Más guión que película

TRES ANUNCIOS POR UN CRIMEN
(2017, Three billboards outside ebbing, Missouri; dir: Martin McDonagh)

Perturbada ante la inactividad de las autoridades por el crimen de su hija, una mujer paga para que tres olvidados carteles al costado de la ruta lleven impresos los textos Violada mientras moría. ¿Todavía ninguna detención? ¿Cómo es posible, jefe Willoughby?, causando revuelo y sacudiendo la rutina del pueblo. Así comienza este film del dramaturgo y ocasional realizador Martin McDonagh, pero a no confundirse: no se trata estrictamente de un drama sobre la lucha de una madre incomprendida, sino de un cuadro de situaciones tragicómicas con más sorpresas que verosimilitud.
En principio, la dama en cuestión no es interpretada por Meryl Streep sino por esa encantadora mezcla de mujer fuerte con payaso desencantado llamada Frances McDormand: la actriz de Fargo (1996) y Casi famosos (2000) le imprime a su Mildred un tono belicoso pero con esas comunicativas miradas y mohínes tan suyos. Parece resignada hasta que estalla, desmoronada hasta que descerraja una ironía, comprensiva hasta que empieza a arrojar insultos (y alguna otra cosa). Su imagen de madre atravesada por el dolor de la pérdida se alivia con esas graciosas reacciones y trastabilla imprevistamente con un flashback que trae a la memoria una situación incómoda, aunque los cambios de registro no terminan en ella: el jefe de policía se muestra honestamente preocupado por su caso pero está enfermo (Woody Harrelson), un joven oficial que bravuconea ingenuamente termina siendo más peligroso de lo que parece (Sam Rockwell en una de esas composiciones esforzadas y extrovertidas que suelen gustar en Hollywood), un amigo enano resulta inesperadamente susceptible (Peter Juego de tronos Dinklage), y podría seguirse.
Ese afán de McDonagh como guionista por hacer de la historia una sucesión de vueltas de tuerca permite que su film luzca dinámico, animado, divertido. Aún con un trágico punto de partida, entretiene y hasta hace reír gracias a diálogos avispados, enredos y descargas de violencia verbal y física. El problema es que esa estructura sembrada de sobresaltos tiene mucho de antojadizo, como si los personajes fueran marionetas moviéndose en función del efecto sorpresa. También otras películas, por ejemplo Lady Bird (2017, Greta Gerwig), se sostienen por las astucias del guión y una atractiva galería de personajes –ingredientes muy propios de las ficciones televisivas, por otra parte–, pero aquí el impacto pareciera importar más que nada, como si detrás de Tres anuncios por un crimen hubiera un autor intentando pasarse de listo.
Entre sus méritos, no es menor el hecho de sugerir una sociedad estadounidense marcada por el racismo, la incompetencia y la brusquedad, junto a aislados gestos de solidaridad.

Por Fernando G. Varea

http://www.foxsearchlight.com/threebillboardsoutsideebbingmissouri/

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