Lucía Garibaldi: “A mi heroína no le importa preservar la conducta de un solo género”

Luego de realizar los cortometrajes Colchones (2009) y Mojarra (2011), la guionista y realizadora uruguaya Lucía Garibaldi pudo llegar –no sin esfuerzo– a su primer largometraje: Los tiburones (2019), ficción centrada en Rosina, una chica algo arisca que, mientras ayuda a su padre en trabajos de jardinería e inicia una inestable relación con un joven de su edad, es testigo de la alarma de los vecinos de la zona costera en la que vive por la presunta aparición de tiburones en el mar. Protagonizado por la debutante Romina Bentancur, el film cubre con sutiles pinceladas de humor el dificultoso tránsito por la adolescencia de Rosina, a veces silenciosa observadora de quienes la rodean y, en otras ocasiones, indócil e impulsiva. El estreno en las salas argentinas de Los tiburones, después de haber pasado por distintos festivales (Sundance, Guadalajara, Toulouse, BAFICI) y haber obteniendo varios premios, fue el pretexto para contactar a su joven directora y acercarle algunas preguntas e impresiones sobre su trabajo.
– Es interesante lo lograda que está la relación de amor-odio entre Rosina (Romina Bentancur) y Joselo (Federico Morosini), con pocas palabras y la cámara buscando gestos y miradas. ¿Cómo trabajaste eso como directora y con los actores?
– Ellos se conocieron en una especie de casting, que en realidad era otra cosa: Romina ya estaba adentro y Federico también, pero de todas formas todos actuábamos como si estuviésemos haciendo una película, en las que se hacen castings, entonces teníamos que seguir la fórmula… Así se hicieron amigos. Todos nos hicimos amigos. Hablamos mucho de los personajes, de sus posibles vidas y sentimientos, de qué podía gustarle a uno del otro. Armamos un mundo que obviamente no se ve en la película y se reduce a un gesto o a la ausencia de un gesto. Fede quería quererla un poco a Rosina y me parecía bien. No queríamos que fuese un tipo vil: él también está creciendo y tampoco entiende nada de lo que le pasa. Yo quería que fuese un poco tosco y descuidado con ella. Tuvimos que encontrar argumentos para que el enojo de Rosina sea tan grande, elevar el sentimiento a un lugar de indignación con la vida y con la forma en que funcionan las cosas. Él le dice ¿Querés venir a mirar el partido con los pibes? y ella ¿Vamos a la playa? Creo que intentamos entender las dos puntas. Joselo no puede con ella, prefiere ver el partido. Su indiferencia me causa bastante gracia, la venganza va a ser inigualable. Creo que, en el fondo, Fede estaba tranquilo interpretando esa especie de tiranía inconsciente porque sabía que el desquite de Rosina iba a ser peor.
– En medio de la incomunicación y los celos que atraviesan la vida de Rosina, son como alivios de serenidad algunas escenas en el bosque y en la playa, o las que la muestran andando en bicicleta de noche. ¿Cómo fueron realizadas?
– Los exteriores son lugares que conozco bastante bien. Mi familia veranea ahí. Es un balneario en el cual pasé muchos días, aburrida, con mucho tiempo libre. El scouting lo hice con colegas que viven en la zona y también con mi madre, ella camina mucho y conoce cada casa, cada calle, planta, perro, moto. Yo me aproveché de todo eso, eligiendo cada rincón con tiempo. Fuimos a filmar tranquilos, sin improvisar demasiado.
– ¿Qué buscaste expresar al mostrar a Rosina integrada en algunos momentos a los varones, por ejemplo cuando ayuda a su padre en el trabajo?
– Que ella puede hacer lo que hacen los varones. Que las actividades no son tan binarias. Que si ella se crió con un padre jardinero, probablemente pueda podar una acacia mejor que muchos… Ella se mueve de una forma muy masculina y femenina a la vez, escupe, tiene pelos, es una nena a la que no le importa mucho preservar la conducta de un solo género, hay cosas más importantes en las que pensar: el amor, los animales, YouTube y todo eso. 
– Si bien los padres (Fabián Arenillas y Valeria Lois) no son agresivos, no parecen estar a la altura de lo que Rosina y sus hermanos necesitan. ¿Qué te interesó de ellos?
– Quería que tuvieran problemas económicos. Esos problemas que hacen que el resto de los problemas sea secundarios, que hacen que no tengan tiempo para ver qué sucede con sus hijos realmente. No son descuidados, están sobreviviendo. Todos tienen sus propios problemas. Siento que esa especie de surfeada es permanente en mi país. Hay creatividad en esa constante invención de trabajos para subsistir, lo que me parece fascinante. Me resultó muy fácil imaginarlos porque cada día algún amigo, o familiar, o familiar de algún amigo, está inventando un nuevo negocio, una importación novedosa, una receta de algún pan con masa madre, o cremas de cannabis, o alfajores de maicena, o cuadros de serigrafía, remeras, jardines de infantes, jabones, hostales, espacios de co work… Cada vez que alguien viaja (incluso yo) vuelve con un modelo de negocios entre manos y el convencimiento y la esperanza absoluta de que va a salvarles la economía. Es impresionante.
– Los pobladores preocupados por los tiburones que se contactan con un grupo de whatsapp me recordaron a ciertas reacciones que se producen en la sociedad actual ante la delincuencia (adoptando lo que algunos llaman “hacer justicia por mano propia”) ¿Tuviste  la intención de representaran eso?
– Sí, quise retratar la paranoia vecinal. Quise hablar un poco de esa manera que tiene la conciencia colectiva de armarse contra algo que no sabe bien lo que es.
– ¿Por qué no te interesó usar una música incidental melancólica?
– No me gusta cuando la música se transforma en una herramienta meramente sensacionalista, cuando los sentimientos se subrayan tanto. Hay sentimientos que no necesitan de eso. Como espectadora siento que están queriendo quebrarme y rascarme el corazón, eso me aleja. Me gusta la música que acompaña la narrativa, claro, me gusta también cuando es utilizada para generar respiros, pausas, videoclips internos, hay tantas formas de usarla y es tan divertido hacerlo… En Los tiburones traté de sacarle dramatismo y jugar. Los músicos (Fabrizio Rossi, Miguel Recalde y Santiago Marrero) entendieron y compartieron esto, porque aparte de ser grandes músicos, son mis amigos de toda la vida. Hicimos la música más de super heroína de los ochentas que podíamos imaginarnos y, si había que resaltar alguna sensación, que fuese la de independencia, la de una jovencita que hace lo que quiere sin importarle nada más. ¿Cómo se musicaliza eso? Ni idea: hicimos lo que nos salió del corazón.

Por Fernando G. Varea

Anuncios

Iván Fund: “Los chicos son un atajo a la ficción”

Entrevistamos por primera vez a Iván Fund (santafesino nacido en San Cristóbal y criado en Crespo, Entre Ríos), cuando apenas superaba los veinte años y competía con su primer largometraje La risa (2009) en el BAFICI. Otros encuentros se sucedieron en torno a trabajos posteriores como Los labios (que codirigió con Santiago Loza y fue premiado en la sección Un Certain Regard de Cannes en 2010),  Hoy no tuve miedo (2011) y Toublanc (2017, sobre obra de Juan José Saer, con producción de Señal Santa Fe). Su nuevo largometraje Vendrán lluvias suaves (2018) integró la Competencia Internacional del 33º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, donde el rumano Andrei Ujica (colaborador de Harun Farocki), el productor y director español Lluís Miñarro, la fotógrafa y cineasta franco-armenia Valérie Massadian, la documentalista italiana Maria Bonsanti y la actriz y realizadora argentina María Alché (Familia sumergida) le otorgaron el Premio Especial del Jurado, compartido con el film brasileño Chuva é Cantoria na Aldeia dos Mortos (Renée Nader Messora/João Salaviza). De clima sereno pero efecto persistente, Vendrán lluvias suaves roza lo fantástico imaginando un pueblo en el que un día los adultos no despiertan y los chicos espontáneamente van agrupándose, ayudándose uno al otro y saliendo en busca de respuestas sin renunciar al juego y la aventura. La película tiene un tono austero y delicado, desenvolviendo sin demasiados sobresaltos algunos momentos de sugestiva belleza, como cuando muestra imágenes consecutivas de pibes de diferentes edades explorando el pueblo semivacío en compañía de sus gatos o perros. En el marco del festival (antes de saber que recibiría un premio) dialogamos con Fund sobre su obra.
– ¿Qué te motivó a hacer la película? 
– No hubo un disparador concreto. Siempre hay un conglomerado de elementos que, de a poco, comienzan a ordenarse. En el caso de Vendrán lluvias suaves yo había estado un par de años muy obsesionado con los libros infantiles, las novelas gráficas, los comics. Me había fascinado ese universo que desconocía y, de hecho, tuve la experiencia de hacer un libro llamado El organismo, para el que convoqué a una ilustradora y que por suerte se editó este año en Francia. Con esas inquietudes descubro El pato y la muerte, de Wolf Erlbruch, un libro infantil muy simple, con ilustraciones. Ahí había algo de la forma de relacionarse con el mundo y con la muerte que me interpelaba. Por otro lado, hace ya diez años que hago películas, en los últimos tiempos se fue clausurando cierta búsqueda y volvieron esas ganas de recuperar el cine que yo veía de pibe, por el cual empecé a dedicarme a esto también.
Vendrán lluvias suaves parece una combinación de ese cine que mencionás con tu estilo habitual, con tu propia búsqueda.
– Seríamos vende humo si dijéramos que es una película de aventura o de cine fantástico. No es eso. Sólo incorpora elementos de ese lenguaje, como de alguna manera lo hacía Toublanc con el policial. Tenía interés de empezar a incorporar códigos del cine de género. Si se quiere, abrir un poco el hermetismo que tenía mi cine anterior.
– Un rasgo que se mantiene es la ternura, una mirada  sensible sobre las cosas.
– Eso es un halago y me encanta que la película pueda transmitir esa manera de ver el mundo. Estamos bastante bombardeados por un cine que suele ser más un comentario que una experiencia y quería poner la atención en esos matices que hay entre el blanco y el negro. Porque si no pareciera que uno es un predicador, que dice Se viene el Apocalipsis o La salvación es ésta. La realidad afortunadamente siempre es mucho más compleja, con más fisuras.
– La película estimula distintas interpretaciones. ¿Hubo alguna reflexión en particular que te interesó dejarle al espectador?
– Para mí es valioso que la película dispare ese abanico, que cualquiera de las hipótesis funcionen. Puede haber una lectura epidérmica y cosas más subterráneas. Algunas tan subterráneas que no las ve nadie… Se trata un poco de esta búsqueda que uno está haciendo. Me gustaba que la película se eleve por sobre el blanco y el negro, celebrando la posibilidad de que, finalmente, lo único con lo que contamos es al que tenemos al lado, y cómo lo tratás. Es la única manera de atravesar el mundo, digamos. Los adultos están dormidos, hay cosas que se les pasan. Y aunque tenemos la tendencia a pensar en una catástrofe, los niños ven que eso está pasando pero no les preocupa verdaderamente porque tienen esa mirada matizada por otras cosas.
– Por el juego, por ejemplo.
– Eso es interesante porque yo pensé mucho en la idea del juego, en cómo está profundamente ligado a su realidad. Cuando el niño juega, se juega la vida, porque en realidad piensa que eso puede pasar. Si bien los niños asumen –tal vez un poco secreta o melancólicamente– esa suerte de desamparo, o de existencialismo pre-púber, devuelven la dimensión real a cada cosa. Como si dijeran Esto está mal, pero mientras tanto… Se puede luchar estando contentos, digamos. Creo incluso que el festival asumió un riesgo al programar Vendrán lluvias suaves, porque en las secciones principales suele haber películas más fácilmente tematizables, en sintonía con la agenda del momento.
– ¿Los fundidos a negro representan el gesto de dar vuelta las páginas de un libro?
– Sí, total. Tiene que ver con esa visión un poco fragmentada, que te dormís y pescás esto o lo otro. Hay una lógica de ensueño en la película. Por eso es un poco arbitraria en algunas cosas. Bueno, el cine es arbitrario siempre.
– Las locaciones elegidas tienen algo de pueblo venido a menos, con esas fábricas abandonadas y casas a medio revocar. No son lugares demasiado bonitos ni terroríficos.
– En eso fue fundamental Maxi Schonfeld, ayudó mucho. Como los protagonistas son rubios y de ojos celestes, siempre hacíamos el chiste Alguien va a decir que parece una película danesa, pero en Crespo son todos descendientes de alemanes. No sólo los chicos son de allí, también sus casas y sus perros. Me encantó trabajar con ellos, son una masa. Fueron re cómplices. Proponían todo el tiempo. Son un atajo a la ficción, no tenés que convencerlos de nada.
– ¿Por qué te interesó que transcurriera en un lugar indeterminado de Argentina?
– Transcurre en lugares que tienen una connotación emocional muy fuerte, porque me crié ahí. La fábrica es donde trabajó mi viejo cuarenta años. La casa es de un amigo, donde yo me quedé a dormir fuera de la mía por primera vez. La idea de no anclarla en una geografía concreta tiene que ver, además, con la idea de que puede estar pasando todo en la cabeza de alguien. Medio en broma y medio en serio, digo que es como El Eternauta con niños. Y el protagonismo lo tiene un grupo, no un héroe.
– La música aporta extrañeza y sentimiento al mismo tiempo. Y su uso no es excesivo.
– La hizo Mauro Mourelos, un músico de jazz que por primera vez hace música para una película. Yo había tenido una buena experiencia con él con Me perdí hace una semana (2012), en la que hizo un fragmento. Me gusta que la música sea como las piedritas que ponés para ir pasando por encima del agua, Mauro lo entendió perfecto. Hay también cierto uso de la misma como en el cine oriental o el animé.
– ¿Por qué no hay teléfonos, computadoras o televisores encendidos?
– Entiendo que como director de cine en 2018 debería empezar a incorporar esos elementos al relato. El teléfono de tubo fue fundamental para la historia del cine, por ejemplo. Habría que repensar cómo usar las nuevas tecnologías: la única peli que me gustó cómo está usado eso es Personal Shopper (Olivier Assayas), ya que en la manera en que la protagonista manda los mensajes o usa la computadora hay un hecho estético. En nuestro caso, no lo necesitábamos para la historia. Ayudó que cuando hicimos el casting le preguntábamos a los nenes que venían cuál era su juego favorito y nos decían Jugar al fútbol, a la escondida, ir al parque con los amigos. Casi nadie dijo Jugar a la play. Lo cual me sorprendió.
– Hay un plano cenital bastante curioso, con la cámara elevándose, mientras los chicos caminan.
– Me pareció un buen recurso para expresar desolación. La cámara está siempre a la altura de los chicos, por eso me parecía importante que un par de planos los contextualizara en ese pueblo abandonado. Se hizo con un dron. Teníamos poco tiempo pero creo que funcionó. Juega también con la idea de que alguien viene del espacio, mirando desde una perspectiva no humana. Además, hay algunas presencias que yo quise que fueran muy sutiles: el que las ve las ve, y el que no, no las ve.

Por Fernando G. Varea

Hernán Rosselli: “Los eventos de la vida en una narración nos hacen personas”

Un viejo actor, una olvidada película argentina, el esfuerzo por sobreponerse a las consecuencias de un infarto, los recuerdos y la búsqueda de un hijo perdido en algún lugar del mundo: con esos elementos, Hernán Rosselli (revelación en el BAFICI cuatro años atrás con su film Mauro) ofrece un documental que va poniendo sus cartas sobre la mesa sin urgencia, desprendiendo una melancolía que nunca desborda y cariño por su retratado (Oscar Brizuela, actor secundario en varias películas y residente en la actualidad en la Casa del Teatro que da título al film). “Cuando leí las primeras críticas celebrando Mauro y mi nombre como el de una nueva voz o un descubrimiento, me tomé 20 miligramos de paroxetina con un vaso de fernet y me metí en la cama –nos decía cuando dialogamos con él por primera vez, en una entrevista que puede leerse aquí–, pero fue interesante el ejercicio de leer sobre la película”. Días atrás, después de la proyección de Casa del Teatro en el cine El Cairo dentro de la 16ª muestra del BAFICI Rosario, charlamos nuevamente con Hernán Rosselli en torno a este nuevo trabajo suyo, que tiene previsto su estreno en un par de meses.
– Tu película parece reflexionar sobre la importancia de la memoria, especialmente en una persona mayor y en un actor, que debe recordar un texto teatral o letras de canciones.
– Cuando lo conocí a Oscar él estaba muy bien de salud y no había tenido todavía el infarto que termina de ordenar la información en la película. Yo sentía que su rehabilitación era muy importante porque la historia que uno puede contar sobre su propia vida es como un relato. Los eventos de una vida en una narración son lo que, finalmente, nos hace personas. Cuando eso está amenazado está amenazado todo: el cuerpo, la vida. Ése es un poco el problema que atraviesa la película.
– Se suma el enigma del paradero del hijo.
– Sí. Me interesaba cómo esa distancia se convierte en una suerte de abismo insondable. No se sabe si fue un malentendido, si está enojado, si pasó algo. Se entiende que la relación con su hijo fue problemática pero no se llega a saber si fue una casualidad o una causalidad. En Mauro (2014) había padres ausentes; acá al revés, los que no están son los hijos.
– La película que descubriste [Poker de amantes para tres, de 1969, protagonizada por Brizuela] se acomoda un poco a esa historia.
– Es muy loco, porque el protagonista de la película es una especie de bohemio, un tópico de la época en el cine erótico. Pero hablando con Oscar, con su ex mujer y con amigos suyos, fui viendo que él tenía algo que me gustaba y con lo que me sentía quizás identificado: era una especie de pelagatos, rodeado de artistas y de bohemia, con una vida llena de viajes y mujeres… Y cuando lo entrevisté junto a otras personas de la Casa del Teatro, no tenía su ego amarrado a la carrera. Además, era muy buen narrador. Me gustaba cómo contaba su vida, que fue muy desordenada. Él mismo asume que se mandó mil cagadas. Finalmente trata de arreglar un poco eso y de ordenar algunas cosas, aunque probablemente sea tarde. Me gustaba que fuera un personaje problemático.
– ¿En qué momento se te ocurrió relacionar momentos de esa película con la historia de Oscar?
– En armados anteriores utilizaba escenas de otras películas en las que Oscar aparecía brevemente, como Argentino hasta la muerte (1971), de Fernando Ayala, o La gran aventura (1974), donde tiene una escena muy divertida, muy kitsch, en la que lo matan. Pero al recurrir a la misma película se iba dando esto que decía Rubén (Plataneo) en la presentación [en la muestra del BAFICI Rosario]: dos tiempos que empiezan a convivir.
– ¿Por qué elegís detenerte, en varios planos, en la persona que escucha y no en la que está hablando?
– Es una manera de evitar el plano y contraplano, figura retórica muy criticada en el cine que a mí me gusta, pero acá, como en Mauro, no podía ir y venir como en un ping pong. Además, me interesa que cobre importancia el sonido. El punto de escucha de la persona.
– ¿Cómo lograste evitar el patetismo o el sensacionalismo al mostrar este sitio habitado por actores ancianos?
– Tiene que ver con la forma. No filmo desde las ideas sino que voy haciéndolo con la cámara ahí, en el lugar, lo cual permite tener una conciencia muy fuerte de los materiales: hasta dónde, qué mostrar y qué no. Creo que tenía claro lo que me interesaba. Yo iba a filmar la Casa del Teatro como si hubiera sido una obra en construcción o cualquier otro espacio. No era que me interesaban los actores o el mundo del espectáculo de por sí. Si aparece el personaje de Ángeles es porque con ella hubo una conexión, como con Oscar. Cuando empieza a hablar de su carrera cuenta que cantaba arriba de un camión, en un escenario, en cualquier lado. Siento que hay una suerte de paralelo generacional con el cine independiente. Iban a hacer teatro al sur del país, para los trabajadores de los pozos petroleros, llevando en micros o en avión la escenografía… Algo carente de toda aura de obra de arte. Pienso que se puede llegar a una poética viviéndolo como un trabajo cualquiera.
– Hay también planos repetidos de los pasillos.
– Es para ir de lo particular a lo general, interactuando un poco con el espacio. Como la película está muy centrada en la intimidad dentro de las habitaciones, por momentos salía. Fue muy difícil dosificarlo en el montaje. Filmamos mucho material en los pasillos para que quedaran registros de cosas que pudieran relacionarse con lo que pasaba dentro de las habitaciones o con la estructura general.
– Supongo que lo mismo habrá pasado con la secuencia en el interior del auto, mientras se desarrollan las votaciones, en la que de pronto se ponen a cantar juntos un tango.
– Sí, ahí esperamos mucho tiempo… Es un poco el trabajo que hace el detective: esperar que una persona aparezca cuando va a votar, por ejemplo. Y ese día pasó de golpe eso un poco reflexivo, que empezaron a cantar. Como si se hubieran visto en una película ellos mismos. Una especie de simetría con lo que va ocurriendo, esa necesidad de recordar una canción.
– La necesidad de Oscar de ubicar a su hijo me hacía pensar que Casa del Teatro también puede ser vista como una película sobre la soledad.
– No es algo que busqué, aunque estaba eso de la familia y los amigos como medio dinamitado. Yo vengo de una familia disfuncional y había algo ahí que me interesaba. Una especie de micropolítica, de ver qué es lo que queda de la relación entre padres e hijos. En Mauro estaban falsificando billetes pero también, básicamente, intentando formar una familia, con un hijo por venir. Para mí hay una especie de síntesis política en eso: qué es lo que queda de bueno del diálogo entre dos generaciones.
– Es una película sobre alguien que vive en la Casa del Teatro pero no sobre la Casa del Teatro. ¿Por qué elegiste llamarla así?
– En principio, para que la gente piense que se trata de otra cosa. Me gusta que la película como objeto esté un poco descentrada culturalmente, no dar demasiados indicios. En una oportunidad, Fernando Martín Peña se quejaba de las críticas que dan demasiada información sobre las películas, diciendo que lo más lindo es llegar al cine y meterte como desnudo, sin saber mucho. Por eso el afiche es la fachada de la Casa del Teatro y lo mismo pasa con el nombre. Aunque, por supuesto, hay un fondo significativo. La historia de Oscar es un poco melodramática. Como el teatro.

Por Fernando G. Varea

Preguntas en torno a nuestras pantallas públicas (II)

Hace unos días publicábamos las respuestas de los programadores y coordinadores de los cines El Cairo y Arteón y de los centros culturales Fontanarrosa y Lumière a nuestras dudas acerca de cómo eran elegidas las películas que programan en dichas salas (nota que puede leerse aquí). Ahora compartimos con los lectores de Espacio Cine lo que nos ha expresado un representante de 5RTV –el primer canal público de la provincia de Santa Fe, próximo a cumplir dos años de existencia– respecto a la elección del material audiovisual que se difunde en este medio.
FABIÁN GALLEGO
(Subcoordinador artístico de 5RTV – Radio y Televisión Santafesina S.E.)
– ¿Quién o quiénes programan las películas que emiten en el canal? ¿Qué criterios se tienen en cuenta para seleccionarlas?
– En la selección y programación del cine dentro de 5RTV participan diferentes personas de varios departamentos. La programación como tarea de ubicar en día y horario los envíos la lleva el Departamento de Programación, que es el encargado de dar coherencia a las grillas y orden a los programas, series, películas, coberturas y otras piezas que la componen. La selección de los films corresponde al Departamento de Arte y se ajusta según el ciclo en el que se emiten. En este momento contamos con tres ciclos de largos de ficción y uno de cortos del cine mudo. Entre los largos, encontramos un ciclo de cine nacional, con presentador y contextualización del film; uno de directores consagrados, donde un presentador y un invitado relacionado al medio audiovisual conversando sobre el film presentado; y un ciclo diario por la tarde con películas dirigidas al público en general. Nuestro criterio de selección está definido de acuerdo con las pautas de participación, divulgación y compromiso expresadas en la creación de RTS S.E. Damos prioridad a los contenidos generados en la provincia, apuntando a difundir nuestra cultura, a generar fuertes vínculos afectivos con nuestro territorio mientras damos a conocer formas de vida, lugares, modos de producción y temáticas que constituyen a nuestra provincia. En Noche de cine, el ciclo nacional. Las películas seleccionadas son grandes obras de las últimas décadas, algunas de directores consagrados y otras de directores noveles. Encarnación, Un oso rojo y Bolishopping son ejemplo de la oferta variada y de calidad que proponemos en nuestra pantalla. En el marco de este ciclo nacional hemos ubicado una gran cantidad de films de realizadores santafesinos como Hugo Grosso, Florencia Castagnani y Héctor Molina. Como canal público tenemos la tarea intransferible de difundir los realizadores de la provincia y hemos puesto al aire obras consagradas por el público de todo el país como A cada lado y otras que, sin ser de menor valor, se han vuelto difíciles de encontrar o rara vez se programan, como es el caso de El investigador de ciudades de Fernando Zago y 10 mil atados de Daniel Mancini. Estamos preparando una nueva temporada de este ciclo nacional y provincial y ya contamos con Umbral, la premiada película de Claudio Perrín. Noche de cine estrena los jueves a las 22 y repite los sábados en el mismo horario. En los ciclos Noche de cine y Grandes directores contamos con la ayuda imponderable del periodista y crítico rosarino Leandro Arteaga que, además, conduce ambos envíos semanales. Grandes directores es un ciclo dedicado a presentar títulos referenciales de realizadores internacionales. El programa recrea un living y en él se ubican Arteaga y un invitado para intercambiar opiniones sobre la película y su director. Hemos emitido películas como Tootsie de Pollack, Átame de Almodóvar y La conversación de Coppola, y hemos tenido invitados de la talla de Andrea Fiorino, Juan Aguzzi y Gustavo Escalante. También está en preparación una nueva temporada para este ciclo. Grandes directores se emite los domingos a las 22. Por último, dentro del cine de ficción, tenemos el ciclo Tardes de novela. Es un ciclo de películas internacionales que se emite de lunes a viernes, de 16 a 18, con títulos en español latino y apuntado a completar un segmento de programación distendido. Como canal público, contamos con recursos limitados y ciclos como éste ayudan a dar continuidad a nuestra pantalla, con películas de bajo costo pero buen nivel. Nuestra política es ubicar los estrenos y las producciones locales dentro de las franjas de mayor encendido para potenciar la difusión de contenidos locales y dejar los horarios marginales para producciones foráneas, a la inversa de lo que ofrecen los canales privados de la provincia. Además de los espacios dedicados a los largos, tenemos un ciclo semanal de media hora de cine mudo. Pablo Suárez, su presentador, es licenciado en Historia, escritor, músico y redactor publicitario y elige y pone en contexto cada corto mudo del programa. Han pasado ya piezas de Chaplin, Lloyd y Keaton y en las semanas próximas se sumarán personajes como Gloria Swanson y Fatty Arbuckle.
– ¿Qué espacio ocupa en la programación el cine realizado en la provincia de Santa Fe? Hace poco hubo una discusión en redes sociales por considerar que así como se programan documentales de la Televisión Alemana podrían hacerlo también con documentales santafesinos.
– Para el canal toda la producción realizada en la provincia es importante, a la vez que es resultado y motor de nuestra actividad. El 80% de los contenidos que presenta 5RTV es de producción provincial. Hay ciclos producidos íntegramente por el canal, como son los de emisión diaria: tres noticieros de una hora, Aventurados, infantil de media, y Tardenautas, programa joven de una hora. También producimos de manera integral varios programas semanales de debate, deportes y noticias internacionales. Entre las co-producciones en las que participamos podemos encontrar a 7 Latidosel programa de la EPCTV, Automovilismo Argentino, ciclo sobre las distintas categorías de la disciplina  y El cielo que nos une, una bellísima serie documental grabada en distintos países de Latinoamérica. El cine de la provincia tiene dedicado un espacio junto al nacional en Noche de cine, donde emitimos largos de ficción y apuntamos a generar nuevas temporadas con una mayor cantidad de películas realizadas en la provincia. El cine documental tiene su espacio en un ciclo que estrenamos hace un par de semanas y se llama Archivo documental. Este ciclo cuenta con piezas de media y corta duración de realizadores de la provincia. Los primeros capítulos están dedicados a Fernando Irigaray y el DCM Team y a Lucrecia Mastrángelo. Con el correr de los capítulos iremos incorporando a otros realizadores y realizadoras de la provincia y sumaremos más material de Señal Santa Fe y Espacio Santafesino. Al momento de aparecer esta nota se estarán grabando los pisos para Los transmisores, Van y El caso Melincué, de Señal Santa Fe.
Con respecto a la discusión que se dió en FB, y en la cual participé, poco me queda por sumar. Emitimos documentales de Deutsche Welle y Russia Today a través de acuerdos con ambas cadenas. Esto nos permite incorporar puntos de vista diferentes a los que propone la televisión internacional de mayor llegada e incluir en nuestra programación piezas de gran calidad artística y de temática variada. De todas formas, la presencia de estas producciones no impide la proyección de producciones documentales locales. No se da competencia entre ellas ya que las producciones de DW y RT se emiten fuera del horario central y las locales, como el caso de Archivo documental, se emiten en el primetime. El estreno de Archivo documental es los días lunes a las 23 y repite los sábados a las 20. Me gustaría sumar a la respuesta el espacio que estamos brindando al cine de animación. Dentro de los ciclos Aventurados y Aventurados Finde emitimos El viaje de Gaia, de Pablo Rodríguez Jáuregui, Anselmo quiere saber, de Juan Álvarez Neme y Conejos y Super conejos, del super joven Ezequiel González. Actualmente estamos ampliando los ciclos con nuevas piezas de animadores y animadoras de la provincia. En resumen, el cine santafesino, en todas sus expresiones, tiene lugar en nuestra pantalla y ocupa un espacio de relevancia ante cualquier elección, pero no nos olvidemos que 5RTV es un canal de televisión y, como tal, tiene una programación compuesta por contenidos producidos para ese tipo de pantalla, con duraciones ajustadas a los ciclos y estructura de temporadas.
– Teniendo en cuenta que se trata de un canal público: ¿de qué manera se posibilita la participación de la comunidad?
– 5RTV es el canal público de la provincia y es por lo tanto un servicio esencial para la participación, la divulgación científica y cultural, el fomento de la educación, para el conocimiento de los derechos, de la tradición y del territorio. La participación de la comunidad se logra a través de articulaciones con organizaciones intermedias, constituidas legalmente o como formaciones temporales. Ejemplo de ello creemos que es interesante mencionar los acuerdos logrados con la Escuela Provincial de Cine y Televisión, que dio como fruto el programa 7 Latidos; el convenio firmado con la escuela de Comunicación Social de la UNR para la grabación en sus estudios del programa En clave Salud; y las relaciones permanentes con el Instituto 18 y la Facultad Católica de Santa Fe sobre asuntos periodísticos y de producción audiovisual. También, en la misma línea, fue para nosotros una experiencia muy interesante el lanzamiento de un llamado provincial de propuestas para que el canal presente al concurso nacional del sistema de gestión de medios públicos de Nación. Para el armado de dicho concurso provincial se aplicó presupuesto y tres meses de trabajo, logrando recibir 86 proyectos de distintos realizadores de la provincia. Creemos que el eje de participación son las articulaciones. 5RTV, para tener  un rol activo junto a la comunidad, busca enfocarse en la generación de convenios y espacios de interacción y no quedar a la espera pasiva de propuestas.
– ¿Qué repercusión advierten que tiene la difusión de producciones locales en el canal?
– La repercusión de las producciones tiene distintos impactos. Como decía más arriba, casi toda nuestra pantalla es de producción local, entendiendo local por provincial, y la repercusión varía entre programas o entre capítulos. Los noticieros tienen su público y la respuesta es inmediata a través de las redes sociales, por ejemplo. Ciclos como Noche de Cine tienen una repercusión irregular. Si bien el canal promociona en pantalla y en redes sociales todos los programas, influye mucho la difusión que le da cada realizador a la proyección de su película en el canal. Pasa lo mismo con el ciclo documental y con los programas musicales; tienen una devolución irregular y varía mucho según la difusión que hacen los músicos y los realizadores sobre su aparición. En general, tenemos una repercusión esperada con las producciones propias y una fluctuante con las producciones locales ajenas al canal.

Por Fernando G. Varea