Los alrededores del pudor

EL ORIGEN DEL PUDOR
(2014: dir: Diego Fidalgo)

Toda imagen cuenta una historia: la afirmación de Peter Burke bien vale para referirse a esta nueva producción audiovisual de Diego Fidalgo (Rosario, 1972). Porque el origen de El origen del pudor está en unas viejas fotos, encontradas al azar en la calle; de allí, a la investigación, el rastreo de documentos y el descubrimiento de una historia semiescondida en la oscuridad de la Rosario menos turística.
Fidalgo va revelando secretos de a poco, contagiando la curiosidad que produce ese abanico de episodios enrarecidos por la lejanía en el tiempo y los contornos turbios de un personaje impar, de nombre Alberto Chaume, abogado de profesión y pornógrafo por afición. Superando pronto cierta dispersión en la exposición inicial de su material, el director conduce con lucidez al espectador a intuir la vida cotidiana cuarenta o cincuenta años atrás, cuando obscenidad y prostitución circulaban en las sombras. Para ello, él y su coguionista Maximiliano Quintero se sirven de la elusiva figura de Chaume, del que vamos conociendo detalles a través de la búsqueda de información en hemerotecas y de testimonios de testigos o conocedores del tema. Al mismo tiempo, recrean con actores algunas situaciones (afortunadamente sin agregar diálogo ni excederse en ficcionalizaciones).
Durante el recorrido se desprenden apasionantes observaciones sobre los límites del pudor; no sólo en épocas en las que la Liga de la Decencia hacía sentir su poder, sino incluso hoy, como lo demuestra la decisión de algunos entrevistados de mantener sus rostros fuera de campo.
Como en anteriores trabajos (Hombres de ideas avanzadas, la notable Trescientoscincuenta), Fidalgo rescata personajes de la vida cotidiana de los rosarinos (el periodista televisivo Ángel Granata, el realizador Mario Piazza, el juez Otto Crippa García) y se introduce en ángulos espinosos de la Historia sin énfasis y sin invadir el análisis que el espectador puede realizar en torno a hechos puntuales, como los delitos de Chaume, o las motivaciones de Mónica Castagnotto para crear una obra polémica y las consecuencias que ésta terminó generando (respecto a esto último, resulta significativo cierto apellido que se oye en medio de las protestas en 1999 frente al Museo Castagnino). La película no condena ni salva a nadie, y, con generosidad, desliza preguntas y contradicciones en vez de cerrarse imponiendo una tesis predigerida. En ese sentido parece ir la música de Ezequiel Diz, algo extraña, desentendida de fórmulas demagógicas.
Si algo puede objetársele a El origen del pudor (realizada con el apoyo del INCAA y Espacio Santafesino) es que, por acumulación de frías fotos en blanco y negro, registros de la Policía, archivos de diarios y declaraciones de jueces en sitios desapasionados, genera un clima que tiende a excluir sensaciones vinculadas al placer y al deseo, ejes del impulso a refugiarse en el pudor o a desafiarlo. En tanto, ratifica esa delicadeza, responsabilidad y calidad que ya le conocemos a Diego Fidalgo como documentalista sensible y generador de proyectos deseables, honestos en su gestación y decantados en su elaboración, a distancia de tanta improvisada investigación periodística que a diario prodiga nuestra televisión.

Por Fernando G. Varea

http://elorigendelpudor.blogspot.com.ar/

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