Lustroso pasatiempo

BATMAN
(The Batman, 2021; dir. Matt Reeves)

¿Cuándo fue que Batman y los personajes que lo rodeaban dejaron de ser freaks candorosamente buenos o malos moviéndose en un colorido universo de estética pop, para convertirse en un superhéroe adusto perseguido por villanos cargados de complejos y culpas? ¿Qué llevó a que hoy la versión audiovisual de este comic deba estar más cerca del expresionismo alemán (o de una de sus derivaciones, el film noir) que de un luminoso film de aventuras? ¿Por qué aquellos capítulos televisivos de apenas media hora devinieron presuntuosos largometrajes extra large? ¿Qué ocurrió para que la meta profesional más alta de muchas actrices y actores sea encarnar a Gatúbela o al Guasón (de hecho, ya hay dos ganadores del Oscar por interpretar a este último)?
Las respuestas no son sencillas y mientras el célebre hombre murciélago siga siendo celebrado en cada reaparición seguirá habiendo nuevos Batman, envueltos en sombras desde que en 1989 Tim Burton lo regresó al cine con enorme éxito. Tras los traspiés de Joel Schumacher y los solemnes rebuscamientos de Christopher Nolan (y dejando de lado apariciones recientes del personaje en films animados, series o sin ocupar un rol protagónico), lo que propone ahora Matt Reeves es un pasatiempo lustroso, sólido, narrativamente menos retorcido que los que le tocaron en suerte a Christian Bale.
The Batman comienza con imágenes que pueden recordar a La ventana indiscreta (1954, Alfred Hitchcock) pero también a Cloverfield (2008), del propio Reeves, para después ir virando del thriller al terror, el drama y hasta el cine catástrofe. El único género al que parece escaparle es la comedia: envuelto en una música omnipresente y generalmente ampulosa –recurriendo incluso al Ave María de Schubert para identificar a uno de los personajes–, le huye a las bromas y hasta la inquietud por el tráfico de sustancias ilegales y los antros de gotadictos (así los denominan los subtítulos) lleva a enturbiar la posibilidad de diversión que supone el submundo de la noche. Los mismos Robert Pattinson y Zoe Kravitz exteriorizan en todo momento gravedad: el primero –que por su aspecto adolescente parecería más adecuado para Robin–, apenas sonríe en una escena junto a Alfred (Andy Serkis), quien al menos parece entretenerse con algún hobby; a ella, en tanto, se la ve muy preocupada en ser una representación del emponderamiento femenino antes que jugar con la sensualidad maliciosa que siempre caracterizó a Gatúbela. Hasta el beso que previsiblemente llega en determinado momento, con violines sonando de fondo, se diluye en la frialdad del clima penumbroso.
The Batman no deja, sin embargo, de exhibir algunas virtudes, al menos si se la compara con tanta superproducción mediocre. En principio, Reeves (ayudado por Greig Fraser en la dirección de fotografía) supo encauzar su material imprimiéndole un criterio definido, sin desviarse nunca de un tono buscado, conseguido y mantenido hasta el final. Supo también amortiguar la extensión del film haciendo que cada diez o quince minutos asome un incidente resonante: el atentado contra Alfred, una intensa persecución automovilística, la aparición del Acertijo, etc. Entre sus buenos momentos, está la secuencia en la que la cámara se introduce en un club nocturno siguiendo a Batman de espaldas, sin distraerse en detalles laterales (asistentes, bailarinas, risas, brillos) que no hacen a la acción, mientras la acompasada música acompaña adecuadamente los pasos de nuestro (super) héroe.
Finalmente, si el Pingüino (Colin Farrell o quien sea que haya estado detrás de esas gruesas capas de maquillaje) y Carmine Falcone (John Turturro) son claramente enemigos de Batman, es porque forman parte de algo más grande y difícil de combatir: la corrupción, el narcotráfico, las mezquindades insertas en el mundo de la política. El planteo, de todas formas, no llega a ser suficientemente adulto, aunque los diálogos deslicen una que otra ironía (Falcone diciendo “El problema del comunismo fue su austeridad”) y no se eviten algunas ideas simplonas (un niño como víctima real y simbólica de la violencia desatada, una candidata política mujer y negra como posible emblema de esperanza).
Entre los personajes peligrosos no está aquí el Guasón pero sí el Acertijo, de similar desvarío, aunque Paul Dano no recurre a ciertos excesos y risotadas que impuso el Joaquin Phoenix de Joker (2019, Todd Phillips). Vale agregar: entre las mejores secuencias de The Batman está, también, la que revela por primera vez la figura del Acertijo, una de las ocasiones en las que el realizador se muestra más perspicaz que efectista.

Por Fernando G. Varea

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