Llegando al cine desde distintos lugares

LA IMAGEN PRIMIGENIA – UN ENFOQUE MULTIDISCIPLINAR DEL CINE
(Álvaro Fuentes compilador-editor; Malisia Editorial; 2016)

Fuera de ciertos circuitos de la gran ciudad capital de los argentinos también se cuecen habas, aunque críticos y cinéfilos estemos generalmente más atentos a lo que se hace y se difunde allí. Entre las publicaciones especializadas que tuvieron su presentación oficial en la última edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, por ejemplo, merece destacarse La imagen primigenia, realizada por gente de La Plata con evidente pasión, compromiso y seriedad.
El libro –impecable en su presentación y diseño– reúne una serie de reflexiones en torno al cine partiendo de diferentes disciplinas, como la filosofía, la psicología, la literatura o la arquitectura. El joven e inquieto Álvaro Fuentes, docente y director del sitio La Cueva de Chauvet, es el impulsor del proyecto. Son como breves ponencias, aprovechables todas, separadas en siete capítulos, cuyos autores provienen mayormente del ámbito universitario.
En el primero, Alegorías de la cueva, Julio Cabrera hace un análisis sobre las repeticiones y transversalidades en el cine, discutible al referirse al “enfoque lento y nadificador” de películas de Godard, Kiarostami, Favio o Martel, o al hablar de la “intrascendencia lujosa” de Greenaway, pero lúcido al mencionar la cualidad de irrepetible del mejor cine, o la manera con la que el lenguaje se potencia y enriquece en films “vacíos”, como algunos de Jim Jarmusch. En este apartado, Fuentes y Mariano Colalongo rescatan a dos realizadores poco conocidos: Guillermina Pico y Yorgos Lanthimos, destacándose de la primera su vocación exploratoria a través de los sentidos, y del segundo el uso del lenguaje para dar significado a las cosas.
De los capítulos segundo (Rosebud) y tercero (La palabra de la imagen), merecen señalarse los apuntes de David Oubiña sobre Alexander Kluge como posible continuador de ciertas aspiraciones de Eisenstein en torno a El Capital, su recuerdo de que el cine es más antiguo que el arte de filmar, y su estimable consideración final (con la ayuda de Fritz Lang) en torno al valor de lo real. El texto de Pablo Osorio también resulta provechoso, acerca de la adaptación (término que defiende, con fundamentos), dando buenos ejemplos de películas que, aún tomándose licencias respecto al original, son excelentes adaptaciones del mismo, y resaltando la falta de lógica de oponer totalmente lo literario a lo cinematográfico: más allá de que el cierre que le da a su escrito no está a la altura del resto, lo suyo está, sin dudas, entre lo mejor del libro. A Jorge Assef no pueden dejar de discutírsele expresiones ya algo anacrónicas como cine arte, o sostener que, por ocultar el contenido de una carta que un personaje le da a otro, Babel (González Iñárritu) no sea “una película más”; más interesante, en todo caso, son sus señalamientos sobre la aldea global y la acotación de que Blade Runner (Scott) dejó de ser ya ciencia ficción. Tanto Assef como Irene Cambra Badii se detienen demasiado en el argumento de las películas que abordan, y tanto esta autora como Juan Fariña se muestran interesados en lo inesperado que puede haber en actitudes de los personajes, al punto de terminar advirtiéndose en una víctima un victimario. Hugo Dovskin, por su parte, analiza minuciosamente decisiones adoptadas por la protatonista de La decisión de Sophie (Pakula), con mirada psicoanalítica.
Del capítulo cuarto (Lenguajes del mundo) sobresale lo escrito por Álvaro Fuentes, quien parte del valor que Béla Balázs le daba a gestos humanos y paisajes en el cine mudo para encontrar una continuación en la cultura del emoticón, e inquietarse ante la creciente facilidad con la que podemos expresarnos con imágenes y sonidos. Ezequiel Duarte comienza con un recuerdo personal para, posteriormente, desgranar reflexiones teóricas en torno a la oscuridad y la luz, y asimismo respecto al cine que encuentra en el fuego, los espejos y los sueños formas de inmortalidad. En el mismo sentido va el texto de Alejandro Noviski (afortunadamente más accesible que su título), quien relaciona la postura para apreciar los dibujos en las cavernas con la que adoptamos en una sala de cine (y quien seguramente exagera al sostener que ahora hay más imágenes en la gran red que las que existen a lo largo y ancho del globo terráqueo). Julieta Laucella escribe, a su vez, sobre la preservación del cine argentino en la era digital, agitando más de un interrogante.
Mundos distópicos es el eje del capítulo siguiente. Aquí, Francisco Goin repasa cambios en la sociedad, recuerda que el cine refleja miedos colectivos de su tiempo, y apunta que dichos mundos exponen visiones paroxísticas del Estado y el Mercado (deslizando por ahí algún comentario severo sobre Matrix); Ezequiel Duarte procura reflexionar sobre las ruinas de la historia en la materialidad de Stalker (Tarkovski) y El visitante del museo (Lopushansky); y Mariano Vazquez y Gonzalo Zubia –en otro de los mejores textos del libro– se ocupan de Black Mirror, ayudando razonablemente a “desconfiar” de las tecnologías: “las redes sociales no son neutras ni inocuas respecto de la política y la economía global”, sostienen.
Los dos últimos apartados (Arquitectos y Géneros al margen) incluyen una suerte de reseña de Tierra de los padres (Prividera) por parte de Giuliana Nocelli, un estudio de Pablo Ceccarelli sobre la trilogía de Batman (The Dark Knight, Nolan) examinando escenas de manera en la que casi no lo hacen otros autores del libro (y poniendo en su lugar el valor de las movilizaciones sociales), Álvaro Bretal explica con acierto lo que se considera found footage, y Nicolás Toler logra encontrar dos o tres ejemplos de cine documental de divulgación científica abiertos a lo que considera esencial en este tipo de producciones: la discusión, la curiosidad y el cuestionamiento.
Con todo ello, La imagen primigenia invita al debate: no sólo acerca de los distintos temas que abarca, sino también sobre las opiniones que se vierten en torno a películas, series y fenómenos audiovisuales, e incluso sobre las aptitudes de cada uno de sus autores. Trabajo respetable y bienvenido, su mayor valor se encuentra en la diversidad de aristas por las que fuga su ansiedad dialéctica, como un fecundo calidoscopio.

Por Fernando G. Varea

https://lacuevadechauvet.com/

Sálvese quien pueda

INVASIÓN ZOMBIE
(Train to Busan/Busanhaeng; dir: Sang-ho Yeon)

(Por GONZALO E. VILLALBA)
Las reglas que inventaran el subgénero de zombies para el cine de terror mainstream impone la representación alegórica sobre el contexto social. Desde la inaugural Night of the living dead (1968), George Romero advirtió que el zamarreo y control del personaje negro de Ben (Duane Jones) ejercido sobre la blonda Bárbara (Judith O’Dea) abría para los films de zombies la posibilidad de referirse oblicuamente a temas urticantes del american way of life evadiendo, en tal sentido, una puesta excluyentemente gore con escenas antropofágicas protagonizadas por famélicos muertos vueltos a la vida.
Ahora bien, Invasión zombie (2016) no es un mero ejercicio de importación de códigos hollywoodenses reubicados en una locación oriental (y, por otro lado, factible de leer como devolución de favores a las remakes norteamericanas hechas sobre originales del cine de terror asiático, sintomática de la mentada crisis de ideas en la industria). El film surcoreano aprehende la lección del maestro Romero y, consiguientemente, escenifica los temores de esa comunidad estratificada, populosa y tecnificada en la turba rudimentaria y arbitraria que personifica la otredad riesgosa de la amenaza zombie. De ahí que el cuestionamiento legible en el film a la lógica capitalista (posible continuidad argumental de Dawn of the dead, de 1978, donde Romero plantea la supervivencia de la embestida zombie en términos de lucha entre clases), ordene una puesta en escena donde son abismados los presupuestos que regulan dicho sistema productivo. En este punto, el axioma medular de lucro incesante que dinamiza la economía capitalista contemporánea –encarnada por el personaje protagónico de Kim Chang-han, quien trabaja como ejecutivo de una financiera– encuentra su envés terrorífico en la propagación inmediata de la aberración zombie, cuyo contagio instantáneo alegoriza el incremento de esa alteridad ignominiosa de desplazados que paulatinamente quedan afuera del mercado.
De tal modo, si Dawn of the dead elige como escenario de supervivencia al shopping, en tanto lugar simbólico del consumo encabalgado con el ejercicio de ciudadanía (donde el periplo de supervivencia exhibe una trayectoria ascendente traccionada por el acceso a los pisos más altos del edificio comercial, metaforizando claramente la pirámide social), Invasión zombie reescribe la alegoría mediante la carrera precipitada entre los vagones dirigida a arribar a la máquina locomotora (lugar de control), suponiendo dejar atrás a los monstruosos y peligrosamente infecciosos zombies. Ejercicio de relegamiento legible como paráfrasis de la segregación social acometida contra los desclasados del mercado, el film imagina el progresivo encierro profiláctico de los seres indeseables (los zombies), cuya garantía de seguridad nunca es total debido a la continua amenaza latente de infiltración de esos otros abominables dentro de la comunidad de supervivientes.
El raid de supervivencia dependiente de la agilidad de abordar a tiempo los vagones sin presencia de zombies sirve para que el film plantee, entonces, el debate moral comprendido por la elección entre la salvaguarda egoísta de sí mismo o la lucha altruista por la supervivencia colectiva. Controversia que Invasión zombie explicita erróneamente de forma rimbombante con la interpelación de buena conciencia incoherente para la perspectiva del personaje infantil de Soo-An (una suerte de Mafalda de carne y hueso asiática), quien hace un cuestionamiento altisonante a la ambición de su padre. De tal modo, si el conflicto filial resuelve en la lección bienpensante de la lucha mancomunada para la supervivencia colectiva –y, en tal sentido, cohesiva con una moral pública de ciudadanía, y aquí no resulta casual que Soo-An luzca en su vestimenta los colores de la bandera de Corea del Sur–, la película desiste de un desenlace creativo como, por caso, exploró Confessions (2010, Tetsuya Nakashima) con su idea políticamente incorrecta de venganza contra niños que inspira el amor maternal. Desatino argumental que, en la resolución sacrificial convencional, desanda la tensión narrativa construida a lo largo del film por las condiciones cada vez más acuciantes de supervivencia y la caída continua de pasajeros del tren a la ingesta caníbal, multiplicando, consiguientemente, la población zombie que acecha a esa minoría protegida: toda una metáfora del capitalismo.
Por último, fuera de la evaluación del film de Sang-ho Yeon, no deja de ser alarmante la tendencia ascendente de las distribuidoras a comercializar más copias dobladas que subtituladas (en este caso, puntualmente, la [des]proporción es de 184 contra 149 en idioma original). Más allá de la discusión chauvinista que acarrea la cuestión de la lengua, resulta paradójico que películas dirigidas a adultos recurran a la herramienta del doblaje prevista para el consumo del público infantil analfabeto. Paradoja que, incluso, refuerza el argumento de Invasión zombie, donde la pérdida de la propia voz es patología sintomática de conversión monstruosa en zombie.

http://wellgousa.com/theatrical/train-to-busan

Balance 2016: las buenas películas que el año nos dejó

El rito se repite: consultar a conocedores del medio para rastrear lo mejor que ha dado el cine durante el año, con el propósito de volver la mirada sobre lo más relevante o innovador que pasó por las pantallas en los últimos meses. Esta vez, en lugar de la mera confección de listas (que suelen verse de reojo y tal vez no contagien el suficiente entusiasmo por ver o rever los films que se mencionan), se invitó a destacar una película y argumentar la decisión, agregando otras, en todos los casos estrenadas en 2016 (en salas comerciales, festivales, muestras, TV o DVD). Procurando abrir un poco el juego, se permitió también destacar una serie televisiva, corto, videoclip, reposición o exhibición especial. Algunos de los convocados se disculparon por no participar (Lucrecia Martel, Nicolás Prividera, Nicolás Herzog, Pablo Giorgelli, Javier Olivera y otros), por distintos motivos. Se detallan a continuación las películas con más menciones y, después de la opinión del autor-editor de Espacio Cine, las elecciones de todos los participantes, a quienes les agradecemos sinceramente el aporte. Como años anteriores, el deseo es que al final los lectores agreguen comentarios que discutan, agreguen o compartan las impresiones que acá se despliegan.

  • Carol, de Todd Haynes (15);
  • Los 8 más odiados, de Quentin Tarantino; y Misterios de Lisboa, de Raúl Ruiz (12);
  • Sully: hazaña en el Hudson, de Clint Eastwood (10);
  • Lejos de ella (Shan he gu ren/Mountains May Depart), de Jia Zhang-ke; y Sangre de mi sangre, de Marco Bellocchio (9); 
  • Homeland (Iraq Year Zero), de Abbas Fahdel (8);
  • Francofonía, de Alexsander Sokurov; y Julieta, de Pedro Almodóvar (7);
  • Elle, de Paul Verhoeven; El tesoro, de Corneliu Porumboiu; En primera plana (Spotlight), de Thomas McCarthy; y Tangerine, de Sean S. Baker (5).  
  • Entre las argentinas, la ópera prima de Francisco Márquez y Andrea Testa La larga noche de Francisco Sanctis fue destacada por 14 votantes entre lo mejor del año, seguida por La luz incidente, de Ariel Rotter (11); Juana a los 12, de Martín Shanly (6); El limonero real, de Gustavo Fontán (4); Gilda, no me arrepiento de este amor, de Lorena Muñoz (4); La noche, de Edgardo Castro (4); y Lulú, de Luis Ortega (4).
  • Cabe destacar que obtuvo 4 menciones Stranger things, la serie televisiva realizada por los hermanos Matt y Ross Duffer para Netflix.

FERNANDO G. VAREA
Docente, periodista, creador-editor de Espacio Cine 
Mejor película: El tesoro [Comoara] (C.Porumboiu) y La acusación [Court] (Ch.Tamhane). La comprensión del otro es el tema central de estas ficciones que despliegan sus conflictos sin estridencias y descubren el ambiguo funcionamiento de las instituciones sin levantar la voz. Simples aunque rigurosamente planificadas, serias pero no solemnes, con hermosos y significativos desenlaces.
Otras: Lejos de ella (J.Zhang-ke) – Por siempre amigos (I.Sachs) – Sangre de mi sangre (M.Bellocchio) – Carol (T.Haynes) – Las maravillas (A.Rohrwacher) – La larga noche de Francisco Sanctis (F.Márquez/A.Testa) – Nocturama (B.Bonello).
Mención especial: La exhibición de El caballo de hierro (1924, John Ford), en copia nueva de 35 mm restaurada, con música especialmente compuesta para la misma interpretada en vivo, en la última edición del Festival de Mar del Plata.

ANDRÉS DI TELLA
Cineasta, docente, director de Fotografías y 327 cuadernos
Mejor película: Como me da la gana 2 (I.Agüero). Agüero hace honor al título de su película (que retoma otra que hizo hace 30 años) y pone en acto una capacidad infinita de invención, para hacernos pensar –como si fuera por primera vez– qué será exactamente lo cinematográfico. Complemento ineludible: El viento sabe que vuelvo a casa, dirigida por José Luis Torres Leiva y protagonizada por el propio Agüero, en el papel de un director de cine que busca una película.

EDUARDO RUSSO
Crítico, ensayista, autor de Diccionario de cine, El cine clásico y otros libros.
Mejor película: Homeland (Iraq Year Zero) (A.Fahdel). Cómo anudar la mirada y la escucha, lo íntimo y lo colectivo, la memoria y la historia. Un cine que crece donde más hace falta.
Otras (en orden alfabético): El hijo de Saúl (L.Némes) – El limonero real (G.Fontán) – El tesoro (C.Porumboiu) – La larga noche de Francisco Sanctis (F.Márquez/A.Testa) – Misterios de Lisboa (R.Ruiz) – Ta’ang (W.Bing) – Under the Shadow (B.Anvari)
Mención especial: El relanzamiento de Chimes at Midnight (1965), de Orson Welles (Criterion Collection), y las series The Night of/The Frankenstein Chronicles.

MATÍAS PIÑEIRO
Realizador, director de Viola, La princesa de Francia y Hermia & Helena
Mejor película: Como me da la gana 2 (I.Agüero). No es tan fácil hacer lo que a uno le da la gana -¡y mucho menos por segunda vez!- e invitar a ver, reflexionar, escuchar y emocionarse sobre qué es el cine, su relación con la historia, las vivencias personales y las vivencias de otros. La película es pícara porque logra ser al mismo tiempo gentil e incisiva, huidiza y al punto, graciosa y abismal. Es generosa y por eso, única.
Otras: A la sombra de las mujeres (P.Garrel) – El botón de nácar (P.Guzmán) – Las maravillas (A.Rohrwacher) – Amor & Amistad (W.Stillman) – Carol (T.Haynes) – El tesoro (C.Porumboiu) – Francofonía (A.Sokurov) – Homeland (Iraq Year Zero) (A.Fahdel) – Misterios de Lisboa (R.Ruiz) – Sangre de mi sangre (M.Bellocchio)
Mención especial: Las películas de Peter Hutton, fallecido este año y cuya retrospectiva viaja por el mundo, y Back Street (John M. Stahl, 1932), cuando el cine de Hollywood podía filmar historias de gente con emociones reales y mayor libertad.

BENJAMÍN NAISHTAT
Realizador, director de Historia del miedo y El movimiento
Mejor película: Aquarius (K.M.Filho). Por su libertad y por la maestría con la que fue ejecutada, y por cómo resuena, con sutileza pero contundentemente, sobre la realidad latinoamericana actual.
Otra: Homeland (Iraq Año Cero) (A.Fahdel). Porque devuelve la experiencia de la la invasión de 2003 como nunca la habíamos visto y sentido.
Mención especial: Manchester by the Sea (Kenneth Lonergan).

GUSTAVO POSTIGLIONE
Realizador, guionista, director de El asadito y Brisas heladas
Mejor película: King of Cups (T.Malick). Si bien es de 2015, este año volví a verla cerca de 10 o 20 veces. Desde hace un tiempo la idea de hacer listas y ponerles números de orden o decir la mejor, etc. es algo que me incomoda. Creo que el cine como cualquier manifestación artística está ligado a la relación que establece con los otros y eso tiene una carga de subjetividad muy grande, que transforma la elección en una cuestión meramente caprichosa. Pero entiendo que para el periodismo esto tenga cierto atractivo y para los que los leemos nos pueda causar cierta curiosidad.
Otras: La llegada (D.Villeneuve) – Batman Vs Superman (Z.Snyder) – Carol (T.Haynes) – Existir sin vos (Una noche con Charly Garcia) (A.Chomski) – Jason Bourne (P. Greengrass) – La vida secreta de las mascotas (C.Renaud/Y.Cheney)
Mención especial: las series Easy, Vinyl (1º capítulo dirigido por Scorsese: hay más cine que en mucho cine estrenado), Luke Cage y Daredevil (2ª temporada; la aparición de Punisher le da realismo y dureza, de lejos lo mejor dentro del Universo Marvel).

JUAN VILLEGAS
Realizador, productor, director de Sábado, Victoria y Adán Buenosyares, la película
Mejor película: Los 8 más odiados (Q.Tarantino). Porque nadie como Tarantino tiene más ideas de puesta en escena por minuto y nadie como él domina las herramientas de la narración.
Otras: Hermia & Helena (M.Piñeiro) – Por siempre amigos (I.Sachs) – Mi amigo el dragón (D.Lowery) – El viento sabe que vuelvo a casa (J.L.Torres Leiva)
Mención especial: Love (serie).

ROGER KOZA
Crítico de cine (Revista Ñ, Con los ojos abiertos) y programador (Ficunam-Filmfest Hamburg)
Mejor película: Misterios de Lisboa (R.Ruiz). En esta película pasa de todo, pero nada se resuelve y envuelve una moraleja. El juego de Ruiz consiste en hacer sentir el espíritu de la novela: todo es susceptible de ser reinventado, nadie tiene que conformarse con un lugar asignado. La ficción es pura y libre; un atributo admirable del espíritu de los hombres.
Otra: La luz incidente (A.Rotter). Esto escribí en cierta oportunidad: “¿Qué exige filmar un duelo? Delicadeza. He aquí un retrato sobre la difícil tarea subjetiva de acomodarse a la ausencia irreparable de alguien amado y a la lenta posibilidad de volver a desear”.
Mención especial: Redescubrimiento: Algas, de María Laura Pintor, la película más original del llamado nuevo cine cordobés. Un hermoso ensayo sobre la ciudad de Córdoba y la relación de la misma con la historia, la subjetividad y la otredad.

MARCOS VIEYTES
Crítico, director-editor de Hacerse la crítica
Mejor película: Juana a los 12 (M.Shanly). No justifico porque soy incapaz de hacerlo en una línea.
Otras: Los 8 más odiados (Q.Tarantino) – Hijos nuestros (J.Fernández Gebauer/N.Suárez) – 45 años (A.Haigh) – Leyenda (B.Helgeland).

RUBÉN PLATANEO
Realizador (El gran río, El triple crimen), coordinador de la Muestra de Cine Independiente BAFICI en Rosario
Mejor películaBone Tomawawk (S.Craig Zahler). Tremendo western dark, absolutamente moderno, trastabillando elegantemente y a los tiros entre el fantástico y el horror; yendo por amor hacia la siniestra cueva de la humanidad en combate bien físico, por lo tanto gore, la destacable calidad en todos los aspectos de este film es para volver a hablar del cine norteamericano y su vía industrial-indie, gran refugio de autores; una nueva Clase B con clase (lo ví en el último BAFICI).
Otras: Sangre de mi sangre (M.Bellocchio) – Oleg y las raras artes (A.Duque) – La larga noche de Francisco Sanctis (F.Márquez/A.Testa) – Francofonía (A.Sokurov) – Anomalisa (Ch.Kaufman/D.Johnson) – Los 8 más odiados (Q.Tarantino) – Misterios de Lisboa (R.Ruiz) – Carol (T.Haynes) – Lejos de ella (J.Zhang-ke)

GUSTAVO FONTÁN
Realizador, guionista (La casa, El rostro, El limonero real)
Las cinco películas que elijo me resultan extraordinarias: son rebeldes, provocadoras y gozan de una enorme libertad: Como me da la gana 2 (I.Agüero) – El viento sabe que vuelvo a casa (J.L.Torres Leiva) – Il Solengo (A.R.de Righi/M.Zoppis) – The dazzling light of sunset (S.Jashi) – El auge del humano (T.Williams)

EMILIO BELLON
Docente, crítico (FMLatina, Rosario Clásica)
Mejor película: 1. Loca alegría (P.Virzi), reconstrucción de una poética autoral en un territorio de borrosos límites entre cordura y locura, que sale al encuentro de aquello que fue negado, de lo que no pudo ser atendido; y 2. El hijo de Saúl (L.Nemes), salir de la oscuridad con la mirada esperanzada, tras atravesar el horror del vacío en tiempos del Holocausto, reivindicando la dignidad de lo humano, elevada hacia la apertura de la misma noche.
Otras (no ya en orden jerárquico): Francofonía (A.Sokurov) – Carol (T.Haynes) – El precio de un hombre (S.Brizé) – La luz incidente (A.Rotter) – Le confessioni (R.Andó) – Julieta (P.Almodóvar) – La larga noche de Francisco Sanctis (F.Márquez/A.Testa) – El nuevísimo testamento (J.Van Dormael). Y de poder nombrar otras: Detrás de los anteojos blancos, En primera plana, Corazón silencioso, Salve César, Misterios de Lisboa, Sangre de mi sangre

RODRIGO MORENO
Realizador (El custodio, Réimon), codirector de Revista de Cine
Mejor película: Toni Erdmann (M.Ade). Tiene la cualidad de tener una narración sólida, sin embargo no deja que su relato se someta jamás a las conveniencias de los giros narrativos o funcionales; por el contrario, su intensidad narrativa es consecuencia del capricho y de los sentimientos de sus dos protagonistas. Ahí radica el espíritu de libertad que se respira de principio a fin. Y por último, me gusta que elija el humor y la ligereza como tono para abordar la complejidad del vínculo padre-hija. Es la mejor de Maren Ade y la mejor del año, por lejos.
Mención especial: Right now, wrong then (Hong Sang Soo), la mejor película que vi en los últimos quince años y que no puedo incluir más arriba porque no es rigurosamente de 2016.

MARCELA GAMBERINI
Docente, crítica (Con los ojos abiertos)
Mejor película: A quiet passion (T.Davies). Terence Davies no traiciona nunca, fiel a sí mismo y a sus espectadores expone como nadie el espíritu, el cuerpo y el alma femenina sin olvidar una puesta en escena coherente y sensible con aquello que se narra.
Otras: Carol (T.Haynes) – Elle (P.Verhoeven) – La luz incidente (A.Rotter) – Las maravillas (A.Rohrwacher) – La academia de las musas (J.L.Guerin) – Sangre de mi sangre (M.Bellocchio) – Scarred Hearts (R.Jude) – In the Crosswind (M.Helde)

FERNANDO JUAN LIMA
Crítico (El Amante, Otros cines), cocreador y conductor del los programas La Autopista del Sur y Cinema mon amour
Mejor película: Misterios de Lisboa (R.Ruiz) y Homeland (Iraq year zero) (A.Fahdel), dos películas muy distintas aunadas por su extensión y su tardío estreno local. Ambas imprescindibles.
Otras: Juana a los 12 (M.Shanly) – El niño y la bestia (M.Hosoda) – Le nouveau (R.Rosenberg) – El tesoro (C.Porumboiu) – El apóstata (F.Veiroj) – Lejos de ella (J.Zhang-ke) – Los exiliados románticos (J.Trueba) – Los cuerpos dóciles (M.Scarvaci/D.Gachassin) – Rara (P.San Martín) – Tangerine (S.Baker)
Mención especial: Santiago Palavecino, rara avis entre los realizadores locales que este año estrenó dos películas arriesgadas, exquisitas, únicas: Algunas chicas e Hija única.

FERNANDO PUJATO
Crítico, programador (revista y cineclub Cinéfilo)
Mejor película: Misterios de Lisboa (R.Ruiz). La puesta en escena del film de Ruiz es una invitación a danzar un vals, el eterno vals de un cine que nos transporta ensoñadoramente hacia aquello que aún debemos descubrir. La imagen de una eterna ilusión.
Otras: El ornitólogo (J.P.Rodrigues) – Ta´ang (W.Bing) – El último viaje de la señora Phung (N.T.Tham) – Sangre de mi sangre (M.Bellocchio) – La última navidad de Julius (E.Bejarano) – Tangerine (S.Baker) – Sully: hazaña en el Hudson (C.Eastwood) – Baba Dana Talk to the Wolves (R.Doncheva) – Toponimia (J.Perel)
Mención especial: Reposición de La muerte cansada (Fritz Lang, 1921).

ALEJANDRA PORTELA
Docente, directora del sitio de cultura Leedor, coautora de Un diccionario de films argentinos
Mejor película: Francofonía (A.Sokurov). Porque Alexander Sokurov siempre se las arregla para reinventar el cine. Por la puesta en escena, reflexión estética y reflexión sobre el tiempo. Gran ensayo de arte, política e historia sobre la Europa actual, una Europa que nunca termina de hacer un verdadero mea culpa.
Otras: Lejos de ella (J.Zhang-ke) – El botón de Nacar (P.Guzmán) – El invierno (E.Torres) – El tesoro (C.Porumboiu) – Julieta (P.Almodóvar) – Juventud (P.Sorrentino) – Los 8 más odiados (Q.Tarantino) – La larga noche de Francisco Sanctis (F.Márquez/A.Testa) – Arreo (N.Moreno) – El limonero real (G.Fontán)

SANTIAGO GARCÍA
Crítico (Leer Cine, Radio Mitre, La Once Diez)
1. Sully: hazaña en el Hudson (C.Eastwood) – 2. Rogue One: Una historia de Star Wars (G.Edwards) – 3. Cazafantasmas (P.Feig) – 4. El buen amigo gigante (S.Spielberg) – 5. El libro de la selva (J.Favreau) – 6. Gilda, no me arrepiento de este amor (L.Muñoz) – 7. Agárrese como pueda (C. Celada/J. Romero/N. Bratosevich) – 8. Kubo y la búsqueda samurái (T.Knight) – 9. Deadpool (T.Miller) – 10. El ciudadano ilustre (G.Duprat/M.Cohn)

LEANDRO ARTEAGA
Docente, crítico (Rosario/12, Radio Universidad, Linterna mágica)
Mejor película: Sully: hazaña en el Hudson (C.Eastwood). Porque es cine puro, consciente de las formas cinematográficas que utiliza; por eso, el cine de Eastwood puede inscribirse en la línea de los grandes maestros del medio.
Otras: Café Society (W.Allen) – Carol (T.Haynes) – El buen amigo gigante (S.Spielberg) – Jason Bourne (P.Greengrass) – Julieta (P.Almodóvar) – La habitación (L.Abrahamson) – La luz incidente (A.Rotter) – Los 8 más odiados (Q.Tarantino) – Salve César (Hnos.Coen)

PAULO PÉCORA
Periodista, realizador (El sueño del perro, Marea baja)
Mejor Película: Homeland (Iraq Year Zero) (A.Fahdel). La invasión estadounidense a Irak en 2003, y la destrucción de un país, su cultura, su memoria y esperanza, es mostrada en primera persona por el iraquí Abbas Fahdel en esta crónica en cámara en mano, íntima, casi hogareña, que registra -en imperceptibles seis horas- las vivencias de su familia y la idiosincrasia de un pueblo entero en los momentos previos y posteriores a los bombardeos y el ingreso de las tropas extranjeras.
Otras: La acusación [Court] (Ch.Tamhane) – Juana a los 12 (M.Shanly) – La noche (E.Castro) – Los exiliados románticos (J.Trueba) – Lulú (L.Ortega) – La larga noche de Francisco Sanctis (F.Márquez/A.Testa) – La luz incidente (A.Rotter) – Los cuerpos dóciles (M.Scarvaci/D.Gachassin) – El limonero real (G.Fontán)

FEDERICO PINTOS
Productor, realizador (Generación artificial)
Mejor película: Stand by for tape backup (Ross Sutherland). Una clase sobre cómo emocionar sin presupuesto.
Otras: Las mil y una noches (M.Gomes) – Carol (T.Haynes) – Lejos de ella (J.Zhang-Ke) – La luz incidente (A.Rotter) – Juana a los 12 (M.Shanly) – Una chica vuelve a casa sola de noche (A.L.Amirpour) – El auge humano (E.Williams). Y obviamente mi película: Generación artificial!

JUAN AGUZZI
Periodista, crítico, editor de Espectáculos y Cultura del diario El Ciudadano
Mejor película: Misterios de Lisboa (R.Ruiz). Es fascinante el entramado de microrelatos desplegados en una historia que los contiene, y que, fiel a su poética, Ruiz los pone en circulación subvirtiendo las convenciones narrativas.
Otras: El limonero real (G.Fontán) y El padre (M.Arruti), la primera por su entusiasta y libre lectura de la novela de Saer, y la segunda por el coraje y la sensibilidad de la realizadora para captar algo de ese pasado oculto que sitúa su presente y a ella misma. Luego puedo citar a Damiana Kryygi (A.Fernández Moujan), Tiempo de revelaciones (C.Corsini), Pequeño diccionario ilustrado de la electricidad (G.Galuppo/C.Rimini), Lulú (L.Ortega), Loca alegría (P.Virzi), La doncella (P.Chan-Wook) y La larga noche de Francisco Sanctis (F.Márquez/A.Testa).
Mención especial: Daredavil (serie), por su tratamiento e imaginativa adaptación del comic.

JUAN PABLO RUSSO
Crítico, director de Escribiendo Cine
Mejor película: Misterios de Lisboa (R.Ruiz). Por ser una película que no admite clasificaciones sobre su contenido ni sobre la forma en la que el director chileno Raúl Ruiz adapta la novela homónima de Camillo de Castelo Branco publicada en 1854, exponente del romanticismo literario.
Otras (sin orden de mérito): La larga noche de Francisco Sanctis (F.Márquez/A.Testa) – La noche (E.Castro) – Lulú (L.Ortega) – La luz incidente (A.Rotter) – Gilda: No me arrepiento de este amor (L.Múñoz) – Juana a los 12 (M.Shanly) – La reconquista (J.Trueba) – Una chica vuelve a casa sola de noche (A.L.Amirpour) – Una segunda madre [Que Horas Ela Volta?] (A.Muylaert)
Mención especial: Stranger Things (serie).

JUAN FRANCISCO GACITÚA
Crítico (Volantes de privados, Dos mil quince veces no debo), redactor del diario del Festival de Mar del Plata
Mejor película: La larga noche de Francisco Sanctis (F.Márquez/A.Testa). La polémica en un Bafici donde se distinguió de varios autorretratos anodinos no tuvo grandes repercusiones en Cannes o en su estreno comercial, pero quedó una película que encuentra el suspense en un relato ambientado en la dictadura, con el ingenio en el fuera de campo para administrar recursos sin perder fuerza y con la escena magistral del encuentro en el cine.
Mención especial: Conan O’Brien aprendiendo a hablar coreano (lejos de ser algo relevante en 2016, pero me pasé el año viendo segmentos de su programa).

GUILLERMO BRUNO
Crítico de espectáculos (LT8, La Red, Radio Diez)
Mejor película: En primera plana [Spotlight] (T.Mccarthy). Una historia apasionante, rigurosa e impactante basada en hechos reales (cuyo tema lamentablemente no pierde vigencia). Una propuesta fuerte, valiente, profunda, bien narrada, que genera tensión y suspenso sin golpes bajos. Con interesantes diálogos y un notable y prestigioso elenco. Una película para disfrutar, pensar, reflexionar y debatir.
Otras: Tangerine (S.Baker) – Sully: hazaña en el Hudson (C.Eastwood) – Regreso con gloria (J.Roach) – Florence (S.Frears) – Carol (T.Haynes) – La chica danesa (T.Hooper) – Francofonía (A.Sokurov) – Mandarinas (Z.Urushadze) – Café Society (W.Allen).

ANDRÉS FEVRIER
Periodista, creador- editor de Cinematófilos
Mejor película (probablemente una de las mejores de la última década, quizá entre las mejores de la historia del cine): Homeland (Iraq Year Zero) (A.Fahdel). Son cinco horas y media de una sensibilidad y lucidez extraordinarias, con algunas imágenes que nos quedarán en la memoria por siempre.
Otras: Carol (T.Haynes) – El precio de un hombre (S.Brizé) – En primera plana (T.McCarthy) – La noche (E.Castro) – Sully: hazaña en el Hudson (C.Eastwood).

LUCIANO REDIGONDA
Realizador, programador general del Festival de Cine Latinoamericano Rosario
Mejor película: La flor (primera parte) (M.Llinás). Me causó la misma sensación que al ver Historias extraordinarias: ser parte de un viaje, físico, mental. Una película larga distancia, una experiencia colectiva como sólo la gran pantalla puede generar. Desde La llegada del tren a la estación el cine sigue viajando, y por suerte, encontrando nuevos destinos.
Otras: Los 8 más odiados (Q.Tarantino) – La gran apuesta (A.Mckay) – Salve César (Hnos. Coen) – Favio: Crónica de un director (A.Venturini) – Mi gran noche (A.de la Iglesia) – Sully: hazaña en el Hudson (C.Eastwood) – Hell or High Water (D.Mackenzie) – Dos tipos peligrosos (S.Black) – Regreso con gloria (Trumbo) (J.Roach)
Mención especial: Cartel landAmanda Nox (documentales de Netflix)

PATRICIO CARROGGIO
Realizador (El perro de Ituzaingó)
Mejor película: Fuoccoammare (G.Rosi). Fusiona documental y ficción, actualidad y poesía con mucho acierto.
Otras: Ahora sí, antes no (Hong San Soo) – Everybody wants some (R.Linklater) – Sully, hazaña en el Hudson (C.Eastwood) – La larga noche de Francisco Sanctis (F.Márquez/A.Testa).

FRANCISCO MATIOZZI MOLINAS
Realizador (Murales, el principio de las cosas), fotógrafo, productor
Mejor película: Oleg y las raras artes (A.Duque). El tratamiento de los espacios, el proceso creativo en su plenitud que nos llega mas allá del cine.
Otras: La larga noche de Francisco Sanctis (A.Testa/F.Márquez) – Anomalisa (Ch.Kaufman/D.Johnson) – El imposible olvido (A.Habegger) – Misterios de Lisboa (R.Ruiz) – Cuerpos dóciles (D.Gachasin) – Capitán América: guerra civil (A./J.Russo)
Mención especial: Daredevil – GothanStranger ThingsThe O A (series). Y una mención especial para la serie 7 latidos realizada por mis alumnos y egresados.

MATÍAS ORTA
Crítico, cocreador de A Sala Llena
Mejor película: Elle (P.Verhoeven). Deliciosa obra maestra de la perversión, que confirma el talento de una actriz consagrada y la potencia de uno de los directores más audaces.
Otras: El Renacido (A.González Iñárritu) – La larga noche de Francisco Sanctis (A.Testa/F.Márquez) – La bruja (R.Eggers) – Deadpool (T. Miller) – Dos tipos peligrosos (Sh.Black) – Rogue One: una historia de Star Wars (G.Edwards) – Gilda, no me arrepiento de este amor (L.Muñoz) – No respires (F.Álvarez) – El eslabón podrido (V.J.Diment)
Mención especial: The People vs. O.J. Simpson: American Crime Story (serie)

MEX FALIERO
Crítico, creador-editor de Fancinema
Mejor película: Sully, hazaña en el Hudson (C.Eastwood). En un tiempo donde el cine se ha convertido en un exceso constante, Clint Eastwood exhibe la mayor virtud: síntesis, concreción narrativa, nada sobra y nada falta.
Mención especial: The night of (serie de HBO). Registra con sobriedad y máxima virtud narrativa los mecanismos que componen las instituciones, los exhibe en movimiento y demuestra cómo ese movimiento impacta en lo humano.

MILTON SECCHI
Realizador (Lo-Fi, Donde no hay nada), asistente de dirección de La helada negra y La siesta del tigre
Mejor película: Oleg y las raras artes (A.Duque) y El viento sabe que vuelvo a casa (J.L.Torres Leiva). Dos miradas libres y frescas, fascinadas con lo que filman.

OSCAR CUERVO
Crítico, periodista (La otra, Radio Gráfica)
Mejor película: Los 8 más odiados (Q.Tarantino) y Homeland (Iraq Year Zero) (A.Fahdel). Dos extremos del cine posible: un falso western devenido en grand guignol y un documental que registra la cotidianeidad de la guerra desde la perspectiva familiar exhiben la imposibilidad de conciliar en la pantalla lo que en el mundo actual está desquiciado.
Otras: La noche (E.Castro) – CUMP4RSITA (R.Perrone) – Train to Busan (Y.Sang-ho) – Lejos de ella (J.Zhang-Ke) – La luz incidente (A.Rotter) – Julieta (P.Almodóvar) – Carol (T.Haynes) – Todo comenzó con el fin (L.Ospina).

MARTÍN IPARRAGUIRRE
Crítico, periodista (La mirada encendida, diario Hoy Día Córdoba)
Mejor película: Como me da la gana 2 (I.Agüero). Por ser la expresión más libre y lúcida de las posibilidades que puede brindar el cine para establecer una relación reflexiva, al mismo tiempo que amorosa, consigo mismo y con el mundo; y Homeland (Iraq Year Zero) (A.Fahdel), la película de nuestra era [incluida ya por mí en este espacio en 2015], por el acceso que permite a una cultura infinitamente estigmatizada.
Otras: Misterios de Lisboa (R.Ruiz) – Paterson (J.Jarmusch) – Sieranevada (C.Puiu) – A quiet passion (T.Davies) – Tangerine (S.Baker).

GUSTAVO ESCALANTE
Programador general del Festival Latinoamericano de Cine Rosario, responsable del archivo del CAR
Mejor película: Los 8 más odiados (Q.Tarantino). Porque con esta película Tarantino demuestra una vez más que la cinefilia (no patológica ni snob, si no la del orden de la pasión y de la erudición) puede ser una bandera artística a enarbolar. Un estilo auténtico y honesto. Como espectador agradezco y disfruto cuando un director quiere realmente hacer cine.
Otras: Estación Zombie (Y.Sang-ho) – Dos tipos peligrosos (S.Black) – Hell or High Water (D.Mackenzie) – Zootopia (B.Howard/R.Moore/J.Bush) – En primera plana (T.Mccarthy) – El eslabón podrido (V.J.Diment) – Favio: Crónica de un director (A.Venturini) – Gilda, no me arrepiento de este amor (L.Muñoz) – La bruja (R.Eggers) – Mi gran noche (A.de la Iglesia)
Mención especial: The People v. O.J.Simpson [Serie] y los cortos Uncanny Valley (Federico Heller) y O teto sobre nós (Bruno Carboni), vistos en el 23º Festival de Cine Latinoamericano Rosario.

FERNANDO HERRERA
Realizador, responsable del videoclub y espacio cultural Mirada Alternativa
Mejor película: Capitán Fantástico (M.Ross). Solidez en todos los rubros, actuaciones convincentes y un dilema interesante, pero además, y por sobre todas las cosas, corazón. Talentos al servicio de emociones genuinas.
Otras: 45 años (A.Haigh) – Anomalisa (Ch.Kaufman/D.Johnson) – Salve César (Hnos.Coen) – Carol (T.Haynes) – Creed: corazón de campeón (R.Clooger) – Juana a los 12 (M.Shanly).
Mención especial: Me sumo a la ochentosa legión de fans de Stranger Things.

TOMÁS LIPGOT
Realizador, guionista (El árbol de la muralla, Vergüenza y respeto)
Mejor película: La luz incidente (A.Rotter). Una obra maestra, uno de esos pocos casos en los que el cine logra evocar con su lenguaje lo real del fenómeno humano.

MARCELO VIEGUER
Licenciado en Comunicación Audiovisual, regente de Escuela Pcial de Artes 3 (Venado Tuerto)
Mejor película: Sully: hazaña en el Hudson (C.Eastwood). Porque el saber del cine en la construcción del personaje, del film y del director se manifiesta en cada escena de la película.
Otras: Animales nocturnos (T.Ford) – Julieta (P.Almodóvar) – Sangre de mi sangre (M.Bellocchio) – Elle (P.Verhoeven)
Mención especial: Deadwood (2004-2006), serie revisitada.

MARTÍN FRAIRE
Periodista, programador en Cineclub Paradiso (San Jorge)
Mejor película: Elle (P.Verhoeven). Es actual, poderosa y se convierte en un intenso compendio de sensaciones. Verla es una sorpresa constante. Isabelle Huppert es simplemente perfecta. Verhoeven pone todo su talento a disposición de una película inolvidable.
OtrasAnomalisa (Ch.Kaufman/D.Johnson) – Café Society (W.Allen) – Capitán Fantástico (M.Ross) – Carol (T.Haynes) – El hijo de Saúl (L.Nemes) – Julieta (P.Almodóvar) – Los 8 más odiados (Q.Tarantino) – Tangerine (S.Baker) – Everybody Wants Some (Richard Linklater)
Mención especial: Peter Capusotto y sus videos.

ALEJANDRO RICAGNO
Crítico, perodista
Mejor película: Misterios de Lisboa (R.Ruiz).
Otras: la extraordinaria Sangre de mi sangre (M.Bellocchio), la bergmaniana 45 años (A.Haigh), El precio de un hombre (S.Brizé, película para estos tiempos), las argentinas La luz incidente (A.Rotter), Lulú (L.Ortega), Crespo, la continuidad de la memoria (E.Crespo) y La larga noche de Francisco Sanctis (F.Márquez/A.Testa, película también para estos tiempos canallas).
Mención especial: Baal (V. Schlöndorff retratando a Fassbinder sin saber que lo estaba retratando) y los films Dziga Vertov de Godard , vistos en Sala Lugones.

CRISTIAN ANDRADE
Realizador, programador de la muestra de cine interdisciplinaria Conecta
Mejor película: Lejos de ella (J.Zhang-Ke) y Sangre de mi sangre (M.Bellocchio). Diferentes en estéticas y narrativas pero ambas emotivas, lúcidas y lúdicas películas de saltos temporales, realizadas con mucha libertad y belleza, que reflexionan provocativamente sobre el mundo actual.
Otras: By the time it gets dark (A.Suwichakornpong) – La reconquista (J.Trueba) – La acusación [Court] (Ch.Tamhane) – El auge del humano (E.Williams) – Sieranevada (C.Puiu) – Las lindas (M.Liebenthal) – Le nouveau (R.Rosenberg) – Julieta (P.Almodóvar)

GABRIEL GUILLAUMET
Realizador, fotógrafo, docente
Mejor película: Los 8 más odiados (Q.Tarantino). Por la fotografía, por el personaje de Kurt Russell y por el manejo del suspense (repite una vez más la fórmula y le da resultado, sabe demorar el tiempo justo lo que tarde o temprano sabemos que va a pasar porque es una película de Tarantino).

DIEGO FIDALGO
Realizador (Hombres de ideas avanzadas, El origen del pudor, Fotosíntesis), productor (Oxímoron)
Mejor película: A la sombra de las mujeres (P.Garrel). Siempre espero las películas de este artesano del cine que es Philippe Garrel. Sus películas dan vueltas en círculos sobre la misma temática, tal vez por eso de que en definitiva el tema o la obsesión de un artista son siempre los mismos. Película a película va entregando capítulos de un libro donde los temas son el amor, las relaciones, lo complejo de los sentimientos y las personas. En este caso, profundiza el desafío que suponen las relaciones monogámicas y las dificultades cuando en esa sociedad uno, y en este caso los dos, rompen el pacto de la fidelidad. Es un cine a escala humana, sin demasiados artilugios pero efectivo, directo, de una franqueza que conmueve.
Otras: Capitán Fantástico (M.Ross) – La helada negra (M.Schonfeld).

LUIS FITTIPALDI
Actor, director teatral, editor de Rosariocine
Mejor película: En primera plana [Spotlight] (T.Mccarthy). Muestra un tema real y palpable, aun cada día más.
OtrasCarol (T.Haynes) – Los 8 más odiados (Q.Tarantino) – Regreso con gloria (J.Roach) – 13 Horas (M.Bay) – El Renacido (A. González Iñárritu) – La Bruja (R.Eggers) – Mi gran noche (A.De la Iglesia) – Miedo Profundo (J.Collet-Serra)
Mención especial: Bone Tomahawk (S. Craig Zahler) y Elvis y Nixon (Liza Johnson), vistas en Blue Ray.

GERMÁN GENTILE
Realizador, creador de Qué mira Rosario?
Mejor película: Lejos de ella (J.Zhang-Ke). Porque me hizo emocionar con una canción de los Pet Shop Boys.
Otras: Algunas chicas (S.Palavecino) – Carol (T.Haynes) – Creed (R.Coogler) – La larga noche de Francisco Sanctis (A.Testa/F.Márquez).

DIEGO M. CASTRO
Realizador, guionista 
Mejor película: Elle (P.Verhoeven). Una película inquietante, retorcida e incómoda, con personajes que nunca reaccionan como uno esperaría.
Otras: Aferim! (R.Jude) – La luz incidente (A.Rotter).

ÁLVARO FUENTES
Docente, crítico (La cueva de Chauvet), editor de La imagen primigenia / Un enfoque multidisciplinar del cine
Mejor película: El sacrificio de Nehuen Puyelli (José Campusano). Toca un tema complejo de nuestra sociedad con una contundencia necesaria.

NADIR MEDINA
Realizador (El espacio entre los dos, Instrucciones para flotar un muerto)
Mejor película: Cosmos (A.Zulawski). No me gusta mucho la idea de tener que exponer por qué me gustan las pelis.
Otras: Lejos de ella (J.Zhangke) – El Ornitólogo (J.P.Rodrigues) – Rester vertical (A.Guiraudie) – Carol (T.Haynes).

ESTEFANÍA CLOTTI
Ilustradora, animadora, realizadora
Mejor película: El precio de un hombre (S.Brizé). Me movilizó desde el primer plano. La trama y las actuaciones acompañan el drama de un tipo común, sin golpes bajos.
Otras: Francofonía (A.Sokurov) – Capitán Fantástico (M.Ross) – La habitación (L.Abrahamson) – Mustang (D.G.Ergüven) – Recuerdos secretos (A.Egoyan) – Regreso con gloria (Trumbo) (J.Roach)
Mención especial: Ha vuelto (Netflix).

JAVIER MATTEUCCI
Productor (Bronce, Amadoras), realizador
Mejor película: Amigos de armas (T.Phillips). Me pareció absolutamente genial, la película del año: súper fresca, inteligente y súper contemporánea.
Otras: Deadpool (T.Miller) – Capitán América: guerra civil (A./J.Russo) – Contra Paraguay (F.Sosa) – El buen amigo gigante (S.Spielberg) – El libro de la selva (J.Favreau) – El renacido (A.González Iñárritu) – La helada negra (M.Schonfeld) – Los 8 más odiados (Q.Tarantino) – Sully: hazaña en el Hudson (C.Eastwood)
Mención especial: Westworld (temporada 1), Stranger Things (temporada 1) y Mr.Robot (temporada 2)

MAIA FERRO
Realizadora, animadora
Mejor película: Rara (P.San Martín). Un tema actual contado desde el punto de vista de quienes más terminan sufriendo por el accionar retrógrado de un país tan cerrado como Chile.
Mención especial: Postres (serie web de Nicolás Méndez), porque sin miedo construye personajes.

ALFREDO SCAGLIA
Director de Cineclub Rosario
Mejor película: Francofonía (A.Sokurov). En la misma linea de El Arca Rusa, Alexander Sokurov logra plasmar nuevamente una verdadera y auténtica obra de arte cinematográfico.

Imágenes: fotogramas de Carol, Misterios de Lisboa, Sully: hazaña en el Hudson, Lejos de ella (arriba, de izq a der), Los 8 más odiados, La larga noche de Francisco Sanctis, La luz incidente (abajo, de izq a der).

Balance de “La Internacional Cinéfila” aquí

Balance 2015 aquí

Matías Piñeiro: “Veo en el movimiento una posibilidad de seguir viviendo”

Había entrevistado a Matías Piñeiro (1982, Buenos Aires) siete años atrás, cuando su película Todos mienten formó parte de la Competencia Internacional del BAFICI junto a otras dos argentinas, La risa (Iván Fund) y El último verano de la boyita (Julia Solomonoff). Después filmó el mediometraje Rosalinda (2010) y los largos Viola (2012) y La princesa de Francia (2012), con los cuales fue convirtiéndose en un director de culto, autor de una obra de rasgos singulares, bien recibida en festivales y buscada por cinéfilos de distintas partes del mundo. Desde 2011 sus días transcurren entre Argentina y EEUU (a donde viajó becado por la Universidad de Harvard), y algo similar viven los personajes de su último film Hermia & Helena (2016), que integró la Competencia Internacional de la última edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Después de la presentación oficial del mismo en el marco del festival conversamos con el joven e inquieto director, muy dispuesto a recibir opiniones y reflexionar sobre su trabajo.
– ¿Qué es lo que te interesa hacer con Shakespeare y con los textos en general?
– Los textos de Shakespeare son una materia prima para mí. Me dan elementos, me ayudan a evitar la página en blanco. El cine son máquinas que se ponen frente al mundo y registran algo: si yo pongo la cámara sobre este sofá, ya es una película sobre un sofá. No hay que pensar un sofá, basta con poner la cámara y filmar. Entonces ¿por qué someternos a la página en blanco? Shakespeare me da, a priori, un personaje. Tomo una obra suya por sus personajes. Me llaman la atención esos roles femeninos que no conocía y de repente existen, están ahí, son poderosos, tienen una idea sobre la vida, el amor y la sociedad que comparto. Encuentro resonancias de cómo se mueven estas mujeres en las mujeres que yo conozco en mi vida cotidiana en Buenos Aires. Con esa comunión avanzamos. Después me da líneas de diálogo, situaciones dramáticas, contexto, un espacio, un tiempo. A partir de ahí, yo elijo. En Hermia & Helena puede ser un fragmento impreso en la pantalla. Yo sé que no se entiende perfectamente, pero es un estímulo que está sobrevolando. La idea de cómo una persona se pone los zapatos de otra es un leit motiv temático. Eso es lo que me da: el comienzo del movimiento hacia la ficción.
– En tu cine parece haber cierta vocación por la belleza de gestos, movimientos, lugares, rostros, palabras.
– Quizás encuentro en el movimiento algo relacionado a lo bello, como decís.  Hay algo de lo cambiante y lo relativo que me acerca a eso… (Piensa) Lo estoy pensando por primera vez, porque la belleza es algo muy subjetivo.  Sí creo que hay una idea de equilibrio, de no querer ser demasiado dramático ni demasiado distante. Encuentro algo bello en el movimiento y una idea personal de equilibrio que no puedo explicar del todo pero que trato de encontrar en la cámara, el encuadre, los personajes, los labios, los ojos.
– Pienso en la secuencia de la merienda en Hermia & Helena, construida de manera que las frutas, las flores, las chicas y el ambiente le dan un tono fresco y agradable.
– Esa escena me daba un poco de pudor, a veces me parece que puede pasarse de compuesta, que amenace lo bonito. Pero tiene también algo muy simple, que creo que la salva de ser decorativa. Nada es tan idílico en esa terraza, donde estas chicas que están esperando un hijo le hacen esta mini-merienda a la amiga que sólo tiene cuarenta minutos para despedirse… Todo es medio impuro, atravesado, en movimiento otra vez. Me interesaba hacer un plano más grande, viendo a tres actrices actuando llenas de pequeñas acciones. Hacía mucho que no tomaba de referencia a un pintor para un encuadre y me propuse hacerlo, porque me seducía la imposibilidad de llevar el efecto pictórico al cine, para que de esa imposibilidad saliera una nueva forma. En ese sentido, me interesaba Pierre Bonnard, que hacía escenas de merienda, de pausas, con encuadres no centrados, donde las proporciones no son realistas y las mesas están como levantadas, con una falsa perspectiva. Y el color es muy importante: con el azul intenso del mantel y los verdes del fondo intenté una manera de componer con cierta dinámica. Pero no está llevado del todo a cabo, son sólo unos primeros impulsos que me gusta dejar a mitad de camino.
– A propósito del movimiento, ronda en tus películas una idea de que nada es definitivo ni seguro: los proyectos, los amores, los lugares. Parecés encontrar algo positivo en eso.
– Veo una posibilidad de seguir viviendo. De evitar la angustia. Hay algo del horror vacui que tengo, que se transporta a la trama. Me parece también que podemos aprender algo de no tomarnos las cosas de forma determinante ni tampoco ligeramente. A veces vivís cosas terribles en tu vida y te ves en la paradoja de que hay que seguir viviendo. Se te está cayendo el mundo y de pronto viene alguien y te destraba. Y podés verte desde afuera y pensar Esta cagada ya está, ahora hay que seguir viviendo… Tampoco me parece que todo sea ligero y banana. No confío en la idea de lo ligero y lo fresco en lo absoluto, pienso en una idea de movimiento constante que, de alguna manera, señala la inminencia de la angustia: en todas mis películas hay un punto en el que se llega a cierta angustia. En Viola, al final, ella descubre que amaba a su novio, pero lo dice cuando sabe que no lo ama más… ¿Qué hacer con la conciencia de ese cambio? ¿Qué hacer con ese movimiento constante que amenaza a contradecirnos y que quizás queremos que nos contradiga? A mí las cuestiones de amor no me parecen para nada banales. En estos temas, busco una especie de equilibrio: se pone un poco acá, otro poco allá, como en una escultura móvil que se relaciona con el viento. Eso genera movimiento. Confío en una forma que sea así, para poder lidiar mejor con el mundo y entender más al otro y entenderse a uno mismo.
– Entre las preguntas que la protagonista escribe para hacerle a su padre hay dos (las que expresan su curiosidad por saber si tiene armas y si es republicano) que me llamaron la atención, teniendo en cuenta que hay quienes consideran a tu cine, y al de algunos de tus colegas, de apolítico o desprovisto de referencias a problemas puntuales de la sociedad. ¿Por qué te pareció oportuno incorporar esas preguntas?
– Me puse a pensar cuáles son los elementos que llaman la atención a un extranjero de la cultura americana. Las cuestiones de las armas, del bipartidismo y de la genética me parecieron algunos de los más fuertes. Por eso hice esa lista que se ve ahí. Al hacer la escena, descubrimos con los actores que algunos de estos temas iban con las temáticas que circulaban en la película y otros, en cambio, aparecían forzados, como el ejercicio de un mal guionista. Por ejemplo, resultaba muy violento que ella le preguntara si era republicano en ese primer encuentro. No era verosímil, porque el personaje no va con ese brío. Se notaba que era más mi intención de incorporar un tema importante que escuchar la necesidad de la escena en sí, explorar la situación particular e íntima de una hija que recién conoce a su padre biológico. Necesitaba que ella fuera más frágil. Finalmente, me pareció importante que esté la pregunta pero que no llegue a hacérsela. Por otra parte, el tema que trabaja la película es el amor, y hay un acercamiento a ese tema que no es conservador. Son estimulantes los cuestionamientos porque permiten pensarse, buscar nuevos temas y formas, pero a veces me parece que es como preguntarse ante un cuadro todo rojo por qué no tiene amarillo. Las preguntas siempre serán legítimas pero también podrían no impedir el disfrute de lo realizado con el rojo.
– ¿Y qué pensás de quienes dicen que tus películas parecen transcurrir en cualquier época o país?
– Creo que hay que ver con mayor detalle. Quizás no sea tan explícita la manera en cómo se exponen las cosas y las ideas. Por ejemplo, la forma en la que hablan los personajes, el desembarazarse de las traducciones españolas que demasiado hemos leído, el exceso de texto (que hace que un espectador extranjero pueda apreciar menos el ritmo y modos de la narración, y que se vea avasallado por líneas y líneas de subtítulos), marcan diferencias, distancias, posiciones. El mismo acto de tomar Shakespeare y traducirlo, editarlo, deconstruirlo, manosearlo, me parece que también hace referencia a una localización específica. No creo que estas películas puedan suceder en cualquier lado. Si así fuera me gustaría ver esos perfectos doppelgängers, esas películas exactamente iguales a las mías. De ser cierta esa tesis a la que referís, por ese borramiento del presente mis películas y esas otras deberían ser fundamentalmente idénticas. Al mismo tiempo, creo que la forma en la que las películas se despliegan ayuda a marcar diferencias. Quizás esas marcas sean sutiles, pero están ahí: la luz, los gestos, los tonos, los besos. Un detalle menor pero que se puede contar: cuando mostré Viola en Berlín, una señora me preguntó por qué iban en bicicleta con tanto miedo. Yo dije ¿Y ésta de dónde salió? Nunca me había percatado de eso. Nunca fue mi intención plasmar ningún miedo de nada y, sin embargo, ahí aparecía ese detalle, aparecían dos maneras diferentes de circular por una ciudad, la existencia de dos ciudades. Es decir, se marca una diferencia. Además, ¿en cuántos lugares y momentos de la Historia se pudieron hacer películas como las que hacemos varios, así porque queremos? No siempre, porque nunca cruzamos el mismo río dos veces. Siempre cambian, o al menos me gusta esforzarme para ver la diferencia.
– En Hermia & Helena parece haber cierto cariño por objetos que van quedando anacrónicos, como mapas, postales, cartas escritas en papel.
– No me interesa lo anacrónico ni una reivindicación de lo anterior, para nada. Lo que pasa es que son objetos que puedo filmar de manera concreta. Tienen  una existencia física. Puedo hacer un plano detalle de una postal, una carta, un cuaderno, un libro. Con un mail no se me ocurre por ahora nada que me interese. Obviamente que se pueden hacer cosas, pero que las hagan otros, uno no puede hacer todo. De todas formas, en Hermia & Helena se comunican por skype, por ejemplo. Me gustó filmar una escena de skype, pero el tema de la escena no debía ser el skype sino más bien lo que se estaban diciendo. Por eso no encuadro mucho a las computadoras. Pero, en fin, las cartas y los objetos físicos tienen un nivel de concreción mayor con los que se me hace más fácil armar un plano.
– Algunos espectadores se desorientan ante diálogos que no buscan emocionar y  personajes que no hablan como en la vida cotidiana. ¿Cómo es el trabajo con los actores?
– Otra vez está lo del equilibrio. Busco que sea natural pero tampoco naturalista, que sea elaborado sin ser encorsetado. Es una película y yo no me creo que una película es la vida misma. No lo es. Es un espejo deformado, un objeto más. No me siento en la obligación de que hablen como se habla perfectamente ahora. Además, confrontar frases de Shakespeare con un lenguaje coloquial no me gusta tanto. Generaría una cosa de cultura alta y cultura baja que ni Shakespeare tenía. Ahí empezaría a funcionar lo conservador. Hay también algo del placer del hablar. Son actores que saben actuar y articular esas palabras, generando un ritmo. La idea de lucir natural siempre me pareció algo muy falso. Me interesa algo que fluya a través de una puesta en escena, frente a algo que me está vendiendo el reflejo de la realidad que no lo compro.
– ¿Cómo llegó a trabajar en la película Mati Diop, la actriz de 35 Ruhms?
– A Mati la había visto en la película de Claire Denis y estaba haciendo una beca en Cambridge, Massachussetts, que yo también había hecho unos años atrás. Pero la razón de su presencia en Hermia & Helena fue porque un fin de semana mostró sus películas como directora en Nueva York, que me gustaron mucho, la conocí y me dio la sensación de que funcionaría bien al lado de Agustina Muñoz. Lo mismo me sucedió con Dan Sallitt, otro director de cine, que juega el rol del padre: si hubiera puesto a un americano wasp, tipo Paul Newman, sería rarísimo. Dan Sallitt tiene sangre siria, lleva una tradición más mixta, como los españoles y los moros en Agustina. Lo importante para mí es cierta curiosidad, una admiración hacia lo que ellos producen. Con todas las personas con las que trabajo necesito tener ese vínculo de admiración. Generalmente hacen música, teatro, o escriben: necesito admirar eso otro que hacen y que me dé curiosidad relacionarme con ellos, que me interese filmarlos.

Por Fernando G. Varea

Maximiliano Schonfeld: “Me gusta pensar que en la vida vamos flotando en un arroyo hacia un lugar desconocido”

Un curso de cine dictado por profesores de la ENERC en la ciudad de Paraná, quince años atrás, encendió la chispa para que el santafesino Iván Fund (1984, San Cristóbal) y los entrerrianos Eduardo Crespo (1983, Crespo) y Maximiliano Schonfeld (1982, Crespo) comenzaran a confiar en la posibilidad de expresarse con sus propias películas, sumando estudios y perfeccionamiento en Córdoba y Buenos Aires. En los tres casos, es notable cómo el profesionalismo y la personalidad que fueron poniendo en juego en largometrajes, cortos y series televisivas (que los ha llevado a ganar premios y despertar interés en festivales prestigiosos, como Cannes o Berlín) no aparecen disociados de una sencillez y serenidad provincianas. Con una visión muy clara de lo que anhela con sus producciones audiovisuales –en las que tienen protagonismo personas e historias de su Entre Ríos natal–, Schonfeld (Germania, La helada negra) acompañó las proyecciones de su documental La siesta del tigre en el 31º Festival Internacional de Mar del Plata, donde formó parte de la Competencia Argentina. El film, que venía de participar en Doclisboa 2016, fue muy bien recibido por el público y ahora espera su estreno. Hablamos con el director sobre esta película sensible, en torno a cinco hombres que salen en busca de restos del tigre sable en medio de la selva entrerriana, entre frondosas arboledas y arroyos de agua calma.
– Al comenzar la película, un breve texto señala que estos hombres “buscan debajo de la tierra lo que no pudieron conseguir arriba”. Con esa reflexión, La siesta del tigre parece ir más allá de la contemplación bucólica y las anécdotas graciosas.
– Yo quería ser muy fiel al lugar desde donde partían, que también se parece mucho al mío. No vivo una realidad tan diferente a la de ellos. Quería ser muy fiel a ese punto de partida porque ellos se habían tomado muy en serio el hecho de poder encontrar los restos fósiles y salvarse, de alguna forma. También era para mí la búsqueda de una película donde no sabía si la había. No es como cuando uno escribe una ficción y, como decimos, la película se va armando. Acá no estaba la garantía que podía existir una película.
– Por la precariedad y necesidades materiales de estos hombres, la película transmite algo de tristeza.
– En Entre Ríos cambió el paradigma en el trabajo. Ellos eran todos changarines, vivían de eso. Con el nuevo modelo agro-industrial esas changas desaparecieron. Ya no tienen trabajo. Lalo corta el pasto, Cochirila hace arreglos con las antenas, Benigno trabaja con los lechones en una granja muy pequeña… Claramente, hay un lugar de desprotección de una generación de gente de los pueblos, que se apostaba en las esquinas de las plazas esperando alguna changa y podían vivir de eso. Ahora es imposible.
– Al hablar de la película frente al público la describiste como muy física. Precisamente, ¿cómo trabajaste para que pueda percibirse de manera palpable el contacto con el agua y el pasto, o el calor del sol?
– Traté de que hubiera la menor cantidad de elementos posibles entre ellos y yo. La cámara y el lente eran muy pequeños. Ni siquiera tenía un filtro ND como para hacer que la luz del sol no sea tan fuerte, eran muy precarios los elementos que tenía para filmar. Eso me permitía que yo pudiera nadar a la par de ellos, meter la cámara en el agua sin miedo a que se rompa porque era todo muy barato. En muchas tomas estoy realmente flotando, tratando de filmar con la cámara en una mano. Tenía un trato muy directo con ellos, no quería intermediarios. Pensaba incluso que, en caso de emergencia, ellos mismos pudieran agarrar la cámara.
– Tanto en La siesta del tigre como en tus películas anteriores hay una relación de afecto con tus no-actores. ¿Hacés algo para cuidarlos, para que no salgan lastimados o engañados de la experiencia?
– Yo creo que uno se va dando cuenta, depende de cómo tiene la cuerda de la moral. Yo he filmado escenas con Cochirila, en las que decía ciertas cosas, y en las que yo veía un límite que no estaba dispuesto a traspasar. Él mismo podía estar incómodo con eso. Cada uno de estos hombres tiene también sus historias muy particulares, tristes incluso. Uno podría exprimir la historia personal de Cochirila, muy oscura en algunos aspectos, con un montón de cuestiones de las que a veces él quería hablar y que a mí no me interesaban. Porque, además, me daba cuenta que lo hacía porque necesitaba descargarse… Es bastante cursi o vulgar decirlo, pero yo no me reía de ellos sino con ellos. De hecho, ellos se reían antes: mientras yo estaba concentrado en el rodaje, veía que ellos se divertían. Los conozco y me divierto con ellos todos los días. No es que estoy buscando un efecto de gag para que sea más divertido o ridículo para la cámara. Por otra parte, está también la etapa del post-rodaje, que es la más larga. Todo el mundo quiere filmar y pone una expectativa, y con los años uno ya sabe con lo que se va a encontrar. Algunos esperan cierto reconocimiento, a otros no les interesa, otros te piden plata porque piensan que uno se hace millonario con esto… Para mí es la etapa en la que más cuidado hay que tener y en la que no se tiene un fin marcado: puede durar seis meses, un año, cinco años. Hay que cuidar mucho esa relación.
– Las señales de civilización o modernidad, como la música de un auto que se escucha en un momento, están siempre fuera de campo. ¿Fue tu propósito mantener a estos hombres como en un mundo propio e incontaminado?
– El objetivo era irnos lo más lejos posible, a pesar de las dificultades. No queríamos que hubiera interferencias, para realmente sentir que estábamos excavando algo. Y si se filtraba algo, que fuera de manera natural. Ese sonido que decís es real, había una fiesta en el campo, se nos metió y nos hicimos cargo. Llegó, bueno: usémoslo. Lo mismo si pasaban autos por la ruta cuando están abajo del puente. Si pasaban lo dejábamos, pero no íbamos a buscar eso.
– En medio de los chistes y la aventura compartida sobrevuela el tema de la muerte: buscan restos de animales muertos, el paso del tiempo aparece en las conversaciones… ¿Te interesó que apareciera esta cuestión?
– Sí, es un tema que me obsesiona. Primero, a partir de los animales: me obsesiona por qué eligen determinados lugares para morir. En Germania (2012) el tema apareció despacito, en La helada negra (2015) hay un diálogo que habla un poco de eso. Acá ya aparece directamente. Me gusta pensar la idea de que en la vida vamos flotando en un arroyo hacia un lugar desconocido. Que hay algo predestinado en la naturaleza que nos arrastra, al igual que pasa con los animales y los lugares que eligen para morir.

Por Fernando G. Varea

Mar del Plata 2016 (III): casas, fantasmas, fugas y rebeldías

Si las exhibiciones de un Ford (con música en vivo) o el mejor Coppola en 35 mm trepan a alturas inalcanzables para films recientes, habría que agregar en ese podio un film que pasaba más inadvertido, pero que quienes lo vieron elogiaban entre melancólicos suspiros: Visita ou Memórias e confissões, que Manoel de Oliveira (1908/2015) realizó en 1981, cuando debía abandonar la casa en la que había vivido durante cuarenta años. Programada gracias a la ayuda de la Cinemateca Portuguesa-Museu do Cinema, la obra es una maravillosa recorrida por recuerdos e impresiones del director portugués, quien mira con extrañeza y cariño la casona en la que perduran restos de tantos secretos y pequeñas historias vinculadas a su numerosa familia. Con la cámara deslizándose entre las habitaciones iluminadas por los rayos del sol, en medio de muebles polvorientos y frondosos árboles y flores, se suceden reflexiones sobre el paso del tiempo, penurias económicas, afectos a flor de piel, dudas y misterios que no son más que el material del que está hecha la vida de un ser humano. De una belleza triste y confesiones (en off o ante la cámara) que no abruman, este documental autobiográfico que Oliveira realizó a los setenta y pico sin sospechar que viviría muchos años más –y que seguiría filmando–, ofreció su propia mirada sobre el valor que pueden tener para las personas las casas en las que han vivido, tema del que, de manera muy diferente, se ocupa también Aquarius.
Otra buena película de las exhibidas fuera de competencia fue Personal Shopper, del francés Olivier Assayas, invitado por el festival (ver nota anterior), en torno a una joven que, inmersa en un frenesí de trabajo y responsabilidades constantes como asistente, vive obsesionada por su hermano mellizo recientemente fallecido, de quien espera señales. Lo que podría ser el drama de una mujer angustiada por la muerte o por el desdoblamiento de su personalidad con ecos de Ingmar Bergman, se desvía por momentos hacia el thriller y el terror fantasmal sin prejuicios, con esa energía con la que Assayas sabe seguir a sus heroínas. Si hay ropas y ambientes glamorosos, algún desnudo o un crimen inesperado sobre el final, la cámara registra todo con cierto desdén, poniendo énfasis en la sensación de movimiento continuo. La protagonista (muy convincente Kristen Stewart) nunca posa, no se detiene, va y viene por ese mundo de viajes y computadoras que le sirven sin darle felicidad. La inquietud que le provocan distintos hechos –mensajes de un desconocido en su celular, vasos que se mueven– es el motor de un film que es, también, una reflexión sobre el miedo.
Más apacible es Paterson, de Jim Jarmusch, con un expresivo Adam Driver encarnando a un chofer de una línea de colectivos con vocación por la poesía y una mujer artista fascinada con las combinaciones del blanco y el negro. De un humor sutil y sosegado (apenas interferido por las efectistas intervenciones de un perro), como en otros trabajos de Jarmusch algo parece no andar bien en la rutina aparentemente idílica de los personajes. Cuando Paterson, que así se llama, escribe sus textos, o cuando observa y escucha pacientemente a la gente que lo rodea, el film se torna perspicaz, sin ceder nunca al sobresalto. En la vereda opuesta a la ansiedad que transmite el film de Assayas, Paterson es ceremonioso, con sus seres algo excéntricos pero calmos, como en cierta forma lo eran también los de Los límites del control (2009) y Sólo los amantes sobreviven (2013).
Para la función de apertura fue una buena elección Neruda, del director chileno Pablo Larraín (Tony Manero, No). El astuto guión de Guillermo Calderón esboza aspectos de la vida del poeta chileno jugando con la figura de un detective que lo persigue, que podría ser un personaje imaginado por el escritor. Si bien hay una música que subraya la importancia del film, y la caracterización de Neruda (a cargo de Luis Gnecco) recuerda un poco la caricatura regordeta que había hecho años atrás Anthony Hopkins para Hitchcock, el maestro del suspensoNeruda retrata con cariño a la figura histórica permitiéndose contradicciones, con más dinamismo que frescura, prevaleciendo el humor a la épica. Coproducción de Chile con varios países (incluyendo Argentina), en esta biopic salida de los cauces habituales aparece, ceñido a su rol, Gael García Bernal como el perseguidor de Neruda,  en tanto, en una actuación sin sorpresas, Mercedes Morán encarna a la mujer del escritor.
En la Competencia Internacional hubo dos películas polémicas: la brasileña Aquarius (2016, Kleber Mendonça Filho) y la francesa Nocturama (Bertrand Bonello). De una película anterior de Mendonça Filho, Sonidos vecinos/O som ao redor, decíamos que parecía una telenovela que todo el tiempo se desvía y enrarece; no es muy distinta Aquarius, con la diferencia que acá hay un personaje central con una actitud de resistencia y rasgos que lo hacen claramente seductor para los espectadores: se trata de una mujer madura pero todavía bella, madre comprensiva de sus hijos jóvenes, suerte de burguesa con actitud hippie, que arrastra sufrimientos (enfermedad, viudez, soledad) y sabe disfrutar de la playa y de la música. Su lucha por permanecer en el departamento que habitó desde su juventud pese a la creciente presión de una empresa que ansía apoderarse del edificio la convierte en una heroína con agallas, agregándose elementos que, en el mejor de los casos, sirven para conocerla mejor, y en el peor, distraen. La intensidad del film pasa indudablemente por la presencia de Sonia Braga, que se muestra tan tierna como salvaje, maternal y temeraria. La película está a su servicio, y para demostrar que el director se deja llevar por su magnetismo basta el momento en que la muestra saliendo del mar como una diosa, mirando desafiante al espectador. Ovacionada tras la primera función de prensa, Aquarius es un melodrama con algunos diálogos certeros y momentos fuertes, pero desparejo. Imposible no sentir empatía por la protagonista y sus ocasionales ayudantes (incluyendo un par de obreros que la alertan sobre una irregularidad de la empresa, algo ebrios y sin involucrarse después), aunque el suyo es un acto de rebeldía solitario e impulsado por intereses personales, sazonado con condimentos varios.
En Nocturama hay también indocilidad ante el sistema y, al mismo tiempo, indisimulado placer por la seducción que ejercen ciertas canciones. Pero acá es un grupo el que actúa, y aunque los abusos del capitalismo parecen ser el blanco de su enojo, el asunto es más alegórico. Los protagonistas son jóvenes de ambos sexos que parecen tener una sólida formación intelectual, sin tics de ganadores ni estereotipada belleza, llevando adelante una serie de atentados sin levantar banderas identificables. “Algo hay que hacer” dicen, como si lo que buscaran fuera alzar gigantescos, tremendos llamados de atención. Finalmente refugiados en un shopping, la angustia ante la persecución policial se combina con el disfrute adolescente de ropas, juguetes y productos prodigados por la tecnología. Nocturama asusta y divierte, funciona como alegato para analizar y discutir pero también como un thriller trepidante, sus personajes pueden parecer chicos inmaduros o contendientes audaces. Su primera parte (en la que la intromisión en edificios públicos, el uso y descarte de armas y celulares, las idas y venidas por subtes y calles parisinas) es una coreografía de una solidez que estremece; el resto es menos uniforme, con algunos recursos  más estimulantes que otros (el crimen mostrado desde distintos puntos de vista con un tema de John Barry repitiéndose es, por ejemplo, superior a la escena del joven maquillado cantando My way). Por encima de su estética algo lustrosa, Nocturama se suma a la lista de películas con jóvenes disconformes, emblemas de su época, como If… (1968, Lindsay Anderson) o Elephant (2003, Gus Van Sant).
También había jóvenes en otras películas de la misma competencia, aunque sus problemas eran otros. La española La reconquista (Jonás Trueba) apuesta a la espontaneidad de los diálogos y encuentros de una pareja, en una noche. El realismo y delicadeza con los que retrata a la encantadora pareja (con el aporte de sus jóvenes actores) son su fuerte. Sensible, sencilla, deteniéndose innecesariamente en algunas canciones, fue una de las propuestas más amables de esta sección. Por su parte, Gente que no es yo / People that are not me, dirigida y protagonizada por Hadas Ben Aroya, se centra en una chica en problemas con sus novios u ocasionales amantes, a quienes quiere retener aún poniendo en riesgo su actitud independiente. Liviana, graciosa, con cierta franqueza sexual y una cámara apenas preocupada en registrar con informalidad los movimientos de su protagonista, para casi todos (menos para el jurado, se supone) pareció desmedido el Astor de Oro a Mejor Película que terminó ganando.
Moonlight (Barry Jenkins) es un drama parcialmente autobiográfico, con un pibe que crece sufriendo humillaciones de sus amigos, problemas familiares e indefinición sexual. Con actuaciones medidas, miradas cargadas de preguntas, escenas tensas e interferencias musicales que suman fuerza emotiva (hasta Caetano Veloso asoma por ahí), el film avanza manipulando a sus personajes (¿por qué el protagonista no encuentra ayuda en casi nadie? ¿se justifica la venganza violenta como el único camino?). El actor estadounidense Mahershala Alí, conocido sobre todo por sus trabajos en TV, mereció el Premio a Mejor Actor.
Free fire (Ben Wheatly), sobre el encuentro a tiro limpio de un grupo del IRA con una banda de traficantes de armas en un galpón abandonado, a fines de los ’70, es un divertimento sangriento cuyos personajes son caricaturas de rasgos bien definidos y facilidad para los diálogos chispeantes, pero sólo eso.
La chilena El Cristo ciego (Christopher Murray), por su parte, en torno a un joven que actúa como un Mesías con dudas entre pobladores del desierto chileno, juega con las creencias populares y el poder de las historias o parábolas. Según el protagonista (Michael Silva), presente en el festival, éstas fueron recogidas de testimonios reales de los no-actores que aparecen en la película. Cerrada en cierto esteticismo, con elaborados travellings y un fondo musical que crea sugestión de manera algo forzada, es una propuesta atractiva, con un buen final, aunque menos controvertida de lo que parece.
Compitiendo con todas ellas hubo una argentina: Hermia y Helena (Matías Piñeiro). Bello ejercicio sobre encuentros y desencuentros amorosos y familiares, la película de Piñeiro toma a Shakespeare como punto de partida, y el encanto juvenil de sus seres en búsqueda como posible objetivo. Pronto publicaremos en Espacio Cine la entrevista que le realizamos al director. Más industrial es la factura de Era el cielo, coproducción dirigida por el brasileño Marco Dupra, con un hombre inseguro que sospecha de los abusadores de su mujer y de ella misma, iniciando una persecución limitada por sus miedos y fantasmas. Hay un buen trabajo con el sonido (con quejidos de hamacas y cuchillos sugiriendo violencia), intérpretes de varios países (los argentinos Leonardo Sbaraglia y Chino Darín, la brasileña Carolina Dieckmann, la uruguaya Mirella Pascual) y también un exceso de ambientes sofisticados y explicaciones en off.
De las que pudimos ver en la Competencia Argentina merecen destacarse La siesta del tigre (Maximiliano Schonfeld), El silencio (Arturo Castro Godoy) y Fuga de la Patagonia (Javier Zevallos/Francisco D’Eufemia). Schonfeld observa, escucha y acompaña a un grupo de hombres que buscan restos fósiles de un tigre dientes de sable en la selva entrerriana, y lo hace con paciencia, registrando diálogos graciosos de estos niños-grandes pero también instantes de recogimiento en ese lugar casi paradisíaco. En las próximas semanas publicaremos nuestra entrevista al director en torno a esta película serena y sensible, en la que la aventura se une a la observación.
Una vez superada cierta debilidad inicial –incluyendo una discusión familiar resuelta de manera convencional–, El silencio va desenvolviendo un secreto con pudor y sutileza, hasta arribar a un final muy emotivo, en el que no sobran gestos ni palabras. En el medio, la rutina de trabajo por la que van comprendiéndose o conociéndose los personajes de Alberto Ajaka (notable) y el debutante Tomás del Porto (conmovedor en las escenas en las que llora en silencio) es un ejemplo de cómo pueden expresarse sentimientos con sobreentendidos y sin subrayados. El film de Castro Godoy (venezolano residente en Santa Fe), que dejó a los espectadores sensibilizados, trae a la memoria, por momentos, el film de Pablo Giorgelli Las acacias (2011).
Fuga de la Patagonia se arriesga a recrear hechos históricos con el espíritu de un film de aventuras: el escape del naturalista argentino Francisco Moreno hacia 1879, tras ser tomado prisionero por un grupo de mapuches. El profesionalismo del proyecto incluye desde una fotografía que aprovecha dramáticamente los deslumbrantes escenarios hasta la labor de los actores (más eficaces cuando el guión les permite hablar con cierta informalidad, o ironizar diciendo, por ejemplo, “Somos todos empleados del Gobierno de Buenos Aires”) y la sobreabundante música (a la que no le hubieran venido mal resonancias mapuches). Es cierto que a los jóvenes directores les cuesta mantener la línea de acción, pero su ópera prima tiene momentos vivaces y suficiente nobleza, con una mirada sobre la Historia argentina algo benigna pero responsable.
Más abajo en la consideración de este cronista quedan El aprendiz (Tomás De Leone), Amateur (Sebastián Perillo) y Los ganadores (Néstor Frenkel). El aprendiz está regida por una cámara indecisa, un argumento diluido, dos buenos actores (Nahuel Viale y Esteban Bigliardi) y unos planos generales nada turísticos de Necochea. Amateur riega de citas (personajes llamados Guillermo Battaglia o Manuel Romero, fugaces imágenes de La muerte camina en la lluvia, Sangre de vírgenes o Los muchachos de antes no usaban arsénico) una trama policial imprevisible, medianamente entretenida, pero con una iluminación plana, escenas muy gráficas y resoluciones absurdas (un cementerio al que Alejandro Awada ingresa como si fuera el dueño, un flashback que intenta justificar las conductas sádicas de Jazmín Stuart). Las simpáticas apariciones de Haydeé Padilla no parecen suficientes para salvar a Amateur, que inexplicablemente formó parte de la competencia.
El documental de Frenkel, finalmente, es una divertida indagación sobre la diversidad de premios de dudosa categoría que mantienen activos y entusiasmados a sus organizadores y beneficiarios, a lo largo y ancho del país, pero el hecho de detenerse repetidamente en personas poco agraciadas o alejadas de ciertos cánones de elegancia y modales institucionalizados (sin un manto de afecto felliniano, digamos), despierta sospechas. En un momento, el viejo conductor de un programa radial dice al aire “Me olvidé los CD en mi auto, los voy a buscar”, despertando las risas de los espectadores: ¿pasaría lo mismo si Andy Kusnetzoff hiciera ese mismo comentario en una FM cool con auspiciantes caros? En otro, el público ríe al ver a una señora arrastrando ruidosamente una silla por un salón de fiestas: ¿resulta gracioso que una mujer mayor arrastre una silla porque no puede levantarla? Frenkel aclaró que para él los premios de los que se ocupa Los ganadores no son más ridículos que los del festival de Mar del Plata, pero en su documental se ocupa sólo de galardones entregados en competencias poco o nada prestigiosas. Curiosamente, cuando finalmente ganó el premio DAC, la conductora de la ceremonia Andrea Frigerio (actriz de El ciudadano ilustre, film con el que Los ganadores tiene puntos en común) le preguntó jocosamente qué haría con el dinero. “Pagar deudas” contestó Frenkel, dubitativo, como si estuviera recibiendo de su propia medicina.

Por Fernando G. Varea

Imágenes superiores: fotogramas de Visita ou Memórias e confissões,  Nocturama y Aquarius.

Mar del Plata 2016 (II): el aprendizaje y el disfrute

“Las estrellas son las películas” insistía en decir, antes del inicio de la 31ª edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, su presidente José Martínez Suárez. Indudablemente, la programación –diversa y generosa– es lo más valioso de este evento que nos lleva a cinéfilos de distintas partes del país y del mundo a partir raudamente en esta época del año hacia Mar del Plata y, una vez allí, dirigirnos como hormigas ansiosas, gozosamente, de una sala a otra. Sin embargo, eventos, visitas, presentaciones y charlas forman parte también de la fiesta, acompañando ese cúmulo de producciones audiovisuales que van desplegándose a lo largo de una semana.  A continuación nos detenemos en algunos de estos acontecimientos.
EL AÑO DE GILDA. La función de apertura no estuvo a la altura del fervor que se vivió a lo largo del festival: no hubo esta vez proyección de un clip celebratorio como años anteriores, los jurados fueron invitados a pasar y a retirarse raudamente después que se mencionaran apenas sus nombres, había zonas del Auditorium notoriamente vacías, y fueron vanos los esfuerzos del conductor Andy Kusnetzoff por imprimirle ritmo al acto, demostrando de paso que no tenía mucha idea de dónde estaba (similar desorientación demostró días después Andrea Frigerio durante la entrega de premios, que pude ver vía streaming). De los breves discursos, vale destacar lo expresado por el director artístico Fernando Martín Peña, quien agradeció a las nuevas autoridades por continuar lineamientos previos sin hacer tabula rasa. La interpretación de música de películas movilizó un poco a los presentes, aunque pareció oportunista incluir un tema de Gilda, con la excusa de la biopic de Lorena Muñoz estrenada este año. Teniendo en cuenta que, tal vez por falta de referentes de la cultura popular que adhieran a su partido, el actual gobierno se ha apropiado de alguna manera de la figura de la fallecida cantante de cumbia –una de cuyas canciones, recordemos, fue cantada a viva voz en el balcón de la Casa de Gobierno por la vicepresidenta apenas asumido su cargo–, podría advertirse entonces un matiz oficialista en la ceremonia. Gestos que (como la arbitraria elección de películas argentinas e italianas para las funciones al aire libre frente al Museo Mar) desentonaron con el enorme, fructífero trabajo del equipo de programadores, asistentes y voluntarios para darle identidad y calidad al festival.
FORD REDIVIVO. Probablemente el evento más importante haya sido la exhibición de El caballo de hierro (1924, John Ford), en copia nueva de 35 mm restaurada por Photoplay Productions, con música especialmente compuesta por John Lanchbery, interpretada por la Orquesta Sinfónica de Mar del Plata bajo la dirección del maestro Diego Lurbe: un lujo. Quien esto escribe ya supo de esta experiencia de ver cine mudo con música en vivo en condiciones soñadas (Los cuatro jinetes del Apocalipsis el año pasado, cortos documentales inéditos musicalizados por Fernando Kabusacki y Matías Mango hace dos años): sólo resta desear que Peña continúe en la dirección artística del festival para que estas proyecciones jubilosas sigan repitiéndose. “Quisiera hacer un paquetito y llevarme todo esto a Londres, donde no tenemos algo así”, confesó junto a él el historiador Patrick Stanbury, sorprendido ante la relevancia que se le había dado a la proyección y la cantidad de gente reunida en el Teatro Colón de Mar del Plata, donde El caballo de hierro se exhibió en dos ocasiones. Algo curioso fue que estas funciones coincidieron con el horario de las dos que el festival organizó de Apocalypse Now (1979, Francis Ford Coppola) en 35 mm, en una de las salas de los Cines del Paseo (hubiera sido mejor exhibir esta joya en el Auditorium, como alguna vez se hizo con El resplandor). Un espectáculo similar se prometía para el último fin de semana, con la proyección, también en copia nueva y con música en vivo, de Gente de cine (1928, King Vidor).
ASSAYAS: EL CINE ENSEÑA. Invitado al festival (durante el cual se exhibieron algunas de sus películas), el francés Olivier Assayas tuvo un cordial encuentro con el público en una de las salas del shopping Aldrey. Durante la misma expresó que todos los cineastas del mundo le deben algo a la Nouvelle Vague que apostó a la “libertad de la práctica”, concepto atendible “en esta época de industrialización del mundo del cine”. Comentó que sus contactos con Argentina vienen de la primera mujer de su padre (miembro activo en Latinoamérica en contra de los nazis en los ’40), y que su interés por el cine chino se debe a que le atraen especialmente el arte, la pintura y la historia política de los chinos: “En su energía, hay signos de modernidad que no se aprecian en la cinematografía de otros países”. Según el director de Irma Vep (1996), “ver cine es recibir noticias de distintas partes del mundo, como decía Daney; el cine como arte enseña algo sobre el ser humano mucho más que un noticiero”. Dijo que directores como Bresson, Bergman y Tarkovski le demostraron que el cine “podía llegar a alturas increíbles”, que convocó a Kristen Stewart al darse cuenta que “como persona es más interesante que en el cine”, y que admira desde hace tiempo a Sylvester Stallone, actor de un nuevo film que tiene guión suyo pero será dirigido por Roman Polanski. A propósito de su película Personal Shopper (2016), se le preguntó si creía en fantasmas, obteniendo como respuesta un sí rotundo. “Nuestra vida está llena de fantasmas: los seres queridos que perdimos, los personajes que leímos y vimos en películas”, puntualizó el realizador francés.
ROSENBAUM, LA OBJETIVIDAD Y LA SUBJETIVIDAD. Presentado y acompañado por Roger Koza, el crítico estadounidense Jonathan Rosenbaum (miembro del jurado de la Competencia Internacional) tuvo también su encuentro con la gente. Comentó que lo que lo impulsó a hacer su propia lista de cien mejores películas estadounidenses favoritas para el Chicago Reader fue el enojo con la AFI, cuya selección parecía restringida sólo al cine de Hollywood. “La objetividad tiene que servir para entender la subjetividad –señaló–. Hay que tratar de comprender cuál es la ignorancia propia que uno tiene, algo generalmente muy difícil para el crítico. Si alguien me pidiera ahora una lista de los mejores diez largometrajes sudamericanos, por ejemplo, estaría en problemas porque no vi los suficientes, y los que vi fue de manera más arbitraria que sistemática”.  Alguien le preguntó por el uso de celulares en las salas de cine: “Jacques Tati no podría hoy hacer Playtime (1967) –reflexionó– porque ya no existe el espacio público, estamos todo el tiempo viendo nuestro celular. Los teléfonos reflejan una división en la gente, no nos estamos escuchando los unos a los otros. Por otra parte, cuando haces una búsqueda en la web, se te va diciendo qué es lo que te gusta o qué te convendría comprar, y uno no tiene un espacio para explorar su propia naturaleza”. De paso, al mencionarse que el protagonista de Paterson (2016, Jim Jarmusch) no usa celular, Rosenbaum confesó que el realizador no tiene teléfono movil ni correo electrónico. Respecto a quienes escriben críticas en blogs o en la web, no considera que le hayan sacado trabajo a los profesionales: “La única diferencia es que a estos últimos les pagan.” Valoró las series televisivas estadounidenses (“Los estudios lo que hacen hoy es entretenimiento para niños de diez años, todo lo demás parece un veneno que no hay que tocar”), recordando que en una bastante reciente de O. J. Simpson podía verse una metáfora de lo que estaba pasando con Donald Trump. Finalmente, lamentó no haber visto suficientes películas argentinas (“cuando venía al BAFICI veía muchísimas”) ni recordar mucho los títulos, pero destacó a Torre Nilsson, a Lisandro Alonso (le gustó mucho Jauja, pidiendo ayuda para pronunciar el título) y los documentales de Edgardo Cozarinsky.
STORARO ATRAVESANDO EL PUENTE. La charla del maestro Vittorio Storaro contó con una ceremoniosa introducción, en la que se exhibieron fragmentos de sus trabajos como director de fotografía para películas de Bernardo Bertolucci, Francis Ford Coppola, Warren Beatty y Carlos Saura. “En Italia –reflexionó Storaro–,  desde que vamos de niños a la iglesia, y caminamos luego por las calles de Roma, Florencia o Milán a lo largo de nuestra vida, vemos imágenes que forman parte de una tradición de la historia visual, de toda la civilización romana e italiana: eso se imprime en nuestra sangre”. Consideró que el actual es un momento histórico: “Podemos acelerar o demorar el progreso, pero no podemos detenerlo –expresó–; lo mejor es atravesar este puente entre mundos distintos de la mejor manera”. También habló de sus últimos trabajos para Woody Allen: Café Society (2016) y una nueva película aún sin título, a estrenarse el año próximo: “A Allen nadie le pide el guión antes de filmar, pero yo lo hice, porque no puedo armar un concepto sin leerlo. Y me lo dio. Le propuse trabajar en digital y aceptó.” Un error que observa en los jóvenes es arreglar la película en la post-producción: “Aunque se filme en digital –señaló– hay que filmar como si fuese celuloide”.
LIBROS Y FANTASMAS. En el marco del festival hubo también numerosas presentaciones de libros y revistas, algo sin dudas loable, aunque hubiera sido oportuno exponer permanentemente ejemplares de estas publicaciones en un sitio visible (en algún sector del Auditorium, por ejemplo), a disposición de quienes quisieran hojearlas y comprarlas. La lista incluye desde un relevante catálogo sobre cine mudo argentino (La imagen ausente, de Lucio Mafud, en cuya presentación Paula Félix Didier se ocupó de rebatir la noción de “irremediable” con la que el autor se refirió a la pérdida de muchas películas nacionales de las primeras décadas del siglo pasado) hasta una antología del crítico peruano Issac León Frías, desde libros sobre la integración cinematográfica entre los países del Mercosur hasta otros sobre montajistas argentinos y el cine latinoamericano de los ’60, desde trabajos sobre John Williams hasta otros sobre Chaplin, Hanna Arendt y Alfredo Alcón. Se agregó la presentación en sociedad de los últimos números de Revista de Cine y Cinéfilo, así como de La imagen primigenia (primer libro del equipo platense que lleva adelante el sitio de análisis cinematográfico La cueva de Chauvet)en la que tuve el placer de participar: ya volveremos a ocuparnos en Espacio Cine de esta obra sustanciosa, de impecable diseño. En tanto, mientras en el interior de las salas de cine se sucedían actividades como éstas, en el ingreso del shopping se alzaban vestuarios creados por Horace Lannes para películas argentinas de distintas épocas: acomodados los trajes en maniquíes sin pies ni cabeza, parecía que los fantasmas de Mecha Ortiz, Tita Merello, Hugo del Carril, Libertad Lamarque, Luis Sandrini y otros percibían las corridas de cinéfilos y visitantes al centro comercial desde otra dimensión, inmutables, incomprendidos, misteriosos.

Por Fernando G. Varea

Imágenes: final de la exhibición de El caballo de hierro; José Martínez Suárez junto a Fernando Martín Peña, Vittorio Storaro, Olivier Assayas, Jonathan Rosenbaum; la colección de vestidos de Horace Lannes en el Aldrey.