Películas de las que se habla

Discutir el valor de los premios Oscar, que entrega anualmente la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, resulta, a estas alturas, poco original. Unos años atrás, reuní opiniones de algunos críticos (que pueden leerse aquí) pero no creo que valga la pena volver a hacerse las mismas preguntas, sabiendo que surgirán reflexiones parecidas. Hay que acostumbrarse a la idea de que el cine ha ido cambiando, que seguramente ya no habrá ganadoras como El Padrino, El Padrino II o Los imperdonables, que apenas en algunas categorías (Mejor Película Internacional, Mejor Documental, Mejor Película Animada) suelen asomar ejemplos de un cine realizado con mayor valentía o libertad, y prestigiosos  festivales no siempre funcionan como un contrapeso, premiando (probablemente por la elección de sus jurados)  películas insostenibles. Al mismo tiempo, hay que reconocer que, una vez conocidas las nominaciones al Oscar y hasta que se produce la entrega de las estatuillas, se produce un hecho interesante, incluso simpático: amantes del cine de todo el mundo procuramos ver las películas en cuestión, esperando sorprendernos o disponiéndonos a discutirlas. Se dirá que es Hollywood quien impone esas reglas, quedando muchas piezas cinematográficas singulares afuera de esta suerte de entretenimiento de alcance planetario, pero no deja de ser un fenómeno que podríamos llamar popular, con cinéfilos (y no tanto) de diferentes generaciones y distintas partes del mundo viendo y examinando las mismas películas, entre las cuales pueden estar Zona de interés (Jonathan Glazer), Drive my car (Ryûsuke Hamaguchi), Parasite (Bong Joon-ho) o Sin nada que perder (Dasvid Mackenzie). Si las películas que proponen determinados festivales internacionales son más innovadoras o destacables, solo quienes tienen la posibilidad de viajar y participar allí tienen la posibilidad de disfrutarlo.
A continuación, mi opinión, en pocas palabras (apelando mayormente a lo escrito en mi cuenta de Letterboxd) sobre las nominadas este año como Mejor Película, Mejor Director y Mejor Película Internacional.
EL AGENTE SECRETO (O agente secreto; dir. Kleber Mendonça Filho). Como guionista y director, Mendonça Filho (el mismo de las desparejas Sonidos vecinos, Aquarius y Bacurau) juega aquí con personajes atractivos, bien delineados, con una trama muy hábil, y con géneros cinematográficos como el thriller y el terror, sin descuidar un persuasivo retrato del Brasil de 1977. Un film sin estilo pero con guiños que lo atraviesan (la familia disfrazada siguiendo de largo en la gasolinera, la estudiante con sus auriculares escuchando intrigada los gritos por la proyección en la sala de cine), algunas escenas intensas (una discusión en un bar, una persecución a los tiros durante la cual la pantalla puede quedar momentáneamente en rojo), referencias cinéfilas y musicales que ayudan a completarlo, y un tono popular, campechano, que le quita solemnidad a la intención de discurrir sobre la memoria.
MARTY SUPREMO (Marty supreme; dir. Josh Safdie). Muchos momentos extraordinarios (por la excitante combinación de sus piezas narrativas y audiovisuales) van llevando adelante esta especie de biopic distorsionada por el sarcasmo. Se disfrutan especialmente las creativas intervenciones musicales y la participación de Abel Ferrara. Al mismo tiempo, hay que decir que a Timothée Chalamet no parece bastarle su imagen pública de chico listo y algo engreído para encarnar al arrollador Marty, y que el final suena a concesión. Los films que Josh Safdie realizó junto a su hermano Ben (por ejemplo Daddy Longlegs, Good Time y Diamantes en bruto) perduran en la memoria del espectador, mientras que en esta película suya la agitación queda un poco en eso, sin expresar un estado de locura urbana y social como aquellas.
UNA BATALLA TRAS OTRA (One battle after another; dir. Paul Thomas Anderson). Si no fuera porque al perspicaz y ambicioso Paul Thomas Anderson parece preocuparle más hacer honor al título que expresar una reflexión madura sobre desequilibrios sociales, podría hablarse de una gran película, ya que rebosa vivacidad, divierte sin aniñamiento, maniobra con prodigiosa habilidad artilugios audiovisuales varios y presenta algunas aristas beneficiosamente debatibles. Aquí había escrito sobre este film que, como el de Safdie, desborda energía sin dejar un sedimento importante.
LA VOZ DE HIND RAJAB (The voice of Hind Rajab; dir. Kaouther Ben Hania). Indiscutible su valor como film de denuncia (y lo que denuncia), discutible la manera de emplear audios reales (además de fotos y algun registro audiovisual) de las víctimas. La tensión dramática, que estalla en ciertos momentos, es más convincente que la cámara siguiendo a los pocos personajes en un solo espacio. Al finalizar, esta producción franco-tunecina deja, junto a la conmoción, interrogantes acerca de si es honesta o manipuladora.
HAMNET (Dir. Chloé Zhao). Poner en valor al teatro, como medio para canalizar dolores de la vida real, es lo más rescatable de este film con niños que lloran, madres que sufren y decisiones formales (planos, encuadres) medio incomprensibles. Como con Nomadland (ganadora del Oscar en plena pandemia por el Covid 19), la realizadora y productora china formada en Inglaterra recurre al drama y a buenos actores profesionales, sin saber muy bien cómo y hacia dónde conducirlos. Pareciera apostar a la delicadeza, pero, por ejemplo, cuando acerca la cámara al rostro de Agnes (Jessie Buckley) gritando de angustia, el recurso resulta perezoso y efectista.
BUGONIA (Dir. Yorgos Lanthimos). Sátira superficial con toques gore y adornos de cine fantástico. Prima cercana de El triángulo de la tristeza (2022, Ruben Östlund) y de una raza distinta a la que pertenecían Luis García Berlanga y Luis Buñuel. Hay aciertos de ambientación y realización, correctas actuaciones y una mirada demasiado cínica sobre ciertos problemas del mundo actual.
F1- LA PELÍCULA (F1; dir. Joseph Kosinski). Las fórmulas conocidas en las películas sobre competencias deportivas, embellecidas por una lustrosa espectacularidad y acción sostenida, en este razonable «vehículo» (valga la palabra) para que Brad Pitt luzca su buen estado físico a los sesenta y algo, además de sus tics habituales. Los planos breves y el despliegue de sonrisas, poses y muecas de los actores enfatizan la estética publicitaria.
VALOR SENTIMENTAL (Sentimental value; dir. Joachim Trier). Se acerca –legítimamente, con recursos honestos y buenas actuaciones– a ciertos dramas de Ingmar Bergman, estimulando a pensar en las vueltas de la vida y las historias familiares, aunque sus imágenes lucen demasiado pulidas, el argumento se empecina en hacer sufrir a Nora (Renate Reinsve) y culmina de manera componedora.
FUE SOLO UN ACCIDENTE (Yek tasadef sadeh; dir. Jafar Panahi). Es cierto que ciertas cuestiones se verbalizan demasiado, pero hay habilidad e inteligencia en la manera con la que se combinan la historia detectivesca, el drama coral, las peripecias y la comedia negra para reflexionar sobre un dilema moral. El gran cineasta iraní tiene obras mejores (sin ir más lejos, la última estrenada entre nosotros, No hay osos) pero no deja de ser alentador que, con esta película, haya sido premiado en Cannes y compita en los Oscar.
FRANKENSTEIN (Dir. Guillermo del Toro). La fría ampulosidad y los sacudones truculentos, habituales en la obra de Del Toro, esta vez al servicio de una versión muy digna de un clásico. Mia Goth y Jacob Elordi logran hacer sensibles y convincentes a sus criaturas, dentro de un film algo excedido en música (del gran Alexandre Desplat), explicaciones en voz alta y artificios digitales.
PECADORES (Sinners; dir. Ryan Coogler). Largo pasatiempo bien fotografiado y mejor musicalizado, en el que confluyen (desprejuiciada pero superficialmente) vampiros, creencias populares, el Ku Kux Klan, cierto espíritu guarro y bruscos saltos en el tiempo.
SUEÑOS DE TRENES (Train dreams; dir. Clint Bentley). Verla me hizo bien y me hizo mal: la expresiva fotografía de Adolpho Veloso y la mirada del protagonista Joel Edgerton emocionan sin vueltas. Hay algo de la menos adornada First cow (Kelly Reichardt) y del mejor Terrence Malick en este sensible film menor.
SIRAT – TRANCE EN EL DESIERTO (Dir. Oliver Laxe). Eran diez indiecitos en el desierto y con música rave. Películas sobre seres humanos intentando sobrevivir en un ámbito natural adverso ha habido mejores y sin tanto morboso sobresalto.

Fernando G. Varea

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