
El 24º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata comenzó con lamentos varios de asistentes y organizadores sobre la crisis internacional, el recorte de presupuesto, la falta de personalidades y estrellas, la ocurrencia de sacar el diario del festival o el hecho de que las películas que se exhibían ya habían sido estrenadas en otros festivales. Pero todo esto tiene muy poca importancia, y para explicarlo, no hay palabras más acertadas que las que pronunció José Martínez Suárez en la ceremonia de inauguración: las verdaderas estrellas son las películas. Y si en algo hubo consenso al finalizar el festival, fue en que el nivel de las mismas había sido de bueno para arriba.
Podría decirse que la Competencia Internacional alternó cine de autor con algunas propuestas bastante clásicas. Causaron mucha decepción los cortos latinoamericanos (algunos de los que no entraron en la competencia, proyectados en una función aparte, resultaron ser más originales, honestos y disfrutables que los otros) y, en cambio, en las muestras paralelas hubo verdaderas joyas que merecerían no pasar desapercibidas.
Las siguientes son algunas de las obras más destacables y originales que se vieron:
- El tiempo que queda (The time that remains, Elia Suleiman, 2009, Palestina), tragicomedia que cuenta en tono autobiográfico el conflicto entre Israel y Palestina desde 1948 hasta la actualidad, a través de situaciones que se suceden como viñetas. Por momentos difícil de ver debido a su peculiar ritmo, termina derivando en escenas surrealistas que subrayan la crítica del director a la falta de voluntad del pueblo palestino para luchar y la noción de que la guerra está tan instalada en la vida cotidiana que ya casi no molesta.
- Colmillos (Dogtooth, Giorgios Lanthimos, 2009, Grecia), una fábula sobre el autoritarismo, el control y el condicionamiento humano. Con el poder como eje central, reduce su relato a una familia en donde el padre aísla a sus hijos del mundo exterior, obligándolos (a través de distintos mecanismos de sometimiento) a no salir nunca de la casa. Imposible no sentir a la religión y la política sobrevolando ese clima. Asistentes ajenos al ambiente del cine la defenestraron al punto de pedir que encierren al director en un manicomio, o directamente “matarlo”.
- La vida durante la guerra (Life during wartime, Todd Solondz, 2009, EEUU), comedia negra, ácida y sádica con sus personajes. Es decir: fiel al estilo de Solondz, que retoma sus personajes de Felicidad, para mostrar la vida de éstos diez años después, ahora con un poco más de simpatía.
- Daniel & Ana (Michel Franco, 2009, México). Dentro de la Competencia Latinoamericana, se destacó esta historia sobre el secuestro de dos hermanos que son forzados a tener sexo frente a una cámara. El realismo con el que se plantea la interacción entre ellos y la crudeza de algunas escenas provocaron que varias personas huyeran escandalizadas de la sala.
- Antoine (Laura Bari, 2008, Canadá), una verdadera sorpresa. Un misterio ficticio lleva el hilo argumental: la desaparición de una tal Madame Rouski, hecho que sólo sirve de catalizador de la historia y luego se vuelve irrelevante. El encargado de resolverlo es un niño que al nacer queda ciego. Él mismo explica: “Cuando nací, no perdí mis ojos. Éstos se fueron a mis manos, mi nariz, mi boca, mis orejas…”. Antoine procesa el mundo de una manera única, y el documental lo retrata a través de algo tan sorprendente e invisible como la imaginación de un niño.
- Aquí (Here, Tzu Nyen Ho, 2009, Singapur), una película indudablemente “festivalera”, es un llamado a aceptar los sucesos imposibles de cambiar que nos brinda el destino. Condensa críticas al capitalismo, al sistema de salud y a la noción de “normalidad” que predomina en el imaginario social.
- Visionarios (Visioneers, Jared Drake, EEUU, 2009), es una fantástica sátira sobre la cultura corporativa que tiene lugar en una sociedad distópica, que, si se analiza a fondo, no dista mucho de la nuestra.
En cuanto a las actividades que se ofrecieron en el marco del festival, las charlas de Juan José Campanella y Javier Fesser estuvieron llenas de información valiosa para estudiantes de cine y cinéfilos, en tanto la conferencia convocada por la Asociación de Cronistas Cinematográficos sobre “La crítica, ¿en estado crítico?” fue decepcionante; excepto algún pasaje de sobriedad, hubo desvaríos de algunos de los disertantes en el marco de un clima bastante conservador: ¿con qué cara se puede decir que una crítica es menos seria si se publica en un medio digital y no en un medio gráfico?
Por Ignacio Fosco
Imágenes: fotogramas de El tiempo que queda (izq) y Colmillos.




Menos visible que otros realizadores de su generación, con apenas tres cortos y un par de largometrajes -Nadar solo (2003), Como un avión estrellado (2005)- en su haber, Ezequiel Acuña (1976, Buenos Aires) ha logrado, sin embargo, esbozar un estilo propio, sensible a detalles y vivencias juveniles, sereno y melancólico como la música que lo sustenta. En la última edición del BAFICI presentó Excursiones (2009), centrado en dos amigos cuyo reencuentro implica la reaparición del afecto tanto como de viejas desavenencias e inseguridades. Mientras Excursiones continúa su paso por festivales y espera su estreno en cines, rescatamos el diálogo que tuvimos con Acuña en el festival porteño.





La decisión de Patricio Henríquez (1948, Santiago de Chile) de rescatar del olvido la conducta de determinadas personas públicas y anónimas es el resultado de las experiencias de su propia vida. Secretario de prensa de Hortensia Bussi (esposa de Salvador Allende) y director del canal 9 de la Universidad de Chile en los años ‘70, apenas Augusto Pinochet se apoderó del gobierno fue detenido y en 1974 debió dejar su país para instalarse en Canadá. Tiempo después filmó 11 de septiembre, 1973: El último combate de Salvador Allende (1999), una rigurosa reconstrucción de los hechos que terminaron con el gobierno socialista y la vida de su presidente. Un año atrás, una invitación del Festival Latinoamericano de Video de Rosario le permitió reencontrarse con esos recuerdos y esas imágenes, frente a numerosos espectadores en el teatro La Comedia. Además pudo desplegar su valiosa obra y sus conocimientos en una retrospectiva y un seminario que dictó en la sala del Museo Diario La Capital. Vale la pena volver a leer las lúcidas declaraciones que nos brindó cuando lo entrevistamos en esa oportunidad.


Hace unos años, el nombre del guionista, productor y director Mariano Llinás (1975, Buenos Aires) comenzó a sonar entre los cinéfilos, tras la presentación en sociedad de Balnearios (2002), un documental irónico y poco convencional. Una repercusión mayor alcanzó con su largometraje Historias extraordinarias (2008), y tan cierto es que se trata de un largometraje (tiene una duración de cuatro horas) como que es, también, una obra extraordinaria, aunque no porque haya sido concebida de manera sofisticada o provocadora, sino por la forma con la que revela -o recuerda- el placer del relato, la posibilidad de imaginar historias donde puede haberlas, acompañando y ayudando afectuosamente al espectador a buscarlas, a dilucidarlas, a disfrutarlas. Llinás estuvo presente en la segunda exhibición pública de su película en Rosario en la sala Lavardén, como parte de la muestra del BAFICI. Extrovertido, se mostró asombrado por la aceptación que tuvo Historias extraordinarias en una platea numerosa y muy dispuesta a dialogar con él. La siguiente es la conversación que tuvimos después de ese amigable encuentro con el público rosarino en torno a su película, ganadora del Premio Especial del Jurado y el Premio del Público en la edición del año pasado del BAFICI, y que, según dijo, será exhibida próximamente por un canal de cable.
Alejo Moguillansky (1978, Buenos Aires) es un joven director argentino que, sorprendentemente, al hablar de su cine, no nombra a Quentin Tarantino o a Michel Gondry sino a Buster Keaton, Jacques Demy y Hugo Santiago. Guionista, montajista, realizador de algunos cortos y mediometrajes como La prisionera (2006) y Borges/Santiago, variaciones sobre un guión (2008), con Castro (2009), su primer largometraje, obtuvo los premios a Mejor Película y Mejor Fotografía de la selección oficial argentina en la última edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires. Hablamos con él sobre este film curioso, de admirable construcción (que espera su estreno en el MALBA para octubre), aprovechando su paso por Rosario, invitado para la muestra rosarina del BAFICI organizada por Calanda Producciones.