El río, las islas, la denuncia y la poesía

Tenemos al río Paraná con sus islas a un paso y, sin embargo, no han sido muchos los realizadores locales interesados en explorar con su cámara los misterios y riqueza de este extraordinario ecosistema. Ante la creciente inquietud provocada por los incendios en las islas del Delta del Paraná en los últimos meses, surge el interrogante: ¿hubo producciones audiovisuales que anticiparan esta catástrofe ecológica? ¿Cuántas veces se registraron las imágenes y sonidos que provee esa belleza natural en peligro o se puso la mirada en problemas ambientales que afectan a los ciudadanos santafesinos?
Con noble propósito didáctico, hubo algunos cortos y mediometrajes animados en las últimas dos décadas: De frente al río (Luis Lleonart), Viaje a la Tierra del Quebracho (Manuel Quiñones), El viaje de Gaia (Pablo Rodriguez Jáuregui) –que tuvo amplia difusión proyectándose en escuelas y en TV– y dos vivaces trabajos de Gonzalo Rimoldi: Modesta historia de un suntuoso derrochónInvasión Verde.
Muchos años antes, cuando no era fácil contar con recursos para hacer cine, Araldo Acosta realizó un corto documental sobre la contaminación ambiental llamado ¿Hasta el fin? (1977). En los años ’90 se sumaron dos documentales sobre daños ecológicos: Barrera a la tala, de Sonia Helman (que expuso la movilización de habitantes de pueblos santafesinos para detener la tala indiscriminada de bosques de eucaliptos) y Crónicas para no olvidar, de Horacio Ríos (que recordó la explotación del quebracho en el norte de la provincia). Más cerca en el tiempo, se hicieron varios trabajos sobre la contaminación del cordón industrial: Peligro invisible (Taller Ecologista), Cuando el río suena (Fernando Domínguez / Julián Alfano), Entre sueños y humedad (Nahuel Almada), Islas de Santa Fe (Sergio Rinaldi / Leandro Rovere), Memoria del suelo (Sebastián Carazay), Con agua y vida (Sonia Helman), InVertidos (Martín Concina / Estefanía Giménez), Santa Soja (Christian Fuma / Cristian Andrade) y algunos otros de carácter institucional. Las trágicas inundaciones ocurridas durante abril-mayo de 2003, durante el gobierno de Carlos Reutemann, merecieron asimismo documentales como Gran inundado (Juan Kantor / Ricardo Robins) y Seguir remando (María Langhi), pudiendo agregarse Yo, pasto de los leones (reciente corto escrito y dirigido por Milton Secchi).
Las aguas del Paraná y su entorno natural fueron centro también, en los ’90, de los documentales Remanso Valerio (Eduardo Luis Blotta) y Pescadores (Silvana Sánchez / Élida Moreyra / Mario Piergentili), y afectuosa cita en recuerdos, fotografías y cuadernos de La escuela de la Señorita Olga (Mario Piazza). En los últimos años se agregan un documental contemplativo (Guía para plantarse en la costa, de María Emilia Cortés), otro sobre el río como lugar de tránsito para un joven guineano que llega a nuestra zona viajando como polizón (El gran río, de Rubén Plataneo) y otro de tono más turístico o deportivo (Paranada, un viaje por ahí, de Maia Krajcirik). En el terreno de la ficción se encuentran A cada lado (2005, de Hugo Grosso), que cruza historias entre personajes de Rosario y Victoria durante la construcción del puente, Bronce (2012/2013), que ambienta un drama familiar a orillas del Paraná, y el corto Río adentro (2012, Maia Ferro), próximo al género de terror. El río también asoma como marco de una Rosario de belleza ruinosa y aura mítica en El investigador de ciudades (1996/2000, Fernando Zago), y en búsquedas por apresar la esencia de textos de Juan José Saer, Juan L. Ortiz y otros autores (en la obra de Raúl Beceyro y Gustavo Fontán, por ejemplo).
La referencia es más puntual en Paraná, biografía de un río (2011), coproducción de canal Encuentro con Señal Santa Fe, escrita y dirigida por Julia Solomonoff y Ana Berard sobre investigación de Federico Bergamaschi y Federico Actis, cuyo punto de partida fue la expedición fluvial Paraná Ra’anga organizada por el CCPE/AECID de Rosario junto con los centros culturales de España en Buenos Aires, Córdoba y Asunción del Paraguay, remontando los ríos de la Plata, Paraná y Paraguay con una tripulación compuesta por artistas, intelectuales e investigadores. En el 3º capítulo de esta serie documental se habla del “mayor humedal del planeta” y una museóloga reflexiona sobre el impacto que causa la acción humana en su afán de aprovechar el majestuoso caudal del río para la rentabilidad, señalando que, hasta unos años antes, esas tierras inundables eran vistas como improductivas. “Su enorme importancia fue menospreciada por no tener valor de mercado”, dice Solomonoff, agregando: “Debido al avance de la soja y posibilitado por la ley de arrendamiento de tierras fiscales, se ha intensificado el uso de los humedales para pastoreo, llegando a pasar de 15.000 a 250.000 cabezas de ganado en la zona de islas frente a Rosario”. Ya se hace mención allí a los incendios en pastizales provocados por la gente que cría el ganado, provocando contaminación.
También se ocupó específicamente del problema el documentalista rosarino Carlos Larrosa, recientemente fallecido, en Las islas, paraíso en peligro (1999) y Humedales, los últimos santuarios (2013). “El día que hayamos envenenado el ultimo río, abatido el ultimo árbol y asesinado el último animal, nos daremos cuenta que el dinero no se come”, se dice en este último, que realizó con la colaboración del ecologista Sergio Rinaldi con el estilo de un informe periodístico de TV, y en el que pueden verse –junto a biólogos y pescadores– manifestantes en el Monumento a la Bandera levantando pancartas con la advertencia El Paraná no se toca.
Por diversos motivos merece destacarse, finalmente, el trabajo de dos realizadores locales. La visión de Pablo Romano del río y el ámbito natural y humano que lo contiene, en El porvenir de una ilusión (2003), Apuntes del natural (2004) y Una mancha en el agua (2005) excede el apunte testimonial, entrañando una indagación por sensaciones y evocaciones que rodean ese paisaje. El último de estos cortos, escrito por el propio Romano junto a  Patricia Suárez, procura asimilar el agua del río que corre a la memoria, con un aliento lírico al que contribuyen poemas de Juan L. Ortiz leídos en off por el gran Fernando Birri. Por su parte, la sinceridad y sensibilidad de Diego Fidalgo para expresar su inquietud ante problemas ambientales de la región se evidencia claramente en Los ríos del río (2019, producido por el Club de Investigaciones Urbanas), donde el Paraná se muestra como eje de diversas problemáticas, aunando testimonios e insinuándose enigmas expresados con recursos diversos (desde tomas con drones hasta sobreimpresiones y planos sagazmente editados), y en Fotosíntesis (2019), siguiendo el meditabundo tránsito de un joven fotógrafo por caminos rurales, casas abandonadas y festejos pueblerinos, con una melancólica música acompañando sus pasos: “Matías Sarlo (el fotógrafo) aborda desde una mirada lateral el problema del extractivismo y la sojización –nos explicaba Fidalgo aquí cuando estaba preparando su trabajo– a través de la denuncia y de la poesía, que quedan atrapadas en sus fotografías”.

Por Fernando G. Varea

Imagen: Fotograma de El investigador de ciudades (Fernando Zago).

La sorpresa audiovisual de cada día

Para paliar la inquietud (o la quietud) a la que nos ha llevado la pandemia y la consecuente cuarentena, desde hace tres meses decenas de producciones audiovisuales nos incitan para que les prestemos atención en la TV y en la web. De entre esas propuestas, una apareció discretamente y es digna de celebrar por varios motivos: Filmoteca Online comparte todas las noches, de lunes a viernes (a las 20 hs.), por youtube y facebook, un corto o mediometraje diferente, inédito la mayoría de las veces, pasado directamente de fílmico, que los usuarios/espectadores pueden ir comentando mientras lo ven. El factor sorpresa (no se sabe exactamente cuál es o cómo es el corto que se verá hasta que comienza, insinuándose algo de su temática o su historia en el ambiguo título con el que se lo anuncia) es uno de los incentivos, tanto como la presentación que hace previamente a la exhibición de cada una de las obras el impulsor de esta iniciativa, el coleccionista, docente, periodista y programador Fernando Martín Peña, con esa combinación de erudición e informalidad que lo caracteriza –y que puede apreciarse en sus publicaciones, como El cine quema: Raymundo Gleyzer, El cine quema: Jorge CedrónCien años de cine argentino–, quien cuenta para esto con el aporte de Ignacio Tula y Marcelo Torretta. Quien se pierde la ligera adrenalina de sorprenderse a la hora acordada puede, de todas maneras, acceder después a los videos, que permanecen subidos a la cuenta de Filmoteca Online, completamente gratis.
El material va desde un olvidado corto de Raúl Beceyro sobre relato de Juan José Saer (de despojada y conmovedora belleza, rescatado y restaurado) o trabajos nunca (o muy poco) difundidos de Sam Fuller, René Clair, Jerome Robbins, José Martínez Suárez, Jorge Cedrón y Ricardo Becher hasta curiosos documentales políticos o institucionales y películas animadas de distintas épocas y procedencias. Una de las varias perlas reveladas fue el registro de una entrevista al equipo de realización de Güemes, la tierra en armas (1971) en pausas del rodaje en Salta, incluyendo testimonios del director Leopoldo Torre Nilsson y una Mercedes Sosa nerviosa ante el desafío de tener que encarnar en el film a Juana Azurduy.
Con paciencia de hormiga y contagiosa pasión, Peña y sus cómplices en esta aventura han llegado ya a las 70 ediciones. No es poca cosa en estos tiempos de zozobra acompañar, divertir, sorprender, permitirnos viajar un poco en el tiempo y por distintas geografías, abrirnos pequeñas ventanas a la nostalgia pero también al conocimiento: Filmoteca Online no deja de ser, además de un extraordinario medio de difusión cultural, un gesto solidario.

Por Fernando G. Varea

Imagen: fotograma del corto Compacto Cupé, de Jorge Catú Martín, que puede verse completo en Filmoteca Online (ubicándolo con el nombre Animación Argentina 1).

Nuevas historias y miradas en el espacio santafesino

Una de las primeras iniciativas de Espacio Cine, siete años atrás, fue convocar a los ganadores del Concurso de Proyectos de Producción y Realización Audiovisual (organizado por la Secretaría de Producciones e Industrias Culturales de la pcia. de Santa Fe, dependiente del Ministerio de Innovación y Cultura), para conocerlos y compartir sus inquietudes. Una vez terminados y lanzados al ruedo, algunos de aquéllos trabajos (Los labiosLos teleféricos, Guía de Rosario misteriosa, El gran río, 8:05, Punto QomLos nueve puntos de mi padreLa infinita distanciaSustancias elementales y otros) consiguieron repercusión y premios. Puede decirse que la difusión de esas producciones (que, de alguna manera, terminaron siendo referentes de la calidad de la producción audiovisual santafesina) comenzó con aquella encuesta, extendiéndose después a otros medios. Este año repetimos la experiencia, invitando a los responsables de los proyectos del área audiovisual seleccionados en la 9ª edición de la Convocatoria Espacio Santafesino para que anticipen algunas características de sus obras en preparación. Vale la pena poner atención en los nombres y datos que se despliegan a continuación: de estos cortos, series y películas se hablará mucho, seguramente, en los próximos meses, a medida que vayan concretándose y revelándose en diversas pantallas.
Preguntas:
1) ¿De qué se trata tu proyecto?
2) ¿Cuáles son tus expectativas?

PATRICIO CARROGGIO
(Categoría Largometraje en Producción, Proyecto de ficción Siempre es tarde)
1- Gustavo Maffei y Eugenia Solana son amigos de hace muchos años. A pesar de eso nunca habían actuado juntos y tenían ganas. Me convocaron para filmar algo con ellos. Lo que podía haber terminado como un corto se volvió mas grande y de una forma natural se ha convertido en un largometraje. La historia se está construyendo a medida que avanzamos. Así que en cualquier momento puede tener un giro inesperado. Es una película de ideas sencillas que plantea situaciones sin profundizar demasiado en ellas. Tampoco resuelve ni cierra las tramas. Un fresco de la vida de dos amigos. Un fragmento de lo que podría ser una historia mas grande.
2- Estamos en un momento en que las ventajas de proyectar tu película en internet ya pasaron. Ahora hay un magma infinito de contenidos para ver en la red donde una película sencilla desaparece como gota en el mar. El reto es poder acceder a pantallas grandes que sean apreciadas por el público. Hace ya muchos años que estas pantallas han quedado concentradas exclusivamente en los festivales de cine y uno o dos cines por ciudad grande. Es una forma de distribución elitista, que excluye a producciones que están fuera del gusto de los programadores. Entonces para ver algunas películas, o tomás un avión a la República Checa para asistir al festival que la ha programado, o no las podés ver nunca más, ni siquiera piratearlas por internet porque nadie tuvo oportunidad de subirlas. Se mantiene de cierta forma esa quimera romántica que había antes por ir a ver una película que te interesaba, aunque después te llevaras una decepción enorme porque era un bodrio y tuviste que ir a no sé donde a verla. No soy muy romántico. Una forma que me parece muy interesante es lograr generar un público como hacen las bandas de música. Pero con el paradigma habitual de tres años para mostrar una película es complicado lograrlo.

LEONARDO DAVICINO
(Categoría Documental digital, proyecto El niño de la nube)
1) El niño de la nube es un proyecto documental que aborda la vida y el pensamiento del pedagogo uruguayo Jesualdo Sosa, inspirado en su libro Vida de un maestro, en el que narra las vivencias del año escolar en una humilde escuela rural de Canteras del Riachuelo en los años 30. Lo interesante de este personaje es que abordó la educación siendo detractor del sistema educativo clásico, extrayendo de cada niño su expresión creadora y enseñándoles fuera del aula. Jesualdo optó por una escuela que funcionara como espacio político, cultural, recreativo, y un hogar para el niño. Sus alumnos eran provenientes de familias de inmigrantes de variadas nacionalidades, sumergidos en una profunda miseria económica, sin embargo la lucha llevada a cabo por Jesualdo demostró que, desde una escuela que escapara a la tradicional, se podía extraer la expresión creadora de cada alumno. Los poemas y las acuarelas de esos niños acompañaron los seminarios que Jesualdo dio por el mundo, una vez que tuvo que exiliarse de Uruguay y sus libros fueran prohibidos. Este documental tendrá un fuerte arraigo estético basado en los dibujos de aquellos niños, donde se planteará una narrativa de animación y recreación, marcando una delgada línea entre lo documental y la ficción.
2) Las expectativas con este proyecto, que ya se viene trabajando y moldeando hace dos años, es la que todo cineasta tiene: que pueda concretarse y plasmarse en pantalla para ser visto por la mayor cantidad de espectadores posibles. Al ser un documental con una temática educativa, pensamos en la posibilidad que pueda ser visto en los distintos ámbitos de las instituciones educativas y ser un material que sirva a alumnos y docentes, pero no recaer sólo en ese espacio. Al tener una impronta poética desde su narrativa estética y escapar al típico documental de entrevistas, creemos que puede tener otro tipo de receptividad en el público en general, no viéndolo como un material didáctico sino como un producto artístico. Creo que como realizador uno no debe dar mensajes digeridos al público con sus producciones, sino generar preguntas. Se trata de que el espectador pueda generar un diálogo interno con el film.

DIEGO FIDALGO
(Categoría Documental digital, , Proyecto Fotosíntesis
1) Fotosíntesis es un documental de observación que sigue los pasos de Matías Sarlo, un fotógrafo de la región que viene desarrollando un registro de la mutación y pérdida de la cultura rural. En el 2012 realizamos la primera jornada de rodaje juntos, en su pueblo, durante una cosecha de soja, y de allí para acá venimos registrando regularmente distintos eventos relacionados a su obra. Matías aborda desde una mirada lateral el problema del extractivismo y la sojización, a través de la denuncia y de la poesía que quedan atrapadas en sus fotografías: la migración interna, la pérdida de trabajos; la excesiva acumulación de riquezas; el abandono de prácticas rurales; la desaparición de los lugares de encuentro en los pueblos; los lazos cortados entre generaciones. Matías trabaja un tema y arma series de 10 fotografías y sigue adelante con otra serie. Se propuso hacer este registro de la cultura rural durante 10 años, arrancó en el 2009. El disparador de este trabajo fue el darse cuenta que cada vez que volvía a su pueblo (Rafael Obligado) se daba cuenta que los lugares de encuentro iban desapareciendo: el club, la escuela, la biblioteca, la cancha de fútbol… Fueron cambios paulatinos, no fue de golpe.
2) Creo haber podido capturar el espíritu que mueve la obra de Matías, que intenta rescatar lo esencial, lo que realmente es importante, los lazos afectivos entre las personas, esos que perduran sobre lo material, la confianza en el otro; todo eso que el capitalismo encarnado en el extractivismo salvaje se ha encargado de destruir e intenta desterrar. Finalmente, Matías está empezando una nueva serie que aborda el tema de las migraciones inversas, es decir, los que abandonan las ciudades para irse a vivir al campo, lo cual dista de la realidad idílica setentosa, hoy en el campo te fumigan sobre tu cabeza y tenés que ir a poner el cuerpo a todas las adversidades que eso implica.
http://oximoroncine.blogspot.com.ar/

PABLO RODRÍGUEZ JÁUREGUI
(Categoría Cortometraje de animación, Proyecto Mi bisabuelo es un vampiro)
1) Se trata de un corto de 15 minutos en la técnica de dibujo animado tradicional dirigido a chicos de entre 6 y 10 años, pero también de interés general. Dos hermanos mellizos de 10 años visitan la oscura mansión de su bisabuelo por su cumpleaños 122. El bisabuelo es un tipo raro que nunca sale de día, y de noche sólo sale para ir al cine a ver películas de terror. Siguiendo la historia del bisabuelo, que nació el mismo año que el cine llegó por primera vez a la ciudad de Santa Fe, se contará la cronología de las proyecciones de películas allí, desde los cines al aire libre, en bares y hoteles, a la construcción de las salas que, en su mejor momento, llegaron a ser 22 en los años 60. Más luego, a partir de la llegada de la TV a Santa Fe, la progresiva desaparición de las grandes salas, migrando el consumo de películas a nuevos formatos de pantallas. En el fondo Mi bisabuelo es un vampiro trata sobre la relación que tenemos los cinéfilos con las películas y con las salas de cine y sobre el deseo de ir al cine.
2) El proyecto está pensado como un disparador para conversar con los chicos de esta década sobre cómo era la experiencia colectiva de ir regularmente a cines llenos y ruidosos distribuidos en todos los barrios. Invitarlos a buscar los edificios que quedan en pie de las antiguas salas y preguntarle a sus mayores cómo era su relación con las películas.

ESTEFANÍA CLOTTI
(Categoría Cortometraje de animación, Proyecto Juan Cambiante)
1) Mi película es un cortometraje animado que cuenta la historia de un grupo de personajes que tiene distintas cualidades físicas, el personaje principal cambia de aspecto constantemente. Estos personajes trabajan en una fábrica donde estas cualidades son transformadas en defectos a partir del trabajo que les es asignado. A partir de una ola de despidos deciden tomar la fábrica y reorganizar las tareas, pudiendo hacer valer esas cualidades como virtudes. El proyecto se caracteriza por ser una animación 2D tradicional coloreada con acrílico y acuarela. Representa mi línea de trabajo diario, mantiene mi línea personal.
2) Que lo vea muchísima gente, que circule y que guste.
http://estefaniaclotti.blogspot.com.ar/

ANDRÉS ALMASIO
(Categoría Serie web; Proyecto Verdadera verdad
1- Es una serie de animación, una especie de fábula filosófica delirante. La idea es combinar momentos reflexivos, cómicos y satíricos. Una trama que sorprende.
2- Mis expectativas se resumen en poder plasmar un grupo de ideas en un lenguaje audiovisual concreto y lograr identificación en las preguntas, más que en las respuestas, que plantea la serie.

SANDRA MARTÍNEZ / ARTURO MARINHO
(Categoría Serie web; Proyecto Los conversos
1) Narra las historias de cinco voluntarios talleristas y cinco internos participantes de los talleres, que desafiando la lógica carcelaria imperante en los contextos de privación de la libertad, se convierten mutuamente. Cada uno encuentra su espejo en el que viene del otro lado. En cada uno de los capítulos la frontera entre el adentro y el afuera se desvanece: alfabetización, fotografía, música, poesía, lectura. La serie web pone en escena un diálogo entre mundos opuestos que se transforman en complementarios: al final de los talleres ya nadie vuelve a ser el mismo.
2) Desde el inicio mismo de la investigación, hace un año y medio atrás, la motivación ha sido visibilizar lo que consideramos un acontecimiento, esta particularidad universal con potencial de ser válida para muchos. La posibilidad de filmar este proyecto, que nos otorga la instancia de Industrias Culturales de Santa Fe, es definitoria y definitiva para lograr ese objetivo.

ELAD ABRAHAM
(Categoría Desarrollo de Proyectos de Largometraje; Proyecto Bajar, subir, bajar)
Es el relato de mi vida. De cómo nací en medio de la guerra del Líbano durante el exilio de mis viejos en Israel, que volvieron a Argentina con la democracia. De cómo me crié en Rosario y recibí formación sionista hasta que en el 2001, con los exilios económicos masivos, me volví a Israel. De cómo estando allá, luego de un año y medio, me echaron del ejército por presunta locura. De cómo volví a Rosario y empecé a desarmar los mecanismos de manipulación que hace el estado de Israel para ocultar un genocidio tan grosero que las comparaciones históricas nos obligan a preguntarnos ¿cómo puede ser que no aprendimos de nuestra propia experiencia en la Shoá? ¿cómo podemos hacer impunemente una limpieza étnica en Palestina?… La particularidad de este proyecto es que, si bien la trama gira en torno a la evolución histórica de un personaje, no está contado únicamente con recursos narrativos típicos de los documentales de denuncia. Podríamos pensar que el término que más se acerca a nuestra propuesta es el de ensayo audiovisual, que conjuga la reflexión teórica con la mirada poética y subjetiva del autor. El tema es muy complejo y áspero cómo para pensarlo únicamente desde verdades absolutas, o discursos polarizantes. Creo que funciona mejor generar preguntas y dudas, que certezas que sólo les reafirman las posturas a quienes ya han tomado partido. Esta perspectiva subjetiva le permite al espectador surfear el drama con el personaje y hacerse un abanico de preguntas cercano o inspirado por este sujeto que elige dejar de ser judío para devenir simplemente humano. La búsqueda filosófica de fondo está en la construcción de una ética responsable, racional y sensible, pero no supersticiosa ni mística. Este film parte de la convicción de que no debemos tirar bajo la alfombra las preguntas incómodas para perpetuar el statu quo. Hay una injusticia desproporcionada que cada vez que alguien la denuncia es tildado de antisemita. Yo soy israelí de nacimiento, y argentino por opción; hago esta crítica con la esperanza de  que genere movimiento y colabore para transformar el estado de Apartheid (similar a lo que fue el régimen sudafricano) que hoy por hoy se vive en Palestina.
https://bajarsubirbajarfilm.com/

CRISTIAN CABRUJA
(Categoría Desarrollo de Proyectos de Largometraje; Proyecto El Diego y la Claudia)
1) Diego Armando Barrancosa, un niño de 12 años hijo de la crisis del 2001, es un apasionado por el fútbol. Sueña con ser el mejor jugador, ganar el campeonato del barrio y conquistar a Claudia, la chica de sus sueños. Le está yendo muy mal en los estudios debido a la reciente muerte de su padre. Si no pasa de año, su madre no lo dejará jugar más al fútbol; por eso lo manda a una maestra particular y eso empeora más las cosas. Comienza el campeonato y se entera que su ídolo máximo va a venir a entregar un premio el día de la final. ¿Llegará Diego a fin de año sin materias a rendir? ¿Podrá jugar la final del campeonato? ¿Vendrá Maradona a su club a entregarle un premio? ¿Logrará el amor de Claudia?
2) Filmarla. Estrenarla.

ARTURO CASTRO GODOY
 (Categoría Desarrollo de Proyectos de Largometraje; Proyecto Aire)
1- Aire es una película sobre el amor de una madre por su hijo, y sobre cuánto ese amor es capaz de impulsarla a enfrentarse contra cualquier cosa que se le ponga en frente.
2- Mis expectativas son poder completar la etapa de desarrollo de manera que podamos avanzar con el proyecto hasta lograr filmarlo en las mejores condiciones posibles.

FERNANDO ZINGERLING
(Categoría Cortometraje Regional, por la Región 3/Nodo Santa Fe, proyecto Días de verano)
1) Días de verano cuenta la historia de Agustina y Franco, dos primos que se reencuentran un fin de semana en una quinta de verano donde sus familias deciden vacacionar. La relación entre ambos adolescentes crece mientras los adultos parecen no notar nada extraño. La idea del proyecto es contar a través de distintas situaciones cotidianas cómo interactúan los personajes entre sí, en especial ambos primos que están atados a un contexto familiar. También resaltar, a través de una estética correcta, el clima de verano, la sensación de calor constante y el contexto en general en el que se encuentran sumergidos los personajes de la historia.
2) El hecho de haber ganado el concurso de Espacio Santafesino le brinda al proyecto una mayor solidez en todo sentido. La realización del mismo será una experiencia enriquecedora, teniendo en cuenta también que es el proyecto final con el cual me recibiré en la carrera que estudio actualmente en el Instituto Superior de Cine y Artes Audiovisuales de Santa Fe. Esto, más el hecho de trabajar con compañeros y gente cercana al proyecto, generará un clima agradable de trabajo y una motivación para concertarlo de la mejor manera posible. 

JUAN LINCH
(Categoría Cortometraje Regional por la Región 4/Nodo Rosario; Proyecto El cumpleaños de Mora)
1- Es un cortometraje fantástico. La historia transcurre en la casa de Mora, el día de su cumpleaños número 30. Antes de que lleguen sus amigos, recibe la visita de su tío Emilio, fallecido hace varios años. Aparece sin demasiadas explicaciones, lleno de tierra y con la garganta seca. Pasan el día juntos. Con los amigos de Mora, con Male que no confía en su psicóloga, con Manuel que no pudo entrar a la Unión Europea, con Diego que quiere ser mago.
2- Espero disfrutar del proceso. Que el corto se difunda mucho y bien.

JERÓNIMO MARROQUÍN 
(Categoría Cortometraje Regional por la Región 4/Nodo Rosario; Proyecto La desaparición)
1) Es un proyecto audiovisual de ficción de suspenso, del género fantástico. De época: final de la campaña del desierto, principio de la colonización, al sur de Santa Fe. Año 1882. Inicio de la colonia Fuerte Verde. Encuentran a un aborigen desmayado en una carreta. Javier Mendizábal, juez de paz del lugar, ordena que lo aten a un árbol. El acontecimiento empieza a ser público y no tarda en generar paranoia y miedo.  Javier teme por la integridad de su colonia y ordena darlo de baja. Le pegan un tiro en la cabeza y lo arrojan en la llanura pampeana envuelto en una tela. Tiempo después, el día de la inauguración del refugio religioso, la colonia empieza a vivir hechos extraños: Mendizábal tiene una terrible pesadilla, el agua del aljibe está ensangrentada, un hombre aparece colgado en un árbol, Ana (su ama de llaves) pierde su embarazo. Mendizábal tratará de proteger a su colonia de esta maldición y del espectro, comprendiendo que debe darle sepultura al cuerpo del aborigen y que cargará para siempre con el peso de su propia cruz. Lo más cruel es saber que nunca más me sentiré cercano a nada, todo será ajeno, perdido, amargo. Solo y olvidado, le dice al espectro.
2) Esta idea surgió de un documento histórico haciendo revisionismo local: un colono de Venado Tuerto relata la aparición de un aborigen al inicio de la colonia, su intento de domesticación frustrada y su posterior asesinato. A raíz de esto, y puntualizando algunos hechos históricos que fueron sucediendo por esos tiempos, fui dándole forma al guión. Somos un equipo sólido en todas las áreas y sabemos el esfuerzo y la dedicación que nos demanda la realización de un cortometraje de estas características. La historia de las colonias en esta zona tienen características muy similares: un pasado con el peso del genocidio a los pueblos originarios, terratenientes ambiciosos con grandes expectativas alineados al poder político de turno moviendo los hilos con intereses de capital extranjeros, y los inmigrantes exiliados con la ilusión de un futuro próspero. Será un buen material para las instituciones educativas y un encuentro con nuevas preguntas para arrojarle a nuestra historia.

Por Fernando Varea

También fueron invitados a participar de esta encuesta FERNANDO MARTÍN MOLINAS e IGNACIO ESBORRAZ, ambos ganadores en la categoría Cortometraje Regional por las regiones 1/Nodo Reconquista y 2/Nodo Rafaela, proyectos Vorágine y El habitante del silencio respectivamente. Cabe destacar que entre los estímulos de Espacio Santafesino 2016 hubo menciones también para los proyectos Sesentaycinco Setentaycinco de Alejandro David (Documental digital), La dimensión descocada de Juan Pablo González (Serie Web), El viajante de Gastón Del Porto (Desarrollo de proyectos de Largometraje) y Libertad 121 de Javier Rossanigo (Cortometraje Regional).

Las imágenes corresponden a los rodajes de Fotosíntesis, Bajar, subir, bajar  y Días de verano

Pablo Rodríguez Jáuregui: “El capital más caro es tener tiempo y frescura para generar ideas nuevas”

El estreno este año, en el ámbito de la provincia, de El viaje de Gaia (2015) fue una buena excusa para encontrarnos con Pablo Rodríguez Júaregui (1966, Santa Fe) y preguntarle sobre su trabajo al frente de la Escuela para Animadores (a la que él prefiere hacer referencia como Cooperativa, que lo es), sus comienzos y sus proyectos, siempre deseables. La extensa charla me permitió recordar a Pablo hace más de veinte años, motorizando los domingos a la mañana proyecciones y actividades para chicos por iniciativa de Cine Club Rosario, y presentando sus primeras creaciones en salas alternativas o en el marco del FLVR. Hoy es un referente del cine de animación, con una obra que incluye desde videoclips y cortos institucionales hasta trabajos premiados en diversos festivales, como El pibe (1993), La noche de los feos (1995) y El rayo rubio (2001). Lo más reciente de su producción abarca dibujos animados con criterio didáctico realizados junto a colegas y alumnos, como Guía de Rosario misteriosa (2009) y la encantadora El viaje de Gaia, que llegaron al público (y a las escuelas de todo el territorio de la provincia) con el sostén de libros, páginas web y DVD. Esta última se exhibió en cine El Cairo y sala Lavardén de nuestra ciudad con gran éxito durante las vacaciones de invierno (“Con eso solo ya estaba justificada la movida”, dice PRJ), y fue recientemente emitida un sábado a la tarde por un canal abierto de televisión.
– ¿Cómo fueron los comienzos de tu formación?
– Empecé cine y paralelamente artes visuales en Alem y Gaboto, y dejé. Empecé artes visuales en la facultad y dejé. Empecé el taller de Usandizaga y lo dejé. Dejaba siempre porque era bastante pata dura para todo y mi interés central era hacer películas. Cuando salí del servicio militar estuve boyando hasta que emboqué las primeras computadoras y el programa de Caloi. Empecé a trabajar con Esteban Tolj y Mariana Wenger, tocando de oído lo que se podía. Hasta que gracias a Mario Piazza caí en el taller de Luis Bras, y eso fue la revelación. Veníamos copados con Hitchcock, Spielberg, Coppola, no sé, Wenders, a mí me gustaba Walter Hill… Queríamos hacer persecuciones de autos y películas de géneros. Y era como en la película Ed Wood, cuando dicen Su entusiasmo era inversamente proporcional a su talento (risas)… Era infinitamente complejo hacer entonces una película de dibujos animados en condiciones dignas.
– En aquéllos años hiciste algunos cortos de ficción. Sería interesante poder verlos hoy.
– No… Además no son cortos, duran como 50 minutos cada uno. En Santa Fe hacíamos talleres de guión yendo a la casa de uno donde había una máquina de escribir, eso era todo lo que había en los ’80. Cuando se abrió la escuela de cine en Rosario me vine y acá no había nadie que te devolviera un centro de nada, hasta que Piazza me agarró y me llevó a lo de Bras. Con una camarita en super 8 que yo tenía hacía ejercicios en animación cuando me pedían algo. Después, en Cablehogar me dieron una computadora y entré a Caloi en su tinta, donde me dijeron Vení a trabajar con nosotros pero ponete a estudiar. Ahí empecé a entender cuál era la gracia.
– ¿Cómo fue ese apoyo que recibiste de Caloi?
– Lo que me pasó con Caloi y su mujer María Verónica fue que medio me adoptaron. Yo les llevé dos cortitos y me dijeron Hacé algo para el programa y te pagamos. Después me compraron una computadora para que trabaje en mi casa full time para ellos. Otra cosa que me dijeron fue Mirá, pibe, vos tenés que viajar. Tenés que conocer mundo, si no, no podés ser artista. Metieron un corto mío, El gordo (1992) en Berlín, y me sacaron un pasaje que era Buenos Aires-Cabo Verde-Angola-Moscú; de ahí a Berlín, en febrero, pleno invierno. La onda era esa: Andá y curtite. Hay contactos que consigo ahora invocándolo a Caloi. Estaba también Fernando Martín Peña, que era un par de años más chico que yo, y nos tenían literalmente adoptados. También apadrinaron a Juan Pablo Zaramella y a otra gente.
– Era muy raro un programa como Caloi en su tinta en el canal estatal durante el menemismo.
– Lo cambiaron de horario como cuarenta veces. Los técnicos lo odiaban a Caloi porque eran jornadas de edición como de 12 horas. Yo viajaba e iba directamente de Retiro a canal 7 para luego salir de ahí a las 5 de la mañana. Caloi y María Verónica eran recontra noctámbulos, se ponían a laburar después de cenar y se iban a dormir a las 8 de la mañana. Los turnos eran a las 11 de la mañana y ellos llegaban a las 3 de la tarde. Íbamos con Peña y nos quedábamos encerrados todo el día ahí adentro, comíamos ahí. Llegué a conocer al gran Víctor Iturralde, un nombre lamentablemente poco recordado. Contemporáneos míos como Peña o Kabusacki a mí me armaron mucho la cabeza, me decían Mirá esto, mirá esto otro… Peña me hizo ver de prepo cosas de todas las épocas, nacionalidades y géneros, que yo por mi cuenta jamás hubiera visto. También fuimos a varios festivales juntos en busca de películas inaccesibles, cosas de nerd absolutos.
– ¿Cómo comenzó El viaje de Gaia?
– Me dieron un apunte que, en realidad, era un tratamiento para un documental, con una lista de gente a reportear. La idea era hacer micros documentales para Señal Santa Fe. Querían integrar animación y yo les dije que con la Cooperativa podíamos realizarlo o supervisarlo, pero sin garantizar la unidad estética. Nos preguntamos qué pasaría si lo hacíamos directamente como animación y el perfil se lo dio, finalmente, Damián Blejer. Quería que fuera sumamente popular y pudiera integrarse a la lógica de las vacaciones de invierno. Después comenzó el trabajo con las escuelas. La verdad es que son pocas las experiencias que hay con el Ministerio de Educación de generar un laburo tan caro e intensivo para el aula. Están los antecedentes de Paka Paka o Canal Encuentro, que dependen de Educación de la Nación. Los y los no de cómo debía hacerse el proyecto los dio también Chiqui González: cuando se decidió hacerlo enteramente como animación, en una única reunión, muy larga, le elevé un proyecto de guión. Como leer un guión técnico para mí es medio pesado, lo armé en forma de libro de cuentos, con ilustraciones. Cuando se decidió editar también un libro, revisó el trabajo la escritora Cristina Martín y se rehicieron las ilustraciones.
– ¿Cómo lográs evitar la solemnidad en una película didáctica?
– A medida que fuimos hablando con Señal Santa Fe y con Energías Renovables, lo que intenté fue llevar la película al terreno de la comedia, que venimos manejando con Diego Rolle, con Becca, antes con Esteban Tolj. Al ser para niños tenemos que lavar algunos elementos que usamos muy fluidamente –las groserías, la escatología– y además hablar de los proyectos de energía renovable en Santa Fe. Entonces pido permiso para cargar las tintas sobre modismos locales, mostrar lugares muy específicos y usar los lugares comunes, como la frutilla de Coronda. Había una escena con muchas mulitas en Los Quirquinchos que hubo que cortar cuando se acercaba la fecha del estreno. Yo tengo siempre arriba de mi mesita de luz mi copia de Dailan Kifki de María Elena Walsh, que mi vieja me leía. Ahí hay una cuestión de literatura seria, muy bien craneada, de una escritura muy fina, que parece sencilla pero con una articulación entre frases y palabras muy elevada. El objetivo a alcanzar era ese código. Elegir las palabras por su sonoridad. Hace como 25 años que vengo trabajando con Fernando Kabusacki y él tiene precisamente esa cosa de mantenerse con la música dentro de una islita o un planeta medio näif, volviendo a los mismos grupos de notas. Hay palabras como marmota, zoquete, morondanga, que los chicos de diez años de ahora nunca las escucharon, pero les resultan graciosas de por sí. También las usa Max Cachimba, que hace unos guiones minimalistas con esa selección del lenguaje.
– ¿Estuvo la intención de tomar algo de la teoría de Gaia?
– Sí. Igual es muy difícil trabajarla en un dibujo animado para pibes. A nosotros nos había llegado la propuesta ya con nombre, y el personaje del abuelo la menciona, pero muy por arriba. Estaba el requerimiento de Chiqui González de que en el viaje del personaje hubiera una apreciación de lo maravilloso que era el mundo que tenemos ahora, una percepción poética o aumentada de lo que tenemos a mano todos los días. Por eso la idea de que hubiera un personaje que viniera de un lugar donde todo eso ya no estaba, así lo ordinario pasa a ser extraordinario.
– Aunque en algún momento adopta el estilo de un videogame o se hace referencia a Volver al futuro, en El viaje de Gaia se rescatan también los libros y el contacto con la naturaleza y los pájaros.
– Es resultado del combo que hicimos para organizar la información. Echamos mano del libro de Florián Baucke, que fue editado por la provincia hace unos años, que es como una base de datos hecha en Santa Fe hace 200 años, gráficamente maravillosa y además exhaustiva. Se lo menciona mucho en la película, y si no pudimos subirlo para descargar en la página web fue por una cuestión de derechos. La convocatoria a Kabusacki y a Juani Favre, con base en música del Litoral, empujó la cuestión emotiva muy arriba. Los tres segmentos de acuarelas de Baucke, que hizo Melisa Lovera, son muy volados, funcionan como descanso para la parte hablada.
– El final es hermoso.
– Sí… En realidad tenemos con Secretaría de Cultura y el Tríptico de la Infancia esa reconceptualización alrededor de la mirada del chico. Por eso están el personaje de Juanito, el caballo Berni… Ahí tuvimos una historia. Era Juanito Laguna y su caballo Antonio, por Antonio Berni, pero me dijeron Antonio se llama el gobernador ¿Por qué no le ponemos otro nombre? Nosotros dijimos Es un homenaje a Antonio Berni, pongámosle Berni. Y ahí vino Berni con la Gendarmería (risas)
– En alguna oportunidad expresé que el riesgo del apoyo estatal y los estímulos de Espacio Santafesino es derivar en proyectos de divulgación cultural con una mirada demasiado amable.
– El capital más caro para hacer animación es el tiempo y la frescura o lucidez para generar ideas nuevas que no sean de molde, y para ejecutarlas con calidad. Cuando empezamos con Rolle, Becca y Tolj, hace diez, doce años, teníamos nuestra época de autogestión, sin ninguna otra opción, solos o agrupados. Está claro que una vez planteado un proyecto como éste, o el programa Cabeza de ratón, las cosas de autor debíamos hacerlas ahí adentro. Antes, el gordo Tolj se sentaba tres días en su casa y hacía un corto en el que se metía con el Papa, cosas que la monada indie adora, porque si uno no lo hace con ese tipo de actitud no se hacen. O las cosas que hacía Becca, que eran super punk, de meterse con García Ferré y desarmarlo. Pero tenés que estar en una situación de artista independiente. Cuando abrimos la escuela nos pusimos un sayo más institucional. Yo ya había publicado el documental de Bras. Nos fuimos metiendo en un camino en el que tenemos que tratar de poner un pie delante del otro. Y al ser una escuela municipal, y Cabeza de ratón un programa bancado por la Secretaría de Cultura…
– ¿Eso no los condiciona?
– Obvio que nos condiciona. Pero todos tenemos otros proyectos solistas, en mayor o menor grado de desarrollo. A mí la semana pasada me pidieron que hiciera un video para pasar en las pantallas en un show de Divididos en el Luna Park. Hice un montón de videos musicales, así que tiene que ver con lo que yo hago. Unos quince años atrás lo fui a buscar a Leo Masliah a su casa en Montevideo con unos DVD y le dije que me encantaría hacer un dibujo animado con música suya, y el tipo, cuando después vino a Rosario, me trajo unos CD y me dijo Todo esto es inédito, hacé lo que quieras. Así hice unos videitos por calentura personal. Cuando tengo tiempo le doy a eso. Espacio Santafesino reparte menos que  el INCAA pero más que en otras provincias, y hay una cuestión lógica de devolución de la guita que se está invirtiendo. En el medio están los jurados, que no tienen nada que ver con el Estado. A los más jóvenes les rompe las pelotas este sentido de utilidad del material, además produce rechazo en Córdoba o Buenos Aires, pero yo digo que si no lo hacemos nosotros no lo hace nadie. Por otra parte, a mí me partió por el medio el quilombo de diciembre de 2001: habíamos hecho un largo con Kabusacki, The planet, con una muestra en el Castagnino, venía a tocar Kabusacki en vivo, y de golpe explotó el mundo… Yo con una película experimental en la mano en medio de ese incendio me sentí muy inútil. Por unos meses dejé de animar y me metí en las asambleas barriales, sacamos una revista y me quedó un regusto de que hagas lo que hagas en el ambiente audiovisual hacés política igual, por acción o por omisión. Y pensé que era mejor hacerla por acción que por emisión, digamos. Todo bien con The planet, ganó el Premio Coral en La Habana, pero faltaba un registro más inmediato con la realidad de la calle. Con Diego Rolle hicimos unos talleres en el CAR y después Horacio Ríos, que entonces era el director, me pidió el formato de la escuela. De todos modos, es una elección. También tiene que ver con esa idea, con la que tanto rompen las bolas a nivel nacional, del relato, eso de que yo me apodero de los medios y como si no tuviera abuela me escribo mi genealogía y mi historia. Ya lo hicimos eso.
– ¿Esto significaría que podría abrirse ahora un nuevo ciclo?
– Personalmente, puedo salir para otros lados. Una vez dijo Juan Pablo Buscarini que lo peor que te puede pasar es estar rodeado de un equipo numeroso de tipos muy creativos llenos de ideas, es una pesadilla porque todos están cebadísimos para hacer cosas. Cuando salen laburos tengo que ser como un amortiguador con el cumplimiento de los plazos, la corrección política y la parte institucional, por un lado, y por el otro el desboque que es lo que le da valor a la película, lo que vos decís: el vuelo poético, la cosa inesperada.
– Aunque todo es válido, los trabajos más independientes o con una mirada personal (más allá del terreno de la animación) se extrañan en la producción audiovisual santafesina.
– Nosotros aspiramos a tener en el rubro de la animación la misma calidad que tienen las buenas productoras audiovisuales rosarinas que están haciendo programas de TV, spots de publicidad o largos. Se necesita un diseño de producción para el cual la guita está, lamentablemente, en los concursos del Estado. Yo les cascotearía las ventanas si dan un subsidio para trabajos experimentales, porque para mí es una especie de contradicción. El tipo que quiere hacer un experimento que se lo banque solo, que se banque el riesgo, ya que tiene un margen de fracaso que está implícito en el nombre. Está en Esculpir en el tiempo, de Tarkovski… Un ruso tenía que ser. Además, yo veo entre mis alumnos pibes que por su historia de vida y sus condiciones tienen un mundo propio, ya son artistas y no necesitan subsidios ni nada. Te van a hacer una obra con lo que haya en el momento.
– ¿Qué pensás que falta en el panorama de la producción audiovisual local?
– Tengo la noción de que cada vez hay más realizadores y producciones, y esa etapa de ponerse la chapa de artista mutó drásticamente el circuito. Entonces esa proyección, eso de asomar con una marca personal en los festivales y a partir de eso forjar una carrera, me parece que cambió. Está muy desdibujado ese caminito. Es distinto si apuntás el material a un determinado sector. Están también las miniseries, como las que hicieron Molina o Pavanetto, laburos gigantes bancados por el INCAA o el TDA, pero no se pueden ver… Creo que la jugada es ser muy claro respecto a quién está dirigido el material y si podés tener bajo control una explotación del mismo. Estando de jurado en Ojo al Piojo pude ver cómo un chico de Florianópolis que daba un taller de cine para adolescentes había hecho y editado con sus alumnos trabajos sólo con sus teléfonos celulares, y estaban muy bien. Cuando abrimos la Escuela para Animadores me acuerdo que un pibe tenía un proyecto, que era una declaración de amor a su novia. Le decíamos que en la primera mitad del año desarrollábamos la parte teórica y en la segunda hacíamos un corto, y él decía que no podía esperar. Finalmente, en los primeros tres meses hizo el corto, se lo mostró a su novia, se casó, no vino más y abandonó la animación. Había logrado su cometido.
– ¿Qué cosas te han interesado en materia de cine en los últimos años?
– En realidad (piensa)… estoy viendo muchas series. Porque del cine comercial, sobre todo el cine de géneros americano, lo que me voy bajando es una decepción una detrás de otra. Ves siete minutos y decís basta… Hay cosas que me gustaron y después quise volver a ver: La invención de Hugo Cabret, de Scorsese, o La cueva de los sueños olvidados, de Herzog. La verdad que es muy difícil hacer una película en 2015. ¿Qué se puede hacer de nuevo? Disfruté El artista por esa cosa cinéfila, esa banda de sonido con algo de Vértigo, pero la película siguiente de ese director [Michel Hazanavicius] fue una patada en los huevos, sólo un drama super correcto y bien filmado para los Oscar. Wes Anderson me gusta pero no me enloquece. Lo que me salta primero cuando veo una película es qué tipo de apuesta está haciendo, si arriesga algo. El puerto, de Kaurismaki, me cerró por todos lados. O Petit Quinquin, de Bruno Dumont, con una estructura de policial pero personajes todos raros y disfuncionales. Y me siguen volando la cabeza Jacques Tati y Buster Keaton.

Por Fernando G. Varea

http://www.escuelaanimadores.com.ar/

El heroísmo en tiempos de chicos sobreestimulados

GRANDES HÉROES
(2014, Big Hero 6; dir: Don Hall/Chris Williams)

Desde que el público infantil se convirtió en la gallina de los huevos de oro de la industria cinematográfica las películas de dibujos animados se suceden en la cartelera casi sin diferenciarse, una tras otra. De todos modos, vale la pena detenerse en un caso como el de Grandes héroes para pensar un poco cómo es el cine y cómo son los chicos hoy.
Primera película animada de Marvel distribuida por Disney, codirigida por Chris Williams (Bolt) y Don Hall (Winnie the Pooh), el protagonista de Grandes héroes es Hiro, un pibe cuya pasión por las riñas callejeras de robots es rápidamente desviada por Tadashi, su hermano mayor, hacia la necesidad de unirse a un grupo de estudiantes universitarios llenos de ideas y buenas intenciones. Una circunstancia trágica provocará que Tadashi desaparezca de la historia, por lo que Hiro comenzará a encontrar un inefable compañero en un robot blanco y esponjoso inventado por su hermano.
Como en el cine de Disney de décadas atrás, hay huérfanos, música sentimental, héroes y malvados. Pero es interesante apreciar cómo esos elementos si se quiere conservadores (y que de ninguna manera deberían considerarse indispensables en el cine infantil) aparecen dominados por toda la artillería de intereses, principios morales y progresos tecnológicos de esta época.
En tiempos de Dumbo (1941) o Pinocho (1940) se vivía con más serenidad y seguramente los pequeños disfrutarían que les contaran una historia con tono paternalista y aleccionador. En Grandes héroes los personajes son chicos que –como los espectadores a los que va dirigida– reciben contención y cariño de familiares distraídos u ocupados y de amigos falibles, encontrando motivos de alegría en invenciones propias y mostrándose familiarizados con juguetes ultramodernos, selfies y chips.
Que el objetivo ansiado en la película sea ingresar a una universidad, que los héroes en cuestión sean solitarios muy listos (“laboratorio de nerds” le llaman al lugar de encuentro) y que cuando estalla la necesidad de venganza surjan dudas y se imponga la convicción de que eso “no soluciona nada”, deja en claro que el vértigo de sobresaltos que Grandes héroes prodiga, sobre todo en su segunda mitad, no es un meneo hueco. La surtida reunión de directores, productores y guionistas dejó a salvo, por suerte, algunas ideas transparentes, y entonces ya no será importante, como antaño, una moraleja para justificar la obediencia a los mayores, sino la valoración del conocimiento y de las herramientas que la ciencia ofrece para superarse, al mismo tiempo que la fidelidad a los amigos y el heroísmo bien entendido.
Es cierto que la conversión del grupo en super héroes, cada uno de ellos con características propias, no se destaca por su originalidad (permite claramente, además, una continuación), pero tal vez sea allí donde se encuentre la zona más imaginativa del film: es posible que los chicos no se transformen sino que sólo sueñen o deseen hacerlo. El robot en cuestión, cuya misión es –nada menos– curar a quien se queje de dolor, es otro de los hallazgos de esta producción animada, que exhibe creatividad en la manera con la que arma una ciudad inexistente a partir de dos reales (San Fransokyo) y en alguna explosión surrealista de color, hacia el final. Le suman méritos toques de afilado humor, como las expresiones de un policía y un impertérrito mucamo.
Grandes héroes es un entretenimiento seductor y un fenomenal negocio, pero también un signo de los tiempos que corren, con chicos más excitados, avispados e independientes.

Por Fernando G. Varea

http://movies.disney.com/big-hero-6/