Giraud) [arg: Jauja (L.Alonso) / El cerrajero (N.Smirnoff) / El escarabajo de oro (A.Moguillansky/F.Sandlund)]

RUBÉN PLATANEO
Realizador (El gran río), coordinador de la muestra del BAFICI en Rosario
Cavalo Dinheiro (P.Costa) – A touh of sin (J.Zhang-Ke) – A vingança de uma mulher (R.Azevedo Gomes) – El desconocido del lago (A.Guiraudie) – Only lovers left alive (J.Jarmusch) [arg: Dos disparos (M.Rejtman) / Mauro (H.Rosselli)]

ALEJANDRA PORTELA
Docente, directora de contenidos de Leedor
La grande bellezza (P.Sorrentino) – Adiós al lenguaje (J-L.Godard) – El desconocido del lago (A.Guiraudie) – El pasado (A.Farhadi) – Esto no es un film (M.Mirtahmasb/J.Panahi) – Museum hours (J.Cohen) – Nebraska (A.Payne) – Los hongos (O.Ruiz Navia) – El blanco afuera, el negro adentro  (A.Queirós) – 7 cajas (J.C.Maneglia/T.Schembori) – Berberian Sound Studio (P.Strickland) [arg: La paz (S.Loza) / Al fin del mundo (F.González) / Jauja (L.Alonso)]

FERNANDO PUJATO
Crítico, autor del libro Hacia lo que vendrá /Escritos desde el cine
1-Cavalo Dinheiro (P.Costa) 2-Adiós al lenguaje (J-L.Godard) 3-Hard To Be a God (A.German) 4-El desconocido del lago (A.Guiraudie) 5-Maïdan (S.Loznita) 6-¿Y ahora? Recuérdame (J.Pinto) 7-Avanti Popolo (M.Wahrmann) 8-Esto no es un film (M.Mirtahmasb/J.Panahi) 9-Welcome to New York (A.Ferrara) 10-Star Trek: en la oscuridad (J.J.Abrams) [arg: 1-Mauro (H.Roselli) 2-Jauja (L.Alonso) 3-El perro Molina (J.C.Campusano)]

LUCIANO REDIGONDA
Programador del FLVR, realizador (Criatura sagrada)
Nebraska (A.Payne) – La grande bellezza (P.Sorrentino) – Esto no es un film (M.Mirtahmasb/J.Panahi) – Guardianes de la galaxia (J.Gunn) – Balada de un hombre común (Hnos. Coen) – Boyhood/Momentos de una vida (R.Linklater) – La gran aventura Lego (C.Miller/P.Lord) – Interestelar (C.Nolan) – Escándalo americano (D.O.Russell) – El planeta de los simios: confrontación (M.Reeves) [arg: El escarabajo de oro (A.Moguillansky/F.Sandlund) / Ramón Ayala (M.López) / Relatos salvajes (D.Szifrón)]

ALEJANDRO RICAGNO
Crítico, escritor (Radio Ciudad)
¿Y ahora? Recuérdame (J.Pinto) – Adiós al lenguaje (J-L.Godard) – El desconocido del lago (A.Guiraudie) – Welcome to New York (A.Ferrara) – Esto no es un film (M.Mirtahmasb/J.Panahi) – El lobo de Wall Street (M.Scorsese) – Polvo de estrellas (D.Cronenberg) – Avanti Popolo (M.Wahrmann) – Boyhood/Momentos de una vida (R.Linklater) – En la casa (F.Ozon) [arg: Carta a un padre (E.Cozarinsky) / Los dueños (E.Radusky/A.Toscano) / Fango (J.C.Campusano)]

MATÍAS ROJO
Realizador (Algunos días sin música)
1. Boyhood/Momentos de una vida (R.Linklater) 2. Deux jours, une nuit (Hnos. Dardenne) 3. Ida (P.Pawlikowski) 4. We are the best (L.Moodyson) 5. Balada de un hombre común (Hnos. Coen) 6. El gran hotel Budapest (W.Anderson) 7. Snowpiercer (B.Joon-ho) 8. El planeta de los simios: confrontación (M.Reeves) 9. Hoje eu quero voltar sozinho (D.Ribeiro) / 7 cajas (J.C.Maneglia/T.Schembori) 10. El pasado (A.Farhadi) / Like father, like son (H.Koreeda) [arg: La tercera orilla (C.Murga) / Tres D (R.Ruiz)]

ROSENDO RUIZ
Realizador (De caravana, Tres D)
Don’t go breaking my heart 2 (J.To) – Jersey Boys: persiguiendo la música (C.Eastwood) – Nebraska (A.Payne) – Our sunhi (H.Song-soo) – Boyhood/Momentos de una vida (R.Linklater) – Esto no es un film (M.Mirtahmasb/J.Panahi) – El lobo de Wall Street (M.Scorsese) [arg: Carta a un padre (E.Cozarinsky)]

JUAN PABLO RUSSO
Crítico (Escribiendo Cine)
Boyhood/Momentos de una vida (R.Linklater) – Perdida (D.Fincher) – ¿Y ahora? Recuérdame (J.Pinto) – 7 cajas (J.C.Maneglia/T.Schembori) – Balada de un hombre común (Hnos. Coen) – Ella (S.Jonze) – El gran hotel Budapest (W.Anderson) – El lobo de Wall Street (M.Scorsese) – La grande belleza (P.Sorrentino) – El desconocido del lago (A.Guiraudie) [arg: Refugiado (D.Lerman) / La tercera orilla (C.Murga) / Jauja (L.Alonso)]

ALFREDO SCAGLIA
Director de Cine Club Rosario
Qué extraño llamarse Federico (E.Scola) – Museum hours (J.Cohen) – La mejor oferta (G.Tornatore) – La grande belleza ( P.Sorrentino) – Esto no es un film (M.Mirtahmasb/J.Panahi) – La chambre bleue  (M.Amalric) – Vivo ( P.Jungbun) – The Duke of Burgundy (P.Strickland) – El blanco afuera, el negro adentro (A.Queiros) – El primer hombre (G.Amelio)

FERNANDO VAREA
Docente, crítico  (Espacio Cine)
Ida (P.Pawlikowski) – El gran hotel Budapest (W.Anderson) – Force majeure/La traición del instinto (R.Östlund) – Nebraska (A.Payne) – El desconocido del lago (A.Guiraudie) – La grande bellezza (P.Sorrentino) – Only lovers left alive (J.Jarmusch) – Los Ángeles plays itself (T.Andersen) – Jersey Boys: persiguiendo la música (C.Eastwood) [arg: Dos disparos (M.Rejtman) / Reimon (R.Moreno)]

ARIEL VICENTE
Realizador, programador del cine El Cairo
Ella (S.Jonze) – El gran hotel Budapest (W.Anderson) – Boyhood/Momentos de una vida (R.Linklater) – La grande bellezza (P.Sorrentino) – Nebraska (A.Payne) – Esto no es un film (M.Mirtahmasb/J.Panahi) – El lobo de Wall Street (M.Scorsese) – Qué extraño llamarse Federico (E.Scola) – Tropicalia (M.Machado) – 7 cajas (J.C.Maneglia/T.Schembori) [arg: El crítico (H.Guerschuny)]

MARCELO VIEGUER
Licenciado en Comunicación Audiovisual, docente
1) Perdida (D.Fincher) – 2) Caminando entre tumbas (S.Frank) – 3) El lobo de Wall Street (M.Scorsese) – 4) Boyhood/Momentos de una vida (R.Linklater) – 5) Nebraska (A.Payne) – 6) Polvo de estrellas (D.Cronenberg) – 7) Tras la puerta (I.Szabó) – 8) El justiciero (A.Fuqua) – 9) Dallas Buyers Club: el club de los desahuciados (J-M.Vallée) – 10) Magia a la luz de la luna (W.Allen) / Escándalo americano (D.O.Russell) [arg: Relatos salvajes (D.Szifrón)]

MARCOS VIEYTES
Director de Haciendo la crítica, autor del libro Subjetiva de nadie
Welcome to New York (A.Ferrara) – El lobo de Wall Street (M.Scorsese) – Jersey Boys: persiguiendo la música (C.Eastwood) – ¿Y ahora? Recuérdame? (J.Pinto) – RoboCop (J.Padhila) – Philomena (S.Frears) – En la casa (F.Ozon) – El justiciero (A.Fuqua) – El desconocido del lago (A.Guiraudie) – Balada de un hombre común (Hnos. Coen) [arg: Fango (J.C.Campusano)]


Las películas más mencionadas fueron:
El lobo de Wall Street (19)
Boyhood/Momentos de una vida (17)
Nebraska (16)
El gran hotel Budapest (15)
Esto no es un film (14)
7 cajas, El desconocido del lago (13)
La grande bellezza (12)
Jersey Boys: persiguiendo la música (11)
Balada de un hombre común (8)
¿Y ahora? Recuérdame, Adiós al lenguaje, Berberian Sound Studio, En la casa, Ida, La vida de Adèle (7)
Cae la noche en Bucarest, Perdida, Welcome to New York (6)
Cavalo Dinheiro, El planeta de los simios: confrontación, Qué extraño llamarse Federico (5)
Las películas argentinas con mayor cantidad de votos fueron:

Jauja, Mauro (10)
Relatos salvajes (8)
Carta a un padre, Dos disparos (7)
El escarabajo de oro (5)
El crítico, Fango, Refugiado (4)

Observacion Nº1:  Fuera de mi lista de mejores películas debería agregar Rutas argentinas, la selección de cortos mudos inéditos proyectados en el Festival de Mar del Plata (con música en vivo y la presentación de Fernando Martín Peña), personalmente la experiencia cinematográfica más movilizadora del año.  FGV
Observación Nº2: Gustavo Galuppo y Gustavo Postiglione no participaron porque no pudieron enviar sus listas a tiempo.

Balance 2013 aquí
Las mejores películas del año según la “Internacional Cinéfila” aquí

El heroísmo en tiempos de chicos sobreestimulados

GRANDES HÉROES
(Big Hero 6; dir: Don Hall/Chris Williams)

Desde que el público infantil se convirtió en la gallina de los huevos de oro de la industria cinematográfica las películas de dibujos animados se suceden en la cartelera casi sin diferenciarse, una tras otra. De todos modos, vale la pena detenerse en un caso como el de Grandes héroes para pensar un poco cómo es el cine y cómo son los chicos hoy.
Primera película animada de Marvel distribuida por Disney, codirigida por Chris Williams (Bolt) y Don Hall (Winnie the Pooh), el protagonista de Grandes héroes es Hiro, un pibe cuya pasión por las riñas callejeras de robots es rápidamente desviada por Tadashi, su hermano mayor, hacia la necesidad de unirse a un grupo de estudiantes universitarios llenos de ideas y buenas intenciones. Una circunstancia trágica provocará que Tadashi desaparezca de la historia, por lo que Hiro comenzará a encontrar un inefable compañero en un robot blanco y esponjoso inventado por su hermano.
Como en el cine de Disney de décadas atrás, hay huérfanos, música sentimental, héroes y malvados. Pero es interesante apreciar cómo esos elementos si se quiere conservadores (y que de ninguna manera deberían considerarse indispensables en el cine infantil) aparecen dominados por toda la artillería de intereses, principios morales y progresos tecnológicos de esta época.
En tiempos de Dumbo (1941) o Pinocho (1940) se vivía con más serenidad y seguramente los pequeños disfrutarían que les contaran una historia con tono paternalista y aleccionador. En Grandes héroes los personajes son chicos que –como los espectadores a los que va dirigida– reciben contención y cariño de familiares distraídos u ocupados y de amigos falibles, encontrando motivos de alegría en invenciones propias y mostrándose familiarizados con juguetes ultramodernos, selfies y chips.
Que el objetivo ansiado en la película sea ingresar a una universidad, que los héroes en cuestión sean solitarios muy listos (“laboratorio de nerds” le llaman al lugar de encuentro) y que cuando estalla la necesidad de venganza surjan dudas y se imponga la convicción de que eso “no soluciona nada”, deja en claro que el vértigo de sobresaltos que Grandes héroes prodiga, sobre todo en su segunda mitad, no es un meneo hueco. La surtida reunión de directores, productores y guionistas dejó a salvo, por suerte, algunas ideas transparentes, y entonces ya no será importante, como antaño, una moraleja para justificar la obediencia a los mayores, sino la valoración del conocimiento y de las herramientas que la ciencia ofrece para superarse, al mismo tiempo que la fidelidad a los amigos y el heroísmo bien entendido.
Es cierto que la conversión del grupo en super héroes, cada uno de ellos con características propias, no se destaca por su originalidad (permite claramente, además, una continuación), pero tal vez sea allí donde se encuentre la zona más imaginativa del film: es posible que los chicos no se transformen sino que sólo sueñen o deseen hacerlo. El robot en cuestión, cuya misión es –nada menos– curar a quien se queje de dolor, es otro de los hallazgos de esta producción animada, que exhibe creatividad en la manera con la que arma una ciudad inexistente a partir de dos reales (San Fransokyo) y en alguna explosión surrealista de color, hacia el final. Le suman méritos toques de afilado humor, como las expresiones de un policía y un impertérrito mucamo.
Grandes héroes es un entretenimiento seductor y un fenomenal negocio, pero también un signo de los tiempos que corren, con chicos más excitados, avispados e independientes.

Por Fernando G. Varea

http://movies.disney.com/big-hero-6/

Ezequiel Acuña: “Me gusta que mi cine genere emoción”

Cuatro años atrás ya habíamos entrevistado a Ezequiel Acuña (1976, Buenos Aires) en una edición del BAFICI (charla que puede leerse aquí). El 29º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata nos permitió reencontrarnos con él a propósito de su nuevo film, La vida de alguien, que formó parte de la Competencia Internacional. Considerado por muchos como un paso adelante en la filmografía del director, es un film placentero por su sensibilidad y encanto, con música de La Foca y la aparición de algunos actores/amigos de Acuña como el notable Santiago Pedrero, Matías Castelli, Martín Piroyansky o Ignacio Rogers, más la incorporación luminosa de Ailín Salas.
- Me llamó la atención en La vida de alguien la ausencia de personajes adultos. Tus películas siguen pareciendo una especie de limbo de música y amigos, fuera del control de los adultos.
– No sé si lo habíamos hablado aquella vez: creo que en mis primeras películas ya estaba planteada la presencia de los padres, los profesores y las instituciones, entonces dejarlos solos, ahora, es una manera no sé si de crecer, pero sí de seguirlos a ellos. Hay personajes adultos que podrían aparecer pero están fuera de campo, como el tipo del sello mexicano. Tampoco intervienen familares, es cierto: la chica piensa viajar y no aparecen los padres, por ejemplo. Pero no tengo ningún problema con los actores grandes…
- No lo decía por eso, sino porque parece un mundo protegido de los adultos. Tampoco hay mucha preocupación por el dinero o el trabajo, los personajes quieren tocar y grabar el disco pero sin pensar en hacer una carrera.
– Lo que pasa es que mi vida fue medio así, cuando te dan mucho te despreocupás de ciertas cosas. Y los míos son personajes idealistas, románticos, incluso atemporales. Hace poquito hice un video de Moris y conversar con él fue como charlar con algo perdido, alguien que te habla de un bolero, o de cuando tenía un boliche en Gesell, en una época que a uno le hubiera encantado vivir. Más allá de que Moris tuvo su familia de cierto dinero para haber probado esas aventuras de músico hippie, había una libertad ahí. Los de La vida de alguien son personajes de los ’90 que se hubieran llevado bien con los de generaciones pasadas.
- La amistad y los recuerdos parecen importarte mucho.
– Sí, yo no conservo tantos amigos de la infancia pero hay lugares, momentos. Algunas cosas que quedaron afuera eran de mi colegio, imágenes que por ahí aparecen como una revolución de recuerdos insoportable. Yo vivía a la vuelta del colegio, de mi balcón se veía el patio, entonces tengo que filmar ahí, no puedo hacerlo en el Champagnat… Hay algo de la infancia que me sigue pegando. No quiero que eso se pierda. Como cuando uno venía de vacaciones acá a Mar del Plata: es inevitable caminar y que te vengan veinte mil quinientos recuerdos con mi viejo, o de uno de mis últimos veranos con amigos del secundario alquilando una casa acá un mes. En La vida de alguien el personaje que está desaparecido es como un fantasma que está dando vueltas y, a la vez, controlando todo desde algún lado, como algo místico, por decírtelo de alguna manera.
- Es interesante el personaje femenino: empieza como la chica que parece meterse en un mundo que no le pertenece, tal vez arruinando algunas cosas, pero después cambia.
– Yo creo que el personaje de Santi (Pedrero) se aferra un poco a ella (Ailín Salas) porque tiene la facilidad que tenía su amigo. Es la chica que cantando un poquito ya tiene oído para cantar, la persona que tiene facilidad. Hasta que se produce esa empatía o química entre los dos. Es como cuando encontrás un amigo con el que vas de la mano en esa parte creativa. A él le gusta pero está el fantasma del otro personaje. Ella sí se enamora de él, del chico grande. Más cuando descubre el pequeño tesoro de las antiguas canciones del grupo.
- Pensaba que ciertas películas o programas de TV se detendrían en situaciones que vos pasás por alto o que, cuando aparecen, las mostrás distraídamente, como ese final en la playa. Se diría que te interesan menos esos “momentos importantes” que los climas y las dudas de los personajes.
– Sí, sí. Hay imágenes que tienen y no tienen que ver con lo que les pasa, como las de los dos amigos con los rifles. Y te digo de verdad: por qué están, no lo sé… Santi tiene unos rifles de aire comprimido para espantar a unas palomas del techo de su casa de Ituzaingó, entonces es la imagen mía, de haber ido alguna vez a comer un asado a su casa. En algún momento estuvimos juntos con eso.
- ¿Cómo trabajás para lograr esa melancolía, ese estado emocional permanente?
– El otro día lo hablaba con el fotógrafo, que todo lo relativo a lo formal del cine y al tono del guión siguen siendo para mí un aprendizaje y una gramática a mejorar. Pero hay emociones que son inevitables. A vos te debe pasar, características que transmitís al momento de hacer una nota, escribir un poema o cualquier otra cosa. Hay algo tuyo que traspasa eso. A mí me pega la emoción. Viste que por ahí uno está viendo una película y de repente aparece una canción que te remite a tal momento… Me gusta que lo mío genere algo en los demás, sin llevar al espectador a llorar en el cine, tipo Cinema Paradiso.
- La serenidad con la que hablás de tus películas o con la que encarás la producción o tu participación en un festival importante como éste, me llevan a preguntarte ¿por qué hacés cine?
– El cine te permite transmitir la emoción que en la vida no podés expresarle a una persona, a una chica, a un amigo. Como regalar una canción. Me gusta generar algo, ser generoso con cosas que para uno tuvieron valor en algún momento.

Por Fernando G. Varea

Trailer de La vida de alguien aquí