Rodrigo Moreno: “‘Réimon’ pone en evidencia la incomodidad de contar la clase baja desde la clase media”

Cuando siete años atrás hablábamos con Rodrigo Moreno (1972, Buenos Aires) sobre su película El custodio (2005), se mostraba interesado en las personas cuya profesión las lleva a actitudes robóticas, a ser “paradigmas de la sumisión, del sometimiento, de la esclavitud” (aquí puede leerse aquella entrevista). Réimon (2013) -su nueva película después de la muy poco vista y difundida Un mundo misterioso (2011)- parece volver sobre esa inquietud, acompañando la vida cotidiana de una joven empleada doméstica que hace largos viajes diarios desde el conurbano bonaerense hasta las casas en las que trabaja, en una de las cuales jóvenes leen a Marx, le regalan ropa que les sobra y recurren a ella para practicar una danza folklórica. De una elegancia formal bastante ausente en las películas argentinas vistas durante la 16ª edición del BAFICI, Réimon permitió reencontrarnos con Moreno, que recordaba aquella participación suya en un seminario organizado por Facultad Libre en Rosario, ciudad donde tiene parientes (“Debería ir más seguido”, pensó en voz alta). La siguiente es la charla que mantuvimos con él acerca de su nueva, prococativa película.
– ¿Por qué te parece que en El custodio seguías al protagonista desde atrás o de lejos, mientras que a Ramona (Réimon) la acompañás desde el costado?
– En principio, pasó mucho tiempo y uno va cambiando los modos de filmar. En algún punto El custodio ya me quedó bastante lejos y ni me acuerdo por qué razón yo filmaba así. De todas formas, acá no estoy siguiendo, estoy acompañando a alguien sin ninguna intención, estrategia o truco escénico. En El custodio estaba la idea del fuera de campo y problemas formales que acá son otros.
– Tal vez influya que éste es un personaje menos oscuro, menos escondido.
– Claro, pero es que yo también ahora soy un personaje menos oscuro y menos escondido. Y esas cosas siempre se reflejan en el trabajo.
– ¿Qué fuerza creés que tiene el hecho de observar a una persona de esa manera casi pasiva, qué interés le encontrás a eso?
– Está buena la pregunta. Lo que pasa es que no me lo planteo en esos términos, entonces me cuesta encontrar una respuesta. Simplemente elegí este personaje, me parecía que estaba bueno acompañarla durante unos días y ver qué quedaba de esa experiencia. En todo caso, me gustan mucho los momentos de silencio, de introspección, porque me parece que ahí se vislumbra un plano más existencial, con perdón de la palabra. ¿Qué hacemos acá? ¿Para qué trabajamos? El problema del tiempo, que atraviesa un poco las tres películas que hice. Creo que todo esto resplandece a través de la observación.
– ¿Hasta qué punto pensás que se pueden incluir esas líneas de El capital y confrontarlas con la realidad cotidiana de la protagonista sin hacerlo desde una posición militante?
– La presencia de Marx tienen como una doble acepción. Por un lado, la película habla sobre las condiciones de trabajo, el tiempo que empleamos en trabajar y en trasladarnos para trabajar. Y cuando pienso en eso pienso en Marx, inevitablemente, no en Perón. Pero no porque me haga el piola, sino porque Marx es un filósofo que pensó mucho la problemática y desmenuzó a nivel material el funcionamiento del mundo, o en todo caso del capital. Me pareció interesante, ante el tema que yo estaba planteando, darle lugar a su voz. No es un tema ideológico sino filosófico. Marx me resulta interesante en tanto filósofo, no en tanto a quién yo voy a votar en las próximas elecciones, no en términos militantes. Por otra parte, aparece también la contradicción, porque la película todo el tiempo pone en evidencia la incomodidad de contar la clase baja desde la clase media, lo que en general las películas que representan la pobreza no hacen. Nunca se plantean lo complicado que es desde nuestra clase media afrontar la clase baja. Yo creo que Réimon es una película sobre la clase media, ya que está hecha por mí, por un cineasta. Un cineasta por definición pertenece a la clase media, así como los espectadores de cine son también de la clase media. Yo no disimulo esa condición sino todo lo contrario, me hago cargo de esa dificultad. No me gusta esa representación de la pobreza que tiene sobre todo el cine latinoamericano, esa especie de abuso sobre la miseria que es bastante triste.
– ¿No pueden ser un acto de provocación esos textos de Marx en el contexto del cine argentino actual?
– Puede ser, claro, es una toma de posición sobre el cine, obviamente. Es como una proclama para plantear cómo tratamos lo otro, lo diferente. Y la película también se ríe un poco de eso, es bastante porosa, yo no la veo como densa o solemne. Para mí ver cómo Ramona limpia y acomoda el escritorio donde están la computadora, los libritos, la plata, las lapiceras, las boludeces de la clase media, nuestras pelotudeces: ahí está lo que a mí más me interesa.
– Cuando años atrás te preguntaba si no había en los nuevos directores cierta actitud de ponerse del lado de los que sufren injusticias o abusos de poder, vos no estabas tan seguro ¿cómo lo ves hoy?
– El problema no es si tenés preocupación por la clase baja, el tema es cómo vos abordás lo que sea. No es que yo esté queriendo hacer una película sobre alguien oprimido, porque me estaría regodeando en las miserias y no es la intención. Para mí, en este caso, el modo era contar la problemática acompañado por una persona de la clase baja. Por eso la película empieza con ella, en un momento muy documental, para después degradarse hacia la ficción.
– ¿Por qué a Ramona le gusta escuchar música clásica?
– Simplemente me parecía un momento poético y desconcertante. Ya no construyo los personajes desde un punto de vista psicológico. Tiene que ver con lo mismo, con los estigmas con los que se representa a la clase baja: les ponemos un poco de cumbia, los mostramos zaparrastrosos… Esta mujer es muy elegante en la vida real, escucha esta música… ¿por qué no?
– ¿Y por qué no complejizaste la trama o agregaste otros conflictos?
– No quería adosarle demasiada ficción. Es el riesgo que la película ciertamente tiene, ya que al espectador no le estoy ofreciendo una historia a seguir sino que agudice la mirada y el oído para ver de un modo fino o sutil la fricción entre las dos clases sociales. Para eso debía prescindir de la ficción. De hecho, yo tenía originalmente un guión de ese tipo y tiré a la basura ese artificio donde se jugaba la representación realista. En las entrevistas menciono siempre una frase de Fogwill que es como mi bandera: “No me interesa el realismo, me interesa lo real”.
– ¿La lectura de los textos en voz alta responde un poco a esto?
– Claro, es la evidencia de la representación. El tipo mira a cámara cuando termina de leer, como en La Chinoise. Es un capricho, es un chiste también.
– ¿Por qué tuviste la idea de poner al principio todos los datos relacionados con los gastos, la producción y el rodaje de la película?
– Las costuras de la película están ahí. Si yo estaba hablando de las condiciones de trabajo del personaje protagonista y de todos, de cómo funciona el trabajo seas periodista, cineasta o empleada doméstica, estaba obligado a mostrar la relación material de la película con el tiempo y el dinero. No es para levantar la bandera de la independencia, además hay películas que se hacen con mucho menos dinero. Réimon es una película que habla del trabajo de todos, incluso del nuestro.

Por Fernando G. Varea

Trailer de Réimon aquí

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s